A su blog Escombros con hoguera trae Conrado Santamaría dos poemas. Tan viejos, tan nuevos...
En estos momentos de saña guerrera salta por los aires la cáscara hueca de unas relaciones internacionales basadas en reglas.
No es decir mucho hablar de reglas. Reglas feudales, reglas sangrientas, reglas del sátrapa que las maneja. Cada tirano tiene sus reglas.
Callados y obedientes los súbditos babean. El que tenga valor que salga a la palestra, que yo allí lo acribillo. Humíllate, venera mi culo pestilente y luego me lo besas.
(¿Qué más puedo deciros, prudente patulea?)
SON VENEZOLANO
Con mi tres o con su cuatro,
cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño.
—Canto en Cuba y Venezuela,
y una canción se me sale:
¡qué petróleo tan amargo,
caramba,
ay, qué amargo este petróleo,
caramba,
que a azúcar cubano sabe!
¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
—La misma mano extranjera
que está sobre mi bandera,
la estoy mirando en La Habana:
¡pobre bandera cubana,
cubana o venezolana,
con esa mano extranjera,
inglesa o americana
mandándonos desde fuera!
¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
—Zamora, véngase acá,
tráigase sus huesos juntos,
y dejando a los difuntos
camine y despierte ya.
Aquí este bojote está
muy parecido al sesenta:
el que puede, se calienta,
el que no, se pone a enfriar,
y a la hora de contar
todos enredan la cuenta.
¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
—Ando a pie, bebo parado,
me buscan cuando hago falta,
y mi cobija es tan alta
que duermo sobre ella echado.
Éste es mi canto cerrado,
que en vez de cantar recito;
ahora lo digo pasito,
porque es cosa suya y mía,
pero así que llegue el día,
en vez de cantar, ¡lo grito!
¡Grite, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
Nicolás Guillén. El son entero / Canto para soldados y sones para turistas. Losada, 2005.
Imagen: Monero Rapé
El Sur también existe
Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existe
con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe
con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe
Mario Benedetti. Preguntas al azar, 1985-1986. En Antología poética. Introducción: Pedro Orgambide. Alianza, 2008.
Imagen: Carlos Cruz-Diez
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