jueves, 16 de mayo de 2013

¿Qué hacer con la población que le sobra al sistema?

El capitalismo es el resultado histórico de la continua evolución de los modos de obtención de recursos (producción) para la supervivencia de la humanidad (reproducción). No es un producto extraño a los seres humanos, sino precisamente el punto de llegada de su actividad.

Cada modo de producción de un grupo social es consecuencia de una simbiosis más o menos voluntaria, pero siempre consentida (consensuada) entre sus miembros. Que asegura a cada uno su función, mejor o peor, en un reparto de papeles, y con ella un modo de sobrevivir, so pena de ser expulsado a la muerte social, que en definitiva es la muerte física.

En su origen los miembros del grupo se concedían a sí mismos el título de humanidad, y con él los derechos aparejados, de los que quedaban excluidos los extraños. En un proceso largo de luchas entre grupos, y de luchas internas en el grupo (luchas de clases), los hombres han acabado por aceptarse, al menos en teoría, como semejantes. Y se ha aceptado idealmente que tienen los mismos derechos básicos: derechos humanos.

Pero siempre subsiste la tentación de excluir de esa humanidad a los que estorban el desarrollo propio. La tribu o la nación, el grupo religioso, la clase social, la raza, son excusas ideológicas para diferenciar un "nosotros los hombres" y un "ellos", que en el fondo significa inhumanos.

Una clase dominante extrae su recursos de la naturaleza a través del trabajo (ajeno) de una clase dominada. Para sus miembros no hay límite a la satisfacción de necesidades crecientes, a las que como "humanos" tienen derecho. Las sociedades de clases establecen siempre un rango de humanidad, reservándose las élites para sí el autorreconocimiento exclusivo de "completamente humanos". Por un tiempo el forzado equilibrio social tiene éxito.

Cuando el modo de vida es amenazado por la falta de recursos, se busca fuera el "espacio vital". Lo que se extraía de los dominados dentro de la tribu o de la nación se busca en otros territorios: Imperialismo. En este proceso se cuenta con la complicidad de los propios súbditos, menos hombres que sus amos pero más que los extraños sometidos. 

El crecimiento continuado de las sociedades y el aumento de su riqueza ha permitido que un horizonte de creciente prosperidad mantenga la cohesión social, pese a la explotación de unos individuos por otros. La idea del progreso ha sido siempre una esperanza de mejores oportunidades. Y el progreso se ha cimentado sobre una competición en que individuos y grupos luchaban por "un lugar en el sol".

La historia de estas luchas produjo el capitalismo y en su fase última el imperialismo global. Lo caracteriza una competición extrema, sustentada en la ideología de la "lucha por la vida". Que conduce a un desarrollo desbocado de las fuerzas productivas y a una concentración creciente del producto. Sólo el crecimiento ilimitado produce la ilusión de que la riqueza se "derrama" sobre toda la sociedad.

Cualquier freno a ese desarrollo deja al descubierto la realidad. Hay un frenazo en la economía, pero no en la acumulación. Se acentúa la explotación. Cada vez son más los excluidos del sistema, que sin embargo no deja de "perfeccionarse" para producir
más con menos. Más productos con menos productores y más consumo con menos consumidores.


Al chocar sus necesidades de crecimiento con los límites del mundo de que se alimenta, la única salida que encuentra el capital (que, no debemos olvidarlo, es una máquina incontrolada, pero lo es gracias a unos maquinistas) es excluir a los que sobran.

Exclusión que no excluye ninguna posibilidad. Ni siquiera el exterminio.

Sus "think tanks" no se paran en barras.


Fragmento del libro Daud vs. Djalut (David contra Goliat), Moscú, 2010

www.dzhemal.com

La civilización actual ha entrado en la fase de la contradicción fundamental entre sus posibilidades económico-políticas y los objetivos estratégicos civilizatorios. Hasta un determinado momento el crecimiento económico y tecnológico de la civilización mundial aseguraba la reproducción del dominio político de las élites tradicionales, que se habían consolidado definitivamente hace algo más de cien años. 

Las instituciones de la democracia representativa, relacionadas con la educación obligatoria y la igualdad (convencional-jurídica) de las oportunidades vitales, aseguraban la inclusión en el crecimiento económico de la absoluta mayoría de la población mundial, aunque de manera desigual.

Sin embargo el principal problema de la civilización occidental en el siglo veinte fue el hecho de que la crisis política y, particularmente, la crisis del orden mundial, adelantaba a las posibilidades del crecimiento de la economía real. Esta diferencia se fue compensando cada vez más por el crecimiento de la economía virtual que, a su vez, agudizaba la crisis política. A finales del siglo XX el establishment mundial se había encontrado con la necesidad de la reestructuración del orden político-económico planetario. Esta reestructuración debe estar acompañada, por un lado, por el triunfo definitivo de la economía virtual sobre la real, y por otro lado, por la supresión de los tradicionales institutos de la democracia burguesa, cuya formación constituyó el contenido de todo el período de la así llamada Historia Moderna.

La combinación de estos dos elementos es la que caracteriza el comienzo de la época de la tan cacareada sociedad de la información.

En esta sociedad el objeto de la alienación ya no es una parte del tiempo vital del individuo trabajador – el así llamado tiempo “del trabajo”, - sino todo el tiempo individual, sin distinción entre el dedicado a la esfera del trabajo y el tiempo personal.

De la producción de las mercancías a través de la producción de los servicios la economía pasa a incluir a toda la esfera de la vida cotidiana como la forma de bioproducción, que se transforma en la cantidad, en el objeto medido y valorado cuantitativamente.

La enajenación del tiempo vital del individuo en las condiciones de la economía intelectual o informacional se realiza a través de su conversión en una determinada cantidad de información valorada, que se convierte en parte del flujo total de la información. En realidad, la bioproducción social (producción de la vida) consiste en la inclusión de todos los participantes económicos en el flujo informativo.

Es cuando precisamente surge el principal problema político del nuevo orden: las 4/5 partes de la población de la Tierra por distintas causas no están preparadas para participar en semejante producción económica. El destacamento más preparado del contingente mundial de los “trabajadores” resulta ser la población de las megápolis occidentales, y no toda: en primer lugar, se trata de la clase media, relacionada con la organización de la producción.

La historia conoce la práctica de las inversiones en la transformación social de gigantescas masas humanas. El ejemplo más claro fue la conversión en tan solo 20 años (1921-1941) de Rusia analfabeta y agraria en la URSS industrializada y totalitaria.

Hoy las clases gobernantes no piensan invertir los medios proporcionales en la transformación social de aproximadamente 5 mil millones de habitantes de la Tierra y están dispuestas a impedir con firmeza la aparición en el escenario político de las fuerzas alternativas, capaces, siguiendo el ejemplo de los bolcheviques, de encontrar estos medios en los recursos que pertenecen a los actuales propietarios.

De modo, que como mínimo 5.000 millones de los habitantes del planeta se convierten en un lastre para la nueva sociedad de la información, o en otras palabras, no pueden participar en la creación del producto informacional siguiendo las nuevas reglas económico-políticas. La democracia burguesa, que antes aseguraba la inclusión masiva de la población agraria de Occidente en la sociedad industrial y la fase inicial de la sociedad posindustrial, hoy se convierte en inútil en el papel del instrumento de desarrollo social y, en consecuencia, será desechada por anticuada. Cosa que ya está ocurriendo ante nuestros propios ojos.

La humanidad se encuentra ante la perspectiva de la implantación de la dictadura oligárquica planetaria en forma del imperio global. 

El imperio global es la futura forma de la dictadura burocrático-militar que abarcará a todo el mundo. Es el instrumento que necesitarán las élites gobernantes para llevar a cabo la expulsión del 90% de la población de la Tierra del espacio de la Historia. Semejante operación global únicamente podrá realizarse en forma de una guerra despiadada contra la mayor parte de la humanidad.

Es muy importante comprender el contenido técnico de la expresión “echar fuera de la Historia”. La permanencia en la Historia tradicionalmente está relacionada con la interpretación de la actuación de cualquier ser humano o grupo de seres humanos como algo que influye sobre la trama del desarrollo del conjunto del proceso histórico. La historia escrita refleja como actuación “histórica” la acción de tan solo una pequeña parte de los hombres que han vivido en el planeta. Es aquella actuación que tuvo un significado de importancia simbólica y que ha jalonado el transcurso colectivo del tiempo, dejando huellas fijas.

Sin embargo, hasta ahora se daba por sobreentendido que no solo los protagonistas de los manuales de historia y enciclopedias, sino cada hombre nacido en general participa en el proceso histórico, cuyas acciones tienen la conexión inversa con el transcurso argumental de la Historia, entendida como proyecto. Dicha presunción se reflejaba en la visión del papel de las masas en la Historia.

Esta visión humanista aplicada a toda la humanidad sobre la importancia de cada ser humano dentro del balance general del tiempo-sentido colectivo, da por supuesto que cada acción y cada autor de la acción son absolutos y existen de manera necesaria. Dicha visión se refleja en la popular frase: “Historia desconoce el modo subjuntivo”.

En otras palabras, hasta ahora la humanidad estaba sumergida en la esfera de la llamada posibilidad primaria, la más densa y concreta dentro de las posibilidades del ser. En esta esfera cualquier fenómeno existe porque hace falta exactamente este fenómeno en este tiempo concreto y en este lugar, sin que existan alternativas a este fenómeno.

Sin embargo el nuevo proyecto global de las élites mundiales prevé la expulsión del 90% de la humanidad a la segunda y la tercera esferas de las posibilidades, donde cualquier fenómeno tiene variantes alternativas ilimitadas o podría no suceder siquiera.

Es evidente que el hombre que podría no haber nacido, y las acciones que podrían ser tales u otras no importa cuales, se convierten en fantasmales y no ejercen ninguna influencia sobre el desarrollo argumental del tiempo histórico. Semejante situación se convierte en la “muerte histórica” para la humanidad expulsada de este modo del proceso histórico. Lo cual se diferencia poco de la muerte en todos los demás aspectos, y es por lo que hoy en medio de los así llamados “científicos” se levantan voces que hablan de la necesidad de eliminar a estos 90% de seres humanos “sobrantes” (o “no realizados”). [Recordemos que hace años el heredero británico, príncipe Carlos, presidente de la ecologista World Wildlife Fundation, declaró que “en la próxima vida le gustaría volver convertido en un virus mortal para resolver de una vez por todas el problema del equilibrio ecológico”, o sea para acabar con la “sobrepoblación” del planeta – N. del T.].

El puente entre la muerte histórica, digamos en el plano espiritual, y la muerte física de la inmensa masa de seres desgraciados es precisamente el imperio global, llamado a ejercer la violencia permanente contra la biomasa.

Esa violencia tiene que cumplir tres objetivos:

  • el exterminio físico de los representantes más activos de la humanidad expulsada, que no se resignan con su colocación fuera de la Historia y del significado;
  • la violencia unilateral organizada por sí misma coloca a su objeto en la situación de los animales exterminados, es decir que se convierte en el proceso operativo para quitarle el sentido a la existencia de aquellos que se convierten en las víctimas pasivas de la violencia;
  • por último, la propia presión violenta sobre la biomasa representa una forma de enajenación y apropiación del recurso energético interno del tiempo biológico, que sigue transcurriendo para la humanidad reprimida, que formalmente conserva los parámetros existenciales de seres humanos que piensan y sufren.
La única alternativa a la violencia unilateral del imperio global es la guerrilla universal – la guerra partisana en todos los niveles, que en la perspectiva ideal es capaz de provocar la crisis y el derrumbe del oligárquico Nuevo Orden Mundial.
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* Véase también del mismo autor y la misma obra “Prolegómenos del conflicto en Europa”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167817 y “La sociedad de la información, túnel sin ninguna luz al final”, http://rebelion.org/noticia.php?id=168009
Geidar Dzhemal (n.1947, Moscú) es teólogo del Islam revolucionario, filósofo, presidente del Comité Islámico de Rusia (Islamkom.org), activista político y social. Cofundador de Unión Internacional – Intersoyuz (interunion.org), miembro de la coordinadora del Frente de Izquierda – Levi Front (Leftfront.ru).

miércoles, 15 de mayo de 2013

La decadencia de EE.UU. en perspectiva

Según Chomsky, "perdiendo el mundo"


El editor de Tom Dispatch señala en la introducción al trabajo de Chomsky, que “en mayo de 2007, tropecé con bocetos en el sitio en la web de una firma arquitectónica de Kansas contratada para construir una monstruosa embajada combinada con ciudadela para el centro de comando de Gran Medio Oriente en 42 hectáreas en el centro de la capital iraquí, Bagdad.

Presentaban las impresiones de un artista de cómo se vería el lugar – un gigantesco complejo autosuficiente prosaico (pensad en centros comerciales o proyectos habitacionales) y opulento (una gigantesca piscina, canchas de tenis, un centro recreativo).

Impresionado por el hecho de que el gobierno de EE.UU. se propusiera construir la mayor embajada de todos los tiempos en el corazón petrolero del planeta, escribí un artículo: “El buque nodriza aterriza en Iraq” sobre esos planes y presenté un pequeño tour del proyecto mediante esos burdos dibujos. Desde TomDispatch comenzó a circular por Internet y pronto un Departamento de Estado aterrorizado declaró una “ruptura de la seguridad” y obligó a la firma a retirar los bocetos de su sitio en la web.

Ahora, más de cinco años después, tenemos las primeras fotos públicas de la embajada –una piscina, un campo de baloncesto, canchas de tenis, y una cafetería maravillosa– precisamente cuando llegó la noticia de que el vasto despilfarro, construido con 750 millones de dólares del contribuyente, con un presupuesto de 6.000 millones del Departamento de Estado para este año, y su propia fuerza aérea mercenaria, está a punto de sufrir una reducción de su personal de 16.000. En un artículo del Washington Post sobre el tema, citan al senador Patrick Leahy diciendo: “He estado en embajadas en todo el mundo, y uno llega a ese sitio y se siente como ‘¡Híjole! ¡Wuau!’ De repente se está frente a algo tan completamente fuera de escala con todo lo que conoce, que uno se tiene que preguntar ¿qué estaban pensando cuando lo construyeron?”

La respuesta es: en 2004, cuando comenzó la planificación para este elefante blanco entre las embajadas, el gobierno de Bush todavía soñaba con una Pax Americana impuesta por Washington en el Gran Medio Oriente y lo veía como su puesto de comando occidental. Ahora, claro está, las vastas mega-bases estadounidenses en Iraq con sus múltiples rutas de autobuses, gigantescos supermercados, Pizza Huts, Cinnabons y Burger Kings, donde iban a poner en guarnición durante décadas a soldados estadounidenses siguiendo el “modelo coreano”, son otros tantos pueblos fantasma, decadentes zigurats estadounidenses en Mesopotamia. Del mismo modo, esas fotos de la embajada parecen instantáneas de Pompeya justo cuando la ceniza comenzaba a caer. Mientras tanto, en Afganistán, las noticias son similarmente deprimentes, y reducciones y retiradas se encuentran repentinamente a la orden del día. Algo está cambiando. Es un sentimiento tectónico. Ciertamente estamos recibiendo otro conjunto de señales de que los planes imperiales estadounidenses en Eurasia continental se han derrumbado y quemado y que EE.UU. se reagrupa ahora y se dirige “mar adentro”.

Qué momento entonces para que Noam Chomsky intervenga sobre el tema de la decadencia de EE.UU.”


Entrevista a Miren Etxezarreta

"Si seguimos luchando se pueden perfilar posibilidades en el horizonte de que cambie el sistema"


Miren Etxezarreta Zubizarreta, es Catedrática Emerita de Economía Aplicada, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Además de Karl Marx, ideológicamente está influenciada por Rosa Luxemburgo y, cronológicamente más cercanos, por economistas postkeynesianos como Joan Robinson o economistas marxistas como Paul A. Baran y Paul Sweezy, entre otros.

En una entrevista en 2010 comentaba que ella se hizo economista porque «[...] siempre me ha preocupado... que haya pobres y ricos, y quería saber por qué». Y añadía con sarcasmo «[...] pensé que estudiando Económicas lo entendería. Estudie 5 años y no me enteré. A los 70 años lo he llegado a entender un poco».

Actualmente participa activamente en diversos movimientos sociales, y en particular en el Seminario de Economía Crítica TAIFA dedicada a promover la crítica de la Economía convencional, la formación de economistas jóvenes y la divulgación crítica de temas económicos de actualidad a través de la publicación de Informes de Economía Crítica. Como tal, imparte regularmente conferencias y participa en seminarios y colectivos en el Estado español y en el extranjero.

En la entrevista nos ayudará a entender varias cuestiones de lo que está sucediendo actualmente a nivel económico, así como nos explicará nuevos conceptos como el de “economía de zona franca”.

Guerrilla comunicacional

martes, 14 de mayo de 2013

El capitalismo que se muerde la cola

Parece fácil de entender.
Para ganar más, el capital necesita:
  • menos empleados, menor salario, menor capacidad de consumo
  • más ventas, más producción, mayor necesidad de consumo
La burguesía, por mucho que consuma, no puede absorber toda la producción. Necesita pocos productores pero muchos consumidores.

Solución a la contradicción:
  • un polo consumidor de productos (centro) en continuo crecimiento
  • un polo productor de plusvalías (periferia) que no puede crecer indefinidamente
Por eso el capitalismo en expansión necesita un diferencial entre colonias pobres y metrópolis prósperas.

Esto tiene un límite cuando el mundo se cierra sobre sí mismo y no hay "nuevas fronteras".
El centro se expande a escala planetaria, la periferia encoge.
En el vientre del centro se aparecen nuevas periferias.
Ya no es sólo el "cuarto mundo" dentro del primero.
Es también el tercero.
Parece fácil, pero no lo debe ser...

http://animales.org.es

Otoño del imperio y del capitalismo
ALAI AMLATINA

(...)
En el caso del imperio estadounidense hay razones para pensar que la hegemonía explotadora no solo es el “otoño” del imperio sino también del modo de producción capitalista, que ya se encuentra ante la “barrera insalvable” que anticipaba Karl Marx.

Bajo el imperio estadounidense el capitalismo industrial adquiere su forma más perfeccionada y desarrolla –no solo en EE.UU.- las bases de un modo de producción basado en la automatización, logrando concretar una parte del gran objetivo del gran capital, o sea la de producir de manera continua y prescindiendo de la mayor parte o la totalidad de la fuerza de trabajo asalariada.

Desde hace más de medio siglo, por las transformaciones que la automatización produjo en el modo de producir, el desenvolvimiento de las estructuras empresariales transnacionales y el creciente papel del capital financiero en la determinación de las inversiones a efectuar, lo que fue posible vía las inversiones directas, los flujos financieros y la deslocalización de la producción, el sistema capitalista se universalizó, o sea que completó la segunda parte del objetivo del gran capital.

El gran sueño del capital, de liberarse de la fuerza de trabajo asalariada o de pagar los salarios más bajos posibles, y de universalizarse, se hizo realidad con la automatización y la deslocalización. Pero esta transformación implicó un creciente reemplazo de la extracción de plusvalía, el uso de la fuerza de trabajo asalariado en las sociedades avanzadas –que crean los imprescindibles “puntos de consumo” para la realización del capital, de que hablaba Marx-, por la plusvalía extraída en el exterior, en otras sociedades, y que llega a las casas matrices en el centro imperial como renta diferencial, o sea como ganancias que van a parar a los accionistas y ejecutivos de las empresas.

Es a partir de este desenvolvimiento, en mi opinión, que es posible explicar tanto la naturaleza de la crisis estructural del capitalismo como la relativamente irreversible realidad actual en las sociedades del capitalismo avanzado.

Así sería posible explicar esta crisis de sobreproducción y subconsumo, el creciente y cada vez más crónico desempleo tecnológico –como definía John M. Keynes al reemplazo de los trabajadores por las maquinas- en un contexto de mayor creación de riquezas que se concentra en las pocas manos de los monopolios y los financieros, y que ya no entra sino marginalmente en la reproducción del capital en los países avanzados.

Asimismo explica que el subconsumo tiende a volverse crónico por la disminución del empleo y la masa salarial total, factor que a su vez amplia la espiral del desempleo y el subempleo, que termina poniendo en crisis las ramas de la economía aun no automatizadas.

Esto también explica el aumento de la deuda familiar –falta de empleos y bajos salarios-, y el endeudamiento de los Estados por la contracción de la recaudación fiscal –la carga tributaria descansa fundamentalmente sobre los ingresos de los trabajadores-, y el aumento del gasto público para paliar el desempleo, entre otros aspectos más.

Y, no olvidemos, esta universalización del capitalismo y de las nuevas tecnologías también permite explicar la rápida emergencia de las nuevas potencias industriales en Asia, donde las transnacionales tuvieron que integrarse a un sistema capitalista parcialmente regulado por Estados que no cedieron toda su soberanía ante el neoliberalismo.

Quizás puede también explicar que a la luz de las experiencias asiáticas y por la falta de verdadero desarrollo económico, se esté dando en los países en desarrollo que primero sufrieron la experiencia neoliberal, los de América latina, la búsqueda de nuevas estrategias de desarrollo para reparar la herencia neoliberal, como el desempleo y el subempleo, la pobreza y extrema pobreza, la destrucción de los sistemas estatales y de los programas sociales de salud, educación y de pensión.
(...)

sábado, 11 de mayo de 2013

Crisis y lucha política en Gramsci

Hace ya tiempo que inicié en este blog una serie de especulaciones sobre el tiempo y el espacio. Me preocupa grandemente su carácter "económico". Si, como se la suele definir, la economía es la ciencia (o arte, cosa que no tengo clara) de "asignar correctamente medios para la gestión de bienes escasos", no me cabe duda de que el tiempo y el espacio son bienes económicos. 

La asignación correcta de espacios escasos es Arquitectura. La asignación correcta de tiempos limitados es... Música (porque la literatura también es música). En uno y otro caso, ritmos y colores medidos en el espacio y en el tiempo. 

Inicié el tema rescatando una conferencia sobre la magna obra de Torrente Ballester. El uso, muy consciente en este autor, del tiempo del relato como espacio para construir un mundo, me hizo ver que el escritor (todo escritor) crea ese relato como un hilo temporal unidimensional y organizado, que luego el lector no está obligado a recorrer con el mismo orden y disciplina (me viene a la memoria la recomendación de Julio Cortázar sobre cómo leer Rayuela).

Del mismo modo, el arquitecto ordena sus espacios, pero el habitante de los mismos crea libremente sus rutas a través de ellos.

Libertad con fronteras. La del creador, su propia materia prima: tiempo y espacio acotados. El habitante añade sus propios límites.

Sentimos el espacio y el tiempo apoyados en dos abstracciones: es infinito e infinitamente divisible. En el espacio y el tiempo reales lo infinito se convierte en simplemente indefinido. Por la otra punta, en el infinitésimo no se puede colocar nada. Toda la arquitectura no cabe en un espacio real, ni toda la música o la literatura en tiempos concretos.

Chocan el deseo y la ilusión con la realidad. El individuo es finito y limitado. La sociedad, también. E impone más límites un planeta que es ya definitivamente esférico.

Tratar de entender cualquier estructura espacio-temporal (y lo es todo en el universo) es imposible sin asumir el par dialéctico continuo-discontinuo, y eso me llevó al campo de los números, que constituyen la forma abstracta de cualquier dimensión. Por ello inicié otra serie de entregas, y me entregué a ellas con fervor durante una temporada, aunque a día de hoy la serie sigue inconclusa.

A partir de la décimo octava entrega empecé a relacionar la flecha del tiempo (o el orden de los números) con el concepto físico de irreversibilidad, y a ver que todas las transformaciones son en sentido estricto irreversibles, porque revertir una situación no devuelve nunca los procesos al punto exacto de partida.

Y cuanto más rápido es un proceso, más irreversible es, porque es más desequilibrado. El verdadero equilibrio se da únicamente en el reposo. Inversamente, el mayor desequilibrio conlleva la mayor aceleración del proceso. 

Entre la actuación de la causa y la producción del efecto transcurre siempre un tiempo. La aceleración de los procesos no implica necesariamente que el retraso disminuya. Así se llega a patentes rupturas del equilibrio, ya inocultables. Es el paso del régimen laminar al turbulento, en mecánica de fluidos. O el surgimiento de procesos revolucionarios, en la historia. 

Esto es contrario a la mecánica clásica, en la que toda acción provoca una reacción igual y contraria, con un perfecto equilibrio de fuerzas.

Y es también la negación del mecanicismo, y con él del determinismo, en la filosofía y en la práctica política.

No puedo aquí exponer, ni siquiera brevemente, el concepto de entropía como desorden creciente de un sistema, pero el concepto de sostenibilidad  ya es comúnmente compartido. La insostenibilidad equivale precisamente al desfase entre el ritmo de producción de los recursos y el ritmo acelerado de su consumo y destrucción. 

En esta época de aceleración histórica, cuando la física, y concretamente la termodinámica, hace evidente la necesidad de frenar la marcha desbocada de la megamáquina, ya casi fuera de control, la sinergia de las conciencias es si cabe más difícil de lograr, por el inevitable retraso de los cambios ideológicos, que pueden retrasarse hasta que la reacción se produzca demasiado tarde.

No hay simultaneidad entre causa y efecto. Siempre hay un retraso entre la causa "crisis económica" y su efecto "revolución social". La inercia mental en que consiste la cristalización ideológica obliga a un gran esfuerzo para cambiar las conciencias.

El artículo del que copio algunos párrafos a continuación señala precisamente la importancia que Antonio Gramsci dio a la lucha ideológica, como elemento acelerador que disminuya el retraso entre la causa "crisis" y el efecto "cambio social". 

Y en esas estamos.

Crisis y lucha política en Gramsci. Una lectura desde el sur


herramienta.com.ar
(...)
Para introducir en el tema, digamos en primer lugar que Gramsci fue desde su primer juventud un crítico agudo de las deformaciones positivistas y deterministas del marxismo. Desde esta perspectiva reflexiona sobre las relaciones entre estructura y superestructura, estudia las relaciones política-economía y aborda el tema de la crisis. Lo primero que podemos decir es que, continuando en esto a Lenin y llegando incluso más lejos, Gramsci no cree que la crisis revolucionaria surja de la crisis económica. Por eso tiene el cuidado de afirmar que:

Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan efectos fundamentales; sólo pueden crear un terreno favorable para la difusión de determinadas maneras de pensar, de formular y resolver las cuestiones que implican todo el desarrollo ulterior de la vida estatal. 
La acción de las masas, así como sus movimientos políticos e ideológicos, tienen una temporalidad propia que no necesariamente es la temporalidad de la crisis económica. Puede decirse más bien lo contrario:
Los hechos ideológicos de masas están siempre retrasados con respecto a los fenómenos económicos de masas [...] el impulso automático debido al factor económico es retardado, obstaculizado o incluso destruido momentáneamente por elementos ideológicos tradicionales.
Gramsci nos está diciendo con esto algo muy importante: que en un determinado momento presente operan simultánea pero discordantemente una multiplicidad de tiempos y ritmos, cuya interacción no se resuelve como si se tratara de un "paralelogramo de fuerzas", según relaciones matemáticas o geométricas, sino conformando una singularidad histórica, que es el complejo terreno en que operan las decisiones y acciones políticas de fuerzas sociales en conflicto.
(...)

Shylock y los contratos hipotecarios

canadianshakespeares.ca
Como imagen mental consolidada, en la figura de Shylock, qurase o no, son difícilmente separables la figura del usurero y la del judío.

La historia y la proscripción cristiana ( y luego islámica) del préstamo con interés, redujeron en un tiempo la práctica de la usura a miembros de este pueblo.

Evidentemente, la mayoría de los judíos no son prestamistas, ni necesariamente sionistas, ni siquiera religiosos. Si me apuráis, ni siquiera creyentes.

Y probablemente, ni siquiera semitas. 

Desterrada de nuestra mente, pese a lo recurrente del arquetipo, la figura del Shylock hebreo, me interesa su perfil usurario.


En El Mercader de Venecia, Antonio pide un préstamo a Shylock, que acepta con la condición de que, si la suma no es devuelta en la fecha fijada, Antonio tendrá que dar una libra de su propia carne de la parte del cuerpo que Shylock dispusiera. Al no lograr Antonio devolver la cantidad, Shylock reclama su libra de carne, exigiendo que sea de la parte más próxima al corazón.

Literalmente, el contrato obligaba a darle lo ofrecido en prenda, pero la interpretación justa, más literal aún, excluía los "daños colaterales" que necesariamente implicaría esa entrega:

"Una libra de carne pero ni una gota de sangre"

Trasladémonos a nuestros días: cuando los bancos exigen a quienes desahucian su libra de carne, ¿cuántas gotas de sangre se derraman?

Gigantismo imperial y decadencia del planeta Tierra

¿El último imperio?

Circula una fotografía (creo que afortunadamente es falsa) en que un gatito crece dentro de un frasco hasta ocuparlo por entero.

Me viene a la cabeza esta imagen, al ver a nuestro gatito imperial ocupar un mundo donde ya no cabe.

El autor del artículo cuya parte final copio más abajo llama la atención sobre esto mismo. Observa cómo tras su triunfo total, "la única superpotencia" sobre la Tierra es (¿super?)impotente para consolidar su nuevo orden que se le (nos) desmorona.

La última piramide nunca se terminó (y tampoco el "mausoleo de Fraga" en Compostela).

El último moái de Rapa Nui quedó en la cantera.

Y el último cangrejo...
 


Tom Dispatch

(...)

Desde el punto de vista militar, cultural y en cierta medida económico, EE.UU. se mantiene sorprendentemente solo en términos imperiales en el paneta Tierra, aunque pocas cosas han dado los resultados esperados en Washington. La historia de los años desde la caída de la Unión Soviética pueden resultar ser una historia de cómo la dominación y la decadencia de EE.UU. fueron a la par con la parte decadente de la ecuación, sorprendentemente autogenerada. 

Y sin embargo existe una posibilidad genuina, incluso desconcertante: ese momento de “unipolaridad” en los 90, puede realmente haber sido el punto del fin de la historia, como los seres humanos la habían conocido durante milenios – es decir, la historia del ascenso y la caída de imperios. ¿Podría EE.UU. ser en realidad el último imperio? ¿Es posible que no haya ningún sucesor porque algo ha cambiado profundamente en el campo de la construcción de imperios? Una cosa es cada vez más clara: sea cual sea el estado de EE.UU. imperial, hay algo significativamente más crucial para el destino de la humanidad (y de los imperios) que está en decadencia. Hablo, por supuesto, del planeta en sí. 

El actual modelo capitalista (el único disponible) para una potencia en ascenso, sea China, India, o Brasil, es también un modelo de decadencia planetaria, posiblemente de naturaleza precipitada. La definición misma del éxito –más consumidores de clase media, más dueños de coches, más compradores, lo que significa el uso de más energía, la quema de más combustibles fósiles, que más gases invernadero lleguen a la atmósfera– es también, como nunca antes, la definición del fracaso. Mientras mayor el “éxito”, más intensas las sequías, más fuertes las tormentas, más extremo el clima, mayor la elevación de los niveles del mar, más cálidas las temperaturas, mayor el caos en tierras bajas o tropicales, más profundo el fracaso. La pregunta es: ¿Conducirá esto a un fin de los modelos anteriores de la historia, incluyendo el hasta ahora predecible ascenso de la próxima gran potencia, el próximo imperio? En un planeta que degenera, ¿es posible imaginar la próxima etapa en el gigantismo imperial? 

Cada factor que normalmente conduciría a la “grandeza” ahora lleva a la decadencia global. Este proceso –que no podría ser más injusto para países con tardías revoluciones industriales y de consumo– da un nuevo significado a la frase “capitalismo del desastre”.

Por ejemplo los chinos, cuyos dirigentes, al abandonar el modelo maoísta, hicieron lo más natural del mundo en la época: modelaron su futura economía según la de EE.UU. – es decir, en el éxito como era definido en aquel entonces. A pesar de tradiciones comunales tradicionales y revolucionarias, por ejemplo, decidieron que para ser una potencia en el mundo tenían que convertir al coche (o sea el conductor individual) en un pilar de cualquiera futura China capitalista de Estado. Si dio resultados en EE.UU., daría resultados para ellos, y en el corto plazo, funcionó como un sueño, un milagro capitalista – y China creció. 

También fue, sin embargo, una fórmula para contaminación masiva, degradación ecológica, y el lanzamiento de combustibles fósiles hacia la atmósfera en cantidades récord. Y no es solo China. No importa si se habla del uso voraz de energía de ese país, incluyendo sus posibles “bombas de carbono”, o el potencial de que la decadencia estadounidense sea detenida por nuevos métodos extremos de producir energía (fracking, extracción de arenas bituminosas, perforación en aguas profundas). Semejantes métodos, por mucho que afecten los entornos locales, pueden ciertamente convertir a EE.UU. en una “nueva Arabia Saudí”. Pero eso, por su parte, solo contribuiría aún más a la degradación del planeta, a una decadencia en una escala cada vez mayor. 

¿Y si, en el Siglo XXI, la decadencia aumentara en lugar de disminuir? ¿Y si el momento unipolar resulta ser un momento planetario en el cual eventos imperiales previamente distinguibles –el ascenso y la caída de imperios– se fusionan en un solo sistema desastroso? 

¿Y si la historia de nuestros tiempos fuera la siguiente: Entonces había un planeta, y se iba deteriorando?