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lunes, 18 de agosto de 2025

Cuando la realidad llega a toda prisa

Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos. Por enésima vez lo digo desde este mismo sitio. Bien lo saben quienes me leen. Por desgracia los que no lo saben no lo leerán.

La frase, título de un libro de Santiago Alba Rico, es una cita recurrente que alude a la idea de que la sociedad actual está desconectada de la realidad, viviendo en una especie de sueño o ilusión, y que cuando la verdadera realidad golpee, será demasiado tarde para reaccionar.
Con su tono pesimista, sugiere que la sociedad actual "de celofán y neón" vive en una burbuja de comodidad y desinformación, ignorando los problemas y conflictos del mundo. La "realidad" que vendrá se presenta como algo inevitable y potencialmente destructivo, que nos encontrará desprevenidos e incapaces de hacer frente a sus consecuencias. 
Se ha utilizado para criticar la apatía social y la falta de conciencia sobre los problemas globales, como la injusticia, la desigualdad y la destrucción del medio ambiente. También se ha interpretado como una advertencia sobre la fragilidad de las conquistas sociales y la importancia de mantenerse alerta y comprometido con la realidad.

Así resume la idea la Inteligencia Artificial que utiliza Google. Este sueño del que nos cuesta despertar es a veces sacudido por un timbrazo alarmante del despertador. Entonces, casi siempre, apagamos el timbre, cuando no tiramos el reloj al suelo de un papirotazo (ese que llamamos, sin mucho éxito, "Reloj del Apocalipsis"), obstinados en seguir durmiendo.

La pandemia que nos enclaustró durante meses hace solo cinco años nos había despertado, y algunos creímos que sería un revulsivo que nos haría mejores, pero ¿quién se acuerda ya?

Ahora mismo suena, otra vez frenética, la alarma ante los devastadores incendios, tanto más dramáticos cuando están alcanzando y abrasando pueblos enteros:

En 2018, en California, se registraron incendios pavorosos, nunca antes vistos. Se han repetido después una y otra vez, pero ya apenas "son noticia".

Arde California: el reciente incendio de Mendocino Complex es el mayor de la historia registrado en el oeste de Estados Unidos. Según Michael Mann, profesor de la Universidad Estatal de Pensilvania, el aumento de las temperaturas vinculado al cambio climático está provocando que los fenómenos “sean más extremos y difíciles de controlar”.










En nuestro país, ahora mismo, el fuego avanza incontrolado, Difícilmente lo pueden apagar los desmantelados servicios contra incendios, cuando algunas regiones, como Castilla y León, han reducido el gasto un 90% en trece años.

Otro ejemplo más cercano: hace apenas unos días (¡tan pocos, con la que está cayendo!) que Vilagarcía de Arousa  ha puesto en marcha "el proceso de selección de brigadas contra el fuego", como denuncia Esquerda Unida de la localidad:

La formación que lidera Juan Fajardo también muestra “serias dúbidas” sobre la igualdad de oportunidades en este procedimiento. El Concello publicó las bases el día 7, las anunció el 8 para realizar las pruebas el 11, “ofrecendo apenas tres días, cun fin de semana polo medio, para que as persoas interesadas poidan inscribirse e preparar a documentación”, un plazo que ve “ridículo”.

Inacciones como esta, además, se cobran vidas. 

Incendio forestal en Oímbra (Ourense), en el que se quemaron tres brigadistas. (EFE/Brais Lorenzo)

Las imágenes del desastre causado por la inundaciones en Valencia son ya "agua pasada". Aunque dieron la vuelta al mundo, ahora solo se utilizan, contra toda razón, como arma política arrojadiza.

Vehículos amontonados tras las intensas lluvias de la dana en Sedaví (Valencia). BIEL ALIÑO (EFE)












Sigamos durmiendo. Como afirmaba Francisco de Goya, el sueño de la razón produce monstruos. No es fácil la interpretación correcta la frase: pudo querer decir que la razón reprimida es origen de muchos desastres ("lejos de nosotros la insensata manía de razonar"). O que los crea la propia razón que sueña despierta y se siente omnipotente. Lo primero encaja mejor en el pensamiento ilustrado de su época, lo segundo en la ciega confianza en el progreso científico y técnico de la nuestra.

Las soluciones tecnocientíficas ante los desastres pueden agravar los problemas si no tienen en cuenta los equilibrios de la naturaleza que pueden alterar, y que de hecho alteran profundamente.

Incendios, inundaciones y otros desastres se producen de forma natural, con periodicidades muy variables. Oímos a los negacionistas decir que siempre hubo lluvias torrenciales, olas de calor, sequías, sin que tengan que ver con la intervención humana, para nunca referirse a las que causa o agrava nuestra actividad.

Una visión cortoplacista puede hacernos olvidar que la naturaleza ha conformado la superficie terrestre a lo largo de cientos de millones de años, pero nuestra actividad la transforma todos los días, y lo viene haciendo, sobre todo, a lo largo de los últimos decenios. Procesos antropogénicos de alcance geológico, millones de veces más rápidos que los que han creado la riqueza y biodiversidad las están liquidando a toda prisa.

Es trágico que nuestra percepción del tiempo y del espacio estén tan condicionados por la escala humana. En el espacio lo próximo, en el tiempo lo inmediato, dificultan que apreciemos los lentos procesos de la naturaleza. No percibimos por ejemplo, que la rica biodiversidad que alberga un bosque primario ha sido modelada a lo largo de milenios. El bosque secundario repoblado por nosotros volvería a ser primario otra vez al cabo de mucho tiempo si lo dejáramos en paz.

Después de dos mil años, el desastre causado en Las Médulas por la avaricia romana se había transformado en un bello paisaje renaturalizado, que ahora tardará mucho en recuperarse del fuego antropogénico.

El blog de Jorge Riechmann me conduce hasta un extenso Informe del Colegio de Biologos de la Comunidad Valenciana sobre la destructiva DANA de octubre de 2024:

El Colegio de Biólogos de la CV ha presentado su informe (elaborado por Ricardo Almenar) al comité de expertos para la reconstrucción tras la DANA, un verdadero Plan de Regeneración Territorial con 30 medidas las 30 R. Va mucho más allá del catálogo de obras de infraestructuras al que, por desgracia, se está reduciendo este asunto…

Frente al recurso a la técnica para reproducir nuevamente la situación anterior, y aunque no renuncia a su concurso, el informe pone el acento en las alteraciones de las cuencas hidrográficas que han agravado la tragedia. La cuenca es una unidad que alcanza un equilibrio entre la parte alta que recoge la lluvia y la baja en que se depositan los sedimentos arrastrados. La deforestación de la primera agrava las riadas, las alteraciones en la baja dificultan la absorción natural que alimenta los acuíferos.

Desde hace tiempo, dos ramas de la ingeniería se han enfrentado por su interpretación del problema y de las soluciones: de un lado, los ingenieros de Montes, del otro, los de Caminos.

El informe que podéis (y deberíais) leer completo lo podéis descargar desde aquí. Para facilitar el acceso a sus contenidos os dejo el índice.


INFORME DANA 2025
COBCV
Ricardo Almenar


















Particularmente revelador es el apartado que indaga en la razón de la sinrazón que nos hace dormir este sueño que se convierte en pesadilla, y que reproduzco entero:

2.17.Cambio climático: parábolas y fábulas

¿Qué ha pasado y qué sigue pasando? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí en menos de tres generaciones humanas? Y ¿por qué no cambiamos, por qué no evitamos semejante deriva? Tanto científicos naturales como sociales han intentado responder a estas dos preguntas utilizando encuestas, cifras, evaluaciones, escenarios y modelos para tratar de entender semejantes comportamientos que solo nos conducen al desastre. Con no demasiado éxito, al menos a la hora de comunicarlo al público en general y movilizarlo en consecuencia. Muy posiblemente se conseguiría bastante más utilizando ciertos relatos a través de los cuales busquemos responder a las preguntas planteadas: ¿Qué nos ha llevado hasta aquí? Y llegados aquí, ¿por qué no cambiamos? Desde las historias que se contaban en torno a un fuego en la cueva paleolítica, hasta los chats digitales de hoy, las narraciones han dado sentido al mundo en que vivimos, nos han ayudado a comprender cómo el mismo funciona y al menos implícitamente, si no explícitamente, cómo podría deliberadamente transformarse. Sí, los relatos modelan nuestra percepción y nuestra consiguiente actuación.

Hay dos narraciones originarias del pasado siglo que aplicadas al cambio climático siguen resultando particularmente útiles en ese desempeño. La primera puede designarse, alternativamente, como la parábola del prado comunal o la tragedia de los bienes comunes de Hardin, en referencia a este ecólogo que la popularizó a finales de los años 60. No estaba centrada en el cambio climático, ni siquiera en la atmósfera y su contaminación. Hacía referencia a la situación general que tiende a producirse en la utilización de todo recurso o sistema ecológico de propiedad común o de uso compartido que es aprovechado simultáneamente por distintos propietarios o usuarios.

Imaginemos encontrarnos en una sociedad tradicional como cualquier comunidad de la Europa medieval. La comunidad posee un prado común en el que puede pastar libremente el ganado de cada uno de sus miembros. Llega un momento, sin embargo, en que el número de cabezas es lo suficientemente grande como para consumir la máxima productividad vegetal de la que el prado es capaz. A partir de ahí, todo incremento de la carga ganadera solo supondrá una peor alimentación para cada una de las reses, una disminución de la productividad animal del conjunto del prado y, a la larga, un grave riego de degradación del mismo por sobreexplotación.

Pero pongámonos dentro de la piel del usuario individual. Si él lleva un animal más al prado, ciertamente disminuirá en algo la tasa de engorde de los que ya tenía anteriormente pastando. Sin embargo, a cambio aprovecha un animal más, lo que le compensa sobradamente de la pequeña pérdida anterior. Su beneficio privado marginal (el beneficio que le reporta el haber aumentado su rebaño en este último animal) compensa sobradamente el coste privado marginal que le provoca, porque la mayor parte de los costes que conlleva alimentar a esa nueva cabeza de ganado los ha transferido al resto de usuarios del pastizal común. Nuestro hombre parece actuar con una lógica individual enteramente racional; incluso puede suponer que de no aprovechar él primero esa posibilidad, otros lo harán y entonces sufriría solamente los costes sin obtener ningún beneficio. El problema es que si esa lógica se generalizase al resto de los usuarios, el prado común se degradaría inexorablemente y todos acabarían en la ruina.

La moraleja que extrajo Hardin de su parábola es que un recurso común, a disposición de todo el mundo, conduce a que su utilización excesiva se convierta en inevitable. Pues el individuo o la empresa que intensifica su explotación consigue una ventaja temporal y no es sino hasta un tiempo después cuando empieza a sufrir sus consecuencias. En cambio, el individuo o empresario responsable se coloca en una posición de desventaja si atiende a su conciencia y explota menos el recurso o ecosistema común de lo que le sería factible hacer. El mismo razonamiento puede hacerse respecto al vertido de desechos. Contaminar individualmente menos un ecosistema común implica asumir íntegramente el coste de las medidas de protección necesarias para ello, mientras que la mejoría resultante beneficia, en cambio, a todos los usuarios. Es el caso, por ejemplo, del vertido de gases de efecto invernadero y del cambio climático inducido por estas emisiones.

Ahora bien, la tragedia de Hardin está mal atribuida; los fenómenos que describe son mucho más propios de una fase anterior o posterior al establecimiento de un régimen de uso y propiedad común. Anterior, cuando parece que los recursos son lo suficientemente abundantes como para no estimar necesaria ninguna restricción a su apropiación individual. Posterior, cuando el ordenamiento común se encuentra tan debilitado por causas internas o externas que es ya incapaz de mantener limitaciones de uso. En uno y otro caso, lo que existe no es un régimen común, sino otro centrado en el libre uso y apropiación. La tragedia de los bienes comunes es, en realidad, la tragedia de los bienes de libre disposición, y es precisamente en estos últimos donde las conclusiones de Hardin resultan acertadas. El uso sin restricciones de recursos o ecosistemas, nunca ilimitados –aunque en algún momento lo parezcan–, lleva con facilidad a su degradación. En nuestro caso, a la alteración climática de la atmósfera.

Este primer relato nos sirve para responder a la pregunta: ¿qué nos ha llevado hasta aquí? La respuesta es la utilización del sistema atmosférico como un bien de libre disposición, sin particulares reglas que limiten el vertido de desechos en él. En una primera etapa, por su inmensidad y aparente inalterabilidad: era un típico bien libre en la concepción de los economistas clásicos, a disposición de todo el que quisiera verter ahí sus gases y partículas. En una segunda etapa –en la que todavía nos encontramos– porque las restricciones a su libre uso se han ignorado, solo han existido en el papel o no se han cumplido, pues, como la mal llamada tragedia de los comunes apunta, los beneficios de tal restricción se reparten entre todos los actores ya sean empresas, comunidades o Estados, mientras que los costes son asumidos por quienes restringen sus emisiones. Pese al camino ya recorrido por disposiciones, acuerdos y tratados para convertir a la atmósfera y al sistema climático en su conjunto en bien común de toda la Humanidad, su uso irrestricto o pobremente reglado sigue imperando en esta tercera década del siglo XXI. Confiemos, al menos, que no acabemos llegando más o menos próximamente a una tercera etapa análoga a la expuesta de degradación terminal del prado comunal: la de que la alteración climática ha llegado a tales niveles que estos hacen ya inútil todo intento de regulación común.

Y, sin embargo, ¿por qué, pese a todo, seguimos sin reaccionar? Para contestar a esta segunda pregunta, puede ser ilustrativo el traer a colación una segunda historia, la fábula de la rana cocida, narración que, a diferencia de la anterior, sí se popularizó en directa referencia al cambio climático a comienzos de la década de los 80. Como buena fábula, hace alusión a un experimento –ciertamente cruel si llegó a hacerse real, no ficticiamente– a que se sometió a una rana en un estanque climatizado en donde podía regularse la temperatura del agua. Si esta se elevaba hasta cerca del punto de ebullición y se tiraba la rana al estanque, el anfibio saltaba fuera del estanque cuando tocaba el agua. Pero si en lugar de esto, se introducía la rana en el estanque a temperatura normal y se iba elevando la temperatura poco a poco, la rana no reaccionaba y moría cocida en agua hirviente.

La moraleja de la fábula está clara. Un fenómeno lesivo, pero que se va produciendo poco a poco, provoca una reacción mucho menor que si se da abruptamente. Y el cambio climático antropogénico, pese a la tremenda velocidad a escala geológica en que se está manifestando, es relativamente lento (o todavía lo era, cuando se popularizó la fábula, hace cuatro décadas) a escala de la vida humana. Los cambios se van produciendo poco a poco: el verano se alarga, las olas de calor se hacen más frecuentes, el invierno se acorta, las heladas disminuyen o sencillamente dejan de producirse, la moda de entretiempo desaparece, la temporada alta playera se dilata, la de sol y nieve se contrae. Pero todo ello, más o menos pausadamente, lo que hace que esos cambios los perciban personas que han llegado a la madurez o a la vejez, mucho más que jóvenes o adolescentes. De otro lado, tales cambios se superponen con la variabilidad natural del clima, lo que lleva a que este verano no tiene por qué ser necesariamente más caluroso que el del año pasado, o que en este otoño las lluvias no han de ser necesariamente más torrenciales que en el precedente. El cambio climático es solo tendencial, irregularmente tendencial, podríamos precisar (por eso, aunque en el último decenio 2015-2024 hubo cuatro años menos cálidos que los inmediatamente precedentes, los diez años del decenio lo convirtieron en el más cálido desde que hay registros).

Paradójicamente, esta irregularidad tendencial que llega a poder encubrir un tanto al cambio antropogénico del clima, puede favorecer en ocasiones la alerta humanan frente a él. Es como si la rana de la fábula percibiera con claridad un momentáneo pero brusco aumento de la temperatura del agua del estanque y eso, tal vez, la empujara a saltar fuera del mismo. Una sequía particularmente severa, una intensa ola de calor, un huracán especialmente devastador o unas lluvias extraordinariamente copiosas que acaban provocando una catastrófica inundación, quizás, quizás conduzcan a las personas y sociedades afectadas a tomarse muy, muy en serio al cambio climático. Y a actuar, tanto para mitigarlo como para adaptarse a él en la parte del mismo que no se consiga evitar. La rana, aunque socarrada, acabaría saltando del estanque…

domingo, 6 de octubre de 2024

Una sabia conferencia

Dentro de los actos conmemorativos del quincuagésimo aniversario de la Escuela de Arquitectura de A Coruña, Celestino García Braña, que fue profesor en ella durante muchos años, fue invitado a pronunciar una conferencia en la que analizó la figura y la obra la del gran arquitecto finlandés Alvar Aalto, comentando una de sus obras más representativas: la Villa Mairea.

Hace casi seis décadas que conozco a Celestino. Estudiamos juntos la carrera, compartimos un estudio de estudiantes (valga la redundancia) y la militancia política en los estertores del franquismo, nos trasladamos casi a la vez a Pontevedra y allí compartimos trabajo varios años. Después la docencia nos alejó. Él fue a Coruña, yo a Vigo.

En la Escuela fue director del Departamento de Composición. Actualmente es vicepresidente de la Real Academia de Bellas Artes de Galicia y presidente del Docomomo Ibérico.

Varios puntos interesantes de la conferencia quiero señalar.

Es el primero su observación inicial, que comparto, como lo haría cualquier enseñante que ame su trabajo, de que el docente es quien más aprende. ¡Ya nos gustaría que todos los alumnos asimilaran lo que se les quiere enseñar con la riqueza y concreción que el buen profesor adquiere preparando una clase! Porque su mayor deseo no es aprender, sino que aprendan los demás.

Aunque centrada en una sola obra de un solo arquitecto, la elección del mismo no es casual.

Alvar Aalto es uno de los "cinco grandes" del movimiento moderno de los que nos hablaba en sus clases nuestro primer profesor de proyectos, Alejandro de la Sota. Aún con la dificultad de elegir entre tantos destacados arquitectos, se considera habitualmente como figuras canónicas a Le Corbusier, Ludwig Mies van der Rohe,  GropiusFrank Lloyd Wright Alvar Aalto.

La mayoría de ellos seguían cierta ortodoxia, sin que eso quisiera decir dogmatismo cerrado, porque en sus trayectorias se encuentran obras muy diversas y una evolución a lo largo del tiempo. Pero nuestro arquitecto fusionaba en una misma obra elementos muy diversos, formas y elementos tradicionales que no impedían su plena inmersión en la vanguardia. Podemos decir que era un arquitecto dialógico, cuyas obras son verdaderas síntesis dialécticas.

Hace Celestino una comparación entre su trayectoria y la de su país. Finlandia fue un cuerpo extraño entre los imperios sueco y ruso que al lograr por fin su independencia quiso insertarse de lleno en la modernidad, pero sin abandonar sus viejas tradiciones. Una difícil aventura que también pretendió, y logró ampliamente, nuestro arquitecto.

Dos grandes artistas finlandeses expresan perfectamente la idiosincrasia de su país. El otro es Jean Sibelius. Ambos comparten ese anhelo por avanzar sin perder sus raíces. 

La Villa Mairea que aquí se analiza es una de las mayores síntesis en cuanto a espacios, materiales y sistemas estructurales que proyectó y realizó nuestro arquitecto, en compañía de su esposa Aino Aalto, con la que siempre colaboró, aunque, como suele suceder, ella permaneciera un tanto en la sombra. La fructífera tensión entre sus diferentes temperamentos es otro buen ejemplo de síntesis dialéctica complementaria.

Visionad con calma este vídeo, que Celestino ameniza con numerosas imágenes y algo de música (de Sibelius, naturalmente).

Como curiosidad, hay parecidos sorprendentes entre la arquitectura tradicional de Finlandia y Japón que no pasaron inadvertidos para el arquitecto finlandés (ni para nuestro astur-leonés-galaico).

(Caray, Celes, ¡qué feo te han sacado en la carátula de este vídeo! Y la marquesina que parece coronarte ¿es un birrete o un tricornio?).

jueves, 29 de junio de 2023

Carta a Pedro Sánchez

En una coyuntura tan peligrosa como la que afrontamos, ante las elecciones que podrían reinstalar en el gobierno a franquistas sin máscara y convertir en papel mojado los mejores  avances del gobierno de coalición, se plantea una disyuntiva: ¿Es preferible destacar lo logrado o debemos denunciar lo que no se ha querido o no se ha podido hacer?

A mi entender, y al de la periodista que escribe esta carta abierta al Presidente, hay que hacer las dos cosas, porque si dices media verdad dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad.

A Zapatero lo frenó en seco la Troika (¿lo recuerdan?), pero también el freno interno de su formación política, que contiene desde su origen elementos que no se diferencian demasiado de los componentes de la derecha. Personajes que han ido estableciendo sólidos lazos con las mayores empresas del país. Es una mochila, más bien una cadena con su correspondiente bola, mucho más pesada que aquella a la que aludía Pablo Iglesias.

Los intereses políticos y económicos de los dirigentes forman una enredada maraña difícil de desenredar, porque operan dentro de los partidos y a través de las relaciones externas de sus miembros. Ayer mismo, en TVE, Guillermo Zapata presentó su historia novelada del Tamayazo. No excluía la confluencia de luchas internas en el PSOE con la descarada operación macroinmobiliaria que allí se consolidaba, alimentando luego la impunidad urbanística de los gobiernos del PP. Y es que se colaba en el gobierno de Madrid la gente peligrosa que luego Sánchez se vería obligado a admitir en su segundo gobierno.

No fue posible probar la corrupción monetaria de los dos tránsfugas que colocaron por décadas a los gobiernos del PP, pero el hecho es que actualmente el tal Tamayo es un gran admirador de Teodoro Obiang y se dedica a negocios inmobiliarios en Guinea Ecuatorial. La red de intereses del capital tiene largas prolongaciones.

(Curioso que ocurriera algo semejante en la convalidación del decreto de Reforma Laboral).

Ahora lo importante es que la mayoría de los votantes se den cuenta de estas cosas, y no permitan que se instale este pulpo insaciable y peligroso en la Moncloa, por lo menos sin el contrapeso de una izquierda que obtenga una buena representación.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez











Carta a Pedro Sánchez

Ha mostrado sobrado arrojo en varias ocasiones señaladas. Hay que ser valiente y con alma, en favor también de quienes no pueden serlo. Millones de ciudadanos de este país no pueden esperar a que pase un ciclo ultra. Habrá que echarse otra vez a la carretera, y no solo a la de los medios hostiles

 27 de junio de 2023, 22:54h
Actualizado el 28/06/2023, 08:49

Estimado Pedro, 

veo que a la derecha le ha molestado su decisión de meterse en la boca del lobo y acudir a entrevistas hasta de programas basura de gran audiencia manifiestamente hostiles a su persona. Creo que es una idea imaginativa y útil a la vista de cómo huye de los debates reales el candidato Núñez Feijóo. Usted se va a enfrentar a sus valedores y su sembrado de trampas. Leo diversas interpretaciones a lo que llaman su “lavado de imagen” con estas entrevistas. Curiosa metáfora -en varios casos- ir a limpiar nada en estercoleros mediáticos.

No debimos llegar a este escenario. Y es tarde para remediar los enormes fallos estructurales que nos han traído hasta aquí, algunos frenos a lo que debió hacerse. Como periodista genuina, necesito hacer preguntas y buscar respuestas. Y también situarlas en el contexto preciso. Es verdaderamente alarmante que precise “lavar su imagen” el presidente de un gobierno que ha apechugado con nota alta problemas de enorme envergadura como una pandemia, con confinamiento y paralización mundial de la economía, una guerra, un mundo que cruje en convulsiones, el ascenso de la peor ultraderecha podrida de franquismo en España y con una brutal oposición política y mediática (no periodística, defendemos la dignidad de la palabra).

Como mucha otra gente, imagino esa situación con un gobierno del PP. No hace falta imaginarlo, en Madrid estuvo en manos de Ayuso, convirtiendo la Comunidad en la de mayor aumento de la mortalidad en Europa, con datos reales. Extrapolándolos, podríamos estar hablando de miles de muertos y, sin asomo de duda, de falta de ERE y medidas compensatorias a semejante tragedia. No hubieran sido descartables más abandonos a la muerte sin asistencia médica, más aprovecharse hasta de las mascarillas necesarias para beneficios particulares, más inversiones de dinero público en almacenes de ladrillos, y muchas más terrazas y descaro. No ha necesitado lavar su imagen, ya ve. Se la lavan a conciencia sin conciencia sus cómplices mediáticos. Varios de ellos le van a recibir en sus platós. 

No se puede reutilizar la leche derramada, hay que afrontar los hechos como vienen en el momento preciso: crucial este. A través del tiempo usted fue limando defectos como aquel abusivo uso del “yo” de los comienzos, el que Ayuso precisamente le copió con éxito. Era esa su batalla, la del PP. Confrontar con España desde el MadridPP.S.A., de tú a tú. No deja de ser curioso vista la evolución de sus eslóganes.

Lo diré ahora en tercera persona: Es asombroso el hecho cierto del prestigio internacional de Pedro Sánchez con tener que “lavar la imagen que le han enmierdado sus enemigos aquí”. Europa teme otro gobierno de ultraderecha en su seno y no hay comparación posible entre Sánchez y el Feijóo de los chascarrillos imposibles en castellano o gallego y pare de contar. Temen la cantidad de problemas que iba a provocar “derrocar el sanchismo el de un gobierno de coalición progresista o ¿se creen que no conocen al PP y las maniobras turbias en Bruselas de Dolors Monserrat? Ha habido errores o dejaciones, sin duda, pero nada similar a los de sus rivales políticos, los enemigos de toda una ciudadanía en muchos casos que se cuelan por las rendijas los enormes boquetes para hablar con precisión de la manipulación mediática.

¿Por qué ante este panorama de desinformación ha permitido que un medio público como RTVE haya quedado bajo control de la peor facción del PP que es el lobby en ese medio? Hacía falta un contrapeso y todo fue un sinsentido. Se podía haber hecho y se obstaculizó al máximo. Y ni siquiera teniendo allí a sus acreditados manipuladores, admite Feijóo un debate en TVE. Solo quiere Antena 3. ¿Solo confía en que le salvará Vicente Vallés? Creo que en este caso, Sánchez debe declinar ese debate si no hay otros. La apuesta por la privada únicamente es terrible como mensaje.

Mucho más grave, ¿por qué, presidente, ha cedido ante el secuestro del Poder Judicial perpetrado por el PP? Si ganan el 23J se consolidará por años el control antinatura de este instrumento fundamental de la democracia.

¿Qué pintan en un gobierno progresista, y en las candidaturas, figuras como Margarita Robles o Grande Marlaska? ¿Tan poderoso es el sector conservador del partido?

Es evidente que el antiguo PSOE ha envejecido mal en democracia, ¿tanto pesan sus mochilas para no haberlas vaciado y aireado?

¿Cree que es justo el trato que depara al Podemos que fue indispensable para formar el gobierno progresista que ha logrado meritorios avances sociales? Nunca los quiso, le costó un motín interno y una expulsión sumarísima. Pero fue su valentía en remontar lo que le redimió. Habrá que echarse otra vez a la carretera, y no solo a la de los medios hostiles, a la que soluciona problemas hondos para hacer de este país lo que debe ser. 

El feminismo no se puede parar y, en efecto, el PP entregado a Vox nos ha devuelto a las cavernas. Sea justo y convincente. Tendrá así muchas mujeres y hombres a su lado. Ceder siempre es la antesala de ceder más, lo he comprobado.

Insista en decir a los desfavorecidos que se inoculan bulos cada día desde prensa, radios y televisiones que su vida se compone de muchos más valores, y que los descompone el odio. Es patético el uso y abuso de ETA, Bildu, el independentismo catalán. Le apoyamos en la razón y la valentía. Muéstreles que se han arbitrado leyes y medidas para protegerlos y que con seguridad se las va a cargar también un gobierno de ultraderecha en la Moncloa, dado que se han opuesto a todo. Lo han dicho, ya. Las pensiones, y el resto va detrás. Hay que usar el cerebro para ver y deducir.

Vuelvo a la justicia. No se pueden dejar abandonadas a las familias de los ancianos muertos en los geriátricos sin asistencia médica. ¿Qué ha hecho la Fiscalía que es del Estado para defendernos a todos?

Ciertamente, si me pongo a cuestionar algunas de sus actuaciones, entraría en otro tono, pero no nos lo podemos permitir, es momento de realismo y de ser prácticos. Le plantearía muchas más cuestiones, y no hay tiempo ahora mismo ni de ponerlas en marcha. Puede que sí para garantizarlas en un futuro. Vea qué puede hacer y prometer con verdad para librar de tanta indefensión como sienten muchos ciudadanos ante este descalabro democrático al que estamos asistiendo con los pactos institucionales del PP, ávido de hacerse con la llave de la caja fuerte de nuestros impuestos.

Esto no es una entrevista, son preguntas. Mientras escribía, he visto que, además, quería hablar de asuntos más personales porque trascienden a toda la ciudadanía. Hay muchas más, y se las haría si pudiera la gente sana, gente normal que no cobra por mentir. No caiga en la trampa de la frialdad que le atribuyen. Esta gente critica tanto o más las lágrimas y la eclosión de los sentimientos en aquellos que considera sus enemigos.

Me he pasado a la segunda persona. Del singular. Por serlo. Pedro, has mostrado sobrado arrojo en varias ocasiones señaladas. Hay que ser valiente y con alma, en favor también de quienes no pueden serlo. No imaginas lo difícil que resultó remontar el franquismo y más siendo mujer. Para encima encontrarnos otra vez en la boca de este infierno. Hubo que hacer justicia y no se hizo. Cuando toca, no puede eludirse.

Lo peor fue dejar impune el franquismo, y de aquella dejación, este barrizal. De eso saben mucho los jarrones chinos de tu partido. Así que más Zapatero, menos González y ni una gota de Alfonso Guerra. Y es que hasta duro fuego amigo has padecido. Por cierto, esto ya lo previó Leonard Cohen cuando dijo: “A veces uno sabe de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro lado”. Y funciona.

Millones de personas en este país no pueden esperar, no podemos esperar que pase un ciclo ultra. Yo me aplico muchas veces el dicho “de perdidos al río” y me lanzo al agua. De nuevo la valentía y la libertad de soltar ataduras si se puede. Cuando el dolor o la incertidumbre aprietan, escribo. Por si te sirve. En esa tesitura, lo que ha de hacer un gobernante es gobernar.

sábado, 11 de marzo de 2023

¿Por qué vivimos todos lejos?

Hasta que empecé a estudiar arquitectura, el biscúter era lo único que podía relacionar con Gabriel Voisin. Entonces supe del literalmente demoledor Plan Voisin, que habría podido poner París patas arriba. Con más éxito lo había hecho ya el barón Haussmann, y Le Corbusier no quiso quedarse atrás. 

Nuestro primer profesor de proyectos fue Alejandro de la Sota. A una de sus mejores obras, la que frecuento cada semana para mantenerme en forma, he dedicado dos páginas de este blog (se pueden ver aquí y aquí). Don Alejandro atrajo al movimiento moderno a toda una promoción.

Entre los que consideraba "los cinco grandes" no podía faltar el arquitecto suizo. Los otros eran Gropius, Mies, Aalto y Wright. Aunque no estén todos los que son, lo son desde luego todos los que están en la lista. No sólo nos entusiasmamos con el gran arquitecto que fue Le Corbusier, sino con el urbanista visionario cuyas propuestas no dejarían pasar de largo los genios de la especulación.

Recuerdo haber hecho por entonces un trabajo sobre este plan para una ciudad de tres millones de habitantes. Algunos cursos más adelante su influencia sobre mí seguía intacta, y junto a otros dos colegas presenté un proyecto (recuerdo la maqueta, con rascacielos de tiza puestos de pie) a otro profesor, Julio Cano Lasso, que tímidamente nos dejó caer que este tipo de urbanismo empezaba a ser puesto en cuestión. Nos parecía a muchos un reaccionario porque había osado escribir El ladrillo, material moderno. 


Por entonces lo que se llevaba era la prefabricación, cuanto más pesada mejor, que tan eficazmente había permitido dotar de vivienda a tanta gente en los países socialistas, pero también en otros occidentales con políticas socialdemócratas, tras las destrucciones de la segunda guerra mundial.

Algún otro profesor de urbanismo nos hizo leer a Jane Jacobs y su gran obra Muerte y vida de las grandes ciudades. Por aquel entonces esto iba en contra de mis principios, y recuerdo haber criticado el libro con cierta acidez. Los planteamientos chocaban frontalmente con las ideas de planificación y zonificación. Aún éramos desarrollistas y crecentistas; la "otra visión" del marxismo ecologista chocaba de frente con la emulación en marcha entre la URSS y Occidente, antes de que primero una y luego el otro se fueran desinflando. Tiempos vendrían para otros análisis más acordes con la realidad.

Como suele ocurrir, cuando algo se hace evidente te das cuenta de que ya tenías los datos para descubrir ese punto ciego que no suele faltar en los análisis y que antes no podías ver. Había estudiado termodinámica, incluso en el bachillerato me deprimía pensar en la muerte térmica del universoTampoco podía ignorar los límites planetarios, y conocía cómo se dispara el crecimiento exponencial. Pero el "pensamiento práctico" aplicado a temas concretos e inmediatos impide con frecuencia situar correctamente los problemas.

Ya en estos otros tiempos que no queríamos ver venir colgué en el blog los artículos Por arriba y por abajo y Urbanismo ecosistémico. Revisionismo del bueno.

Ahora, el artículo de José María Ariza de la Cruz, doctorando en Sociología Urbana en la Universidad Complutense de Madrid, que copio y subrayo a continuación, relaciona también el urbanismo de la velocidad con el individualismo y la insolidaridad que nos atrapa.


Fotografía de Los Ángeles. Daniel Lee / Unsplash







“Una ciudad hecha para la velocidad es una ciudad hecha para el éxito”. Esta frase, atribuida a Le Corbusier, uno de los urbanistas más influyentes del siglo XX, condensa uno de los procesos sociales más importantes vividos en ese periodo.

La movilidad es un aspecto central en la configuración del tejido social. Para el catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla Eduardo Bericat, toda forma de sociedad lleva aparejada un sistema de movilidad. Por tanto, sus transformaciones suponen cambios antropológicos de enorme importancia.

El autor categorizó la época actual como el sedentarismo nómada. La mayoría de las personas vivimos en viviendas fijas, característica propia del sedentarismo. Pero nuestras vidas están en constante movimiento. No es una cuestión de cantidad exclusivamente, también de tiempo y distancia. Aquí es donde entran en juego los avances tecnológicos, y, concretamente, el coche.

Su generalización ha permitido algo anómalo en la historia de la humanidad: recorrer grandes distancias en un tiempo muy escaso. Esto ensancha notablemente nuestro espacio vital. Podemos estar en multitud de lugares en un solo día –lugares radicalmente diferentes entre sí–, lo que conlleva que se multiplique el número de interacciones sociales que tenemos a diario. Pero también, que, necesariamente, la mayoría de ellas sean efímeras. Precisamente para Bericat el sedentarismo nómada se basa en la sociabilidad efímera.

La velocidad y las distancias

Y eso es consecuencia de la velocidad, aquella que Le Corbusier asociaba al éxito. Este era el signo de su tiempo. Cada vez eran más las personas que vivían en ciudades y estas cada vez eran más grandes. Recorrer su creciente extensión requería determinadas infraestructuras, especialmente carreteras. La ciudad estaba obsoleta. Su trazado irregular y de calles estrechas no era funcional, debía adaptarse a la velocidad. En este marco cultural se encuadra el Plan Voisin de 1925.

Maqueta del Plan Voisin (1925) Siefkin DR / Wikimedia Commons, CC BY-SA







El objetivo de este proyecto urbanístico era destruir el centro de París para sustituirlo por los edificios que se ven en la imagen. El nombre viene de Gabriel Voisin, un fabricante de vehículos y aviones que patrocinó el proyecto. La trama urbana se componía de torres en forma de cruz, y, como se puede observar, era perfecta para la circulación del vehículo privado: rectilínea y con amplios espacios entre edificios para construir calles lo suficientemente anchas.

Barcelona también tuvo un proyecto parecido, Plan Macià, de 1934, en el que participó directamente Le Corbusier. Su nombre se debía a Francesc Macià, por entonces presidente de la Generalitat, lo que muestra la importancia que se le dio en la época.

Ninguno de los dos planes fue llevado a cabo finalmente. No obstante, las ideas que los configuraban han seguido teniendo éxito hasta nuestros días.

Las autopistas a las afueras en EE. UU.

La construcción de autopistas urbanas en Estados Unidos es un buen ejemplo de ello. Según el Departamento de Transporte estadounidense, de 1957 a 1977 fueron desplazadas más de un millón de personas de sus casas por este motivo. La mayoría de las autopistas atravesaron barrios de población negra, los dividieron en dos y acabaron con buena parte de su comercio, con profundas consecuencias negativas también en su tejido social.

El objetivo de estas carreteras era precisamente conectar los suburbios que estaban proliferando en aquella época en el país. En muchas ocasiones estos barrios excluían a la población negra, fomentado de facto la segregación racial. Es lo que ha sido categorizado como “la huida blanca”.

En realidad, se estaba poniendo en práctica la teoría del sedentarismo nómada. Se sacrificaban barrios con una intensa vida social y comunitaria en nombre de la velocidad, necesaria para desplazarse entre núcleos urbanos cada vez más dispersos con una vida cada vez más individualista. A esto último contribuía el tejido urbano propio del suburbio, de baja densidad y formado por largas hileras de chalés unifamiliares.

Las ideas de Jacobs frente a Moses

La famosa lucha entre Jane Jacobs y Robert Moses encarna a la perfección los conflictos generados por los cambios sociales derivados de este nuevo paradigma de movilidad.

Jacobs, activista y una de las urbanistas más influyentes del siglo pasado, se opuso junto a su vecindario a la construcción de una autopista que atravesaría su barrio en Manhattan: el Greenwich Village. Esta construcción había sido planificada por Moses, un alto funcionario del Estado de Nueva York con gran poder en la obra pública, en 1955. La autopista no fue levantada finalmente gracias a la lucha vecinal, aunque muchas otras sí lo fueron.

Autopista que cruzaría el bajo Manhattan. Library of Congress / Wikimedia Commons






Jacobs, como intelectual, defendía una ciudad compleja y diversa en la que los usos del suelo se mezclaran. Proponía que compartieran espacio en los barrios las viviendas, el comercio y el trabajo, que hubiera una densidad suficiente para que aflorara la vida social en el espacio público, imprescindible para el desarrollo de una sociabilidad comunitaria.

Este era el motor ideológico de su lucha contra Moses –por supuesto, también evitar la destrucción del Village–. Tenía la firme creencia de que la ciudad construida en torno al coche iba a acabar con todo ello.

El presente es distante, ¿y el futuro?

En cambio, las ideas que se impusieron mayoritariamente a lo largo del mundo –en retroalimentación con las transformaciones tecnológicas en el ámbito del transporte– fueron las de personas como Le Corbusier o Moses. Las ciudades que surgieron de ellas durante el siglo XX estaban diseñadas en torno a la velocidad del desplazamiento, y, por tanto, para el vehículo privado. Pero su propio diseño lo hacía cada vez más necesario en un ciclo sin fin de retroalimentación. Ciudades cada vez menos densas y más dispersas, divididas por zonas según su función, con las viviendas, el trabajo y el ocio cada vez más distanciados.

Fotografía de Dubái. David Rodrigo  / Unsplash











Ya adentrados en pleno siglo XXI, ¿es posible que esté regresando el péndulo de la movilidad? Cada vez hay más voces que reclaman orientar las ciudades a la movilidad de proximidad. Que podamos satisfacer nuestras necesidades vitales en nuestro entorno cercano. La urgencia del cambio climático lo requiere, dado que el vehículo privado es un gran emisor de gases de efecto invernadero.

Pero esta reclamación también surge de la pulsión social por recuperar los vínculos comunitarios, los cuidados, el apoyo mutuo. Aquello que el individualismo propio de sedentarismo nómada lleva décadas debilitando.

martes, 31 de enero de 2023

Una barrera invisible

El pasado sábado 28, el PSOE de Pontevedra presentaba su candidatura a la alcaldía, inaugurando así la (¿pre?)campaña para las elecciones municipales, a cuatro meses del evento. Invitado por una buena amiga, asistí.

A Praza da Ferrería era el lugar elegido para la presentación. El día era frío y ventoso. Un sol radiante ayudaba a calentar el ambiente, pero desde el norte avanzaban nubes, y si se cubría el cielo nos íbamos a helar. Sin embargo, aquellas nubes que parecían arrolladoras nunca llegaron a tapar el sol.

Allí estaba la plana mayor del partido, con alguna ausencia más o menos previsible. La multitud de personalidades repetía el inevitable guion protocolario, tan parecido al de otros mítines electorales que podrían incrustarse en una película de Berlanga. Antes de que hablaran sabías lo que iban a decir, pero ¿qué otra cosa iban a hacer, sino someterse a la liturgia democrática?

Más preocupado por el frío que por la consabida retórica de tantos alcaldes y otros cargos públicos, atendía al avance inmóvil de las nubes. Cuando una oleada amenazante se desgajaba de la masa compacta que la seguía, de forma casi imperceptible se iba disolviendo en el azul impoluto hasta desaparecer. Una barrera invisible, en realidad una ligera pérdida de altura y el consiguiente ascenso térmico sobre el punto de rocío frenaban el en apariencia incontenible avance.

Por fin tocó el turno al alcaldable que debía cerrar el acto. Para mi gusto fue un buen discurso. Dejó claro que el actual alcalde y su partido se apropiaban del protagonismo que en sus correspondientes parcelas ejercían los concelleiros socialistas, muchos allí presentes. Eclipse parecido al que los mismos socialistas practican en el gobierno central, cuando muchas de las políticas de que alardean les vienen impuestas por la presión de sus socios de coalición, y bastantes las desarrollan asesores y cargos de esos otros partidos.

Dedicó la parte más interesante y mejor trabada a denunciar la actual gestión económica, carente de intervenciones públicas que vayan más allá del embellecimiento urbano, privatizadora de servicios y con muy pobres políticas sociales. Se ha hecho del modelo de ciudad el principal argumento electoral, pero ese modelo, un acierto que nos hace tan cómoda la vida a los habitantes del centro, es ya compartido por muchas otras urbes, y cada vez es menos distintivo. No se puede fiar el avance de la comarca a un turismo que llega, admira y pasa. Que probablemente tiene los días contados. La ola innovadora que presuntamente salvaría a una ciudad sin otro atractivo que su belleza y comodidad se va frenando sin remedio, y hacen falta otras políticas, como la atracción de industrias innovadoras, compitiendo en esto, hay que recordarlo, con todas las demás ciudades.

Si la ola urbanística está agotada (aunque yo veo muchas grúas levantando nuevos edificios como si no pasara nada), ¿qué podemos esperar de esta otra ola "digital-verde-sostenible-innovadora" con que los aspirantes a gobernarnos dan esperanzas y siembran ilusión? Como ocurre con los frentes nubosos que avanzan oleada tras oleada para disolverse sin que casi nos demos cuenta de lo que ha ocurrido, una barrera, no tan invisible, se alza frente a las proyecciones de futuro que elección tras elección nos proponen prácticamente todos los partidos. Porque el que diga otra cosa, quien se salga del modelo, "no sale en la foto", como decía con su habitual descaro aquel mordaz vicepresidente socialista.

No es solamente "el modelo de ciudad" la única nube que se disuelve en el aire. Las inconcretas nubes alternativas que se lanzan para sustituirlas también serán disueltas por esa barrera que fingimos invisible porque casi nadie la quiere ver.

El escritor Sergio Andrés Cabello ha escrito el libro La España en la que nunca pasa nada, ese país intermedio entre la «España vaciada» y la «España metropolitana». Nuestra ciudad entra de lleno en esta categoría de ciudades medias, y sería bueno que sus futuros munícipes tomaran nota de lo que José Manuel Mariscal Cifuentes escribe en la reseña del libro publicada en el número 257 de Nuestra Bandera:

EcoExploratorio












"Entre las postales bucólicas del rural y las oficinas cristalinas de los barrios financieros de Madrid o Barcelona está la realidad. Ciudades medias y pequeñas que son las que han articulado en buena medida el territorio de nuestro país. Ciudades que absorbieron una parte importante del éxodo rural al calor de una industria que, aunque débil, constituía una oportunidad de trabajo y futuro para las gentes de sus comarcas y que hoy ha desaparecido. Estas ciudades, tal y como señala Esteban Hernández en el magnífico texto que prologa el libro, se han venido sumando al curso de los acontecimientos mucho antes de intervenir en ellos para modificarlos. Todas estas ciudades, en una especie de pensamiento mágico, han aplicado las mismas recetas (sálvese quien pueda) para tratar de incorporarse a la modernidad: poner guapo su casco histórico para los turistas; buscar un arquitecto de renombre para construir un centro de arte contemporáneo o una ciudad  de la justicia o un palacio de congresos o un aeropuerto, aunque sea de avionetas; organizar el enésimo festival de música indie; colocar con letras bien grandes el nombre de la ciudad en alguna de las rotondas de su entrada; construir un polígono industrial con suelo gratis o instalar un co-working o un «nido de empresas»; en fin, todo sea por generar un «entorno atractivo para el emprendimiento». Pero la industria se fue y los sueños de grandeza de muchas de estas ciudades se han frustrado por el camino. A las ciudades medias les ha sucedido, y esta es una tesis fuerte de Sergio Andrés, algo parecido a lo que ha pasado con las capas medias aspiracionales. Para lograr-el-éxito-en-un-entorno-competitivo recurrieron a las mismas recetas que pasaban por hacer de la ciudad una marca, construir un signo de distinción con respecto a las demás: da igual que la distinción pase por poner más bombillas que nadie en Navidad o por tener el estadio de fútbol más molón. El caso es que, al final, esas ciudades se parecen mucho entre ellas. Las calles de la ciudad en la que vives están repletas de locales cerrados con el cartel de «se vende» frente a las mismas tiendas de las mismas franquicias de las mismas marcas. En la ciudad en la que vives tienes que coger el coche para ir al cine, o al pediatra, o al colegio. En la ciudad en la que vives hay una élite local en franca decadencia que se siente amenazada por la globalización y que confunde sus intereses con los del conjunto de la ciudad."

sábado, 5 de noviembre de 2022

Grupos de presión

Cuando Colin Buchanan publicó su célebre informe sobre el tráfico en las ciudades, junto a sus propuestas de separación de las vías (el ejemplo más perfecto que consideró fue, obviamente, Venecia), pudo observar que facilitar la fluidez aumentando el número de carriles de las autopistas atraía más tráfico y acababa con la ventaja inicial, saturando de nuevo la vía.

Se confirmaba una vez más la paradoja de Jevons: el aumento de la eficiencia en la utilización de un recurso conduce a largo plazo a un uso incrementado del mismo. En el actual modelo económico, la paradoja solo se «resuelve» explotando un recurso alternativo una  vez que el original se ha agotado.

Y así se van agotando sucesivamente todos ellos, eliminando la base natural, especie por especie, mineral por mineral y región por región.

De esto habla también el libro Grandes granjas, grandes gripes, al que ya me he referido en varios comentarios anteriores (importancia de la escala, intimidad del virus, el dumping...). Nuevamente recurro a él: parte quinta ¿De quién es la huella de la comida? Grupos de presión, pág. 314.

«desarrollo sostenible»

 

Grupos de presión

[...] las eficiencias desplegadas por el capitalismo «sostenible» se han visto refutadas durante mucho tiempo, incluso como premisa lógica, por la paradoja de Jevons. William Stanley Jevons observó que el aumento de la eficiencia en la extracción de un recurso conducía a largo plazo a un uso incrementado del recurso. El consumo desbocado de combustibles fósiles demuestra bastante bien la tesis de Jevons, pero también lo hace espectacularmente la producción de alimentos. La Revolución Verde duplicó esa producción por hectárea, pero también provocó una desnutrición generalizada.

En un sistema económico consagrado a un crecimiento compuesto del 3%, la extracción mejor y más barata, que aumenta la eficiencia por unidad monetaria invertida, selecciona en realidad una mayor explotación, a menudo hasta que se agota un recurso. En el actual modelo económico, la paradoja solo se «resuelve» explotando un recurso alternativo una  vez que el original se ha agotado, eliminando la base natural especie por especie, mineral por mineral y región por región, práctica de la que Cargill y Mars, entre otros, se ha beneficiado hasta ahora en grado superlativo.

Si la historia sirve de guía, los agronegocios rara vez han dejado que la preocupación por la pérdida de la base de recursos de un producto básico cambie sus tácticas operativas de un informe anual a otro. La comercialización ecológica, por ejemplo, se vende actualmente mejor en los mercados de lujo de Estados Unidos, la Unión Europea y Asia, que albergan un consumo per cápita de los productos mayor que en gran parte del resto del mundo. Pero las estrategias básicas de las empresas, estructuradas por ventajas competitivas a las que no es probable que renuncien voluntariamente, se mantienen en gran medida intactas.

Convertir los recursos de otras personas en enormes beneficios privados (y culpar a otro de los daños resultantes) sigue estando a la orden del día. Como muestran los cálculos de Luke Bergmann, gran parte de las emisiones de carbono, la silvicultura y las tierras de cultivo comerciales del Sur global tienen como origen o causa, según la perspectiva de cada uno, la acumulación de capital y el consumo en Estados Unidos, Europa y Japón. Becky Mansfield y sus colegas, por su parte, refutan la influyente teoría de la transición forestal, que vincula el crecimiento económico con el resurgir de los bosques. El equipo muestra que la relación directa no es intrínsecamente universal, sino que depende de la capacidad del Norte global par importar productos forestales y agrícolas y exportar los impactos ambientales consiguientes. En ese contexto, el márquetin verde parece ser en las regiones más ricas un medio de trasladar la responsabilidad por los daños ocasionados por los circuitos del capital y a lo largo de ellos a la moral individual a la hora de elegir el producto.

El sector, sin embargo, podría haberse encontrado con un obstáculo. Tal como explica Jason Moore, las crisis globales de pérdida de tierras y daños ambientales pueden señalar un punto de inflexión en la capacidad del neoliberalismo para lograr disminuciones continuas en los costes de producción en todo el sistema o, todavía más importante, pueden señalar el fin del régimen de «ecología barata» del capitalismo: energía, mano de obra, materias primas y alimentos baratos. Diremos, como preludio de nuestro planteamiento, que cualquiera de los dos escenarios podría explicar la urgencia con la que la agroindustria está proponiendo un relato de rescate distópico.