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jueves, 2 de julio de 2026

Viento del Pueblo. Desde el pueblo y para el pueblo

Leo en la revista literaria Zenda tres poemas de Miguel Hernández. Un acierto la elección, así como el orden en que se presentan, porque del dolor personal e individualizado por un crimen alevoso asciende al más general causado por la injusta guerra, transformando ambos luego en un llamamiento a la rebeldía.

La corta vida de nuestro poeta también fue una evolución hacia la toma de conciencia proletaria. Gran lector desde la niñez, fascinado por la mística barroca, entra luego en contacto, en los convulsos tiempos de la República, con otros poetas y otras líneas de pensamiento. Y se hace la luz. Se le hace evidente la explotación del trabajo que él mismo ha vivido. La guerra lo pone en marcha como poeta y como combatiente. Y escribe lo mejor de su poesía.

Me vienen a la memoria unas canciones de Ana Belén y Víctor Manuel que el PCE divulgó en tiempos de la Junta Democrática, porque una de ellas estaba dedicada a nuestro poeta combatiente. Busco las grabaciones en la red y no encuentro rastro de ellas, pero sí una referencia en un recital poético que tuvo lugar en dos institutos de enseñanza secundaria de Ribadeo.

Entre sus actividades literarias, el recital dedicado al poeta en él se incluía esta canción, que se atribuye a Rosa León. A falta de más datos dejo aquí la letra.





El último de sus libros escritos durante la guerra, El hombre acecha, más trágico y ya consciente de la derrota, fue destruido por la inquisición fascista. De sus 50.000 ejemplares pudieron salvarse dos, y por ello podemos leerlo aquí y ahora.

Oprobio eterno a los iconoclastas dispuestos a destruir la belleza por razones políticas, y que luego, a veces, se escudan para ocultarse en su "Derecho al Honor".


3 poemas de Viento del Pueblo

05 jul 2026


Este fue un libro escrito desde el corazón, un libro casi profético, lleno de entusiasmo por la Victoria popular y, en cierto sentido, más positivo que el posterior El hombre acecha. En ambos, sin embargo, late una misma temática: el patriotismo y el tema de España, lo popular y la sangre, la muerte y el sufrimiento.

*** 

ELEGÍA PRIMERA

A Federico García Lorca, poeta

Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasada con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama. 

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y solo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva. 

Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellinos de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que el calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.

*** 

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué ponerse,
hambriento y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque te falten las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.

***

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.

La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

lunes, 23 de febrero de 2026

Niños (explico algunas cosas)

El sufrimiento que la guerra causa a los niños, intencionado a veces, otras despreciándolos como "daño colateral", es la máxima expresión de la infamia. En las últimas entradas de este blog recogí dos poemas, uno sobre la vieja herida mal curada de España, otro sobre la persistente y ya casi tan vieja como aquella de Palestina. Poemas dirigidos a niños que no las han padecido con la intención de educar sus sentimientos, algo que debería importar mucho más que instruir en conocimiento utilitario. Pensad que a una especie solo la salva el amor a sus pequeños.

Pablo Neruda conocía el valor de la palabra, la fuerza que contiene cuando resuena en el cerebro. Sabía bien lo mucho que inmediatamente evoca la palabra 'amapola' o 'los dientes agudos del chacal'. Por eso la fuerza de su poema reside en la palabra 'niños'. Abandona lilas, amapolas, pájaros, lluvia, para que nada distraiga nuestra atención de la atrocidad que denuncia.

Este poema suyo, que comienza lleno del color y la vida del barrio, lo rompe bruscamente el terror de los bombardeos sobre Madrid, y todo su dolor se concentra en estos versos:

...venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños...

...Venid a ver la sangre por las calles...



 «…Hay una estrella más abierta
que la palabra amapola?

Hay dos colmillos más agudos
que las silabas de chacal?»

PN

PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba 
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

Casa de las Flores


sábado, 21 de febrero de 2026

Niños del mundo, si cae Gaza...

El poeta Conrado Santamaría, en su blog Escombros con hoguera, re-publica (¡qué bien suena!) estos versos en los que resuenan los de César Vallejo. Recordarlos ha motivado la anterior entrada de este blog.

Que todos los niños del mundo sepan de los niños que sufren. Niños como ellos, que tampoco están libres de sufrir si la vesania los alcanza, como no lo está nadie; ni tú, ni yo.

Gaza. Los niños, las niñas

lunes, 16 de febrero de 2026

Ahmad Awad. Gaza, 2025












Niños del mundo,

si cae España digo, es un decir

(…)

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto 

hasta la letra en que nació la pena!

César Vallejo


Niños del mundo

si cae Palestina –digo, es un decir

si cae

quién habitará los sueños imposibles,

quién alzará la voz como un presagio,

quién bañará en el mar el oleaje del desconsuelo.


Ah, sí, los niños,

las niñas,

siempre los niños.

Los que Norman Bethune recoge y lleva en su camión,

carretera de Málaga a Almería, febrero 1937,

niños descalzos, desharrapados, hambrientos,

bajo las bombas –crucero Canarias, Baleares,

aviación italiana, alemana- cientos de niños

Bethune, Hazen Sisey y Thomas Culbert Wosley,

los alzan, cogen en brazos, llevan a Almería,

día y noche, bajo las bombas, 30 o 40 niños

en cada viaje, tres días y tres noches.


Sí, las niñas,

los niños de Gaza,

los operados sin anestesia,

los prematuros sin derecho a incubadora,

los escuálidos niños de Gaza.

Hospitales Al Shifa, Mártires de Al Aqsa, Nasser, Al-Ahili, Kamal Adwan,

y de nuevo bajo las bombas, día y noche, exhaustos

Bethune, Size y Worsley, están. Permanecen.


Ah, los niños, las niñas, de Gaza,

los de Málaga, los hambrientos sin número,

los siempre extraviados –perros perdidos sin collar

en todas las guerras, en todas las huidas.

Ah, los niños de Gaza,

los del Madrid asediado del 37 y el 38 y el 39.


Si cae Gaza,

si cae –digo, es un decir

Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena.


Niños del mundo,

niñas del mundo,

si Palestina cae –digo, es un decir-

salid a buscarla.

Antonio Crespo Massieu

Poetry Planetariat. Kathmandu / Medellín. Vol. 11 World Poetry Movement.

Febrero, 2026.

viernes, 20 de febrero de 2026

Niños del mundo, si cae España...

César Vallejo fue uno de los grandes poetas del siglo XX en nuestra lengua. Como otro gigante, Pablo Neruda, estuvo en España en los trágicos años de la guerra que perdimos los españoles (¡no todos!) frente al fascismo. Perdida, aún hoy, hasta por los que nacimos después.

Poetas hispanos que con su presencia y su pluma combatieron a la bestia, como muchos otros intelectuales del mundo; entre los nuestros, Machado, Alberti, Miguel Hernández...

Las guerras las sufren más quienes no las causan, en especial los niños. Nos indigna su indefensión frente a la brutalidad, criaturas inocentes ante cuyo sufrimiento no se puede permanecer indiferente.

Vallejo escribió entonces el poemario España, aparta de mí este cáliz, que su viuda Georgette publicó póstumamente, como un mensaje dirigido a los niños del mundo. Niños a los que debemos enseñar algo más que números y letras.

Consta el poemario de 15 poemas:

  • I.-"Himno a los voluntarios de la República"
  • II.-“Batallas”
  • III.-[“Solía escribir con su dedo grande…”]
  • IV.-[“Los mendigos pelean por España”]
  • V.-"Imagen española de la muerte"
  • VI.-“Cortejo tras la toma de Bilbao”
  • VII.-[“Varios días al aire, compañeros”]
  • VIII.-[“Aquí”]
  • IX.-“Pequeño responso a un héroe de la República"
  • X.-"Invierno en la batalla de Teruel”
  • XI.-[“Miré el cadáver, su raudo orden visible"]
  • XII.-“Masa”
  • XIII.-“Redoble fúnebre a los escombros de Durango"
  • XIV.-“¡Cuídate, España, de tu propia España!”
  • XV.-“España, aparta de mí este cáliz".

España, aparta de mi este cáliz

Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que esta
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!…

viernes, 13 de febrero de 2026

Xesús Alonso Montero: "cando sexa maior serei comunista"

Esta frase suya que nos recuerda el camarada Rubén pone de relieve la difícil tarea de llegar a ser un buen comunista. 

Ayer falleció en la ciudad que lo vio nacer. Hoy es día de obituarios. Semblanzas y elogios más o menos protocolarios. Se prodigan cada vez que se nos va alguna persona de relieve. En el caso de Xesús son bien merecidos.

Aquí podéis leer el comunicado oficial del PCG.

El mejor apelativo que se le puede dedicar es el de Maestro. Quienes asistieron a sus amenísimas conferencias, al tiempo diáfanas e instructivas, pueden corroborar su labor de gran pedagogo. Maestro e incansable luchador.

"Eu son... un criticón"




















El 14 de marzo del año pasado el Ateneo de Pontevedra organizó la conferencia 'Castelao en los años de la Guerra Civil, viaje a la Unión Soviética, prosovietismo y filocomunismo', que impartida por él se celebró en el Espacio Nemonon.

Como buenos amigos que fuimos me eligió para presentarla. Esta fue mi intervención: 

Buenas tardes:

Bienvenidos al acto que tengo el honor de presentar. Bastarán unas breves palabras, porque las que importan las dirá enseguida el profesor Alonso Montero.

Conocida por todos es la trayectoria académica y política de Xesús Alonso Montero. Quiero sobre todo dar fe de su trayectoria humana. Xesús nació en Vigo pero creció en Ventosela, Ribadavia, la tierra de sus padres. Como para Castelao, del que nos hablará, la cercanía a la tierra y al paisanaje fue determinante para su trayectoria vital. Ver de cerca la vida de los pobres de Galicia afianzó en ambos la convicción de la necesidad de cambiar este estado de cosas.

Castelao vivió los años vertiginosos del final de la monarquía, la república, la guerra y la posguerra. Su implicación en tantas luchas explica su evolución ideológica, pasando de su inicial visión tradicionalista a otra mucho más progresista y revolucionaria. Pero en todo momento su trayectoria estuvo presidida por su profunda humanidad, su sentido de la justicia y su compromiso con ella.

También en Xesús el compromiso de luchar por un mundo más justo explica su vida y su obra. Pero a diferencia de quien, como Castelao, había vivido etapas de libertad, este amigo y camarada que hoy nos acompaña atravesó de cabo a rabo la longa noite de pedra y en ella desarrolló una lucha constante, jamás abandonada tras el final, nunca del todo concluso, de aquellos duros tiempos.

La coherencia de este profesor hace que siga en la brecha a día de hoy. Allí donde lo llaman acude para explicar con su verbo convincente y ameno la realidad que otros camuflan. Son muchos los que después de la dictadura han modulado su verbo para adaptarlo a la corriente dominante. Jamás lo ha hecho Xesús.

Alonso Montero ha recorrido toda la escala de la docencia. Profesor en Escuelas de Magisterio, institutos de Enseñanza Media y en la Universidad, en todos los casos se ha esforzado para transmitir ideas nobles y educar las conductas. Y ha dejado impresa su huella en discípulos como Rafael Bárez, Perfecto Conde Muruáis, Carlos Dafonte, Anxo Guerreiro “Geluco”, Miguel Anxo Murado, Arturo Reguera… Sin olvidar, en su etapa palentina, al inolvidable Paco Fernández Buey, que lo mencionaba con admiración y cariño.

Xesús recuerda con emoción su estancia en el Instituto de Lugo como una de las más gratas de su carrera; y Lugo también lo recuerda a día de hoy, nombrándolo hijo predilecto, mal que le pese, incomprensiblemente, a alguno.

En esa etapa lucense, en plena dictadura y desde su cátedra de literatura, su batalla ideológica se centró en cultivar sentimientos nobles e inculcar en las mentes de sus alumnos la lucha por la justicia, a través del análisis crítico de los autores, con especial dedicación a Cervantes y la figura de don Quijote. Este y su escudero representaban para él superar la especulación teórica, poniendo en práctica los valores a través de la lucha.

Esta es precisamente la razón última de la posterior valoración, que aún permanece viva, de este libro inmortal. Podemos ver en él un verdadero antecedente de la filosofía de la praxis, y así lo vieron los marxistas, empezando por el propio Marx.

Muy explícito en esta evocación fue Ernesto «Che» Guevara. En marzo de 1965, poco antes de partir hacia el Congo, Guevara escribió a sus padres: «Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con mi adarga al brazo». Y en su última carta desde Bolivia escribió: «Entre el polvo que levantan los cascos de Rocinante, con la lanza en ristre para alcanzar los brazos de los gigantescos enemigos que me enfrentan…».

Otro de los ejemplos, y hay muchos, de la admiración de nuestro profesor por quienes abrazan causas nobles y lejos de quedarse en frases vacuas se comprometen para llevarlas a la práctica es Antonio Machado, a cuya figura ha dedicado un hermoso libro.

A su firmeza en mantener sus ideales contra viento y marea une Xesús un discurso llano y ameno que le da una enorme capacidad de convicción, por lo que entre sus muchos títulos me atrevo a darle el aparentemente humilde, pero que considero más valioso que todos los títulos académicos, de Maestro.

Maestro: ilústranos y revélanos esta faz del mejor Castelao que algunos, reputados “dueños del adjetivo”, dejan de lado.

martes, 6 de enero de 2026

Poemas de antes que son de ahora

A su blog Escombros con hoguera trae Conrado Santamaría dos poemas. Tan viejos, tan nuevos...

En estos momentos de saña guerrera salta por los aires la cáscara hueca de unas relaciones internacionales basadas en reglas.

No es decir mucho hablar de reglas. Reglas feudales, reglas sangrientas, reglas del sátrapa que las maneja. Cada tirano tiene sus reglas.

Callados y obedientes los súbditos babean. El que tenga valor que salga a la palestra, que yo allí lo acribillo. Humíllate, venera mi culo pestilente y luego me lo besas.

(¿Qué más puedo deciros, prudente patulea?)

SON VENEZOLANO

Con mi tres o con su cuatro,
cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño.

—Canto en Cuba y Venezuela,
y una canción se me sale:
¡qué petróleo tan amargo,
caramba,
ay, qué amargo este petróleo,
caramba,
que a azúcar cubano sabe!

¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

—La misma mano extranjera
que está sobre mi bandera,
la estoy mirando en La Habana:
¡pobre bandera cubana,
cubana o venezolana,
con esa mano extranjera,
inglesa o americana
mandándonos desde fuera!

¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

—Zamora, véngase acá,
tráigase sus huesos juntos,
y dejando a los difuntos
camine y despierte ya.
Aquí este bojote está
muy parecido al sesenta:
el que puede, se calienta,
el que no, se pone a enfriar,
y a la hora de contar
todos enredan la cuenta.

¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

—Ando a pie, bebo parado,
me buscan cuando hago falta,
y mi cobija es tan alta
que duermo sobre ella echado.
Éste es mi canto cerrado,
que en vez de cantar recito;
ahora lo digo pasito,
porque es cosa suya y mía,
pero así que llegue el día,
en vez de cantar, ¡lo grito!

¡Grite, Juan Bimba,
yo lo acompaño!

Nicolás Guillén. El son entero / Canto para soldados y sones para turistas. Losada, 2005.
Imagen: Monero Rapé

El Sur también existe

Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
                            con sus llaves del reino
                            el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
                    con su esperanza dura
                    el sur también existe

 con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
                    con sus gesta invasora
                    el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
                    con su fe veterana
                    el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
                        con todos sus laureles
                        el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
                    que todo el mundo sepa
                    que el Sur también existe

Mario Benedetti. Preguntas al azar, 1985-1986. En Antología poética. Introducción: Pedro Orgambide. Alianza, 2008.
Imagen: Carlos Cruz-Diez