viernes, 21 de febrero de 2014

Homenaje a un imprescindible


El pasado 18 de enero falleció en accidente de tráfico José Bernardo Mato Sanmartín, responsable en Pontevedra de la agrupación comarcal de la Federación de Pensionistas y Jubilados de CC.OO.
En nota publicada en su web el sindicato lamentaba su pérdida, destacando su compromiso con las libertades, que lo llevó a conocer la peor cara de la represión fascista, tanto en España como en el Uruguay.
A finales de los años cincuenta del siglo pasado trabajaba en la base americana de Rota, de la que fue despedido por repartir panfletos del PCE. También colaboraba como corresponsal para Radio España Independiente, la legendaria “Estación Pirenaica”.
Acabó exiliado en Montevideo, y tras varios años, volvió a España y siguió desarrollando tareas en el ámbito de CC.OO., primero en Mallorca y posteriormente en Pontevedra.
El año 2011, la Fundación 10 de Marzo de CCOO lo galardonó en un acto público junto a otros compañeros y compañeras.
Su padre, Bernardo Mato Castro, maestro republicano, precursor de las escuelas nocturnas para adultos, fue brutalmente asesinado por falangistas en 1936. El 8 de julio 2006 se le hizo un homenaje en su escuela de Campos, en el concello de Teo, provincia de A Coruña. José Mato intervino emocionado. Dejo aquí su discurso.
En el día de hoy el homenaje se le ha rendido a él (¡cuántas veces homenajeamos a los que ya no están! pero “os bos e xenerosos” non senten a necesidade de alimentar o seu ego con homenaxes en vida.
Se le ha honrado con un sentido acto en esta ciudad de Pontevedra, en el que se solicitó mi intervención en nombre del Partido Comunista de Galicia. Y recordando a Bertolt Brecht dije estas palabras:



José Mato murió luchando, tal como había vivido. Porque regresaba de hacer su trabajo sindical, conduciendo él solo su vehículo a pesar de su edad. Por eso tengo que hablar de un comunista imprescindible. De aquellos que luchan toda la vida. 

Debo explicar el uso que voy a hacer de esta palabra, tergiversada y malinterpretada tantas veces (por algo será)…


En el imaginario común hay  tres ideas distintas de lo que significa comunismo: 

Una sociedad ideal que míticamente existió alguna vez, o que llegará a existir algún día.
Situándose en el pasado, se recuerda como la edad de oro. Y como aquel ¿comunista, tal vez? que fue Miguel de Cervantes puso en la boca y en la mente soñadora del comunista don Quijote:
“Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.
Situando esta utopía en el futuro, algunos la han imaginado como una idílica sociedad, de infinita prosperidad y fraternidad, con “arroyos de leche y miel”, sin conflictos…
Pero siendo más realistas, hemos de conformarnos con lo que enuncia Eduardo Galeano:
“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.
Una sociedad real e imperfecta, que fracasó y no puede volver nunca más.
Se confunde deliberadamente lo que sería una sociedad comunista con lo que fueron los países del “socialismo real”, que además nunca alardearon de ser países comunistas.  El nombre de unos partidos no puede aplicarse sin más a las sociedades que gobiernan ¿es de veras España una democracia “popular”, porque así se denomine el actual partido gobernante?
Esta es la definición que más gusta a la derecha, a todas las derechas, se llamen o no así, y que les permite insistir en que la sociedad actual es la menos mala de las posibles, cuando estamos viendo que conduce directamente al despeñadero.
Una práctica emancipatoria, un movimiento real encaminado a superar la sociedad capitalista.
Cita de Marx y Engels en La Ideología Alemana:
“Para nosotros el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.”
Es una clara llamada a una filosofía de la praxis en la que pensamiento y acción se entrelacen de modo inseparable.
El cada vez más valorado Antonio Gramsci recoge y desarrolla, en un momento de reflujo revolucionario que tanto sufrió en su propia persona, esta idea ya presente en Marx desde el primer momento.

Es este último sentido de movimiento real superador de este estado de cosas, el que me interesa valorar en la labor de José Mato, un comunista de los que luchan toda la vida, como dijo Bertolt Brecht: 
“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.

Mato, el hijo de aquel maestro que, por serlo de verdad, murió a golpes de los fascistas que destruyeron, hasta hoy mismo, la legalidad republicana, fue uno de ellos. 

Manolo Cámara, que no puede estar hoy con nosotros, lo conoció bien. Fue una de las últimas personas con las que estuvo en Mallorca en las pasadas fiestas de año nuevo, pocos días ante de su final. Cuando uno era secretario político, el otro era secretario de organización. Traslado estas palabras suyas:

José Mato Sanmartín fue un compañero apreciado, querido y comprometido con la causa de los trabajadores, como buen comunista, hasta el final de sus días.
Ya en 1973, Manuel Cámara lo conoció como miembro de la coordinadora de CCOO de Mallorca representado el sector del Transporte. En 1976 participó activamente en los preámbulos de la Asamblea de Barcelona, ese mismo año se afilió a la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT), siendo un hombre clave en el desarrollo de este sindicato en Mallorca y Menorca. En el año 1981 se integró toda la CSUT (afiliados, delegados y la dirección) a CCOO. En esta integración de la CSUT en CCOO, José Mato jugó un papel fundamental. Ese mismo año pasó a formar parte del Secretariado Confederal de CCOO de Baleares. Desde 1982 a 1987 fue secretario de Organización de Baleares, y responsable de la Oficina Electoral del 1987 a 1996. A la vez fue miembro del Consejo Confederal estatal desde 1983 a 1987.
De José Mato cabe destacar que fue un hombre autodidacta, pero con una innata curiosidad e inteligencia. Como ejemplo cabe decir que aprendió por sus propios medios la informática al punto de convertirse en un referente en el manejo del programa informático de Elecciones Sindicales y Afiliación.
En Baleares fue detenido dos veces. Una por pegar carteles del PCE y otra, en 1985, en la huelga general contra la Ley de Pensiones, frente a las cocheras de la Empresa Municipal de Transportes de Palma, por defender de un policía a Manuel Cámara.
A su vez, desde 1984 y hasta su vuelta a Galicia, fue un miembro destacado de la dirección del PC de Baleares.
A su marcha dejó en Baleares un gran número de amigos que lo apreciaron y quisieron.
Sirvan estas palabras del amigo, del compañero, del camarada, para  cerrar mi intervención, recordando una vez más que luchó toda la vida, y murió trabajando, este jubilado-trabajador incansable, alma de nuestro Sindicato de Pensionistas y Jubilados de Comisiones Obreras.


Uno de esos imprescindibles que lucharon toda su vida.



jueves, 20 de febrero de 2014

Sin permiso


En el párrafo inicial de la Crítica al programa de Gotha, Marx deslinda bien lo que en la riqueza hay de fruto de la naturaleza y lo que añade el trabajo humano que la transforma, y también deja claro cómo éste es parte de aquélla. Niega pues la formulación que se hace a menudo de su pensamiento como un sistema economicista que no tendría en cuenta la naturaleza como factor primordial.

Además de esto, señala la apropiación de la naturaleza como la base de la posibilidad de transformarla en bienes, en valores de uso. A quien no dispone de esa condición de propietario de bienes le queda sólo la posesión de su propia fuerza de trabajo, y no podrá emplearla sin permiso de quien se ha adueñado de las condiciones materiales del trabajo. 

Frente a esta formulación categórica del programa del Partido Obrero Alemán:
 «El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura».
Puntualiza Marx: 
El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!) ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre. Esta frase se encuentra en todos los silabarios y sólo es cierta si se sobreentiende que el trabajo se efectúa con los correspondientes objetos e instrumentos. Pero un programa socialista no puede permitir que tales tópicos burgueses silencien aquellas condiciones sin las cuales no tiene ningún sentido. En la medida en que el hombre se sitúa de antemano como propietario frente a la naturaleza, primera fuente de todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesión suya, su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por tanto, en fuente de riqueza. Los burgueses tienen razones muy fundadas para atribuir al trabajo una fuerza creadora sobrenatural; precisamente del hecho de que el trabajo está condicionado por la naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de más propiedad que su fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilización, esclavo de otros hombres, de aquellos que se han adueñado de las condiciones materiales del trabajo. Y no podrá trabajar, ni, por consiguiente, vivir, más que con su permiso. 
Y propone esta formulación, más atinada: 
«El trabajo sólo es fuente de riqueza y de cultura como trabajo social», o lo que es lo mismo, «dentro de la sociedad y a través de ella».
«En la medida en que el trabajo se desarrolla socialmente, convirtiéndose así en fuente de riqueza y de cultura, se desarrollan tambien la pobreza y el desamparo del obrero, y la riqueza y la cultura de los que no trabajan». 
Y concluye:
Esta es la ley de la historia, hasta hoy.

He tomado las citas de la edición de la Crítica del Programa de Gotha de Ricardo Aguilera, con varias ediciones desde 1968, que se ajusta a la rusa de 1953, redactada por el Instituto del Marxismo-Leninismo. 

(A partir de la ley de prensa de 1966, la "Primavera de Fraga" permitió la publicación de textos como este, que daban el ajustado aire aperturista de cara a las democracias y que por su carácter más "teórico" no parecían muy peligrosos).

Recientemente (bueno, hace más de año y medio) encontré este texto, de redacción tal vez más fácil para un lector actual, en una nota a pie de página de este artículo de Salvador López Arnal, (casualmente, dedicado a la libertad de expresión). 

Esta es la nota: 
En la contraportada de la edición en papel de la revista Sin permiso puede leerse este fragmento del Marx de la Crítica al programa de Gotha: 
«El trabajo no es “la fuente de toda riqueza”. La naturaleza no es menos fuente de los valores de uso (¡y en éstos consiste la riqueza objetiva!) que el trabajo, el cual no es sino la manifestación de una fuerza natural, la fuerza humana de trabajo. Aquella se halla en todas las fábulas de niños y sólo es verdadera, si se supone que en el trabajo van incluidos los objetos y los medios que le acompañan. Pero un programa socialista no puede permitirse esos modos burgueses de hablar, en los que se pone sordina a los supuestos que dan sentido a la frase. Sólo en la medida en que el hombre se relaciona de buen principio como propietario con la naturaleza -que es la primera fuente de todos los medios y los objetos del trabajo-, sólo en la medida en que la trata como cosa suya, será el trabajo fuente de valores de uso, es decir, de riqueza. Los burgueses tienen muy buenas razones para fantasear que el trabajo es una fuerza creativa sobrenatural; pues precisamente de la determinación natural del trabajo se sigue que el hombre que no posea otra propiedad que su fuerza de trabajo, en cualesquiera situaciones sociales y culturales, tiene que ser el esclavo de los otros hombres, de los que se han hecho con la propiedad de las condiciones objetivas de trabajo. Sólo puede trabajar con el permiso de éstos, es decir: sólo puede vivir con su permiso».
Ahora entiendo mejor el valor del título de la revista...

miércoles, 19 de febrero de 2014

Cuatro poderosas razones para no acelerar en vía muerta

Cuatro poderosas razones para desmentir a los pregoneros de la recuperación de la economía por la vía del desastre.

Realmente no nos engañaba el pequeño Nicolás (tan pretérito y tan presente) con su propuesta de refundar el capitalismo. Si refundar es, según el diccionario de la Academia, "revisar la marcha de una entidad o institución, para hacerla volver a sus principios originales o para adaptar estos a los nuevos tiempos", no cabe duda de la insistencia en aquellos "principios originales" en estos "nuevos tiempos".

Pero seguir haciendo lo mismo, pero mejor (¿mejor para quién?) es el camino seguro para que el tren descarrile. Y ello por las poderosas razones que expone José Luis Manchón en la página Econonuestra:
 
  • Deuda y Crédito, dos caras de la misma moneda. A crédito, y contrayendo deudas para pagar "más adelante", la sociedad de consumo dilapidó en muy corto tiempo la riqueza que correspondía al futuro. Ahora vivimos el presente como ausencia de porvenir.
  • Técnica, para producir más con menos productores y ¿ganar más, vendiendo más a menos consumidores? No cuadra.
  • Explotación. Abuso laboral (oferta y demanda lo imponen) para los obreros activos, indigencia social y material para los que caen en la inactividad ¡dentro de un sistema que sobreproduce!
  • Finitud. Es imposible crecer sin límite apoyándose en recursos limitados.

Echa el freno, Magdaleno. Suave pero firmemente. Pero no puede ser el mismo Magdaleno estólido (*), que sólo sabe seguir haciendo lo mismo...

Así termina el artículo:
Previsiblemente, las contradicciones internas enunciadas y que se están desarrollando paralelas a este inmovilismo, reventarán como un tsunami cualquier muro de contención.

La fractura ya ha sido registrada y anuncia un nuevo comienzo.

Hasta luego, Lucas

 
Crecimiento para crear Empleo: la gran falacia


Jose Luis Manchón
EconoNuestra



Todos los días lo escuchamos. “Crecer para crear empleo” es una afirmación que suena a rezo y es repetido como un mantra por casi la totalidad de los sindicatos, un amplio espectro de la izquierda y la derecha europea en pleno. Coinciden en su fe y depositan sus esperanzas en un método de salida a la actual crisis que no es más que la versión neoliberal del milagro del pan y los peces donde al final, a la depresión actual le sucederá necesariamente un periodo de recuperación en el que asistiremos a la alegre vuelta de las economías nacionales a la senda salvadora del crecimiento y como consecuencia directa, a la creación automática y masiva de puestos de trabajo. Esta argumentación muestra una lógica aplastante en las distancias cortas, pero en estos momentos es una farsa. Es necesario realizar un análisis más en profundidad y con algo de perspectiva para dar cuenta de su imposibilidad en el contexto histórico actual. Su alta carga ideológica pasa desapercibida, pero es el eslogan de una lógica económica muy concreta, que está instrumentalizando los tiempos de crisis para acelerar en el cumplimiento del guión neoliberal hacia un totalitarismo económico global. Mientras tanto, el miope debate político entre conservadores y socialdemócratas se centra exclusivamente en que tipo de medidas son las adecuadas para reproducir, lo antes posible, las condiciones objetivas para que el milagro se produzca.

Lejos de responder a cualquier estímulo, la realidad económica y social se dibuja como un callejón sin salida. El cerco a la actual crisis, que no tiene un carácter cíclico y que podríamos categorizar como sistémica y civilizatoria, está anclado en cuatro puntos para los que el Capitalismo no tiene respuestas aceptables desde presupuestos de equidad, cohesión y paz social; tampoco para la propia viabilidad del sistema. Deuda, Técnica, Explotación y Finitud aparecen como puntos tensionales al propio Capitalismo derivados de su hipertrofia y despliegue sin límite. Las implicaciones que tienen estos términos en la asfixiante situación actual son determinantes.

Lo más difícil, lo menos explicado y a la vez, lo más importante que tenemos que entender para saber en que punto nos encontramos es que el aparentemente sólido esplendor económico de las últimas décadas estuvo sustentado absolutamente en la Deuda. Parece que “Deuda y Crecimiento” son dos conceptos contradictorios pero si reemplazamos Deuda por Crédito y reformulamos como “Crédito y Crecimiento”, empezamos a entenderlo todo. Deuda y Crédito son las dos caras de la misma moneda. La concesión de créditos masivos y a todos los niveles ha sido la forma de sustentar la ficción de la espectacular expansión de las economías desarrolladas. Era una ficción en la medida que la aceleración de la actividad económica tenía casi únicamente que ver con la capacidad financiera para trasladar a través del crédito la expectativa de riqueza futura al presente. El formidable desarrollo del tejido productivo no tuvo relación con el aumento objetivo de las necesidades de la población, sino con una presencia exagerada de liquidez que provenía del crédito y que necesitaba cristalizarse en todo tipo de bienes como otra forma especulativa más de la economía financiera para crear depósitos de valor. Nuestras sociedades de consumo se dedicaron a dilapidar en un muy corto periodo de tiempo la riqueza que correspondía al futuro y lo arrasamos. Esta es la razón por la cual vivimos el momento presente como ausencia de porvenir. En este sentido, el crack financiero de 2008 podríamos considerarlo como el fin del mundo conocido para las opulentas sociedades occidentales. Fue el año donde la circulación financiera quedó estrangulada y despertamos sobresaltados del sueño de amplia prosperidad en el que estábamos sumidos. Este crack fue un punto de inflexión donde la actividad de los actores financieros internacionales pasó casi instantáneamente de la concentración de sus energías en el despliegue ilimitado del crédito a orientar todos los esfuerzos en el repliegue y el retorno de la deuda. La economía global se mostró en si misma como una formidable estafa piramidal con forma de burbuja y reventó.

Esta contextualización histórica es imprescindible para entender que en la afirmación “Crecer para crear Empleo” se obvia el formidable peso que tiene actualmente la economía financiera. Aunque aparentemente aparezca como una secuencia lógica, simple y cerrada, está ausente un elemento esencial y su enunciado está incompleto. Este componente ausente del que ya hemos hablado se llama Crédito o lo que es lo mismo, “Deuda para Crecer y crear Empleo”. Asistimos horrorizados a la conclusión; la propuesta para salir de la crisis se plantea en los mismos términos que nos despeñaron en ella. En un momento donde la deuda asumida por algunas economías nacionales aparece como impagable, lo que se pide es restaurar los niveles de crédito anteriores a la crisis. Para ello, el sector financiero en su conjunto tendría que suicidarse. Los gobiernos han apostado por salvar momentáneamente los muebles iniciando una huida hacia adelante que ha convertido al Estado en el principal avalista de los excesos financieros al abrir un cauce ingente y continuo de flujo desde las rentas del trabajo a las rentas de capital a través de los rescates bancarios y la emisión de deuda soberana. La cobardía política o la ignorancia de nuestros representantes es máxima. No trasladan con toda su tragicidad lo que es un secreto a voces; que una “Economía real”, enunciada como aquel ámbito social donde se administran los recursos que son escasos, con objeto de producir bienes y servicios, y distribuirlos para su consumo entre los miembros de una sociedad, no sería suficiente como para sostener la forma de vida y el gigantesco castillo de naipes en que se ha convertido la civilización occidental, apoyada absolutamente en el exceso proporcionado por la ficción de la “Economía financiera”. El problema se muestra como no resoluble y es la consecuencia llevada al extremo del fenómeno de Financiarización de la economía, como proceso de dominación a escala internacional del mercado de flujos financieros sobre el mercado de intercambios de productos reales.

Una vez desvelado que la Deuda es la base que se propone para poner en funcionamiento la recuperación económica, la siguiente problemática a analizar se encuentra en la relación aparentemente directa de causa-efecto entre Crecimiento y Empleo. Esta relación está cada vez más mediada por la Técnica. El alto nivel tecnológico alcanzado exilia masivamente al factor humano del trabajo. Como sociedad somos capaces de producir mucho con un empleo de mano de obra muy limitado. La tecnología, al reemplazar el papel del obrero tanto cualificado como de un nivel inferior, produce un efecto que tiene que ver con la cantidad y la cualidad del factor trabajo requerido. 

Conocimientos muy complejos han sido sistematizados en las máquinas que son utilizadas en muchos sectores productivos y ya no son necesarias, en el centro de trabajo, personas expertas ni un elevado número de trabajadores. La mano de obra empleada además de reducirse en número es más fácilmente reemplazable. Como consecuencia, la tasa de crecimiento necesaria para absorber grandes cantidades de desempleados aumenta y el trabajo se precariza. Es muy posible que cuando en el futuro la economía haya tocado fondo, podamos ir a tímidos repuntes de crecimiento donde no haya creación de empleo e incluso se sigan destruyendo puestos de trabajo. El exceso de riqueza derivado de la aplicación del progreso tecnológico a los procesos de producción se convierte en mayor acumulación para el Capital. Vivimos en la peor pesadilla de aquellos que confiaron en la Técnica como la clave para la emancipación del trabajo y la consecución de un reparto equitativo de la riqueza.

El aumento de la Explotación laboral también distorsiona la relación entre Crecimiento y Empleo. Es legitimada por la delicada situación actual, se invoca a través de la cultura del esfuerzo y se vive por el trabajador con la resignación que proporciona el miedo a la perdida del puesto de trabajo. El emprendedor ha pasado de encarnar la figura del oportunista con posibles a desempeñar el papel de salvador. La capacidad de presión del empresario sobre los trabajadores ante el desolador escenario del paro, los cambios legislativos en contra de los derechos laborales y la amenaza de la deslocalización en el mercado único mundial, no deja resquicios de esperanza para un horizonte más razonable.

La precarización del trabajador asalariado es la consecuencia lógica de un escenario terrorífico donde más allá de los muros del centro de trabajo está aguardando la miseria y desde arriba se le exige arrimar el hombro. Asistimos a la polarización entre la sobreexplotación para los obreros activos y la indigencia social y material para los que caen en la inactividad dentro de un sistema que sobreproduce. En todo caso, la sobreexplotación laboral y la precariedad conducen a más paro e incide a la baja en el nivel de consumo. La incapacidad del sistema Capitalista para racionalizar su desmesura acaba convirtiéndose en su propia ruina.

Para acabar de desmontar la falacia, la Finitud nos recuerda que el crecimiento en si mismo es irrealizable sostenidamente ya que por pura contradicción lógica, no se puede dar el aumento continuo e indefinido en el tiempo, de la producción y consumo de bienes y servicios. El sistema Capitalista tiene que olvidar constantemente que es imposible crecer ilimitadamente en base a recursos que no lo son para poder afirmar su ideal de crecimiento ilimitado. A cada periodo de crecimiento le acompaña un escenario de sobreproducción que es la antesala de cada crisis. La imposibilidad del planeta de regenerar los recursos y asumir los residuos a la misma velocidad que son consumidos y desechados por la bestial maquinaria de expolio y explotación que acompaña a la depredación Capitalista, nos acerca cada día un poco más al abismo del colapso ecológico. El Capitalismo no conoce la palabra suficiente y tiene que ningunear las verdades del ecologismo respecto a la finitud de los recursos para poder seguir obviando los límites naturales no sobrepasables de los que dependen nuestras sociedades y la vida en el planeta.

Es muy probable que esta crisis no tenga solución sin cambiar radicalmente de modelo económico y civilizatorio, pero por ahora, las reformas aplicadas van en la dirección contraria. En Europa, la búsqueda desesperada del crecimiento económico está siendo utilizada como excusa para inducir “Estados de Excepción” en sus democracias representativas a través de tecnócratas introducidos en el poder que representan los intereses de las plutocracias económicas. Se defiende este escandaloso cambio en la forma de hecho del Estado como una consecuencia necesaria y derivada de la aparente gravedad de la situación actual que es calificada como emergencia nacional. Las reformas legislativas promovidas por vía de urgencia a base de Decretos y destinadas principalmente a eliminar las estructuras materiales del bienestar, son acompañadas por el reforzamiento de medidas de tipo coercitivo que limitan sensiblemente las libertades individuales y colectivas con el objetivo de doblegar cualquier resistencia y crear un clima proclive a la resignación. Es fácil detectar que intereses están orquestando las reformas. Basta con observar que las medidas de recorte, aunque se traslade a la opinión pública que buscan el interés general y que están destinadas únicamente a conseguir las condiciones necesarias para se restablezcan los niveles anteriores de ocupación y empleo, siguen sin recaer en los actores responsables de la crisis. Negando la evidencia, la inmensa mayoría de la población se ha tragado la impostura, ya que la precarización o la inminente amenaza de pobreza predispone al optimismo incondicional ante cualquier consigna luminosa que les permita creer y renovar sus esperanzas de solución individual. Están atrapados en la visión reducida de la realidad que proyectan las reglas del juego Capitalista y que es confirmada repetidamente hasta la extenuación, por las aseveraciones de los más prestigiosos políticos y gurús económicos con las que nos bombardean desde todos los medios de comunicación. La estafa global que representa la actual coyuntura se sigue nutriendo de la pasividad e ignorancia política que nos llevó hasta ella. Es momento de desvelar que esta crisis la están gestionando los mismos intereses minoritarios que la provocaron y que por lo tanto, no va a tener una solución aceptable para la inmensa mayoría. Mientras más se evidencia la magnitud de la estafa, más se difumina la posibilidad de solución convencional. Es urgente encajar que los tiempos de ficticio esplendor no van a volver y que mientras antes tiremos del freno de mano, más probabilidades tendremos de evitar el choque frontal contra el sólido muro que espera al final de la última curva a este tren (**), en su huida hacia delante para intentar escapar aceleradamente de su propia sombra.

La orgía consumista se va apagando poco a poco y por zonas en el mundo Capitalista, por su imposibilidad en si misma de permanecer en el tiempo. Ni los planes de estímulo de los gobiernos trabajando en la línea de expansión del gasto público, ni los planes de austeridad trabajando en el plano contrario de reducción del déficit consiguen reanimar al enfermo infartado y evidencia inequívocamente que un paradigma social y económico agoniza en su gigantismo. La gestión del auto-desmontaje de toda una civilización construida sobre el exceso y  la explotación, es la herencia para las generaciones que tendrán que lidiar en el inicio del tránsito siempre traumático hacia otra forma de ser y estar en el mundo. Las resistencias a los cambios van a ser formidables y los grandes beneficiados del actual statu quo ya se han enrocado en sus posiciones e intentan amarrar por todos los medios posibles las líneas de fuga, pero previsiblemente las contradicciones internas enunciadas y que se están desarrollando paralelas a este inmovilismo, reventarán como un tsunami cualquier muro de contención.
 

La fractura ya ha sido registrada y anuncia un nuevo comienzo.

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(*) Estólido: persona que no comprende algo o no habla de ello.

(**) Ejemplo tristemente certero: La aciaga metáfora se materializó casi nueve meses después de escrito este artículo, la víspera del día de Santiago del año pasado, en la curva de Angrois...