jueves, 23 de enero de 2020

¿Cómo nos comen el coco?

Educación Tóxica es un libro reciente de Jon E. Illescas. En esta sección de su primer capítulo expone perfectamente la manera en que los dueños del capital, que lo son también de los medios de comunicación, se hacen también dueños de las mentes. Y de ese dominio no escapa por completo ninguno de nosotros.

Fruto de este dominio es la enorme cantidad de información dirigida, que oculta tanto como muestra y transmite una mezcla de datos correctos y otros deformados intencionadamente, junto a contenidos directamente falsos. Tampoco el uso que se hace del lenguaje es inocente, porque aparentes sinónimos poseen matices intencionadamente peyorativos y otros que disimulan los peores aspectos.

Esta riqueza de informaciones, que supera con mucho la experiencia directa, produce la sensación de libertad para elegir entre infinitas opciones. Pero mayoritariamente pensamos con un sentido común inducido.

Como dice Illescas, cualquier intento de influir en los demás en otra dirección es tachada de proselitismo, e inhibe al discrepante, que acaba sintiéndose impotente para comunicar otras ideas no incluidas en el repertorio oficial que, eso sí, ofrece una aparente variedad en lo menos importante, mientras induce una unanimidad sumisa en lo que debería revisarse.

Así, "nadie quiere que le cuenten historias pero todo el mundo se las come a diario".

¿Cómo educar a contracorriente, cómo enseñar una ética racional cuando las industrias culturales introducen una moral de mercado, o directamente trastocan los valores, hasta que se pierde la noción de lo que está bien o mal?





LAS INDUSTRIAS CULTURALES

Paradójicamente,  pese a que vivimos en el momento de la Historia donde más dependientes somos del resto de nuestros congéneres, pues no producimos casi nada de lo que consumimos (ni física ni intelectualmente), vivimos en la época donde todo hijo de vecino afirma de un modo un tanto prepotente que “somos libres” de pensar lo que pensamos.  Dicen que nadie “les come el coco”. Es decir, en un mundo donde todo lo hacen los demás, donde nos proveemos de bienes y servicios en el mercado y donde la mayoría de la información que conocemos (local, nacional e internacional) proviene de fuentes ajenas a nuestra experiencia directa, todo el mundo dice ser “libre” de pensar como le da la gana, sin que nada ni nadie le influya. Pero esta ceguera disfrazada de ignorante prepotencia no acaba aquí, sino que al mínimo intento de predicamiento o proselitismo de algún tipo de posicionamiento explícito sobre algún tema, la gente suele responder: “no me ralles con tus historias”.

Nadie quiere que le cuenten “historias” pero todo el mundo se las “come” a diario. De un modo u otro, de uno u otro sitio. Cuando nos sentamos a cenar frente al telediario, cuando enchufamos la radio, cuando vamos al cine a ver una película, etc. Lo que ocurre es que las historias audiovisuales, vendidas con resultones trucos de falsa objetividad y profesionalidad periodística sumados a la aparente “realidad” y “verosimilitud” de las imágenes en movimiento, son más digeribles que el proselitismo puro y duro. O lo que es lo mismo, venden más los telediarios o los videoclips que los curas o los políticos subidos a un púlpito. Los últimos tienen tufo a secta y suelen recibir más o menos la misma atención del público que unos trajeados Testigos de Jehová que caminaran prestos buscando  nuevos siervos de Jesucristo (a decir verdad, quizás estos últimos tengan más éxito).

Las industrias culturales son, en realidad, como decían Adorno y Horkheimer (quienes acuñaron el término “industria cultural” para el conjunto de las mismas), las industrias de la conciencia. De su conciencia, de la mía, de las de sus vecinos y sus compañeros de trabajo. De la de todos y más, cuanto más las consumimos. Como anotaba Walter Lippmann, periodista ganador de dos premios Pulitzer, asesor de diversos presidentes estadounidenses y especialista en comunicación, en las sociedades industriales consideradas “democráticas”, la mayor fuente del saber de las masas es la indirecta. Por eso quien controla estas fuentes indirectas controla a las masas.

Seamos honestos, la mayoría de lo que usted tiene en su cabeza no son informaciones, imágenes ni sonidos que haya percibido de primera mano. No son algo que pueda responder a ciencia cierta si son verdad o no, si ocurrieron como recuerda o nunca existieron. No son como la sonrisa de su madre o de su hija, como el aliento de su jefe o el sofá del comedor donde plácidamente está sentado. ¿Acaso ha estado alguna vez en Venezuela? ¿Ha presenciado algún discurso de Maduro? Pero sabe que es su presidente. Y de Trump? Todo el mundo habla de Maduro y de Trump y aquí en la Europa mediterránea existe una opinión más o menos mayoritaria de que son una especie de “payasos políticos” de distinto espectro ideológico. Pero, ¿ha presenciado algún discurso íntegro de Trump, de Maduro o del político que sea que aparezca en las pantallas sin cortes o montajes interesados?

La mayoría de la gente apenas conoce de un modo directo a su familia, amigos, su barrio y los entornos del trabajo o los sitios que frecuenta como su bar o pub favorito, su gimnasio, el parque donde lleva a los niños, la biblioteca (suponiendo que sea de la minoría que la visita), etc. Sin embargo, todas las referencias que tiene de cualquier cosa, persona o acontecimiento del resto del mundo vienen mediadas por los medios de comunicación y, añadimos nosotros, el conjunto de la industria cultural.

Si hablamos de Las Vegas, usted tendrá guardadas imágenes y escenas de diversas películas rodadas allí llenas de amplios y dorados casinos, gente que se hace rica o por el contrario se arruina súbitamente, bellas y escotadas mujeres, mafiosos implacables de oscuros trajes y quizás de algún James Bond bebiendo un Martini. Si hablamos de Corea del Norte, rápidamente le aparecerán imágenes con el rostro del indescriptible e impertérrito Kim Jong-un o los desfiles de los tanques coreanos secundados por robóticos soldados y un baile de banderas rojas. Si hablamos de Nepal… bueno, en realidad tendrá poco que decir más allá del Everest, porque es uno de esos países de los que no se habla en los medios ni en la industria cultural. Así que casi nadie tiene nada en la cabeza asociado a ese lugar (quitando, quizás, si todavía se acuerda, los terribles terremotos de abril de 2015 que pusieron al país en la agenda mediática de un modo fugaz).

Veamos si es verdad lo que afirmo. ¿Quiere comprobarlo? ¡Hagamos un experimento! Ni siquiera le pido que me los sitúe en el mapa, simplemente dígame algo (información, imagen o sonido almacenado en su cerebro) de los siguientes países: Azerbaiyán, Baréin, me dirá que son pequeños estados y lejanos. Bien, vamos con dos bien grandes, los más poblados del mundo: India y China. Si es tan amable, cíteme de cualquiera de los dos, a su primer ministro o al presidente de la República. ¡Muy bien! ¡Narendra Modi y Ram Nath Kovind por India y Xi Jinping y Li Keqiang por China! Venga, admítalo, se sabía uno o ninguno. ¿Por qué? Porque no salen tanto en la tele como Maduro pese a que este es líder de un país con 29 millones de habitantes y por los que le he preguntado lo eran de unos de 1.339 y 1.386 millones respectivamente. La clave es que al primero quieren que usted lo odie y al resto (por ahora) les dan igual. ¿A quiénes? A los dueños de los medios de comunicación y la industria cultural. Es decir, a los dueños de parte de su conciencia… ¡Despierte!

Piénselo, usted “conoce” al presidente del 43º país por número de habitantes, a la presentadora de una televisión estadounidense que no habla su idioma (Oprah Winfrey), a una esponja animada que trabaja en una hamburguesería en el fondo del mar (“Bob Esponja”) y por su fuera poco, posiblemente también conozca la dinastía, el nombre del padre y el número de dragones de una princesa que vive en un extraño Medievo que nunca existió (“Juego de Tronos”), pero no tiene ni idea de quiénes son los presidentes de los dos países más poblados del mundo. No hablemos de los investigadores más importantes que luchan contra el cáncer… Ya sabe, es enfermedad que sufriremos 1 de cada 3 habitantes del mundo a lo largo de nuestra vida. ¿No sería más importante conocer a la gente que lucha por nuestro futuro? ¿No cree que algo falla? En cambio, por supuesto, todos conocemos a Ronaldo y a Messi. ¿Cómo no? ¿Cómo no conocer a dos personas que salen en todos los telediarios de su vida, al mediodía y por la noche, por ese maravilloso mérito de pegarle patadas a un balón con más o menos estilo? Por supuesto, usted es “libre” de pensar lo que quiera, eso sí, con las ideas, las imágenes y los sonidos que los dueños de la industria cultural decidan insertar en su cabeza.

Y si lo hacen con usted que ya está crecidito, imagínese qué hacen con los menores. Ellos son los encargados de coeducar no solo a los niños y a los adolescentes, sino a los que enseñan desde las aulas (maestros y profesores) y los que lo hacen desde los hogares (las familias). ¿Quién educa al educador? Ya lo sabe, están fuera de las aulas y, desde luego, de su casa.

sábado, 18 de enero de 2020

Nada que cenar

En el blog arrezafe hallo un poema cuya autora me es absolutamente desconocida. Poesía de lo evidente, de lo cotidiano; tan cotidiano que de tanto sonar se ha perdido. Procuramos distraernos del dolor crónico, y en la "poesía social"  tenemos la excusa de considerarla un recurso fácil. "Cualquiera puede hacerla" porque la materia prima siempre está disponible.

Pero esta mujer ignorada despierta los sentimientos a poco que no los dejemos embotar por la insensibilidad acorazada en que tratan de encerrarnos.

Publico el poema encontrado y otros seis, tomados del blog de poesía voces del extremo.

Dos datos bien la definen:
Durante cincuenta años Begoña vivió una vida que —ha explicado— «no era la suya», como madre y esposa abnegada sujeta al papel que la historia ha reservado siempre a las mujeres. Sólo en la poesía, que era su refugio, conseguía vivir. «A los cincuenta me nacieron alas», dice en un poema. Es el momento en el que logra la independencia económica y consigue un trabajo en una portería de Logroño y una vivienda en el último piso del edificio, desde donde puede ver los tejados de la ciudad. Abad defiende su profesión de portera, «de abridora humilde de puertas y de almas», de «artesana de la palabra» que «modela la vida a diario», mientras se deja sorprender por esta «experiencia fascinante que supone el hecho de estar viva».
¿Poesía de portería? ¡Gloria a las porteras!



NADA QUE CENAR

Escucho a un político explicar
cómo  cerrará una empresa
y dejará a mil doscientas personas en la calle.
Sus palabras hábiles, elegidas, complicadas y equívocas,
me hacen dudar sobre si cerrará la empresa
 o nos está salvando la vida.
Pienso si yo seré capaz de decir a mis hijos,
con la misma habilidad,
que esta noche  ya no hay nada que cenar
y que mañana se me termina el paro.

***

Ahora que sé que los reyes son los padres
y que los padres no siempre son un refugio seguro.
Que en realidad los reyes no existen
y los que existen saquean en nombre de la ley.
Ahora que he agotado el asombro
ante los periódicos que también mienten
y los jueces que se cobran venganzas, con la toga al cuello.
Ahora que parezco más aislada que nunca del tiempo real
y que no sé manejarme en el virtual,
aquí me tienes, delante del papel,
escribiéndote a ti que también buscas
 instrucciones de uso de otro mundo posible
y el ancla segura de un poema.

***

Harán de nosotros un atajo de odios
sacarán nuestras vísceras al aire
nos lanzarán a unos contra otros.
El miedo crea confusión
y olvidaremos quién es el enemigo.
Mal de muchos, consuelo de tontos.
No defiendes el carro de comida que se llevan
para dar de comer  a los que ya no tienen nada,
como protesta contra los que roban a manos llenas,
y si lo defiendes como si la empresa fuera tuya,
no esperes privilegios por ello,
serás una más en el paro
si coges una baja o si te preñas.
La conciencia de clase, eso es lo último
de lo que  deberíamos desprendernos.
Entonces sí habremos perdido todas las batallas.

***

EQUILIBRIO

El mundo se inclina peligrosamente
hacia su lado peor, me temo.
Tendré que poner mi mundo
justo al lado contrario, para equilibrar.
Y no me vale lo de que yo no peso lo suficiente,
cada uno de los insuficientemente pesados
pueden sumarse
y si de algo estoy convencida
es de que somos muchos más.

***

Asisto con estupor, entre almohadones,
a un tiempo desterrado de cordura,
a una desnaturalizada madre
que siempre nos dijeron, era la patria,
que aborta, una y mil veces,
decenas de criaturas desamparadas
en medio de un desierto de nadie.
Asisto impotente, incrédula, al espanto
de seres que nadie reclama,
de seres que caminan y lloran
desesperados hijos de nadie.
Permanezco en mi cómoda butaca
incapaz de hacerlos desaparecer,
también yo, de mi existencia,
a golpe de mando a distancia.

***

Si las palabras sólo sirven para atar,
para rellenar vacíos,
para aparentar cercanía,
para nombrar objetos inútiles,
para engañar, para mentir, para tergiversar,
reniego de ellas, me acojo a los silencios
en los que podamos escucharnos.

***

Todos los días tomo mi dosis,
ni uno solo lo dejo pasar.
Amarga medicina esta realidad,
pero imprescindible para no olvidar
qué está pasando.


Poemas de Begoña Abad en: José María García Linares. 'Nacer para aprender, volar para vivir. Un acercamiento a la poesía de Begoña Abad'. Ed. Pregunta. 2019


miércoles, 15 de enero de 2020

La crisis ecosocial

En el número 244 de Nuestra Bandera publiqué el artículo Sostenibilidad, suelo y territorio que traje también a este blog. Ahora el Ateneo de Pontevedra acaba de presentar la revista en el espacio Nemonon de esta ciudad.

Se aborda en ella la crisis en toda su amplitud. Comenzó a hacerse patente con el derrumbe de la economía, hace ya más de una década, y aparece ahora como tema de actualidad con la amenaza climática. No son cuestiones independientes porque las liga el hecho innegable de que todo crecimiento halla un límite infranqueable, y ese límite ha llegado. Esta crisis global multifacética es la crisis terminal de un sistema económico que no sabe dejar de crecer, y sin un cambio radical no tendrá solución.

Un reciente informe del ejército de los Estados Unidos, que al fin y al cabo es el máximo garante del sistema, alerta sobre su propio colapso en un plazo relativamente cercano, por la imposibilidad de mantener su propia logística:


Aunque antes de que llegue ese colapso puede hacer mucho daño:

Esta fue mi intervención en la presentación de la revista:




















La crisis ecosocial


El número de Nuestra Bandera que presentamos hoy da un paso muy importante en la trayectoria de nuestro partido. Porque aunque desde sus orígenes el marxismo ya se había ocupado del problema ecológico (Marx y Engels ya hablaban del equilibrio metabólico entre el hombre y la naturaleza), el surgimiento del movimiento obrero en el seno del modo de producción capitalista ligó desde el principio su trayectoria al propio desarrollo capitalista. Las revoluciones socialistas nunca se pudieron aislar de la emulación productivista del capital, y al cabo se toparon con el problema de los límites del crecimiento.

Así, el movimiento socialista y comunista ha continuado utilizando el mismo imaginario de progreso constante del capitalismo en cuyo seno se ha desarrollado. Porque además de esa lógica de crecimiento ilimitado que pondrá fin a los problemas de la humanidad, nunca se ha podido sustraer al escaparate de prosperidad que el mundo del capital pone ante los ojos de todos, ocultando a costa de qué y de quienes se produce esa infinita muestra de bienes. Y quienes son los que realmente la están disfrutando.

La crisis actual se presentó de golpe, cuando aparentemente nadie la esperaba, Pero eso no es cierto. El Club de Roma se fundó en 1968, y el famoso informe “Los límites del crecimiento” se publicó en 1972. 50 años es demasiado tiempo como para que la realidad nos coja por sorpresa. Eso en lo que se refiere al problema del imposible crecimiento exponencial.

En cuanto al “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático”, conocido por las siglas IPCC, se fundó en 1988. Más de 30 años no son pocos para ver con tiempo lo que se nos venía encima.

De golpe, el tema del cambio climático, que no se presenta como algo directamente relacionado con el crecimiento económico, es el tema del momento. Se proponen soluciones tecnológicas, “energías limpias”, coches eléctricos, paneles solares, mucha cibernética, que limiten drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, olvidando que todos esos medios han de ser producidos, y producidos empleando “energías sucias” y perecederas. Que la metalurgia y la minería, la búsqueda de elementos escasos cada vez más difíciles de obtener, el consumo de agua en todas estas actividades, pueden producir y producen más residuos y más gases nocivos de los que pretenden limitar.

La cumbre de Madrid es un descarado ejemplo de manipulación. Las mayores empresas de la energía, productoras máximas del problema, patrocinan el acontecimiento, y se presentan como paladines de la “economía verde”.

La propia trashumancia de la cumbre es una muestra de la emergencia en la que nos encontramos. Sintomático es que la cumbre del clima, huyendo de país en país, de Brasil a Chile, acabe por reunirse en España.

Brasil renuncia a acoger la cumbre del clima. La decisión está relacionada con el rechazo de Bolsonaro a los acuerdos de París contra el calentamiento global, que califica de “dogma marxista”. Noticia del 29 de noviembre del 2018. Hace ahora un año.

Chile cancela la cumbre mundial del clima y el foro Asia-Pacífico por las protestas. Piñera admite que la violencia en las calles hace insostenible la organización de ambos eventos. ¡Menudo espectáculo sería ante los ojos del mundo! Noticia del 30 de octubre, hace poco más de un mes.

El cambio climático está de moda. Trivialmente. Porque es muy fuerte el cambio necesario. De la economía a la forma de vivir, todo debe cambiar. Y no es fácil cambiar el pensamiento de toda la vida. La idea de progreso se asocia al desarrollo, y por mucho que se haya hablado de “desarrollo inmaterial”, la realidad es que el que conocemos sigue suponiendo crecimiento.

El tratamiento superficial que se está dando al cambio climático oculta un desconocimiento profundo de sus causas. Los negacionistas directos son cada vez menos, pero son muchos los que, sin negarlo, lo atribuyen a factores no antropogénicos. La actividad solar, los cambios orbitales de la trayectoria terrestre, la propia influencia de las especies vivas, han producido y seguirán produciendo alteraciones del clima. Pero la innegable influencia humana se produce en un tiempo acelerado, desbocado. Bastará un ejemplo: las energías fósiles acumuladas a lo largo de cuatrocientos millones de años se han consumido en gran parte en cuatrocientos años. Un millón de veces más deprisa. Y el tiempo en que esto ha ocurrido es precisamente el tiempo del desarrollo histórico del capitalismo.

No hay capitalismo sin crecimiento. Naturalmente, puede haber crecimiento sin capitalismo, pero las experiencias socialistas, que hasta hoy mismo han sido también crecentistas, han contado por lo menos con un factor ausente en el capitalismo puro: la planificación. Y no es que el capital no planifique, pero lo hace con una única meta, la obtención del máximo beneficio posible. Ninguna empresa privada puede sustraerse a ese imperativo, so pena de verse arrollada por las demás. El capital fluye siempre a la búsqueda de nuevas oportunidades de negocio.

Pues bien, siempre será posible otra planificación, basada en un análisis de las necesidades. En esencia, de las necesidades básicas.

Como he dicho antes, desde sus orígenes el pensamiento marxista ha sido consciente del metabolismo entre sociedad y naturaleza. A veces se oponen ambos términos, y se mitifica la naturaleza como un espacio equilibrado. En todo caso, el equilibrio es dinámico, cambiante. Todas las especies vivas modifican su hábitat, pero encuentran límites a su actividad. En nuestro caso, los límites son de escala planetaria.

La emulación con el sistema imperante, a la que desde su origen se han visto obligadas las revoluciones que se plantearon cambiarlo, ha impuesto una visión expansiva que inevitablemente acaba chocando con la realidad. Sin remontarnos a los atisbos ecológicos de Marx de que habla John Bellamy Foster, el filósofo de la escuela de Frankfurt Walter Benjamin advirtió de la necesidad de levantar el pie del acelerador y activar por el contrario el freno de emergencia. Nuestro máximo exponente del pensamiento marxista Manuel Sacristán insistía en señalar de qué manera las fuerzas productivas son también destructivas, idea recogida luego por Paco Fernández Buey y que es el caballo de batalla de su discípulo Jorge Riechmann, un artículo del cual cierra por cierto el presente número de Nuestra Bandera.

El ser humano solo existe en sociedad, porque como sujeto es ante todo un conjunto de relaciones. Podríamos distinguir las relaciones perceptivas, pasivas, basadas en los sentidos que nos comunican con el entorno natural y social, de las relaciones productivas, activas, que moldean la vida humana y, transformando el mundo, nos transforman a nosotros mismos, como individuos y como sociedad.

Los individuos y las agrupaciones sociales de todo tipo son sistemas complejos adaptativos, cuya existencia está condicionada por su capacidad productiva y su persistencia reproductiva. Conceptos asociados respectivamente a las “fuerzas productivas” y las “relaciones de producción” que las activan y mantienen en el tiempo. Ambas son fluidas y se hallan en permanente cambio. Las fuerzas productivas solo se ponen en marcha a través de unas relaciones de producción. En un momento dado percibimos ese flujo como una estructura relativamente estable. Inmersos en ella, tememos a los cambios y somos intuitivamente conservadores. La aceleración implacable que conlleva el desarrollo del capitalismo se traduce, como ha señalado David Harvey, en una contracción del espacio y del tiempo. El sistema no prevé el futuro más allá de lo inmediato, y nosotros vivimos en un continuo presentismo. Para la política práctica, por ejemplo, nada importa más allá de las próximas elecciones.

Se comprende entonces que en las difíciles condiciones actuales, cuando el aumento de la productividad y los límites del consumo lanzan a tantos trabajadores al paro, sus intereses inmediatos se alineen con los de sus patronos, con los que comparten el interés por la continuidad. Así resulta difícil explicar a los que trabajan en una fábrica de armas o en una empresa altamente contaminante que su empleo es nocivo y suicida a medio plazo, porque para ellos es el pan de cada día.

Esto y la atomización y los cambios en el mundo laboral conducen a un individualismo que desglobaliza a los trabajadores, al tiempo en que se globaliza el mundo del capital.

Con todas sus contradicciones y luchas internas, el capitalismo planifica, a través de sus think tanks, a unos plazos más largos. Una planificación también adaptativa. El órgano central podría estar en las reuniones de Davos, en el club Bildeberg o la Trilateral, pero sin necesidad de recurrir a las teorías de la conspiración vemos que su fuerza mayor está concentrada en los ejércitos, particularmente en el inmenso organismo de la OTAN, cuyo núcleo es el ejército de los Estados Unidos, cuya capacidad supera seguramente a la de todos los demás juntos. El complejo militar-industrial que se alimenta de él y a su vez lo alimenta es el motor de la economía, porque su capacidad de consumo es ilimitada. Para producir más basta con desechar continuamente lo que queda rápidamente obsoleto.

¿Qué mayor contaminación ambiental que la producida por la actividad militar? Nada importa en la lógica del combate que no sea la victoria sobre el enemigo, cueste lo que cueste. Frente a esta realidad resulta ridículo limitar el uso del diésel en los automóviles porque contamina mucho, o fomentar el coche eléctrico. Si se insiste en ello es precisamente porque el transporte en gran escala lo precisa y empieza a ser escaso. No digamos lo que continuamente mueve un gran ejército, incluso en tiempo de paz.

Pues bien, parece que el ejército de Estados Unidos empieza a ver que su propia actividad, su solución militar a todos los problemas, acentuada sin duda en el futuro, se verá colapsada por falta de toda clase de recursos, del combustible al agua. El ejército estadounidense podría colapsar en 20 años debido al cambio climático, según un informe del Pentágono.

En tiempo de emergencia se militarizan muchas actividades. No se trata solo de apoderarse de recursos ajenos, también de sofocar protestas y rebeliones internas. Se disfrazan las invasiones como misiones humanitarias. Es verdad que en alguna medida existen esas misiones humanitarias, cuando se moviliza a los militares para sofocar incendios o ayudar en las inundaciones. Pensemos en nuestra Unidad Militar de Emergencias. Pero no nos engañemos: en caso de necesidad para el mantenimiento de la estructura social existente la represión aparece como el último argumento.

Pues bien, hasta esa rígida estructura puede colapsar en veinte años, como denuncia el informe del Pentágono.

La ideología atomizadora del posmodernismo nos agrupa en torno a identidades basadas en la comunicación, en lo que llamé relaciones perceptivas, pero la base de toda actividad está en las relaciones productivas. Si los trabajadores lo hacen todo, cualquier solución a esta difícil coyuntura tiene que partir de los trabajadores. El movimiento obrero, palabra que asociamos a la fábrica tradicional, es hoy diverso, pero sus intereses de fondo son comunes. Son intereses de supervivencia.

Por eso mismo, este número de la revista da un paso más allá de la rutinaria defensa de los intereses más inmediatos de los trabajadores, ligados al empleo, para pasar a los ya muy urgentes de la conservación de la vida. El capital tiene sus soluciones para enfrentar su propia decadencia. La solución conveniente para la inmensa mayoría es muy otra.

Hay que decir las verdades aunque no nos gusten. Las soluciones a tantos conflictos, a tantas contradicciones del sistema, hay que conjugarlas con una lucha globalizada, necesariamente política, porque la política es el andamiaje en que se apoya todo este modo de producción. La política se articula a través de partidos, con estructuras democráticas u oligárquicas. La demonización de la política en el imaginario popular apartará a las poblaciones de las primeras, fomentará las segundas, que desembocan en soluciones fascistas. El futuro será fuera del capitalismo; o no será.

Pregunto entonces, ¿cómo conjugar tantos conflictos a escala global? ¿Es imprescindible un cambio de mentalidad, de la productividad creciente a la estabilización de la economía? ¿De la competitividad creciente a la cooperación? ¿De la acumulación por desposesión a la administración de lo común?

Para todo ello, ¿hace falta la acción política? ¿Hacen falta los partidos? ¿Es necesario plantearse un futuro no capitalista? ¿Podríamos hablar entonces, desprejuiciadamente, de un futuro socialista-comunista?

martes, 14 de enero de 2020

La inhibición de la acción como origen de patologías

Cuando hace unos días fui a buscar este enlace a la red, la página había desaparecido sin dejar rastro. Incluso las notificaciones anteriores que recibía a través de este blog no existen ya. Ignoro si ha sido voluntad del autor, y creo que nunca lo sabré.

Pero recordaba el contenido del artículo en cuestión, que hacía referencia a los estudios de Henri Laborit sobre los sistemas de activación (SAA) y de inhibición (SIA) de la acción en el organismo humano y de los animales en general. El primero induce una respuesta (ataque o huida) ante un peligro, o la acción para procurar la satisfacción de necesidades vitales, mientras el segundo calma los mecanismos de la acción cuando se obtiene la recompensa y, en algunos casos, como defensa para evitar la destrucción definitiva del individuo en cuestión por parte de una presa o de cualquier otro competidor.

Sin embargo, este sistema inhibidor produce alteraciones bioquímicas que, de persistir en el tiempo, pueden provocar desde inmunodeficiencias y enfermedades autoinmunes hasta alteraciones tumorales.

De sus experimentos con cobayos, Laborit saca las siguientes conclusiones, que extrapola al psiquismo humano:
1. Ante una situación displacentera un cobayo huirá o intentará controlarla. 
2. Si el cobayo no puede ni huir ni dominar la situación distresante, el estrés negativo (o distrés) le provocará somatizaciones (o afecciones psicosomáticas) y al animal le bajarán las defensas del sistema inmunitario hasta que probablemente muera como consecuencia de las afecciones de origen psicosomático o por el "suicidio". Valgan las comillas, ya que el suicidio es instigado. 
3. En cambio, si dos cobayos están en la misma situación, la "autoagresión" (baja de las defensas, conductas "suicidas" etc.) tiende a atenuarse al compensar el displacer con el desvío de la agresión hacia el otro. Aquí, según Laborit, también se observa una explicación a la agresión.
A su condición de cirujano de la marina francesa Laborit unía su experiencia investigadora como biólogo, etólogo, psicólogo y especialista en drogas psicotrópicas. Todo ello le confiere una autoridad indiscutible en el campo de la medicina psicosomática.

Localizado el artículo en cuestión, de Francisco Sánchez Molinero, publicado por el Grupo de estudios Nayad en agosto de 2005, lo copio a continuación.


  


Nuestro cuerpo como estructura orgánica, en su origen, surgió de una colonia celular que en el proceso evolutivo hacia una organización superior y mejor adaptada, encapsuló, en la urdimbre de las capas tisulares, el mar primordial del que surgió el primer organismo unicelular. Este mar, parapetado tras el entramado celular, es la sustancia fundamental o liquido extracelular en el que nuestros millones de células especializadas sobreviven, se alimentan y excretan los residuos derivados de su metabolismo.

En ese proceso evolutivo, la vida sobre el planeta ha evolucionado procesando la energía solar a través de la cadena trófica. Los vegetales fotosintetizadores, como nicho inferior de esta pirámide alimentaria, han fijado la energía fotónica del sol, los herbívoros la han digerido alimentándose de los vegetales y los carnívoros han seguido procesando esa energía lumínica obteniendo los nutrientes de la ingesta de herbívoros y de otros carnívoros. En suma es la energía solar, de ese Sol Celestial dador de vida al que desde las más remota antigüedad se adora, la responsable de que exista la vida sobre la Tierra. Una vez mas mito y realidad se confunden, la pareja elemental del agua y el fuego se confirman, científicamente, como la madre y el padre de nuestro mundo.

En este proceso evolutivo desde el organismo unicelular al mamífero, es el sistema nervioso, una vez se instaura embriológicamente, el responsable de la cohesión de las estructuras pluricelulares, valiéndose a su vez del sistema endocrino como herramienta auxiliar y del torrente sanguíneo como vía de acceso a todos los rincones de la geografía corporal. Ahora bien, este sistema nervioso gana en complejidad a lo largo del viaje evolutivo, avanzando desde los simples precordados y resto de invertebrados, pasando por peces, anfibios, reptiles, mamíferos, primates, monos antropoides hasta, finalmente, llegar al homo sapiens.

Como humanos representamos, en la actualidad, el organismo biológico mas sofisticado de la creación. En nuestro sistema nervioso central aparecen diversos estratos que responden a nuestra propia evolución biológica. Mc Lean esquematizó estas capas nerviosas en un tótem neurológico en el que se diferencian tres cerebros:
  • En el tronco cerebral el cerebro reptiliano o primitivo, el archipallium, responsable de todos nuestros impulsos instintivos y automáticos, esenciales para la supervivencia y la autopreservación. Morfológicamente esta formado por el romboencéfalo o encéfalo posterior (metencéfalo-puente o protuberancia y cerebelo- y mielencéfalo- medula oblongada o bulbo raquídeo-) y el mesencéfalo o cerebro medio que sirve de puente entre el prosencéfalo y el romboencéfalo.
  • En el Sistema límbico, una capa inmediatamente superior al tronco cerebral, el cerebro mamífero antiguo, el paleopallium, detectado en todos los mamíferos inferiores y responsable en primera instancia de la vida emocional y de la memoria a largo plazo (gobernada por el hipocampo), que es la que permite con el aprendizaje y el recuerdo de experiencias gratas e ingratas que emerjan los afectos. Es determinante en la conducta mamífera de la crianza y el cuidado materno, la comunicación audio-vocal para mantener el contacto madre-hijo y el juego. Fue el neurólogo francés Paul Broca, en 1878, el primero en hablar de un lóbulo límbico, que por debajo de la corteza rodea el tallo encefálico a modo de limbo. Posteriormente, en 1952, es Paul Mc Lean, retomando este concepto, quien bautiza a estas estructuras cerebrales como sistema límbico. El sistema límbico es un sistema funcional, muy ligado, en nuestra especie, al sentido del olfato, que recoge elementos de diferentes morfoestructuras del la porción diencefálica del prosencéfalo (encéfalo anterior) y del mesencéfalo (encéfalo medio): circunvoluciones supracallosa y del cíngulo, el lóbulo periforme, el hipocampo, hipotálamo, área septal, núcleos talámicos anteriores, núcleos intratalámicos, núcleo caudado, putamen, amígdala, núcleos habelunares y parte dorsal del tegmento mesencefálico. También el córtex prefrontal y orbitofrontal, ya en el telencéfalo, están estrechamente relacionados con los mecanismos límbico.
  • En el neocórtex, la parte más superficial de nuestro encéfalo, el cerebro humano y de los mamíferos superiores, el neopallium, responsable del pensamiento reflexivo, el lenguaje y la imaginación. A esta capa pertenece el cerebro asociativo que permite coordinar las diferentes vías sensitivas que recogen las sensaciones procedentes de objetos exteriores y unificarlas para poder describir e identificar un objeto. Esto conlleva a, con el uso de la memoria, poder inventar objetos nuevos compuestos por características de diversos objetos reales, en suma, la imaginación, cualidad que ningún otro animal posee. Por su parte el lenguaje permite la circulación de la información, su transmisión y acumulación para beneficio de la comunidad, de la especie. Morfológicamente, el cerebro humano, está formado por la porción telencefálica (los hemisferios cerebrales) del prosencéfalo o cerebro anterior.
Como animales humanos respondemos, por herencia biológica, a impulsos instintivos de orden genético y a impulsos, resultado del aprendizaje, que se transforman en automatismos, en muchos casos, socioculturales, originados por la educación y el influjo del medio socioeconómico y cultural, totalmente vinculado a la geografía, la historia, la etnia o raza y la religión.


Como seres vivos nuestro primer imperativo es sobrevivir y esto implica una dialéctica entre necesidad y satisfacción. La satisfacción de la necesidad es sinónimo de placer y también se relaciona con el concepto freudiano de libido. Esta dinámica de satisfacción de la necesidad, sencilla en un animal, se complica en el ser humano, donde el apetito, propio de cualquier ser vivo (hambre, sed, sueño, cansancio, reproducción, etc..), se transforma en deseo, sujeto a la influencia del medio sociocultural.

La búsqueda de satisfacción de las necesidades endógenas desemboca en una estrategia de consumo. Esta conducta instintiva de consumo busca satisfacer los apetitos naturales en el animal, pero en el hombre, estos apetitos evolucionan y se complican transformándose en deseos y desembocando en una conducta social: el consumismo, característica de nuestras sociedades occidentales, de la llamada sociedad del bienestar.

Apetito y deseo, consumo y consumismos, satisfacción de la necesidad y bienestar; utilizan, básicamente, para su consecución, las mismos circuitos nerviosos y los mismos estímulos neuroendocrinos. ¿Dónde está la frontera entre animal humano y ser humano?

Para saciar los apetitos o necesidades los seres vivos nos procuramos un territorio externo en el que se encuentran los objetos que nos saciaran (alimentos, congéneres del sexo opuesto, etc..) pero a su vez hay otros individuos que compiten por saciar también sus necesidades. Esta lucha por el territorio es la responsable de:
  • La competencia, tan valorada en nuestros días,
  • La aparición del sentido de propiedad, que garantiza el usufructo permanente de un objeto, animado o inanimado,
  • Las jerarquías (la autoridad) y las clases, que rentabilizan la explotación del territorio garantizando la supervivencia de la especie sin que se de una lucha permanente intraespecífica y manteniendo un entorno de seguridad en relación al resto de especies. A pesar de las desigualdades en la distribución del territorio y sus recursos, que marca el surgimiento de las clases o castas, incluso a los individuos más desafortunados en el reparto, por sentido de seguridad, les interesa mantenerse dentro de la esfera de control del grupo y sus crueles jerarcas.
Por lo general, en el medio natural, la predación nunca es intraespecífica sino que se da sobre otras especies. Esta estrategia ha variado en la especie humana, en la que las guerras seculares, paradójicamente, han servido de comunicación y mestizaje entre los diferentes pueblos del planeta.

En este medio natural con territorios limitados, numerosos individuos de una misma especie luchan entre ellos y cohabitan con un sin fin de predadores que para saciar su apetito precisan, sin ninguna animosidad, comérselos. Tanta competencia lleva a los seres vivos a estrategias de luchar o huir para sobrevivir. Otra opción ante lo inevitable es la rendición o sumisión (hacerse el muerto) que como estrategia puede llevar al abandono de la presa por parte del predador y posteriormente, en un mejor contexto, a la huida y la supervivencia de la víctima. Esta opción, biológicamente viable, cuando es exitosa, la presa, una vez a salvo, puede liberar el estrés acumulado en el shock, por ejemplo, haciendo vibrar su cuerpo, y recuperar, de este modo, su tono vital. En el humano esta operación es mas compleja, pues después de un hecho traumático de esta índole, si no recibimos ayuda o aprendemos por nosotros mismos a liberar esa energía traumática retenida, podemos mantenernos colapsados de por vida. Son los inconvenientes de la civilización.

Los problemas surgen cuando vivimos en constante colapso, cuando no hay esperanza de saciar nuestra necesidad, y nuestra necesidad aprieta cada vez más y algo del exterior, ajeno a nosotros, nos impide saciarla. Ya no hay esperanza de resolver el conflicto y vivimos en constante displacer y punición. Vivimos con angustia y con el peso aplastante del sometimiento impuesto.


Tanto en este caso como cuando la situación de colapso e inhibición de la acción es temporal, entran en funcionamiento determinadas vías neuroendocrinas que nos hacer bajar el ritmo y entrar en estado de parasimpaticotonía, al contrario que en situación de lucha o huida en el que nuestro sistema nervioso responde a la alerta y la alarma con una respuesta simpaticotónica de acción.

El precursor de los estudios sobre el estrés, entendiendo el estrés como tensión en respuesta no específica del cuerpo frente a cualquier demanda, fue el húngaro Hans Selye (1907-1982). Selye tras largos años de estudio y experimentación con animales en laboratorio concibió en 1936 el Síndrome de Adaptación General o síndrome del estrés que explicaba numerosas patologías inespecíficas. Según esta teoría el cuerpo confronta un agente nocivo en un proceso que se subdivide en tres etapas:
  1. Señal de alarma y preparación de la lucha o huida.
  2. Resistencia ante el agente nocivo.
  3. Agotamiento. Tras una resistencia prolongada el cuerpo se agota y enferma.
El circuito neuroendocrino responsable de este síndrome era el eje hipotálamo-hipófisis- suprarrenal que finalmente acaba con el vertido de cortisol al organismo.

Estos estudios fueron retomados y profundizados por Henri Laborit (1914-1995) que en 1980 comunicó al gran publico sus teorías en la película de Alan Resnais «Mi Tío de América», premiada con la Palma de Oro en el festival de Cannes.

En la actualidad el controvertido doctor alemán Ryke Geerd Hamer, perseguido por la justicia de media Europa y condenado en Francia el 2004 a tres años de cárcel  por fraude y ejercicio ilegal de la medicina y rebajado por los medios de comunicación a la categoría de charlatán, también explica la enfermedad (con especial hincapié en el cáncer) como resultado de un conflicto biológico en el que se ven involucrados psique, cerebro y organismo como un todo. Este planteamiento, que el Dr. Hamer y sus seguidores denominan la Nueva Medicina, afirma que una vez superado el conflicto se resuelve la enfermedad y que la intervención médica debe ser mínima, debiéndose dejar a la naturaleza que actúe completando el proceso y restaurando, finalmente, el equilibrio y la salud. Este arriesgado abordaje terapéutico y la muerte de algunos paciente (siempre se magnifican  los fracasos y quedan en el olvido los éxitos), le ha costado al Dr. Hamer su inhabilitación y persecución policial, alentada por la ortodoxia médica y otros poderes fácticos interesados.

Por otra parte, retrotrayéndonos a las mas remota antigüedad, ya la medicina oriental relacionaba el psiquismo con los órganos o viceversa, y trataba los males del espíritu a través de manipulaciones, punciones, cauterizaciones y substancias naturales, pretendiendo con ello tonificar o dispersar determinados vectores energéticos ubicados en el cuerpo y alcanzar la armonía del yin y el yang en el seno del Tao vital.


El sistema de inhibición de la acción (SIA) según los estudios de Henri Laborit.

En el medio natural, inmersos en una intensa competencia intraespecífica e interespecífica territorial, es prioritario para cualquier individuo saciar sus necesidades vitales, entrando en una dialéctica de recompensa y punición de la que no se salva presa ni predador. Para funcionar en esta coyuntura nuestro organismo dispone de un sistema de activación de la acción (SAA), relacionado con el sistema de alerta (lucha o huida) y la búsqueda de recompensa, y un sistema de inhibición de la acción (SIA), preparado para calmar los mecanismos de la acción cuando se obtiene la recompensa y, en algunos casos, como defensa para evitar la destrucción definitiva del individuo en cuestión por parte de una presa o de cualquier otro competidor.

El conjunto del equilibrio endocrino es regulado por el sistema nervioso central (SNC), que a su vez depende de la relaciones del individuo con su entorno, natural y social. El mediador entre el SNC y el sistema endocrino es el hipotálamo.

Ante un estimulo interno de satisfacción de necesidad o externo de alarma se pone en funcionamiento nuestro SAA controlado desde nuestros sistema nervioso central por el fascículo de la recompensa (median forebrain bundle, haces neurológicos relacionados con el mecanismo de recompensa) cuyos mediadores químicos son las catecolaminas (neurotransmisores simpaticotónicos): la noradrenalina (hormona de la angustia, de la espera en tensión) y la dopamina. Si la acción resulta eficaz se memoriza la estrategia utilizada y se pone en marcha el sistema de recompensa, si la consecuencia ha sido luchar o huir entra en juego, a nivel de SNC, el sistema periventricular (estructuras encefálicas en torno a los ventrículos cerebrales) activándose la adrenalina (hormona del miedo) y la agresividad defensiva en respuesta a un estímulo nociceptivo exógeno. El sistema periventricular tiene como mediador químico a la acetilcolina (neurotransmisor con funcionalidad simpática y parasimpática). Si, finalmente, la estrategia defensiva ha sido ineficaz entra en juego el SIA que tiene como mediador químico (neurotransmisor) también a la acetilcolina junto con la serotonina. El sistema periventricular da la orden al hipotálamo que segrega un factor (CRF) activador de adenocorticotropina (ACTH) hacia la hipófisis que produce la hormona ACTH, que a su vez incide sobre las glándulas suprarrenales que vierten al sistema glucocorticoides (cortisol) en oleadas sucesivas.

La ACTH se puede liberar en dos situaciones:
  1. Cuando el sistema periventricular activa la acción para luchar o huir. La ACTH, aún antes del vertido de glucocorticoides, aumenta el funcionamiento motor facilitando esta estrategia. Por tanto la ACTH forma parte del SAA y del sistema de recompensa.
  2. Cuando el SIA entra en juego. Cuando la lucha o la huida son ineficaces pone en marcha, este sistema, el vertido de glucocorticoides.
Sólo es posible salir del circulo vicioso del SIA, que se retroalimenta constantemente con las oleadas sucesivas de glucorticoides, mediante una acción gratificante que permite restablecer el equilibrio interno y evitar el castigo. En ocasiones es mejor no reaccionar, someterse, que ser destruido por un agresor. La dificultad radica en que si este sistema de evitación no resulta inmediatamente eficaz y sus estimulo se prolongan, los ajustes biológicos que resultan de su funcionamiento constituirán el origen de toda patología. Los glucocorticoides destruyen el timo (fabrica de linfocitos T, claves en la defensa del organismo) favoreciendo la deficiencia del sistema inmunitario y la fragilidad del organismo: proliferación de células neoplásicas que evolucionan a cáncer, enfermedades infecciosas, enfermedades autoinmunes, destrucción de proteínas, dificultad para alcanzar el sueño reparador, fatiga, hipertensión arterial, estados depresivos, edematización, afecciones cardiovasculares, úlceras de estómago y otras afecciones psicosomáticas.

En experimentación con animales en laboratorio se ha observado que la agresividad mitiga el efecto negativo de la inhibición de la acción. Este efecto liberador de la agresividad nos puede permitir entender un poco mejor la proliferación de la violencia en nuestra sociedad humana planetaria que, en el tercer mundo mantiene interesadamente la pobreza y el subdesarrollo, y en occidente apoya un modo de vida alienante y represor de las pulsiones mas elementales.

En la línea de la agresividad, el deporte y la sexualidad producen un efecto similar cuando la inhibición de la acción es mantenida en el tiempo. Por otra parte también se ha observado que la creatividad ayuda a reducir estos efectos nocivos, aunque se puede entrar en un estado de disociación, de vivir en un mundo irreal, estado muy cercano a la psicosis. De hecho, estadísticamente, se ha comprobado que los psicóticos tienen menos incidencia de cánceres y patologías relacionadas con la inhibición de la acción.

Estos mecanismos naturales y su bioquímica llevó a pensar a finales de los 70 que la farmacopea era una panacea para la solución de las enfermedades psiquiátricas. Este enfoque mecanicista desconoce que el componente neuroendocrino solo es un nivel dentro de nuestra constitución, en la que se imbrica lo físico, lo psíquico (pensamiento y emoción) y lo espiritual. El prozac y, en general, las drogas no son la solución definitiva al problema, sólo un parche temporal que nos aleja del conocimiento de nosotros mismos y de nuestro propio crecimiento personal.

La insatisfacción, al parecer, es la fuente de todos nuestros males y tiene su válvula de escape en la violencia, el sexo, el ejercicio físico, la creatividad, etc.. Sólo buceando en nuestras profundidades podemos llegar al núcleo de nuestra insatisfacción que, en occidente, tiene que ver prioritariamente con nuestros conflictos y contradicciones en el eje integral de pensar-sentir-hacer. Este conflicto de la conciencia es general y endémico en nuestra especie y representa un obstáculo a superar en nuestra ulterior evolución, pero en el tercer mundo, por las características propias de estas sociedades humanas, ante todo prima cubrir las necesidades básicas y controlar los recursos naturales y económicos.

Desde esta perspectiva biológica, en la que la conducta animal y la humana son equiparables, salvando la distancias de las complejidades culturales propias de la especie humana y de nuestras particulares adaptaciones al medio: pensamiento reflexivo, lenguaje e imaginación, nos podemos plantear, en un contexto evolutivo, donde están los límites entre una animal humano y un auténtico Ser Humano. Sólo como propuesta y aproximación al tema nos atrevemos a esbozar algunas pinceladas de lo que, opinamos, definiría a un Ser Humano que sepa manejar sus pulsiones e instintos, sin reprimirlos ni ocultarlos en el sótano del subconsciente, pero sí integrándolos en un nivel de conciencia más desarrollado y globalizador:


  • Independencia y autonomía personal.
  • Solidaridad.
  • Tolerancia.
  • Compasión universal.
  • Conciencia mundicéntrica: visión global y actuación local.
  • Trabajo en equipo: cooperación no competición.
  • Respeto a la diferencia y a las minorías: la diversidad nos enriquece.
  • Conciencia ecológica.
  • Búsqueda del conocimiento como un fin en si mismo de naturaleza no económica.
  • Bienestar fundamentado en Ser no en tener (consumismo), crecimiento interior
  • No violencia y Paz, interior y exterior
  • Salud y educación integrada en cuerpo, mente y espíritu, etc…
Sólo cuando una mayoría cualitativa de nuestra especie sea capaz de construir una cultura y una sociedad basadas en esos parámetros se harán realidad los versos de Labordeta:

…habrá un día en que todos
al levantar la vista
veremos una tierra  
que ponga Libertad…