viernes, 21 de junio de 2013

El marxismo y el carácter social de China

China va sorteando, por ahora, la crisis mundial, no por su desaforado capitalismo rampante, sino por lo que permanece de socialista en sus estructuras.

Así lo explica Fred Goldstein en este artículo, originalmente pulicado en workers.org, que encuentro traducido en Rebelión y reproduzco.

Para entender qué pasa en el mundo conviene una visión más completa (y compleja) sobre lo que pasa en China. Dejo aquí el texto para complementar otro que tomé prestado a Samir Amin.

Las cosas no son simples, las luchas y tensiones nacen y crecen en las sociedades de mil maneras. Dentro de los partidos, de los sindicatos, también hay una derecha y una izquierda. Distintos modos de ver y también distintos intereses. Lo importante es distinguir las tendencias y sus razones. Entender que el futuro no está escrito, que todas las situaciones son evolutivas y reversibles, mejorables y empeorables. Lo contrario es un determinismo que nos lleva a la inacción, al hacernos sentir impotentes.

No podemos decir sin más que China evoluciona hacia el capitalismo, y tampoco confiar en sus sabios dirigentes que la conducen hacia un futuro mejor, escribiendo derecho con renglones torcidos. Si hay clases, y las hay, hay lucha de clases. En los centros de trabajo, en los sindicatos, en los partidos, por únicos y oficiales que sean. Así se va haciendo la historia, que nunca es lineal.

Mao escribió un importante texto "sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo". Este buen deseo nunca está ni estará garantizado.



El tema de China es una de las cuestiones más importantes del siglo XXI para la clase obrera y los pueblos oprimidos, así como para las clases dominantes imperialistas hostiles del mundo.

Los movimientos progresistas y revolucionarios, sobre todo en los EE.UU., tienen un gran interés en llegar a una correcta política hacia China.

En primer lugar, China es un país oprimido en el pasado que logró la liberación de los británicos, franceses, alemanes, los EE.UU. y el imperialismo japonés en 1949 por medio de una de las grandes revoluciones de la historia. En ese momento, una cuarta parte de la raza humana fue liberada de las garras del imperialismo. Como país oprimido en el pasado que lucha por el desarrollo nacional, debe ser defendido contra todas las variedades de agresión imperialista de tipo militar, económico y político, independientemente de lo que uno piense sobre su carácter social.

China hoy es un fenómeno de la historia nuevo, complejo y contradictorio. Cuenta con estructuras socialistas fundamentales junto con el desarrollo capitalista y la penetración imperialista. Los dirigentes lo denominan "socialismo de mercado" o socialismo con características chinas.

El socialismo se inscribe firmemente en la constitución de la fundación de China. La clase capitalista internacional es profundamente hostil a China y nunca deja de tratar de socavar sus estructuras socialistas fundamentales.

Sin embargo, los trabajadores de la industria privada de China son objeto de la explotación capitalista y los trabajadores de las empresas estatales han perdido gran parte del apoyo económico que una vez era inherente a sus lugares de trabajo. Los accidentes de trabajo son infernales y los problemas ambientales son graves.

Carácter dual de la base económica de China

Sólo el marxismo nos permite acercarnos a un análisis de China.

El marxismo ha demostrado que el carácter de una sociedad está determinado por su base económica y la superestructura de la sociedad, su política, la ideología, etc., están determinados por la base económica.

¿Cómo se puede aplicar este análisis a China y cómo puede ayudar a clarificar cómo ver a China?

Para empezar, la base económica de China no es homogénea. En parte es socialista y en parte capitalista. La pregunta para nosotros y para la clase obrera mundial es: ¿Cuál es la dominante, la fundación de base socialista o las empresas capitalistas que buscan la acumulación privada de ganancias a través de la explotación de la clase obrera?

Del mismo modo, la superestructura tampoco es homogénea. Por un lado están el Partido Comunista, el Ejército Popular de Liberación y de la doctrina ideológica que declara que el socialismo es el cimiento de la China. Por otro lado, está la promoción incesante de apertura al imperialismo y las reformas que produce el mercado capitalista. Y sobre todo hay una lucha por la reforma política, es decir, el derecho de la burguesía y la pequeña burguesía de organizarse políticamente, ya sea en el interior del partido, fuera del partido o en los dos ámbitos. Hay un constante bombardeo de los imperialistas de hacer la "reforma política" de los imperialistas y sus aliados de clase dentro de China.

La crisis económica de 2008-2009 fue una prueba crítica

¿Cómo podemos evaluar esta situación? Debemos comenzar por examina empíricamente a China, por una parte, y al resto del mundo capitalista por el otro.

Una prueba crucial se produjo cuando los dirigentes chinos se vieron obligados a hacer frente a los efectos de la peor crisis capitalista desde la Segunda Guerra Mundial.

Cuando estalló la crisis en 2008 y 2009, varias decenas de millones de trabajadores en los EE.UU., Europa, Japón y en todo el mundo capitalista, se hundieron en el desempleo.

China, que se había permitido convertirse, peligrosamente, en dependiente en gran medida de las exportaciones a Occidente capitalista, de repente se encontró con el cierre de miles de fábricas, principalmente en las provincias costeras del este y las zonas económicas especiales.

Más de 20 millones de trabajadores chinos perdieron sus trabajos en un tiempo muy corto.

Entonces, ¿qué hizo el gobierno chino?

Hemos descrito lo que sucedió en una serie de artículos en Workers World titulada "La represión de Bo Xilai y el camino capitalista, ¿puede revivirse el socialismo en China?" El artículo, publicado el 27 de marzo de 2012, explicó que los planes, redactados ya en 2003 y que entrarán en vigor en los próximos años, fueron impulsados hacia adelante e implementados.

Luego citamos a Nicholas Lardy, un experto en la burguesía China del prestigioso Instituto Peterson de Economía Internacional, quien describió que el consumo en China en realidad creció durante la crisis de 2008-09, los salarios subieron y el gobierno creó bastantes puestos de trabajo para compensar los despidos provocados por la crisis global.

Lardy dijo: "En un año en el cual la expansión del PIB [en China] fue el más lento en casi una década, ¿cómo pudo ser el crecimiento del consumo en el año 2009 tan fuerte en términos relativos? ¿Cómo pudo suceder esto en un momento en que el empleo en las industrias orientadas a la exportación se derrumbaba, contemplando una encuesta realizada por el Ministerio de Agricultura donde se informa de la pérdida de 20 millones de puestos de trabajo en centros de manufactura de exportación a lo largo de la costa sureste, sobre todo en la provincia de Guangdong? El crecimiento relativamente fuerte del consumo en 2009 se explica por varios factores. En primer lugar el auge de la inversión, en particular en las actividades de la construcción, que parecen haber generado suficientes empleos como para compensar una gran parte de las pérdidas de empleos en el sector exportador. En todo el año, la economía china creó 11,02 millones de puestos de trabajo en las zonas urbanas, casi coincide con los 11.130.000 empleos urbanos creados en 2008.

"En segundo lugar, mientras que el crecimiento del empleo se desaceleró ligeramente, los salarios continuaron aumentando. En términos nominales, los salarios en el sector formal aumentaron un 12% porcentualmente, unos puntos por debajo del promedio de los cinco años anteriores (Oficina Nacional de Estadísticas de China, 2010, p. 131). En términos reales, el aumento fue de casi un 13%. En tercer lugar, el gobierno continuó también con aumentos en los planes de pensiones y elevó las transferencias a los residentes de ingresos más bajos de China. El pago de las pensiones mensuales a los jubilados de la empresa aumentaron en 120 según el RMB (renminbi, N. de T.), o sea, el 10% en enero de 2009, bastante más que el aumento del 5,9% de los precios al consumidor en 2008. Esto elevó el total de pagos a los jubilados en alrededor de 75.000 millones de RMB. El Ministerio de Asuntos Civiles aumentó en un tercio las transferencias de pagos a unos 70 millones de ciudadanos ubicados en los más bajos ingresos de China, resultando un aumento en RMB de 20.000 millones de dólares en 2009 (Ministerio de Asuntos Civiles de 2010)".

Explicó, además, que el Ministerio de Ferrocarriles presentó ocho planes específicos para que se apliquen en la época de crisis y que deben completarse en el año 2020. El Banco Mundial llamó "quizás el mayor programa planificado de inversiones ferroviarias de pasajeros que ha habido en cualquier país". Además se llevaron a cabo proyectos de redes de ultra alta tensión, entre otros avances.

El artículo completo de Lardy se puede encontrar en “Sustaining China’s Economic Growth after the Global Financial Crisis,” Kindle Locations 664-666, Peterson Institute for International Economics.

Las estructuras socialistas revirtieron el colapso

Así es como subieron los ingresos, aumentó el consumo y se superó el desempleo en China mientras el mundo capitalista seguía sumido en el desempleo masivo, la austeridad, la recesión, el estancamiento, el lento crecimiento y el aumento de la pobreza.

El hecho de haber podido revertir los efectos de la crisis en China es el resultado directo de la planificación nacional, las empresas de propiedad estatal, la banca de propiedad estatal y las decisiones políticas del Partido Comunista Chino.

Hubo una crisis en China que fue causada por la crisis capitalista mundial. La pregunta era qué principios prevalecerían frente al desempleo masivo: el principio humano racional de planificación o el del mercado capitalista. En China, el principio de la planificación, el elemento consciente, tenía prioridad sobre la anarquía de la producción provocada por las leyes del mercado y la ley del valor-trabajo.

Pero las instituciones basadas en las estructuras del socialismo chino que permanecen, las que salvaron a las masas del desastre económico, son las mismas instituciones que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, Wall Street y Londres quieren recortar y, eventualmente, destruir. Son las empresas de propiedad estatal, la planificación y el control del gobierno que aún mantiene el Partido Comunista Chino.

Se podría decir que el liderazgo chino hizo esto para evitar disturbios. Sin duda, los capitalistas de Europa y los EE.UU. también quieren evitar disturbios. Pero esto no hizo que decenas de millones de trabajadores hayan vuelto a trabajar, eleven las pensiones, aumenten los estipendios y pagos de bienestar social. Se les exigió austeridad para asegurar las ganancias de los banqueros.

Volviendo al análisis marxista, queda claro por la forma en que el liderazgo chino manejó esta crisis que la parte socialista de la base económica sigue siendo dominante en China. Y lo mismo puede decirse de la superestructura política.

Los enemigos del socialismo afirman que el capitalismo es responsable de los grandes éxitos de China.

Pero eso es falso. China ha tenido éxito en su desarrollo económico porque el sector socialista ha contenido ampliamente al capitalismo interno y la inversión imperialista en el marco de los objetivos económicos nacionales de los dirigentes.

Sin eso, China se vería como la India, que también cuenta con la planificación pero es un país totalmente capitalista.

En la India, la pobreza es tan profunda que las personas viven en vertederos de basura, lavan la ropa en agua contaminada y las barriadas urbanas de Calcuta y Mumbai compiten en pobreza con el medio rural. Las masas de la India son muy pobres, viven con 1 ó 2 dólares diarios, incluso cuando la refulgente industria de alta tecnología se desarrolla junto a las pésimas condiciones económicas que enfrentan cientos de millones de indios.

No hay comparación con China. Pero si los imperialistas hacen las cosas a su manera, si pueden destruir las bases socialistas y al Partido Comunista, China se convertirá en otra India. Eso es lo que está en juego en la lucha para detener la contrarrevolución en China.

"Socialismo de mercado" un concepto falso y peligroso

Este análisis no debe entenderse de ninguna manera como apoyo a la doctrina del "socialismo de mercado." En nuestra opinión, la anarquía del mercado capitalista es antagónica de la planificación de una sociedad socialista y la construcción socialista. La propiedad privada capitalista es hostil a la propiedad socialista y la producción para la acumulación privada es antagónica de la producción para el uso social y la necesidad humana.

Hay circunstancias históricas de subdesarrollo extremo que obligan a un gobierno socialista emplear ambos métodos privados y estatales capitalistas para promover el desarrollo de las fuerzas productivas y la creación de la clase trabajadora arrancada a la población rural.

Una cosa es, sin embargo, utilizar estos métodos como un recurso temporal y otra hacer un repliegue del socialismo con el fin de que el socialismo triunfe en la lucha contra los métodos capitalistas. Esa fue la idea de Lenin tras la nueva política económica. Se inició en 1921 en la URSS, en los momentos más terribles después de que la guerra civil dejó al país en ruinas y la clase obrera que sobrevivió regresaba a la economía rural para conseguir comida.

Pero Lenin siempre consideró esto como una retirada y una lucha crucial. La cuestión, como dijo Lenin, era "¿Quién va a ganar?"

China hace mucho tiempo se desarrolló económicamente después de las reformas capitalistas iniciadas por Deng Xiaoping. Pero lo que debería haber sido una retirada temporal se ha convertido en una política destinada a tratar al capitalismo como un socio del socialismo. El capital privado crece de forma automática y con él el poder económico y la influencia política de la clase capitalista, los pequeños burgueses parásitos, así como la intelectualidad pequeño burguesa. Esto conlleva grandes peligros a largo plazo para China.

El componente socialista de la base económica es dominante en la actualidad. Pero el capitalismo sigue erosionando esa base y hace daño a los trabajadores. Por otra parte, el nuevo liderazgo de Xi Jiping y de Li Kequang ha enviado señales de que quieren desplazarse hacia la derecha en la economía. Ampliar las oportunidades de la inversión imperialista y avanzar cada vez más en la dirección de las reformas económicas burguesas es jugar con fuego.

Revivir el espíritu de Mao, el poder de los trabajadores

Bo Xilai, el exjefe del partido de la provincia de Chongqing, está languideciendo en prisión. Ha estado detenido durante más de un año debido a que trató de revivir el espíritu cultural e igualitario de Mao Zedong y porque tenía un programa para retrasar la marcha por el camino capitalista. (Ver los artículos de Mundo Obrero.)

Bo representaba una resistencia de izquierda a las políticas actuales en el ámbito de la más alta dirección. Su derrota ha allanado el camino a una vuelta más a la derecha.

Lo que realmente se necesita es un giro brusco a la izquierda. Los trabajadores deben reclamar los derechos socialistas prioritariamente establecidos por la revolución china y profundizados en el periodo de Mao. Esto es lo único que puede revivir y asegurar el socialismo chino en el largo plazo.

Pero, mientras tanto, tiene que haber una firme defensa de China contra todos los planes del imperialismo y de la clase capitalista nacional China que amenazan con socavar las bases socialistas que todavía existen allí.

Memento a tres voces


1. La voz de Larry Derfner :

Los soldados de servicio no rompen el silencio. Cuando son jóvenes, tienen por lo general demasiado lavado el cerebro para darse cuenta de que incluso están haciendo algo malo a los palestinos que están bajo su control. Es sólo cuando se hacen mayores y están fuera de ese entorno que sostiene el ejército como un culto, cuando probablemente son capaces de enfrentarse a la verdad acerca de las cosas que vieron e hicieron, y encontrar el valor para hacerla pública. Cuando Hendel, los voceros del ejército y otros tratan de socavar el testimonio de estos soldados diciendo que deberían haber informado al ejército en "tiempo real", están tratando de callarlos ahora como el ejército lo hizo entonces. Los defensores de la ocupación pretenden no saber esto, pero su pretensión es transparente. 

2. La voz de Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
Muchos soldados tienen más miedo a sus superiores que a sus adversarios en el campo de batalla. A los superiores se les teme y se les adula. Los soldados prefieren morir y ser héroes que enfrentarse a sus superiores. Matar destruye al que muere y al que mata, cada muerte derrota dos mundos, trastorna la mente del asesino, pero eso no le importa al superior que según su deseo expone la vida del soldado, la cambia por medallas, por ascensos, por recompensas. La vida del soldado está bajo plena disposición del superior, las ordenes hay que cumplirlas, hay que matar o morir por una orden, unos se aferran a un escapulario, una virgen, un santo, para cumplir la tarea de matar, afuera un superior calificará su actuación. Matar al enemigo fue convertido en un derecho del soldado y en una obligación del estado. El superior es el administrador de ese absurdo derecho, él puede convertir al soldado otra vez en nadie, en basura y a la vida del enemigo simplemente en nada. 

3. La mía:

Inmersos como estamos en estructuras que superan nuestra capacidad para enfrentarlas, nos adaptamos mejor o peor a la situación en que cada uno (sobre)vive. La del soldado de reemplazo es más forzada que la del trabajador de fábrica, y ésta es más forzada que la del broker. 

Todos formamos parte de una maquinaria que se nos impone. Somos lo que llama Lewis Mumford "hombres de la organización". Calculamos y decidimos (¿libremente?) someternos. Nunca totalmente, nunca sin conflicto interno, mayor o menor.

El cálculo implica valorar qué se recibe y qué se da, qué se gana y qué se pierde.

Naturalmente, no es lo mismo ser el verdugo que el médico. Algunos eligen lo peor con entero conocimiento y amplia libertad, por un simple cálculo egoísta. Sin excluir al imbécil moral, el psicópata, caso extremo, muchos acaban adaptándose a situaciones que fuera del contexto les parecerían repugnantes.

La ideología es un gran conformador de las conductas. Nos conforma y acabamos conformados y conformes. El medio nos va llevando a donde no pensábamos llegar. El "sentido común" acaba constituyendo la esencia del "Yo".

Pero en medio de las contradicciones, la misma sociedad que crea al monstruo crea también el ideal virtuoso. La confrontación del "Yo" con el "Ideal del Yo". es inevitable, porque no somos lo que admiramos. A algunos sujetos la ideología les hace ver las atrocidades como mal menor, y aún como justas y aún nobles. En estos casos la persona sufre menos. 

Pero el que llega a ser consciente de las verdaderas razones de lo que se ve forzado a hacer, razones que no comparte, y se somete por miedo o por necesidad, quiera o no, se siente culpable.

No importa tanto que la situación ponga en peligro la propia vida, sea por violencia o por inanición. El que delata bajo tortura se siente culpable, como el soldado que elige avanzar de modo suicida bajo la pistola del oficial encargado (otro "hombre de organización") de matar de un tiro al desertor o al simple rezagado.

De todos modos, el "ideal del yo" es complejo, y ese mismo soldado no obedece sólo por miedo. Tiene una escala de valores, con conceptos tan abstractos como la autoestima, la valentía, el honor o el amor a la patria o a la idea.

Pero el que actúa realmente forzado, el que contradice sus valores, es como el parado que se siente responsable de su inactividad: vuelca sobre sí mismo la culpa.

Y en la mayoría de los casos esto es funcional al sistema.

jueves, 20 de junio de 2013

El keynesianismo, enfermedad infantil del neoliberalismo

Recuerdos del futuro

El keynesianismo es la enfermedad infantil del neoliberalismo, porque en su evolución produjo las condiciones que hicieron necesario para el capital el purgante neoliberal. Podría decirse también que el neoliberalismo es la enfermedad senil del keynesianismo.

El propio desarrollo keynesiano, que fundamentaba su estrategia en una economía de demanda, facilitada por el estado de bienestar, y que solamente era posible para los países ricos, llegó a ser insostenible, y recurrieron entonces a optimizar las condiciones de la oferta.

Al círculo virtuoso de crecimiento económico, de aumentos de productividad y de salarios que facilitaban el consumo, en un contexto de inflación moderada y equilibrio en las finanzas públicas, sucede, al frenarse el crecimiento, un circulo vicioso de disminucion de todas esas variables, que a la postre, al deteriorar el consumo, se retroalimenta, cuando se hace absurdo optimizar una producción que ya no puede crecer. 

Agustín Morán, del Centro de Asesoría y Estudios Sociales (CAES), escribe en Rebelión sobre esta estrategia, su traducción en las políticas europeas que inutilizan la democracia y la necesidad de combatirlas a través de un pacto democrático, que es todo lo contrario del engañoso pacto que el bipartidismo nos propone ahora mismo.

Extraigo y subrayo:


marcosprior.blogspot.com


Las condiciones que posibilitaron 25 años de capitalismo con rostro humano en Europa finalizaron a mediados de la década de los setenta del pasado siglo XX. El aumento del precio del petróleo, la mejora de las condiciones laborales y el aumento de la composición orgánica del capital, en un entorno de apertura de las economías y competitividad creciente, desequilibraron el modelo de acumulación keynesiano basado en la centralidad de la demanda y el pleno empleo como motores del crecimiento económico. 

A partir de aquí, las estrategias del capital europeo evolucionaron hacia la incorporación de nuevas tecnologías, la descentralización y deslocalización productiva y la flexibilización del mercado de trabajo. El creciente déficit público derivado del estancamiento económico y el aumento del gasto estatal justificaron los recortes en protección social y privatización de empresas y servicios públicos. Junto a los cambios organizativos y productivos, de diferente ritmo e intensidad en cada país, estos procesos propiciaron la segmentación laboral y el aumento de las diferencias en el interior de la población asalariada. La debilidad de los sindicatos es premisa y resultado de esta dinámica.

En la economía de demanda, propia del “capitalismo con rostro humano” de los países ricos, son funcionales todas aquellas medidas que favorecen el círculo virtuoso entre crecimiento económico, aumentos de productividad y de salarios en un contexto de inflación moderada y equilibrio en las finanzas públicas. En este modelo económico (keynesianismo) el pleno empleo es la condición para el pleno despliegue de las fuerzas productivas y la máxima producción de plusvalor.

La izquierda mayoritaria y la derecha europeas se hicieron keynesianas. Keynes defendía un modelo basado en la regulación administrativa del mercado de trabajo mediante un pacto entre gobierno y sindicatos como garantía del respeto empresarial a dicha regulación. Durante veinticinco años de estado de bienestar en Europa (1950-1975), los sindicatos disciplinaban a cada empresario interesado en que todos -menos él- pagaran buenos salarios para que la economía prosperase y poder vender sus productos. El complemento era la intervención del estado en la protección social garantizando, “de la cuna a la tumba”, los derechos sociales amenazados por un mercado cada vez más grande y libre. Keynes teoriza el funcionamiento del capitalismo en un ciclo económico de crecimiento sostenido, aumentos de productividad, pleno empleo, baja inflación y estabilidad presupuestaria. 

Por el contario, bajo el paradigma neoliberal –en el que lo principal es potenciar la oferta- los sindicatos deben disciplinar a los trabajadores para que acepten los sacrificios que exigen la competitividad y la permanencia en el euro. Sin embargo, keynesianismo y neoliberalismo tienen en común la subordinación de la política y la democracia al ciclo de producción y reproducción del capital.

Al quebrarse el círculo virtuoso de la economía de mercado, se produce un cambio de paradigma. En la economía de oferta, el buen funcionamiento del ciclo económico exige mejoras en la competitividad, lo que requiere producir con menor coste que los competidores. Quien impide que los costes salariales varíen según las leyes del mercado, deteriora la competitividad y con ello, las expectativas de beneficio del capital que reducirá o deslocalizará sus inversiones destruyendo puestos de trabajo.

Hoy, la economía de oferta en su versión neoliberal está en plena descomposición. Nociones como democracia, ciudadanía, pluralismo político, separación de poderes, imperio de la ley, derechos humanos y seguridad jurídica son degradados e ignorados todos los días y en todas partes. El mundo enteramente capitalista resplandece de una triunfal calamidad. El nuevo cambio a la chaqueta keynesiana no va a funcionar porque han desaparecido sus condiciones de posibilidad: 
a) en una economía globalizada no es posible el keynesianismo en un solo país,

b) el Estado Nación, necesario para el dominio político de la burguesía, es incompatible con la gobernanza de la economía capitalista mundial en la que mandan otros actores diferentes a los estados. 
(...)

La violencia del euro 

Con el Acta Única Europea de 1986, se hizo visible la lógica dominante en el proceso de construcción europea: la creación de un Mercado Único. Un Mercado Único necesitaba una moneda única. Ese objetivo se consagró con el Tratado de Maastricht de 1.992, que dibuja una unidad europea, no política, cultural o social -ni siquiera económica- sino monetaria. Una Europa para el Capital. 

En ella, lo que se unifica es la universalización de la forma mercancía y su fetiche, el dinero. En la Europa del Euro las informaciones más relevantes para los políticos son las que se expresan en términos monetarios. La institución que sobresale en poder e independencia sobre todas las demás es el Banco Central Europeo, que sin estar obligado por ningún poder democrático, obliga a todos. 

El euro es necesario para el buen funcionamiento del mercado único, verdadero contenido del proyecto europeo. Las condiciones macroeconómicas que voluntariamente se imponen los gobiernos, hacen imposible su propia soberanía porque impiden la aplicación de las políticas que necesitan sus ciudadanos, entre ellas, la modificación de la paridad de la propia moneda respecto a otras. 

Lo que los gobiernos deciden, se presenta luego como un marco insuperable. Prisioneros de la jaula de hierro que ellos mismos han creado, desisten de medidas encaminadas a la creación de empleo, la protección social y ambiental y la devaluación de la propia moneda para ganar competitividad en los mercados internacionales. 

La debilidad de las instituciones comunitarias, más intergubernamentales que europeas, junto a sus menguados recursos para limitar los efectos devastadores de la economía especulativa, contrastan con la independencia del Banco Central Europeo.
 
Sin atenerse a control político alguno -tanto de gobiernos y parlamentos nacionales como europeos- el BCE tiene como misión fijar la política monetaria (tipos de interés) y velar por la estabilidad de precios que necesitan los capitales para moverse sin distorsiones en el espacio económico del euro. Los objetivos prioritarios de esta política monetarista son: 
1) la estabilidad monetaria a costa de lo que sea (precariedad, paro, pérdida de poder adquisitivo) y 
2) la estabilidad presupuestaria a cualquier precio (seguro de paro, pensiones, privatización de sanidad, educación y dependencia). 
El euro unifica radicalmente el lenguaje en el que se expresan las relaciones económicas y sociales capitalistas. Las distintas monedas de los países europeos mantenían la capacidad de variar sus proporciones relativas mediante depreciaciones, para favorecer la competitividad de sus exportaciones y equilibrar distintos índices de inflación, tipos de interés o fiscalidad. 

El proceso constituyente del capital europeo, exigía acabar con las distorsiones producidas por las diferencias en estructura productiva, tecnología, riqueza, recursos naturales y nivel de vida. Pero, sobre todo, acabar con la inestabilidad de los precios incluido, en primer lugar, el precio del dinero. 

Sin embargo, unificar la moneda es unificar un signo, pero no lo designado. Las enormes diferencias materiales entre los estados incluidos en el euro no se disuelven sino que, como la experiencia demuestra, se acrecientan. España, desde su ingreso en 1986, tuvo un margen de siete años para rebajar paulatinamente las barreras arancelarias y los contingentes a las importaciones procedentes del resto de países de la Comunidad Europea. 

Una vez implantado el euro como moneda única en Marzo de 2001, a pesar de las grandes diferencias entre las distintas economías de los países miembros y en un entorno de gran apertura comercial, la única forma de ganar en competitividad es la devaluación del precio de la fuerza de trabajo a través de la caída de los salarios directos y el desmantelamiento o privatización de la protección social. Para ingresar en la Unión Europea y posteriormente en el euro, se legitimaron todos los sacrificios económicos y sociales. Lo que no sabíamos entonces es que, veinte años después deberíamos asumir sacrificios aún superiores para no salir del euro. 

El segundo agente económico a disciplinar por la economía neoliberal es el Estado que maneja, a través de sus Presupuestos Generales (P.G.E.), el 40% de la riqueza producida en un año (Producto Interior Bruto-PIB). A partir de 1992, el Tratado de Maastricht, limitó la capacidad estatal para intervenir en el ciclo económico al establecer que el déficit público (diferencia entre sus gastos y sus ingresos), no podía superar el 3% del P.I.B. y que la deuda pública (suma de los déficit históricos), no podía exceder del 60% del P.I.B. 

Cuando se entrega el protagonismo económico al beneficio de las empresas, en lugar de a los derechos humanos y a la conservación de la vida, financiar el déficit mediante impuestos progresivos y luchar contra el fraude fiscal, no es “políticamente” posible porque ahuyenta a los inversores. Por tanto, la única vía para reducir el déficit del estado es reducir los gastos, aunque eso suponga abandonar a su suerte a parad@s, precari@s y jubilad@s. 

El Tratado de Ámsterdam de 1997 incorporó, con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el compromiso de estabilidad presupuestaria - independientemente de las necesidades que tuviera cada país - bajo la amenaza de multas a los países que incumplieran dicha norma. Este tratado fracasó en los intentos de modificación de la arquitectura política europea de cara a una ampliación de países miembros y dio una vuelta de tuerca a la subordinación de la sociedad respecto a la estabilidad monetaria y al protagonismo del beneficio empresarial.

El Pacto de Estabilidad establece que los países con déficit público superior al 3% del PIB, pagarían una multa del 0’2% de su P.I.B. Por cada punto porcentual que el déficit excediera del 3%, la multa se incrementaría en una décima (0’1% sobre el PIB) hasta el límite del 0’5%. Estas cantidades serían detraídas de los fondos de cohesión y los fondos estructurales que recibe el país infractor para permanecer en una cuenta del BCE sin remuneración durante dos años. Si, al finalizar este plazo, el país infractor persiste en su incumplimiento, la cantidad retenida pasa a propiedad del BCE para ser repartida entre los países cumplidores de la estabilidad presupuestaria.

Los países más débiles, necesitados de más recursos públicos para superar sus deficiencias, son castigados con sanciones económicas que les hacen aún más débiles. Lo que les pasa a Grecia, Portugal e Irlanda desde 2011 estaba escrito en los Acuerdos de la Unión Europea desde hace veinte años. Para que no nos pasara a nosotros, el gobierno Español ratificó la entrega ilegal de nuestra soberanía al gran capital europeo mediante la modificación del art. 135 de la Constitución en Noviembre de 2011. Esta modificación subordina las políticas económicas para resolver problemas como el empleo, la vivienda o la salud, a la satisfacción de los intereses de la deuda pública española frente a los acreedores extranjeros

(...)

Por un pacto democrático y social de las mayorías contra especuladores, corruptos y guerreros. 

Se desvanece el capitalismo con rostro humano en los países ricos de Europa. En Noviembre de 2011, la pinza PSOE-PP modificó el artículo 135 de la C.E. para impedir cualquier ley o decisión administrativa que pudiera interferir con los intereses de los grandes grupos económicos.

En nombre del euro, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea (la Troika) imponen a los gobiernos el recorte de salarios y la mercantilización de los derechos sociales. Pero estas políticas antipopulares no son capaces de reactivar la economía ni frenar el crecimiento del paro, la desigualdad y la exclusión. El reformismo keynesiano de la izquierda mayoritaria ha resultado ser una efímera excepción, hoy impotente ante la economía competitiva y globalizada.

La creación de plusvalor para el capital es cada día más autónoma del trabajo. Hay más inversiones en especulación, simulación, adoctrinamiento y represión que en producir los bienes y servicios básicos que aseguren el empleo, la dignidad y la seguridad de la gente. El desorden económico, energético y ecológico produce grandes migraciones y confrontaciones armadas. En España, los sucesivos gobiernos de derechas y de izquierdas profundizan su compromiso con la OTAN y mantienen, cada vez más activas las bases militares de los Estados Unidos en nuestro territorio implicando a nuestro país en agresiones – legales e ilegales - contra los pueblos en lucha y los estados desobedientes. Por eso, la confianza popular en los políticos y las instituciones "de mercado" está en caída libre y, las mareas de descontento contienen una creciente desafección respecto a la política, los partidos y sindicatos de mercado.

El bipartidismo que, en España, secuestra el pluralismo político y sostiene una monarquía en descomposición y un nacionalismo español disfrazado de Estado de las Autonomías, se desmorona electoralmente. Para evitarlo, prepara un Gran Acuerdo Político y Social inspirado en los Pactos de la Moncloa de 1977 cuyo saldo, treinta y seis años después, no puede ser más demoledor: desmovilización social, desembarco del franquismo en la joven democracia, especulación, corrupción política, aumento de las diferencias y desmoralización ciudadana. 

Hoy, nuevas formas de participación abren la posibilidad de evitar las catástrofes de la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra, cambiando algo más que el partido en el gobierno. Pero conviene no olvidar que la sustancia de la democracia es la autodeterminación popular y que el único pacto útil para el pueblo es la cooperación para superar los estertores de la economía de mercado y su monarquía mediante un proceso constituyente por el trabajo digno, la economía social y sostenible, la seguridad y la soberanía alimentaria, la participación política y la igualdad social entre hombres y mujeres.

lunes, 17 de junio de 2013

¿Alto al decrecimiento?

Una ley matemática muy simple dice:
"El término general de una progresión geométrica tiende siempre a cero si la razón es menor que la unidad, y a infinito si es mayor".
Su consecuencia en los procesos de crecimiento constante se analiza aquí.

Un crecimiento de razón constante es siempre exponencial. En algún momento, no siempre perfectamente predecible, se disparará hasta lo insoportable. Para que tenga un límite (asintótico) la razón ha de irse reduciendo para tender progresivamente a cero (curva logística). Y si baja de este valor se producirá necesariamente decrecimiento.

En la práctica, la estabilidad (razón unidad) no es alcanzable en procesos dinámicos, que siempre son más o menos cíclicos. Es deseable para ellos la máxima suavidad. Ciclos "revoltosos" pueden resultar catastróficos, incluso aniquiladores del proceso en cuestión. Un poco en esas estamos.
 
De todos modos, hay que matizar que mientras el medio en que se produce el crecimiento crezca igualmente o más deprisa, el crecimiento podrá continuar. Este es el razonamiento de los "optimistas" que piensan que el progreso tecnológico puede optimizar los procesos de desarrollo, en cierto modo como si el mundo creciera. O que la economía se va "desmaterializando", con un crecimiento cada vez más etéreo que podrá continuar. Como si se compensara el aumento de volumen con la disminución de la densidad.. 

Pero si existen límites al crecimiento del medio, los habrá para los procesos que en él se desarrollen. En realidad no es que el mundo no crezca: es que cada vez se reduce más, porque se agotan recursos y lo que va quedando es menos aprovechable. Como si el planeta encogiera.

En esta idea (en esta realidad) se fundamenta el decrecentismo. 

Sin embargo, pensar en la reducción sin más desemboca en una visión torpe y tosca si no se matizan muchas cosas. Es lo que hace el artículo en cuestión.

Por ejemplo, cuando los indicadores de crecimiento ignoran costes que no se reflejan en el PIB, tienden a confundir crecimiento con enriquecimiento y decrecimiento con pobreza. Y nos llevan a una visión involutiva de la civilización.

No podemos encoger las sociedades manteniendo la misma estructura. Es lo que se plantean los que están en la cúspide de la pirámide social. Conciben un decrecimiento basado en el hundimiento de la base de la pirámide. Si los más ricos reducen su riqueza a la mitad y los más pobres también, estos últimos simplemente se mueren.

Decrecimiento sostenible supone que muchas personas y muchas cosas tienen aún que crecer. Hay un problema de redistribución, más que de simple crecimiento o decrecimiento. Y lo mismo que en el terreno de la producción material ocurre en el desarrollo de la tecnología, la ciencia y la cultura. Por eso son tan criminales las políticas de recortes que precisamente repercuten sobre quienes menos tienen, hasta aniquilarlos o subhumanizarlos.

El problema es el motor que impulsa un crecimiento unidimensional: el del valor encarnado en su fetiche.


Y es que el crecimiento es multifactorial. Es un vector de casi infinitas dimensiones. Y unos factores pueden y deben crecer mientras otros disminuyen. Sin un análisis más serio, la teoría decrecentista se queda en lo impreciso, y puede incluso favorecer la política aniquilatoria a lo Bilderberg.

Por eso mismo es tan equívoco el concepto de austeridad, que ahora ya huele a azufre.

¿Alto al decrecimiento? se pregunta Henri Houben, y critica que tal como se suele exponer es una teoría borrosa, mal definida y con expectativas contradictorias. Y especialmente, al no tomar en consideración la estructura de clases de la sociedad, se echa en falta en la mayoría de las propuestas decrecentistas el factor esencial en la política y en la economía:

¿Quién toma las decisiones y por qué las toma?

No puede haber solución mientras domine la lógica del beneficio, de la acumulación.

Algunas de las ideas que desarrolla:

(...)

En primer lugar, hay que distinguir entre flujo y stock. Un stock es el conjunto de activos en un momento dado (por ejemplo, a 31 de diciembre de 2010) que tenemos (activo) o que debemos (pasivo). Un flujo se compone de las entradas (o salidas) de activos entre dos períodos de tiempo (por ejemplo, entre el 31 de diciembre de 2009 y el 31 de diciembre de 2010). Es obvio que el stock se "llena" o se "vacía" y en función de los flujos. Llegados a este punto, cabe destacar que los recursos naturales son un stock y el PIB un flujo

Además, en el capitalismo sólo cuentan las relaciones de mercado, es decir, las que son objeto de una compra o una venta de algo. Incluso en la administración o el sector sin ánimo de lucro, lo que se contabiliza es el pago de los salarios. Pero esta contabilización, especialmente en el PIB, se basa exclusivamente en la actividad humana. En otras palabras, el PIB refleja la valorización monetaria del trabajo humano. 

¿Y los recursos naturales? No tienen ningún valor de mercado. No están contabilizados en la sociedad capitalista. Sin duda es algo absurdo, pero es así. Lo que interesa a los capitalistas, son las oportunidades de obtener ganancias. Y sólo lo permiten las actividades de mercado. Es la tendencia de la sociedad capitalista. 

Podemos y debemos criticarlo. Pero ese no es el punto de vista de los "decrecentistas". Asocian el uso de los recursos naturales al PIB. Y de nuevo, en el texto de Alexis J. Passadakis y Matthias Schmelzer, por ejemplo, se utiliza el método consistente en pasar directamente desde una posición crítica a afirmar la posición diametralmente opuesta. En efecto, sostienen que es imposible la desvinculación absoluta (Sección 3). De hecho, no se puede producir sin usar los recursos naturales. Pero, ¿qué conclusión extraen? El vínculo necesario entre el PIB y los recursos naturales y por lo tanto la necesidad de reducir el PIB. 

(...)

En segundo lugar, puede haber otras maneras de producir que las del capitalismo contemporáneo. En las condiciones actuales, se utiliza la menor cantidad de mano de obra posible y la mayor de recursos (en relación con el empleo). Lo que agota toda la cadena: a los hombres porque tienen que trabajar duro para mantener la velocidad requerida por los empresarios, y a la naturaleza, ya que debe suministrar bienes a una velocidad cada vez mayor. Pero estas son condiciones del capitalismo, no de la producción técnica. 

Si se cambiaran las condiciones técnicas para producir de otro modo una serie de productos, podría existir otro efecto económico. Si, como sugieren algunos, se sustituye la producción agrícola actual en masa, altamente mecanizada, por una más biológica, utilizaría más mano de obra, más trabajo humano. Lo que en vez de disminuir el PIB lo aumentaría

(...) 

Por otra parte, no se deben crear ilusiones sobre estos cambios o estas propuestas de indicadores. No se puede cambiar una sociedad con ellos. A lo sumo, pueden dar argumentos para transformarla. El indicador debe estar en relación con la sociedad en que vivimos. Y, desde este punto de vista, el PIB es generalmente el que mejor muestra cómo se crea la riqueza en un contexto capitalista, ya que se centra principalmente en las mercancías. Implícitamente, es lo que se le dice a las personas: producid bienes y os enriqueceréis, si cultiváis para vosotros mismos los productos (tomates, zanahorias, ensaladas, etc.), seréis pobres. Es, sin duda, algo absurdo y tonto. Pero son los principios en que se basa la sociedad occidental. De ahí el PIB como medidor de la riqueza capitalista. 

(...)

Sólo seremos capaces de resolver algunos de los problemas ecológicos actuales cuando eliminemos los elementos claves que asfixian tanto a los hombres como al planeta. Y esto sólo será posible si la elite no dirige de los países o las grandes empresas y no se coloca otra élite en su lugar. Por lo tanto, es ante todo un problema social, e incluso de clase social (noción que, desgraciadamente, desaparece en la tesis del decrecimiento). 

Necesitamos que las decisiones en las cuestiones importantes – que comienzan en la economía, ya que determinan la producción y el consumo de una sociedad - sean tomadas por el conjunto de la comunidad. Por lo tanto, la propiedad de las grandes empresas debe ser retirada del sector privado y de una eventual élite. Se debe atribuir a la colectividad. Pero si no se cumple esta condición, no habrá ningún progreso duradero. Nos quedaremos en una lógica capitalista privada de hacer beneficios y de competitividad. Se producirá más y más y los empleados y la naturaleza sufrirán las consecuencias. Con efectos globales desastrosos, incluso en materia de medio ambiente: desiertos que se multiplican y se extienden en partes del Tercer Mundo, Bangladesh e Islas Mauricio amenazadas por el aumento del nivel del mar (mientras Flandes y los Países Bajos tienen los medios para protegerse)... 

(...)

En términos de alternativa, las tesis del decrecimiento pone en pie de igualdad y critican con la misma violencia al capitalismo y al socialismo. Para ellos, son modelos fundamentalmente productivistas, por lo tanto, los rechazan por igual. Una vez más, hay variaciones entre los decrecientistas entre las versiones más tecnicistas y versiones marxistas. 

Sin embargo, poner en pie de igualdad el capitalismo y el socialismo es un dogma de fe que no se basa en un análisis científico de las lógicas que llevan a cabo. El capitalismo no puede resolver los problemas ambientales de una manera estructural, ya que se basa en el afán de lucro. En este sentido, el socialismo no debería sufrir la misma crítica. No hay ninguna razón para construir un socialismo necesariamente productivista. En ninguno de los escritos fundamentales de Marx y Engels (y de muchos otros), existe un motor semejante al beneficio para iniciar una espiral de agotamiento del planeta

Recojamos por un momento los análisis de Marx y Engels, que son generalmente para los partidarios del socialismo una fuente poco cuestionada. Marx proclama como alternativa una sociedad de abundancia, lo que podría sugerir el deseo de producir toneladas de productos para satisfacer a todo el mundo. Esta es la definición del comunismo: "a cada cual según su capacidad, de cada quien según sus necesidades". Estamos en 1875. En ese momento, las preguntas sobre los límites del planeta no se plantean, ya que estos límites todavía no se conocen. No han sido conquistadas todas las regiones del mundo por los colonizadores. No están agotadas todas las posibilidades y, sobre todo, no se ve el final.

Frente a la miseria que existe entre los obreros ingleses (y antes alemanes, belgas y franceses), Marx concibe una sociedad en la que las fuerzas del capitalismo, que potencialmente pueden eliminar el hambre y otras lacras, sean dirigidas por la colectividad y puestas a su servicio. Cuando vislumbra lo que podría ser una sociedad comunista, agrega que permitiría a todos a ir a pescar y relajarse (en este caso, la pesca no tiene un carácter productivo). Es la antítesis de una sociedad productivista

Mejor aún, Engels, en un pequeño texto sobre el papel del trabajo en el desarrollo del ser humano, escribe un análisis muy consciente de los problemas de los recursos naturales (1876): "Resumiendo: lo único que pueden hacer los animales es utilizar la naturaleza exterior y modificarla por el mero hecho de su presencia en ella. El hombre, en cambio, modifica la naturaleza y la obliga así a servirle, la domina. (...) Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras. Los italianos de los Alpes, que talaron en las laderas meridionales los bosques de pinos, conservados con tanto celo en las laderas septentrionales, no tenían idea de que con ello destruían las raíces de la industria lechera en su región; y mucho menos podían prever que, al proceder así, dejaban la mayor parte del año sin agua sus fuentes de montaña, con lo que les permitían, al llegar el período de las lluvias, vomitar con tanta mayor furia sus torrentes sobre la planicie. Los que difundieron el cultivo de la patata en Europa no sabían que con este tubérculo farináceo difundían a la vez la escrofulosis. Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente. 

En efecto, cada día aprendemos a comprender mejor las leyes de la naturaleza y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso natural de su desarrollo. Sobre todo después de los grandes progresos logrados en este siglo por las Ciencias Naturales, nos hallamos en condiciones de prever, y, por tanto, de controlar cada vez mejor las remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción, por lo menos de los más corrientes. Y cuanto más sea esto una realidad, más sentirán y comprenderán los hombres su unidad con la naturaleza, y más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, idea que empieza a difundirse por Europa a raíz de la decadencia de la antigüedad clásica y que adquiere su máximo desenvolvimiento en el cristianismo". Un discurso que muchos ambientalistas podrían hacer suyo

Las experiencias que se han generado a partir del análisis marxista, es decir, principalmente la Unión Soviética y China (y otras), se encontraron en circunstancias distintas de las previstas por Marx. Eran países económicamente retrasados. El hambre estaba a menudo muy extendida. Era necesario, en primer lugar, garantizar un desarrollo económico considerable para que todos tuviesen un mínimo para vivir. 

(...)

Yo no creo en los méritos de los argumentos sobre el decrecimiento. 

1. No se basan en conocimientos científicos sólidos, en una base analítica, sino más bien borrosa, vaga y por lo tanto a veces inconsistente. 

2. A Incluso aunque pretenden enfrentar los problemas ambientales actuales de una manera radical, no ofrecen una alternativa verdaderamente nueva. Estas comunidades de pequeños agricultores ya habían sido planteadas por varios socialistas utópicos del siglo XIX. Son traídas de nuevo a la actualidad. Pero o bien tienen un contenido irrealizable, como vimos en aquella época, o son reaccionarias en el sentido de que miramos hacia atrás en la dirección de la historia, en lugar de proporcionar una solución hacia delante. 

3. Una serie de cuestiones planteadas por las teorías del decrecimiento son reales y debe discutirse. Hay un agotamiento de los recursos naturales. Existe un mito sobre el crecimiento entre los capitalistas (pero no es el único). La sociedad de consumo actual es perversa. Pero ¿por qué la solución a esto sería el "decrecimiento"? Al contrario, con un poder estatal de carácter socialista se podrían resolver. Porque al privar a los capitalistas de su propiedad privada, se les quita el poder de decidir e influir desfavorablemente sobre curso de la economía. Aunque esto no es una garantía absoluta. Se requiere igualmente que la gente pueda desempeñar un papel activo en el desarrollo de los principios de ese estado, sin el que el estado socialista se desvía de su misión principal. 

4. Las soluciones deben lo más completas y centralizadas posibles, ya que los problemas que enfrentamos hoy son de la misma magnitud. Las alternativas amigables pueden ser agradables, pero no responden a estos desafíos. Esto no impide que haya un enfoque subsidiario, usando la terminología de la Unión Europea: las decisiones deben tomarse al nivel adecuado. El gobierno central no debe establecer el color de los puños de la camisa. Pero sí podría corresponderle, por ejemplo, precisar las directrices en materia de energía, transporte, educación, salud, necesidades básicas a satisfacer, etc.

Henri Houben
Febrero de 2011