viernes, 17 de enero de 2014

Izquierdas y derechas




En el programa de debate televisivo Vía V se planteaba ayer mismo lo que significan estos términos para la gente, y se comprobó una vez más la imprecisión y el despiste que sobre ellos impera.

La interpretación más inmediata del fenómeno, primera que se le ocurre a una mente crítica, es que son conceptos manipulados, desvirtuados y oscurecidos hasta su nulidad práctica, confluyendo en ello intereses espurios, tanto "de derechas" como "de izquierdas".

Sin ignorar el hecho cierto, se me ocurre que eso ha sido posible por la existencia de otros factores históricos, relativos tanto a la evolución de las luchas sociales, como a las inercias de las formaciones políticas.

Desde luego, ambos términos tienen, con independencia de sus atribuciones políticas, mucho más recientes y casuales, una carga que relaciona la localización con factores simbólicos positivos y negativos. Lo cual ha sido aprovechado de antiguo, de modo un tanto simplón, por la derecha política.

La etimología diversa, en las lenguas de España, de ambas palabras, ha contribuido también a cargarlas de contenido emocional.

Derecho es un término claramente latino, ligado al buen hacer (destreza) que se atribuye a la mano que no por casualidad se llama diestra, porque lo es en la mayoría de las personas. Puede asociarse fácilmente al buen hacer de la justicia y de la ley, y da nombre a la ciencia y la práctica que las hacen posibles. Por esto se asocia a otros conceptos de valoración positiva, como recto, directo, erguido, justo, y a traves del carácter deseable de la moderación, a sus significados de moderado y conservador, que ya adquieren per se una carga política.

Izquierdo, por el contrario, es un término prerromano, seguramente vasco-celta (de "esku", mano, y del celta "kerros", torcido). En euskera, "eskerre" significaría pues algo así como "mano tuerta" o "mano torpe". Yo me quedaría con "la mano tonta". Como término ajeno al latín, para la mayoría de los hablantes ibéricos carece de asociaciones positivas o negativas. Cosa que no ocurre con el término latino siniestro, que ya ha perdido su significado original, conservado en italiano, y que como mínimo se asocia a perverso y oscuro. Fácil asociación, pues, para un uso político tendencioso.

Pero al margen de estos significados, esos usos políticos proceden de una casualidad: De la colocación de los representantes de estas tendencias en el local de la Asamblea Nacional Constituyente de 1789. Los situados a la derecha de la presidencia defendían el veto real de las leyes, a lo que se oponían los situados a la izquierda, porque eso suponía el mantenimiento del absolutismo.

Es entonces cuando se empieza a asociar a la derecha con el caracter conservador, reaccionario, enemigo de los cambios, en el sentido social del término. Y a la izquierda con las tendencias innovadoras, progresistas o revolucionarias, decididas de algún modo a propiciar cambios sociales.

A partir de aquí intervienen los factores que cité al comienzo para contribuir a desdibujar los significados reales de estas palabras en el imaginario colectivo.

La evolución de las luchas sociales cambia los términos del debate. Si en un principio la derecha era conservadora frente a una izquierda liberal, eso era en un contexto de emancipación política de la burguesía frente a los privilegios de la nobleza. Haciendo la salvedad de que esa nobleza era ya una "nobloburguesía" (perdón por el palabrote), en la que se mezclaba la nobleza más rancia con advenedizos burgueses privilegiados y ennoblecidos, claramente capitalistas ambos. Y junto a los burgueses demócratas, que querían eliminar esos privilegios, se alineaban entonces campesinos pobres, artesanos urbanos y un incipiente proletariado industrial.

Aún, en los Estados Unidos, se llama "liberales" a los más o menos izquierdistas que defienden las políticas del Partido Demócrata, empleando una denominación que en Europa es ya un cajón de sastre en el que caben incluso conocidos y reconocidos fascistas.

El triunfo burgués frente al absolutismo del Antiguo Régimen, produce nuevas situaciones y recrea viejos enfrentamientos. Ahora la gran burguesía triunfante vuelve a ser una "nobloburguesía" que acoge en su seno a los miembros supervivientes de la vieja nobleza y a los burgueses recién enriquecidos. Y enfrente estan otras "clases populares", con el predominio indiscutible del proletariado. Ya, en buena ley, derecha e izquierda significan otra cosa, aunque se siguen utilizando, segun quien lo haga, con variable geometría.

Incluso el viejo proletariado cambia, y con la evolución social aparecen términos confusos, como el de "clases medias". Otro cajón de sastre que propicia ideologías confusas y una nueva posición, carente de significado propio, identificando con ellas: el "centro" político. En la medida en que ese centro no quiere cambios de fondo en el sistema, puede identificarse estrictamente con el concepto original de "derecha".

Los vaivenes de la historia dejan en parte inservibles los conceptos "situacionistas", y son altamente manipulables, con usos ideológicos que no resisten un análisis mínimamente serio.

La inercia de las formaciones políticas es el otro factor que desdibuja estos conceptos. Porque viejos partidos revolucionarios evolucionan y se instalan en la comodidad del sistema, en un proceso ya sesquisecular, con un goteo contínuo de posturas oportunistas y acomodaticias que los va transformando verdaderamente en "partidos de orden" o "partidos conservadores". De facto, en partidos "de derechas". 

Ya no luchan por cambios significativos de la sociedad, más allá de la evolución, a la que quiero creer que son ajenos, que propician incesantemente los poderes económicos, en su búsqueda incesante de beneficios.

Siglo y medio de escisiones políticas "posibilistas" van arrastrando y desgajando de la izquierda a sectores completos de la sociedad. Y los que se van se llevan con ellos interpretaciones de lo que es "la izquierda", contribuyendo al desprestigio del término, lo que hace que muchos ciudadanos se autodefinan como "ni de derechas ni de izquierdas", postura claramente derechista que los lleva directamente a querer conservar lo que habría que cambiar. Curiosamente se definen así muchos ultraderechistas, contribuyendo a esta Babel.

Pero, sea por la inercia mental, que te hace ver que sigues en el mismo sitio cuando te has ido trasladando a otro, sea por calculado engaño, esos partidos siguen llamándose "de izquierdas", y sus políticas, con matices de alguna importancia frente a las más reaccionarias, "las políticas de la izquierda". Claro que siempre dirán que ellos son "la izquierda posible".

Sólo puedo entender como tal una izquierda solidaria, para la que el valor humanidad sea más importante que cualquier otro, defendiendo la igualdad esencial de los humanos, por encima de barreras nacionales o de clase. Esas barreras de clase, que son las verdaderas, no se eliminan hablando de igualdad teórica mientras no se busque de verdad la igualdad de derechos. De Derechos Humanos.


Mi conclusión es: o somos capaces de deslindar nuevamente la frontera entre los partidarios de cambiar de verdad la sociedad y los que están a gusto en ella, o tendremos que renunciar a unas denominaciones que perpetúan la confusión.



Juan José Guirado

jueves, 16 de enero de 2014

Bertolt Brecht

Defendamos lo obvio. En las contradicciones.
En las nuestras también, luchemos sin descanso 
y también descansemos.

Entre fieras amables, entre zafios amigos,
generosos mezquinos y avaros dadivosos

En la multitud solos.

Y solidarios siempre...



A los hombres futuros

1

Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos estos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle,
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?
Es cierto que aún me gano la vida.
Pero, creedme, es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara, estaría perdido.)
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.
Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia,
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
2

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia. Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos sin mí. Lo sabía
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
3

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.
Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.


Canción de la rueda hidráulica


1

Los poemas épicos nos dan noticia
de los grandes de este mundo:
suben como astros,
como astros caen.
Resulta consolador y conviene saberlo.
Pero para nosotros, los que tenemos que alimentarlos,
siempre ha sido, ay, más o menos igual.
Suben y bajan, pero ¿a costa de quién?


Sigue la rueda girando.
Lo que hoy está arriba no seguirá siempre arriba.

Mas para el agua de abajo, ay, esto sólo significa
que hay que seguir empujando la rueda.


2


Tuvimos muchos señores,
tuvimos hienas y tigres,
tuvimos águilas y cerdos.
Y a todos los alimentamos.


Mejores o peores, era lo mismo:
la bota que nos pisa es siempre una bota.
Ya comprendéis lo que quiero decir:
no cambiar de señores, sino no tener ninguno.


Sigue la rueda girando.
Lo que hoy está arriba no seguirá siempre arriba.
Mas para el agua de abajo, ay, esto sólo significa
que hay que seguir empujando la rueda.


3


Se embisten brutalmente,
pelean por el botín.
Los demás, para ellos, son tipos avariciosos
y a sí mismos se consideran buena gente.
Sin cesar los vemos enfurecerse
y combatirse entre sí. Tan sólo
cuando ya no queremos seguir alimentándolos
se ponen de pronto de acuerdo.


Ya no sigue la rueda girando,
y se acaba la farsa divertida
cuando el agua, por fin, libre su fuerza,
se entrega a trabajar para ella sola.
 


Satisfacciones 

La primera mirada por la ventana al despertarse,
el viejo libro vuelto a encontrar,
rostros entusiasmados,
nieve, el cambio de las estaciones,
el periódico,
el perro,
la dialéctica,
ducharse, nadar,
música antigua,
zapatos cómodos,
comprender,
música nueva,
escribir, plantar,
viajar,
cantar,
ser amable.

miércoles, 15 de enero de 2014

Capital ficticio




¿Cómo hemos llegado a "esto"?

De cambiar ocasionalmente una piel de antílope por una olla de barro, se pasó a aprovechar las ventajas que da al cazador su facilidad para acumular pieles, al alfarero su práctica para hacer ollas y al experto en su fabricación la destreza que le permite fabricar muchas más flechas de las que podrá usar. Intercambio a tres bandas, que luego se complica a cuatro, a diez, a mil...

Especialización productiva y acumulación de excedentes. Valoración calculada, conjunta y alternativamente ("especulativa", al fin), del esfuerzo dedicado, de la utilidad y la necesidad, de la escasez o abundancia...

Más práctico que operar con vacas y hortalizas en cantidades equivalentes, era emplear una mercancía intermedia de uso universal, apreciada igualmente por todos y no fácil de obtener, de valoración considerada estable por los que intercambiaban. Ciertas conchas, ciertas piedras... luego, algunos metales: hierro, plata, oro...

Las monedas metálicas permiten cuantificar mucho mejor que las conchas o las piedras. De tamaño, forma y peso precisos, con facilidad para establecer múltiplos y submúltiplos, utilizando la equivalencia de esfuerzo para obtener las diferentes piezas metálicas. Así aparece el primer acuerdo colectivo entre las equivalencias de valor del oro, la plata, el cobre. 

Así que desde el principio el dinero es establecido como relación social, que posibilita no solamente el intercambio local sino el comercio a distancia.

Desde ese momento el dinero adquiere su cualidad de intermediario universal, y su posesión es buscada con más ahinco que los mismos bienes a que permite acceder. De fabricar mercancías para cambiar por otras a través del dinero se pasa a invertir dinero con el que adquirir mercancías para obtener una cantidad mayor de dinero.

Desde luego, eso puede conseguirse sin más que comprar barato par vender caro, localizando y convenciendo a pardillos poco espabilados en una y otra operación. Pero este es un juego de suma cero en que unos ganan y otros pierden, sin que varíe la cantidad total de riqueza ni el valor real de la cosa.

La mercancía que añade realmente valor a las cosas es la fuerza de trabajo, conjuntamente con la apropiación de la riqueza de la naturaleza, obtenida precisamente a través de ese trabajo. Sea trabajo propio, trabajo esclavo o trabajo libre, el trabajo es la fuente que crea el valor.

No voy a seguir con una historia económica de la humanidad, porque ya hace más de cien años que se escribió El Capital. Obra imprescindible.

Sí quiero subrayar la progresiva desmaterialización del dinero real. Primero surge la confianza mutua (fiducia es fe), sustentada en la tácita aceptación de las partes sobre el valor del oro, luego en el sometimiento al poder de quien acuña la moneda, y más adelante en la facultad de ese poder de sustituirlo por papel moneda de pago garantizado. 

El crédito (que supone creencia) y sus asientos, sustituye la moneda por documentos, fenómeno ligado al comercio a larga distancia y a los pagos diferidos: corresponsalías, pagos aplazados, letras de cambio, pagarés, y el papel moneda como certificado de depósito de moneda metálica.

El dinero se hace líquido, y la liquidez propicia la especulación sobre el propio dinero. Las monedas ya no tienen un valor fijo en oro. No es tan fijo, porque el oro sigue acumulando más y más toneladas atesoradas, pero sí es relativamente estable, porque se acumula con más dificultad que el dinero que una vez lo representó.

Al final, se desengancha del oro que servía de referencia la última moneda, el dólar. Se comercia con todo. Con promesas de pago, con bienes futuros, con meras posibilidades, con la creencia de los demás, que encima puede fabricar quien tiene la capacidad de hacerlo.

El dinero ya no es fundamentalmente una moneda metálica, ni un billete físico, sino una sucesión de operaciones electrónicas.

La acumulación de operaciones sobre otras operaciones, la inextricable confusión de bienes reales, opciones sobre bienes actuales o futuros, conversión de préstamos hipotecarios en títulos de valor desconocido, hacen ya prácticamente imposible saber siquiera qué es real y qué es puro humo en los "valores" que sin embargo sustentan toda la economía.

Hay una tremenda contradicción entre lo instantáneo de esas transacciones, que mueven en una fracción de segundo cantidades enormes de una a otra parte del globo, y el incierto tiempo pasado, presente y supuestamente futuro en que se apoyan. Con un escaso monto de dinero "real", obtenido tal vez mediante un préstamo, puede comprarse la opción a algo aún inexistente, y venderlo con grandes ganancias antes de que se materialice.

Recuerdo de mis tiempos de estudiante, viisitando la obra del edificio Torres Blancas, al arquitecto Saénz de Oiza comentando cómo un apartamento aún inexistente había sido comprado y vendido con "gran ganga". José Luis Balbín, en uno de aquellos programas de La Clave, contaba el consejo a alguien que quería comprar un piso pero no tenía dinero suficiente. El consejo recibido era "compra dos"...

Como de todos modos existe en la base una "economía real", aunque tantas veces no produzca bienes sino males, todo este castillo se derrumba de vez en cuando con gran estrépito.

No nos engañemos: el capital es uno sólo, aunque se desglose en terrateniente, industrial, comercial y financiero. Salta de un sector a otro buscando maximizar el beneficio, limitado por la bajada inexorable de la tasa de ganancia, debida a lo difícil de mantener porcentajes cuando ya es enorme y al imposible crecimiento exponencial en un mundo finito. Cuando la ganancia no se puede ya basar en la obtención de plusvalías del trabajo asalariado, pasa a las operaciones especulativas, que hoy, sin añadir un ápice a la riqueza, reasignan constantemente su propiedad, en un juego de suma cero, en que las ganancias de unos consisten sólo en las perdidas de otros. Empezando por la clase trabajadora, reducida cada vez más a una incierta subsistencia.

Al final, todo el capital adquiere la forma de capital a interés, que parece crecer automáticamente por alguna operación mágica de autorrevalorización continuada.

La acumulación sigue concentrándolo. Aunque en su mayoría se trate de capital ficticio, sus ganancias son bien reales. Como lo es en el otro polo el empobrecimiento general.

Mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, estos textos lo analizan en profudidad. Doy el enlace a ellos y los párrafos finales de ambos:
 


La creciente movilidad del capital ficticio y del crédito bancario ha servido no sólo para someter a todas las actividades que implican dinero a un criterio internacional de rentabilidad, sino además para potenciar las posibilidades de una crisis realmente mundial como la que estamos viviendo. Esto significa, en otras palabras, que el capital estaría alcanzando su madurez en cuanto a su desarrollo, conformando un espacio mundial de manifestación de las contradicciones del proceso de acumulación y reproducción bajo la forma de crisis capitalista. El extraordinario auge del capital que devenga interés a escala planetaria no hace más que amplificar ese potencial. Esto es más cierto si ocurre bajo la forma de capital ficticio, de “fetiche automático”, una forma de capital que “ya no lleva la marca de nacimiento de su origen”.

Si la burbuja financiera estalla algún día --y no hace falta recordar los análisis heterodoxos a este respecto (véase, por ejemplo, Moseley, 1999), ya que cada vez son más numerosos los economistas ortodoxos que nos advierten de este peligro, incluidos los que están colocados en los puestos de mando de importantes instituciones económicas internacionales, o incluso nacionales en pleno centro del imperio--, la reducción repentina de valor mercantil puede ser tan explosiva que los efectos depresivos de semejante estallido terminarán por perjudicar a muy corto plazo a la auténtica riqueza existente. No sólo porque la depresión económica en el sentido convencional puede destruir una cantidad importante del capital (medios de producción) sobrante --no olvidemos que la raíz última del problema que sufre el capitalismo contemporáneo del último cuarto de siglo es que el exceso de acumulación lo ha llevado a un exceso generalizado de capacidad productiva que, tarde o temprano, tendrá que desaparecer, sino sobre todo porque destruiría puestos de trabajo adicionales en un mundo donde el ejército industrial de reserva ya ha seguido la misma senda secular que los otros ejércitos (alcista, evidentemente), y lo ha hecho de forma aguda en las últimas décadas [la tasa mundial de desempleo es superior en los 90 a la de los ochenta, y ésta superior a la de los 70, etc.)].
Y, por supuesto, el empleo en una empresa capitalista, mientras sea la única forma de desarrollar las capacidades humanas, ya es de por sí una fuerte limitación a la riqueza humana auténtica, que sólo será posible cuando el ocio creador y el descanso real puedan pasar a representar una proporción creciente del periodo vital de los individuos, invirtiendo, así, la tendencia que impuso la revolución industrial que nos trajo el capitalismo en aquella primera época suya en la que era un sistema de progreso que sirvió para superar al feudalismo.
No deberían ser tan optimistas los liberales modernos --ya sean de los llamados neoliberales, ya de los socialdemócratas-- pues las nuevas tecnologías, la nueva era de la información, de la informática y de las telecomunicaciones, los nuevos desafíos de la globalización, de la competitividad social y del Estado de bienestar democrático, y demás tonterías retóricas de las que se ha imbuido la izquierda en el último medio siglo, nos pueden estar deparando un sobresalto muy próximo que pondrá, lamentablemente, de moda la misma teoría que ya lo estuvo un tiempo atrás y que ahora se intenta borrar de las mentes en esta guerra fría ideológica (casi tan cruenta como la caliente) que todavía no ha terminado (al revés no ha hecho más que empezar), pero que puede suponer un salto también en el pensamiento real, como consecuencia de un auténtico cambio cualitativo en las condiciones objetivas que determinan en última instancia la conciencia social.
¡Ay, qué razón tenía aquel clásico que escribió que "el hombre se cree libre porque no se apercibe de sus cadenas"!

martes, 14 de enero de 2014

Argumentos a favor de una estrategia alternativa que contemple la salida del euro


Hic Rhodus, hic salta

Salvador López Arnal, en El Viejo Topo, hizo una reseña del libro de Costas Lapavitsas, Crisis en la eurozona. De ella extraigo algunos fragmentos.

En mi anterior entrega de este blog, Guía de los Perplejos, cité de pasada el debate del euro, dentro de esos temas que resultan inciertos para la izquierda de este país, y otros países periféricos, porque el cálculo dudoso sobre los pros y contras de una definición clara retrae la toma decidida de posición. Aunque más que de ventajas e inconvenientes habría que hablar de inconvenientes e inconvenientes mayores.

El XIX Congreso del PCE albergó cierto debate sobre esto, y supeditó la salida del euro u otras medidas alternativas sobre la moneda a una actuación conjunta en los países de la periferia de la zona, ante los riesgos de cualquier salida unilateral.

Yo utilizaría la conocida metáfora de la rana hervida para defender también la salida (mejor en formación que solos) de esta moneda-dogal. Convendría saltar cuanto antes.

SLA se pronuncia por la salida, y cita argumentos de otros autores:

(...)

Crisis en la eurozona pretende abonar, pues, la consideración de Vicenç Navarro en su columna “Dominio Público” del pasado 31 de octubre de 2013. Este escrito, apunta el profesor de la UPF, “señala la necesidad y urgencia de debatir los méritos y deméritos de permanecer en el euro, con el análisis de los beneficios y costes que ello implicaría, comparándolo con los costes y beneficios de mantenerse en él.” Es urgente que se abra un debate en España sobre el mérito o demérito de salirse del euro. Es muy criticable, señala VN; “que apenas exista debate sobre este tema. Incluso en amplios sectores de izquierda apenas aparecen artículos que cuestionen la permanencia de España en el euro. De ahí que tal debate debería darse con especial énfasis entre las izquierdas, sin insultos, sarcasmos o sectarismos”. Entre nosotros, Pedro Montes o Alberto Montero Soler (y en ocasiones Juan Torres López) apoyan la misma consideración. 
(...)
En la parte final incluye algunos de los argumentos del libro de Lapavitsas:
(...)

La salida progresista de la zona euro –“una salida sujeta a una reestructuración drástica de la economía y la sociedad”- es vista en los siguientes términos (una opción que no se niega que por supuesto supondría un importante choque económico): “se produciría una devaluación, la cual descargaría parte de la presión del ajuste al mejorar la balanza comercial, pero también dificultaría sobremanera el hacer frente a la deuda exterior”. Serían, por todo ello, necesarias la suspensión de pagos y la reestructuración de la deuda. “El acceso a los mercados internacionales se volvería extraordinariamente complicado. Los bancos se encontrarían bajo una fuerte presión y teniendo que hacer frente a la quiebra. La cuestión es, sin embargo, que estos problemas no tienen que ser afrontados de la habitual manera conservadora” (p. 110).

Y no, claro está, no tienen por qué serlo. “La combinación de banca pública y controles sobre la cuenta de capital plantearía inmediatamente la cuestión de la propiedad pública sobre áreas de la economía. Los puntos débiles subyacentes a la productividad y la competitividad amenazan ya la viabilidad de sectores completos de actividad económica en los países periféricos”. La propiedad pública, una vieja identidad de la izquierda transformadora no cooptada por el neoliberalismo, sería necesaria para evitar el colapso. “Los ámbitos específicos que se colocarían bajo propiedad pública e incluso la forma que esta tomaría dependerían de las características de cada país. Pero los servicios públicos, el transporte, la energía y las telecomunicaciones serían los principales candidatos, por lo menos con el fin de respaldar al resto de la actividad económica” (p. 111).

De hecho, tal como se ha señalado, la manera correcta de tratar el tema del euro no pasa por plantearse los costes económicos y sociales de la salir de la moneda única. No, no es este el punto. “Ese es el planteamiento de las fuerzas conservadoras y en particular de los poderes económicos. Tenemos que empezar por analizar los costes de permanecer en la eurozona porque después de aceptar la dura medicina de los recortes salariales, la reducción del gasto público, la subida de impuestos, las privatizaciones y la destrucción del Estado de bienestar seguimos con una perspectiva de estancamiento económico a largo plazo”. Para CL es imprescindible abandonar el euro para evitar este estancamiento, “el aumento de la pobreza, la pérdida de derechos democráticos y de soberanía nacional en los países periféricos”. No hay ninguna duda desde su punto de vista de que el euro es insostenible a largo plazo. “La Unión Económica y Monetaria representa un fracaso histórico gigantesco, que se ha intentado mantener asumiendo enormes costes sociales durante los tres últimos años”. En lugar de seguir adoptando medidas basadas en la austeridad (neoliberal) y contra el interés de los trabajadores y trabajadoras, “hay que tomar el control de la banca y los flujos de capital, lo que es perfectamente posible porque la propia UE lo hizo en el caso de Chipre”. Se puede, se puede. Una medida, añade, que evitaría también los ataques de los mercados y la fuga de capitales, “una amenaza real pero con la que tampoco se debe exagerar”.

Urge CL a las organizaciones de izquierda que quieran seguir siéndolo a que se replanteen su visión sobre Europa, así como también el papel de los Estados modernos y la forma más adecuada para crear “un internacionalismo más eficaz para enfrentar este ataque, sin precedentes, del capitalismo”. El internacionalismo, otra noción clave de la izquierda. Hace más de treinta años, Manuel Sacristán se expresaba en estos términos:
“El marxismo se ha convertido en un fenómeno universal, más como método de solución a todos los problemas. En estos momentos, la tendencia es hacia una interiorización, hacia una nacionalización de la política... No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomías, ni los nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicológicos de las sociedades. ¿Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?” se le preguntó. Su respuesta:

“La nacionalización de la política es uno de los procesos que más deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear. El internacionalismo es uno de los valores más dignos y buenos para la especie humana con que cuenta la tradición marxista. Lo que pasa es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad más que sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminación de los pueblos... Todo lo demás que dice usted en esta pregunta es pura moda neorromántica irracionalista, efecto de la pérdida de esperanzas revolucionarias”.
En la página final del libro se recoge una cita de David Graeber: “Si la Historia muestra algo es que no hay mejor manera de justificar las relaciones basadas en la violencia, de hacerlas que parezcan morales, que redefinirlas en el lenguaje de la deuda, sobre todo porque inmediatamente hace que parezca que la víctima es quien está haciendo algo malo”. No está mal, nada mal, para cerrar este excelente ensayo ni siquiera esta pobre aproximación que aspira, básicamente, a llamar la atención sobre la importancia de este trabajo de Costas Lapavitsas y de sus compañeros del RMF (Research on Money and Finance).
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Termina su escrito SLA con este post scriptum:
PS: Me permito recomendar como lectura complementaria, más esencial y fructífera por supuesto que este comentario, el reciente artículo de Alberto Montero Soler “Salir de la pesadilla del euro” (http://www.mientrastanto.org/boletin-120/notas/salir-de-la-pesadilla-del-euro), otro de nuestros economistas esenciales, otro de los economistas-más-que-economistas hispánicos que navegan lúcidamente contra la corriente (por el momento) más mayoritaria.