viernes, 22 de abril de 2016

Eurasia como eje del siglo XXI (I)

Esta intervención se realizó en el marco de la XXXIII Semana Galega de Filosofía que con el título de "Filosofía y Política" organizó el Aula Castelao en Pontevedra entre los días 27 y 31 de marzo. Contaba con el apoyo de varios gráficos que se han eliminado dado que el formato de página que utiliza el CEPRID no hace posible su visualización. El autor ha añadido las citas para su publicación.

He estado esperando la publicación del vídeo de la conferencia, para ver los interesantes gráficos y mapas que la acompañaron. Como ya tardan en colgarlos, reproduzco este artículo, que contiene la primera parte.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su último libro es Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial.





CEPRID



El título que se le ha puesto a esta intervención de la XXXIII Semana Galega de Filosofía os puede parecer irreal, arriesgado o factible. Es evidente que yo me sitúo en esta última posición. No sólo eso, voy un paso más allá y considero que es algo no ya factible sino que es una realidad que difícilmente se puede negar.

Antes de entrar en materia hay que partir de una premisa también incuestionable: el mundo cambia y Occidente ya no es el actor principal. Han surgido nuevos actores geopolíticos que han hecho que esta decadencia de Occidente sea ya irreversible.

Dado que el tema central de este año de la semana es “Filosofía y política”, voy a referirme a un filósofo y político que a mí me gusta bastante, Antonio Gramsci, cuando hace ya cien años definió de forma totalmente precisa qué es una crisis. Dijo que la crisis se produce cuando no viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer, por lo que en ese interregno se generan monstruos. Es evidente que hoy uno de los monstruos es la organización llamada Estado Islámico. Y yo añado algo más: otro de los monstruos es el mismo Occidente, alarmado ante esa pérdida de su hegemonía mundial y que actúa cada vez más como una fiera herida, lo que le hace cada vez más impredecible.

Que Occidente ya no tiene el protagonismo internacional que tenía, que pierde hegemonía casi cada segundo que pasa no es algo que diga yo así, alegremente, sino que es algo que reconoce el propio Occidente. Al menos, la Unión Europea que en la Conferencia Europea de Seguridad que se celebró este mes de febrero en Berlín dijo, entre otras cosas a las que luego me referiré, que “la alianza entre la UE y EEUU es hoy más débil y menos relevante que nunca”.

Volviendo a Gramsci, está claro que lo viejo que no termina de morir es Occidente y que lo nuevo que no termina por nacer está aún por definir en los términos sociales, políticos y económicos aunque ya se puede indicar que surge con unas premisas que son inconcebibles para Occidente: multipolaridad, no injerencia y diplomacia.

Si hay que establecer una fecha en la que esto pasa de ser factible a real es 2008, cuando como consecuencia de la crisis política, social, económica y moral de Occidente –y ahí está el caso de los refugiados como claro exponente- dos países vieron llegado su momento de ocupar un lugar preponderante en las relaciones internacionales: China y Rusia.

Como es lógico, esto no es algo que surgiese en el 2008 como las setas, por generación espontánea, sino que ya venía fraguándose de forma más o menos silenciosa hasta que en ese año se manifestó de forma abierta.

En el caso de China hay que remontarse a marzo de 1999. Ese año la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento chino, adoptó dos resoluciones clave en política exterior: el comienzo de una expansión de su política de alianzas fuera de la zona asiática, incluyendo como zonas preferentes África y América Latina, y el basamento de que ello tenía que enmarcarse en lo que se conoce como “consenso de Beijing” y que, en síntesis, consiste casi en las mismas líneas de actuación que están poniendo los nuevos actores geopolíticos que están desbancando a Occidente, es decir, la multipolaridad, la no injerencia y la diplomacia. La ANP consideraba que con el desarrollo de esta política en estos continentes llegaría en el año 2027 a la paridad estratégica con EEUU en todos los ámbitos, el económico, el político y el militar.

EEUU respondió a esta planificación con una acción inusual, pero lógica dentro de su concepción de la política exterior: bombardeó la embajada china en Belgrado. En ese año, en ese mes, estaba en pleno apogeo la guerra contra Serbia. EEUU ofreció tres versiones distintas de ese bombardeo, desde el error hasta que albergaba unas antenas desde las que el ejército serbio estaba eludiendo el control de sus comunicaciones por parte de la OTAN. También para evitar que las partes de un supersofisticado avión estadounidense que había sido derribado por los serbios fuesen entregadas a Beijing, somo así ocurrió después. Pero con ello EEUU propinaba un pescozón a China, algo así como decir, “¿de qué vas? ¿de verdad crees que puedes equipararte a mí?”.

Los chinos nunca olvidaron. En 2009, uno de los principales generales del Ejército Popular de Liberación lo reconoció de forma abierta diciendo: “fue una afrenta; entonces no podíamos devolver el golpe, pero ahora sí” (1).

El otro país que esperaba su momento era Rusia. Si no habéis leído el espléndido libro de Naomi KleinLa doctrina del shock”, hacedlo; el capítulo referente a Rusia es muy ilustrativo del saqueo a que fue sometido el país tras la desaparición de la URSS. La etapa de Yeltsin fue El Dorado para EEUU y, en menor medida, la UE. Hasta que en el 2000 llegó Putin a la presidencia. Entonces hizo dos cosas que supusieron que se convirtiese, hasta hoy, en la bestia negra de EEUU y la UE: paralizó las privatizaciones y se enfrentó a la oligarquía. Hay que decir que históricamente en Rusia ha habido dos sectores: los pro-occidentales, euroatlánticos, como se llaman a sí mismos, y los euroasiáticos. Esto ha sido así en la Rusia zarista, en la URSS y en la actualidad. Putin pertenece al sector euroasiático y a quien se enfrentó fue a los pro-occidentales y apoyó, y se apoyó, en la oligarquía euroasiática. Supongo que se recordará la campaña que llevaron a cabo EEUU y la UE cuando Rusia encarceló a uno de esos oligarcas pro-occidentales, Jodorjovski, que pretendía hacerse –y casi lo logró- con el control de uno de los recursos básicos de Rusia: el petróleo. Controlar el petróleo, eso pretendía Occidente, dejar sin columna vertebral a Rusia.

Los euroasiáticos lo entendieron a la perfección. Putin lo expresó muy gráficamente cuando dijo: “sólo una Rusia con pleno control de sus recursos energéticos y con la recuperación de sus aliados durante la etapa de la URSS hará posible mantener una Rusia independiente y con voz geopolítica”. Así que lo puso en marcha en su zona, sentando las bases para la Unión Económica Euroasiática (que está jurídicamente activa desde el 1 de enero de este año, estimándose en un total de 900.000 millones de dólares el intercambio comercial que moverá y de la que forman parte la propia Rusia, Bielorrusia, Kazajstán. Kirguizistán y Armenia); restaurando los lazos con su aliado tradicional en América Latina, Cuba, a quien condonó la totalidad de la deuda que la isla tenía con la URSS –lo que facilitó que Cuba hiciese de introductor de Rusia en América Latina-, y retomando las relaciones con sus aliados en Oriente Próximo. Pero aquí sólo tenía dos, Irak y Siria. Supongo que no hará falta recordar que lo primero que hizo EEUU tras la invasión y ocupación neocolonial de Irak, en 2003, fue no reconocer los acuerdos a los que había llegado el gobierno de Sadam Husein con Rusia y China en materia petrolera. Así que sólo le quedaba uno: Siria. En 2009 y 2010 Rusia y Siria firmaron acuerdos y convenios económicos por valor de 13.000 millones de dólares. Con el antecedente de Irak, los rusos no iban a consentir algo parecido y a lo mejor esto ayuda a entender el por qué del interés de Rusia en este país árabe, además de otros intereses geopolíticos.

La Organización de Cooperación de Shangai

Por lo tanto, China y Rusia estaban recorriendo unos caminos paralelos de claro enfrentamiento con Occidente y al constatarlo, terminaron confluyendo. Compartían intereses geopolíticos y una misma zona, Eurasia. La confluencia era inevitable. En 2001 dos países que llevaban años mirándose de reojo, desde el enfrentamiento ideológico por cómo había que entender el comunismo en los años 60, firmaron el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación. Pero ese año también EEUU dio un paso más con la guerra contra Afganistán, por lo que ya se situaba en una zona muy sensible para los dos países. Eso es lo que les incentivó para que, también en 2001, se impulsase la Organización de Cooperación de Shangai que desde que había sido creada, en 1996, languidecía.

La OCS tuvo dos objetivos iniciales: evitar el flujo de drogas desde Afganistán hacia los territorios de los países que la forman y dificultar las mal llamadas “revoluciones de colores” en Asia Central. El tema de las drogas es interesante porque una de las consecuencias desconocidas de la presencia occidental en Afganistán es que el cultivo de opio se ha incrementado hasta cifras desconocidas y que son muy superiores a las que había durante la etapa del gobierno talibán. La ONU lo reconoce así cuando dice que con los talibanes la extensión máxima fue de 94.000 hectáreas y que con los occidentales se llegó a las 193.000 y ahora está en las 224.000 hectáreas. El opio es fundamental para la heroína, y el consumo de heroína ha descendido en Occidente mientras que se ha incrementado en Asia, especialmente en India y en Pakistán (2).

Esta es una de las razones por las que tanto India como Pakistán, dos enemigos de siempre, decidieron incorporarse a la OCS, siendo admitidos como miembros de pleno derecho el verano pasado. Y por las que el propio Afganistán ha decidido convertirse en país observador dentro de la OCS: ya que Occidente ha sido incapaz de controlar el cultivo de opio, o más bien lo ha fomentado, a ver si quienes lo han combatido le ayudan a reducirlo.

Desde 2001 hasta 2012 la OCS ha ido ampliando su ámbito de intervención y, además de la cooperación militar, tiene competencias en aduanas, agricultura, comercio, tecnología y energía. Incluso ha llegado a hablar de moneda común y de tener su propio banco, que creo ya no seguirá adelante tras la constitución del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Si tenemos en cuenta que Irán será aceptado como miembro de pleno derecho de la OCS este verano, tendremos completo el panorama.

Hoy día la OCS es vital tanto para China como para Rusia, incluso para Irán, y eso preocupa a EEUU. Tanto que en 2012 elaboró una nueva Estrategia de Seguridad Nacional (3) en la que estableció como prioridad de su política exterior Asia. En esa ESN se decía que “los intereses estadounidenses están inextricablemente ligados a Asia” y que esos intereses estaban amenazados por Rusia, China e Irán. Esto mismo acaba de repetir, casi palabra por palabra, Hilary Clinton en uno de sus mítines a la presidencia. En esa ESN se dice también que “el surgimiento de China como potencia afectará a la economía de EEUU y nuestra seguridad”. Sin embargo, este giro hacia Asia ha tenido para EEUU una consecuencia o no prevista o minusvalorada: ha sido entendida por algunos aliados como Turquía o Arabia Saudita como una retirada de Oriente Próximo, lo que les ha llevado a actuar por su cuenta. También este dado tiene que ayudar a entender lo que está pasando en Siria, entre otros países árabes.

La cooperación estratégica entre China y Rusia

Al conocer la ESN y lo que ello conlleva, tanto China como Rusia dieron un paso más en su relación y afianzaron su acuerdo de cooperación estratégica. Rusia es una potencia militar y energética, como el petróleo y gas, mientras que China es un gran proveedor de productos y con una gran reserva de divisas. No es extraño que ahora los dos países hayan dado pasos espectaculares en cuanto al comercio bilateral, que ha pasado de los 63.000 millones de euros en 2011 a los 95.000 millones de euros en 2014, estimándose que para el 2020 ya habrá alcanzado la cifra de los 150.000 millones de euros.

Rusia ha vendido a China su sofisticado misil S-400, está ayudando a la modernización del ejército chino y está a punto de cerrar la venta de aviones Sujoi, que han tenido un escaparate perfecto en Siria. De hecho, además de los chinos, también India e Indonesia han manifestado interés en la compra de estos aviones.

Si a ello se añade el acuerdo gasístico que los dos países firmaron el año pasado, por el que durante un plazo de 30 años, renovables, Rusia va a convertirse en el proveedor del 30% del gas que necesita China, tendremos un cuadro mucho más claro de lo que este comercio representa y de que va más allá de una cuestión dineraria: es una relación estratégica entre los dos países. Estratégica porque Rusia es ya el principal proveedor de petróleo de China. En agosto del año pasado superó a Arabia Saudita. Esto tiene una explicación. Durante la campaña para agredir a Libia, los sauditas amenazaron –también lo han reconocido los chinos- con cortar el suministro de petróleo si China vetaba la guerra en el Consejo de Seguridad de la ONU. Esta es la razón por la que China se abstuvo, mientras que Rusia lo hizo por las desavenencias entre el entonces presidente, Medvedev, pro-occidental, y Putin.

El caso es que China, al igual que pasó con el bombardeo de su embajada en Belgrado, también aprendió y decidió buscar suministradores alternativos a los sauditas. Hasta ese momento, Arabia Saudita era el principal proveedor, seguido de Angola, de Rusia y de Irán. Ahora se han invertido los términos y aunque hay quien sostiene que los sauditas son el segundo proveedor de China, otros apuntan que ya lo es Irán. En lo que todos coinciden es que el que Rusia haya desbancado a los sauditas como principal proveedor de petróleo de China indica que la cooperación entre los dos países es irreversible.

Con ser esto importante, lo es aún más el hecho de que China y Rusia han acordado que la venta tanto de petróleo como de gas se puede realizar tanto en yuanes como en rublos. Es decir, se inicia de forma clara el proceso de desdolarización de la economía mundial, basada en gran parte en los petrodólares. No hay cifras aún de qué porcentaje del comercio bilateral entre ambos países ha sido en sus monedas, dado que esto se decidió en diciembre de 2014 y las cifras macro de 2015 no se conocerán hasta más o menos el verano de este año, pero las estimaciones apuntan que ha alcanzado el 6% del total y que para este año 2016 puede llegar al 13%. Además, ya hay experiencias piloto en ciudades fronterizas de China y de Rusia en las que se pueden utilizar tanto yuanes como rublos. Como digo, el proceso de desdolarización ya se ha iniciado.

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Notas:
(1) Alberto Cruz: “China inicia el cambio en la geopolítica internacional”


(3) Alberto Cruz: “La nueva estrategia de defensa de EEUU: el último intento por mantener el dominio mundial”

Las imposibles soluciones. Pérdida de legitimidad del sistema burgués (V)

Rodolfo Crespo analizaba en su largo artículo la imposibilidad de solucionar la crisis estructural dentro del sistema-mundo capitalista. Exponía una serie de razones para ello. Continúo ahora su (re)publicación (¡qué bien me suena esa palabra!)

La quinta razón expuesta por él tiene que ver con la liquidación del mínimo consenso que cualquier mecanismo de dominación necesita para imponerse. La clase dominante debe apoyarse, más que en la fuerza, en el despliegue de una ideología que muestre su dominio como algo beneficioso para el conjunto de la sociedad. Porque como dijo Talleyrand a Napoleón, cuando ya no podía estabilizar la situación en España, "las bayonetas sirven para muchas cosas, pero no para sentarse en ellas". Y alguien suficientemente atrevido recordó a Gengis Kan que  “se puede conquistar un imperio a lomos de un caballo. Pero no se lo puede gobernar desde el”.

Hoy, las capas de la población sometidas han perdido la fe en ese proceso de concesiones raquíticas que alimentaban su esperanza. La zanahoria no hace andar al burro: ya no quedan zanahorias.

"Ganar los corazones y las mentes" es el vano propósito proclamado por las fuerzas norteamericanas en sus guerras de conquista. Vano empeño, como vemos en todas las guerras que encadenan una tras otra, en esas operaciones de "justicia infinita", "libertad duradera", etc. El tejido ya no tapa y se descose. Por algo habla Fidel Castro de la importancia, desde ahora mismo, de ganar la batalla de las ideas.




5. Pérdida de legitimidad del sistema burgués ante las grandes masas del mundo 38 .

La economía-mundo capitalista es un sistema desigual, antidemocrático y polarizante; sin embargo ha podido sobrevivir más de 500 años y con notable éxito.

Pero, ¿qué es lo que ha permitido que un sistema histórico como el capitalista, que NO ha representado un progreso con respecto a los diversos sistemas históricos anteriores o contemporáneos a él, que los destruyó o transformó haya tenido, no obstante, un tan largo recorrido?.

La estrategia que han seguido los dueños del sistema-mundo capitalista para sostener un sistema tan injusto, del que no se beneficia y excluye a por lo menos un 80% de la población mundial, ha consistido en desplegar una geocultura basada en la idea del progreso y el desarrollo, hablando en nombre de todos cuando en realidad se beneficiaban solo unos pocos 39 .

Esa geocultura, que Immanuel Wallerstein ha dado en llamar liberalismo, pudo contener durante 200 años, entre la Revolución Francesa y 1968-1989, a todos aquellos movimientos antisistémicos que pudieron poner en peligro las estructuras de la economía-mundo capitalista.

No hay ningún sistema eterno, y la economía-mundo capitalista no lo es, las contradicciones propias de su desarrollo la erosionan; en otras palabras, quienes producían los valores y creaban las riquezas para otros pugnarían cada vez con mayor fuerza, organización e inteligencia por retener una parte cada vez mayor del valor producido (excedente); eso lo sabían los dueños del sistema, la cuestión radicaba a qué velocidad eso se produciría, cómo complacer a unos pocos, mientras el resto (la mayoría de la humanidad) seguía igual, aunque contentos, esperanzados en la ilusión de que también para ellos un día ese momento llegaría.

Los poderosos sabían que tenían que hacer concesiones, pero solo había que hacer las imprescindibles, las justas, haciendo énfasis en el ritmo: “ni muy rápido ni muy despacio, sino a la velocidad precisa” 40 , siendo “formalmente claros, pero sustancialmente ambiguos” 41  ya que como dice Wallerstein la única forma que tiene de sobrevivir la economía-mundo capitalista es la de “no cumplir con la retórica liberal” 42 , y coincidiendo con los conservadores (“porque los liberales, no eran en absoluto radicales”) en hacer toda la resistencia posible a las tendencias igualadoras, la creencia en que el cambio posible es muy poco y sobre todo (ya que no podía evitarse) hacerlo lo más lento posible, siguiendo “una política de postergación flexible de las contradicciones” 43 .

Sin embargo, ese proceso de concesiones raquíticas y pobre para la mayoría y muy controlado en el ritmo y la proporción para la minoría favorecida, “dependía de una visión ‘iluminada’ (como opuesta a una visión ‘restringida’) de los intereses de los estratos más altos. Esto a su vez dependía de una presión de fuerzas populares que fuese a la vez fuerte y controlada en su forma. Esta presión controlada por su parte dependía de la credibilidad del proceso para las capas más bajas. Todo está entrelazado: si se pierde credibilidad se pierde la presión en forma controlada. Si se pierde la presión en forma controlada, se pierde la disposición de los estratos superiores a hacer concesiones” 44 .

Pero, ¿qué es lo que ha ocurrido para que esa credibilidad, sobre todo después de “la revolución mundial anunciatoria y denunciatoria de 1968” 45 con continuación en 1989-1991, se haya esfumado?, ¿qué es lo que ha provocado que, después de hacer un tan largo recorrido (intermitente, pero continuo) el sistema-mundo capitalista“aceptado activamente por la mayoría de los cuadros y al menos pasivamente por la mayoría de las personas” 46 haya perdido su legitimación, quedando a la deriva de la historia?.

En primer lugar, hacia los años 70 del siglo XX coincidiendo con el final de la “onda larga expansiva” del cuarto Kondratieff, la economía-mundo capitalista parecía (como después se comprobó) haber llegado a su término. Wallerstein es muy claro al respecto: Hacia 1968 (y eso demostró la revolución mundial de ese año) “…la política del liberalismo –domesticación de las clases trabajadoras del mundo por la vía del sufragio o la soberanía y el estado de bienestar o el desarrollo nacional- habían llegado a su límite. Más derechos políticos y más redistribución económica pondrían en peligro el propio sistema de acumulación. Pero el límite se había alcanzado antes de que todos los sectores de las clases trabajadoras del mundo hubieran sido efectivamente domesticados por la concesión de una parte pequeña pero significativa de los beneficiados”.

La mayoría de los pueblos de las zonas periféricas y semiperiféricas todavía estaban excluidos…”

“… lo que 1968 representó fue el comienzo de la inversión de la hegemonía cultural que las capas dominantes del mundo habían ido creando y fortaleciendo con gran asiduidad desde 1848”.

Pero la erosión fue aún mayor en la izquierda, y significativamente adoptó la forma de desintegración de los regímenes liberal-socialistas. Tanto en las zonas periféricas como en las semiperiféricas, hasta los más ‘progresistas’ y retóricamente militantes de esos regímenes fueron manifiestamente incapaces de lograr algún grado significativo de desarrollo nacional; en respuesta, todos ellos, uno tras otro, con sus respectivos gloriosos pasados de lucha por la liberación nacional, perdieron su legitimación popular”.

El verdadero significado de la caída de los comunismos es el derrumbe final del liberalismo como ideología hegemónica. Los últimos que creyeron seriamente en la promesa del liberalismo fueron los partidos comunistas a la antigua del ex bloque comunista. Sin ellos que continúen defendiendo la promesa, las capas dominantes del mundo han perdido toda posibilidad de controlar a las clases trabajadoras del mundo a no ser por la fuerza. El consentimiento se ha desvanecido; y el consentimiento se ha desvanecido porque el soborno se ha desvanecido. Pero la fuerza sola, como sabemos por lo menos desde Maquiavelo, no permite a las estructuras políticas sobrevivir mucho tiempo” 47 . Y un sistema que no tiene legitimación no sobrevive.

Es decir, la “era de la esperanza y lucha por los ideales de la Ilustración” que fueron los años entre 1789 y 1945 vivieron en el último gran momento de apoteosis del liberalismo entre 1945 y 1989 una “era de realización, pero de realización falsa de las esperanzas de la Ilustración”; aquel famoso y publicitado lema de la Revolución Francesa de “libertad, igualdad, fraternidad” nunca se ha cumplido en la economía-mundo capitalista sencillamente porque no puede consumarse, el día que se realice como tal, ese día ya no existirá el capitalismo.

En la economía-mundo capitalista el sistema operaba para excluir a la mayoría (de los beneficios) mediante la inclusión de toda la potencial fuerza de trabajo del mundo en el sistema de trabajo, en una jerarquía vertical. Ese sistema de exclusión mediante la inclusión se fortaleció infinitamente por la difusión en el siglo XIX de una ideología liberal dominante que justificaba esa exclusión mediante la inclusión y que logró incorporar a la tarea incluso a las fuerzas antisistémicas del mundo. Felizmente, ésa era ha terminado” 48 . Pero con ellas también la legitimidad del sistema burgués ante las grandes masas del mundo.

Algunos dentro de la izquierda antisistémica vieron con notable preocupación, y algún signo de alarma el hecho de que Raúl Castro, en su visita al Vaticano en mayo de 2015, declarara que “Si el Papa sigue hablando como lo hace, tarde o temprano voy a empezar a rezar de nuevo y volveré a la Iglesia católica, y no estoy bromeando” 49 . No obstante, para tranquilidad de todos hay que decir que, pese a que la Iglesia Católica y todos los Papas, casi que con iguales palabras y semejante retórica, han dicho siempre lo mismo en relación a los pobres, la explotación de éstos por los ricos, y últimamente, del daño ecológico que inflige al planeta el régimen económico imperante, las palabras del ex guerrillero de Sierra Maestra, pese a su blandura ideológica, demuestran más las restricciones a las que se ven sometidos todos aquellos Estados, independientemente de cual sea su sistema socio-político, al incorporarse plena y totalmente a la división internacional capitalista del trabajo, que es lo que ocurre actualmente a Cuba, que a una renovación y/o revigorización de la esperanza de los pueblos en el discurso esperanzador e ilusionante de los movimientos antisistémicos del siglo XX, que es lo que la verbosidad abstracta y la oratoria vaga y muy general del Papa Francisco quiere reinstaurar, desde su llegada al poder, con su discurso apostólico.

Entonces, como los Estados del sistema-mundo capitalista dejan de tener algo que redistribuir, y como en las promesas de esperanza en un mundo mejor ya nadie cree (recibieron su tiro de gracia entre 1968 y 1989), la incitación a mantenerse en la legalidad pierde su eficacia, al agotarse la contrapartida y faltar el pastel concedido a cambio de la mansedumbre, sobreviene por lo tanto, una época aciaga, de caos, desorden y violencia (lo vemos ya casi en todas partes); pero sí como dice Marx, el dinero es asustadizo y “huye de los tumultos y las riñas y es tímido por naturaleza” 50 , el capital ha perdido el clima propicio para su reproducción como tal: la tranquilidad y el sosiego, y sin ellas le será imposible desarrollarse y propagarse; en resumen vivir, seguir existiendo. Estamos en esa época.

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Notas

 38 . Éste acápite constituye un resumen de la posición que al respecto sostiene la perspectiva de sistemas-mundo del compañero profesor Immanuel Wallerstein, el primero en anunciar y argumentar que la legitimidad de la economía-mundo capitalista estaba seriamente cuestionada; hoy la pérdida creciente de ésta ante las grandes masas y en todas partes es casi un hecho indiscutible e incuestionable.

 39 . Un solo ejemplo, en 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando en realidad la mitad de los estados que formaban el mundo en aquel entonces eran colonias o semicolonias, precisamente de países que habían aprobado dicho documento declarativo.

 40 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 151. En términos económicos diríamos, sin afectar la incesante acumulación de capital.

 41 . Ibídem.

 42 . Wallerstein, Immanuel. La decadencia del imperio. EE. UU. en un mundo caótico”. Editorial Txalaparta. Tafalla. España.2005. Pág. 255.

 43 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 215.

 44 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 109.

 45 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 163.

 46 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 149.

 47 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 239-241. Subrayados nuestros.

 48 . Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Editorial Siglo XXI. Sexta reimpresión 2011. Pág 246.

 49 . El Papa podría lograr que “vuelva a la Iglesia católica”, afirma Raúl Castro. Periódico La Jornada. 11 mayo 2015. Disponible en

 50 . Marx, C. El Capital Tomo I. Ed. de Ciencias Sociales. Ciudad de la Habana. 1980. p. 697.

jueves, 21 de abril de 2016

El espejismo de la clase media





Rebelión


El espejismo de la clase media es su creencia casi ciega, en gran parte de ella, de que en la sociedad capitalista actual se produce su desclasamiento y, por lo tanto, su alejamiento de los estratos más bajos de la estructura social.

A veces se dice que estar en el medio es una lucha constante en la indefinición y cuando hablamos en términos sociales posiblemente esto es una gran verdad. Se está por encima del empobrecido, y la mayor de las veces por encima de las empobrecidas, a quienes se mira con cierta suficiencia e incluso cierto desprecio por su consideración de inferior. Es posible que la razón principal de esta visión y actitud radique en el temor a caer en ese inseguro y precario territorio social de la pobreza. Por el contrario, se mira hacia arriba con cierta envidia, pero desde el convencimiento intimo y profundo de que por mucho que el capitalismo diga que es factible, es casi imposible el ascenso a la selecta clase de “los de arriba”. Y ante esa inseguridad permanente, la clase media se pretende a sí misma, se piensa fuera del sistema de clases, se desclasa en su espejismo.

Para ello, con ese fin del desclasamiento, es importante acomodarse en el refugio del crecimiento continuo, el desarrollo individual y el bienestar egocéntrico. Y todo ello en la inmediatez del presente. Se obviará el pasado, al considerar el mismo como vano, inútil; pero se ignorará igualmente el futuro, por la incertidumbre a la que éste aboca. Y así, no se planifica para las generaciones futuras, ni tan siquiera para los propios años venideros de cada uno, sino para el momento; el famoso eslogan de vive el momento, sin mirar atrás ni al futuro lejano, se hace consigna.

(...)

martes, 19 de abril de 2016

Una tesis geométrica. División pentagonal del plano

Todavía queda algo más por ver. Tras los últimos divertimentos  I ,  II  y  III  de mi persecución de las piezas simples del espacio cartesiano, acometo la recta final. Aquí está el enlace en que se puede descargar el capítulo siguiente.

Pues bien, sigue su justificación.

Las simetrías en el plano y el espacio son el fundamento para su parcelación ordenada, configurando estructuras repetitivas. El tema no puede agotarse en una tesis tan sucinta como la que comento en estos de artículos: quedan fuera muchas otras figuras, como los polígonos y poliedros estrellados. Yendo más allá, siempre me quedé con las ganas de profundizar en los politopos en dimensiones superiores a tres.

Ahora quiero presentar los dos últimos capítulos. En ellos me ocuparé de una cuestión que rondaba en alguna de las entregas anteriores. Porque si en las figuras que llenaban con regularidad el plano y el espacio aparecían simetrías binarias y ternarias, y derivadas de ellas también cuaternarias y senarias, ¿qué ocurre con las simetrías quinarias, que sin embargo, como hemos visto, aparecen en las divisiones de la superficie esférica? Porque efectivamente, sobre la superficie esférica y los poliedros que pueden proyectarse sobre ella, el pentágono juega un papel sorprendentemente parecido al del hexágono en el plano.

En el plano hemos hallado redes en las que había polígonos regulares de tres, cuatro, seis, ocho y doce lados. La simetría binaria aparece en todos, la ternaria en parte de ellos. Siempre el número de lados es divisible por dos, por tres o por ambos. De los números primos, aparte del dos y el tres, no hay más. No aparecen el cinco, el siete, el once... El nueve y otros múltiplos con más de un factor tres tampoco están presentes. ¿Por qué entonces fijarnos en el cinco y en el diez, su duplo inevitable por la omnipresente presencia del dos en la simetría de los polígonos regulares?

La razón es que el cinco y el diez aparecen sobre la superficie de la esfera y de los polígonos inscriptibles en ella. Sobre los balones de fútbol y en las cúpulas geodésicas, como ya hemos visto.

Vamos a ver que sí existen figuras relacionadas con el pentágono que son capaces de llenar el plano con sólo dos piezas simples, y también otras que, relacionadas con el dodecaedro, rellenan en condiciones similares el espacio. Eso sí: lo hacen con regularidad, en el sentido de que cumplen ciertas reglas simples, pero no con periodicidad, puesto que su forma de hacerlo es aleatoria, imprevisible e infinitamente variada.

El triángulo y el cuadrado pueden formar redes planas regulares, el hexágono es el último polígono de la serie regular que también puede hacerlo. El pentágono, en cambio, no puede: tres con un vértice común no llenan el ángulo completo, pero más de tres lo exceden, y hasta llegar a diez no volvemos a la posición de partida, después de dar tres vueltas alrededor del vértice:



Si ahora queremos obtener una red, desplazando la figura a un vértice contiguo, la tal red se nos complica y se hace más densa, especialmente si repetimos la figura completa alrededor del vértice de partida:



Dentro de esa red cada vez más tupida empezamos a descubrir ciertos rombos y caráteres, (me gusta imaginar que eran los que entretenían el alma de Merlín:



Los rombos son de dos clases, con ángulos agudos respectivos de 36º y 72º, y obtusos los suplementarios 144º y 108º. Dentro de ellos se agazapan los módulos buscados: sus ejes de simetría los dividen en cuatro triángulos rectángulos, con ángulos respectivos de 18º, 72º, 90º para uno y 36º, 54º, 90º para el otro; todos son múltiplos de a = 18º, lo que en función de a representa  a, 4a, 5a y 2a, 3a, 5a; obsérvese que son las dos formas posibles de dividir un ángulo recto en cinco partes y reconstruirlo como suma de dos ángulos múltiplos de ese quinto:



También podemos observar la aparición en la medidas de los rombos del enigmático número  F .

Ambos rombos pueden combinarse de infinitas formas para llenar el plano:



Aunque empleando uno solo esa variedad desaparece y lo que encontramos es una malla con un punto central, como aquí:



O aquí, empleando el otro rombo.



Bastaría añadir las diagonales cortas en la figura anterior para obtener el equivalente plano de algunas partes de una cúpula geodésica.

Desde luego, la variedad de vértices no es grande, y se reduce a 54 casos, resultado de descomponer el ángulo completo en partes múltiplos de 36º y 72º de todas las formas posibles. Estas son algunas:



Y aquí dejo otras:



Todas esas combinaciones de rombos alrededor de un vértice están en el enlace a la tesis que os he facilitado.

Sobre estos rombos, estudiados por Roger Penrose, encuentro algunos enlaces a la revista Investigación y Ciencia:

Los embaldosados de Penrose

Perovskitas


Pintura al óleo de Urs Schmid (1995) relativa a la teoría de Roger Penrose.






















sábado, 16 de abril de 2016

Sentirnos Tierra. El “extractivismo” en tiempos de resaca

No pretendo escudriñar en el sentido más metafísico y funerario de la expresión "somos Tierra", que a fin de cuentas imagina la vida como un paréntesis dentro de cuya duración "no somos tierra", cuando es bien cierto que también lo somos a lo largo de toda nuestra existencia.

Es el pensamiento religioso el que establece esa separación tajante, en la que por una eternidad seremos alma y sólo indirecta y temporalmente somos cuerpo. Es el mismo pensamiento que engañosamente concede al hombre la posesión y explotación de la Tierra por mandato divino.

Esta idea religiosa se acomoda a la perfección con el espíritu del capitalismo. Pero ya es hora de abandonar esa visión antropocéntrica. Los límites de la explotación posible ya están aquí. Por eso mismo la dinámica del sistema, en su lucha por mantenerlo el mayor tiempo que le sea posible, recurre a nuevas formas de explotación de la naturaleza y del hombre no convencionales.

Por eso este sistema agotador y senil, colonizador de los cuerpos y tanto o más de las almas, debe dar paso a una concepción del mundo diferente, inseparable de la realización práctica de otra forma de entenderlo y de entendernos a nosotros mismos.

En los países económicamente colonizados, la contradicción entre avance social para salir del sistema y avance económico dentro de él parece haber llegado a un punto de ruptura. Dentro de la lógica de la mercancía, era su naturaleza lo único que podían vender, pero en un marco de contracción planetaria la demanda menguante ya no les permite un imposible crecimiento. Mientras, los países ricos intentan seguir creciendo sobre la base de una intensificación de la explotación, en la doble dimensión de los territorios y las personas por un lado, de la naturaleza y el trabajo por otro. Explotación de la periferia geográfica y de la periferia social.

Es el capitalismo en una fase terminal, devorando las partes de su misma estructura a las que es menos sensible para mantener mientras pueda sus centros vitales.

Cuando los países periféricos que cayeron en la trampa del extractivismo se hallan en un callejón sin salida, comienzan a caer en la cuenta de no haber sabido, o no haber podido, aprovechar el corto tiempo de que disponían para una transformación radical de los modos de hacer y de los modos de pensar.




La naturaleza americana y el orden colonial del capital


Rebelión

(...)


Ineludiblemente, lo que crece con el crecimiento (del PBI, de las inversiones, de los empleos, y aún de los salarios y el consumo popular) es el capitalismo. El crecimiento no nos saca ni nos aleja de éste; sino que nos hunde cada vez más en sus fauces necro-económicas. Nuestro crecimiento, el de nuestras economías latinoamericanas, es el crecimiento específicamente del capitalismo periférico-colonial-dependiente. Por tanto, es la profundización de las condiciones histórico-estructurales de súper-explotación (Marini, 1973); de depredación de la Tierra y de los Cuerpos como materia prima para la realización de la acumulación global. Nuestro crecimiento no nos alejó del capitalismo, sino que fue funcional a su reactivación e intensificación. No sólo en términos macro-geopolíticos, ya que el boom de los commodities alimentó el crecimiento industrial chino, como locomotora del mundo; sino también en términos micro-bio-políticos, pues la expansión del consumo opera como una gran fábrica de producción capitalista de subjetividades, de sensibilidades y sociabilidades hechas cuerpos, donde las formas de percepción de la realidad, los modos de estructuración de las relaciones sociales y hasta los modos de pensar la propia vida, los sueños, los deseos y el sentido de la existencia, están completamente mediados y colonizados por la lógica fetichista de la mercancía.

La expansión de la fiebre consumista, lo sabemos, provoca estragos en las energías revolucionarias. Cuando la forma mercancía se convierte en portadora de la felicidad; cuando el acceso a éstas es tomado como indicador de “bienestar social”; cuando el universo de los ideales políticos, las máximas aspiraciones libertarias, igualitarias y de justicia, se reducen drásticamente a la aspiración minimalista de ‘participar’ en el consumo de mercado, es cuando ya hemos perdido completamente el rumbo y hasta el sentido de la vida.

Nuestras críticas a los gobiernos progresistas en modo alguno buscaron “hacerle el juego a la derecha”; todo lo contrario. Simplemente procuraron remarcar que hablar de “capitalismo salvaje” es una tautología y que predicar el “capitalismo humanizado” es un oxímoron. El capitalismo no admite adjetivaciones; es simplemente eso: un régimen de relaciones sociales que opera la fagocitosis de las energías vitales como medio para la acumulación pretendidamente infinita del valor abstracto. En ese proceso consume la vitalidad de la Tierra y la humanidad de lo humano.

Ahora, que se vienen de nuevo tiempos de “ajuste y recesión” bien vale la pena recordar lo que dijimos en tiempos de auge y expansión: el neoliberalismo no es apenas sinónimo de privatizaciones, ajustes, recortes de salarios y de las políticas sociales. El neoliberalismo es una fase del capital cuya característica central está dada por el predominio de procesos de acumulación por despojo (Harvey, 2004), vale decir, por la intensificación de las dinámicas de mercantilización mediadas por múltiples y crecientes recursos de violencia. El neoliberalismo es, ni más ni menos, que el capitalismo en su fase senil; la era de la acumulación en tiempos de agotamiento del mundo y de crisis terminal de las energías vitales, tanto las primarias (que brotan de la Tierra) como de las sociales (que surgen y se movilizan por el trabajo).

Precisamente porque la economía política de la devastación (Foster, 2007) ha llegado a sus límites, la fase del extractivismo neoliberal implica el inicio de una nueva era: la era de la explotación no convencional. Es que las formas convencionales de la explotación (tanto de la fuerza de trabajo-naturaleza interior, como de la Tierra-naturaleza exterior) han tocado fondo. Es el agotamiento de las formas neotayloristas de disposición de los cuerpos y extracción de las energías sociales; es el agotamiento de las formas convencionales de extracción de energías en sus formas primarias (petróleo, minerales, nutrientes, proteínas). Es, por consiguiente, el inicio de nuevos regímenes de trabajo/tecnologías de extracción de plusvalía y de nuevas tecnologías de extracción y súper-explotación de los “recursos no convencionales”: la era de la del fracking, del shale-oil y el presal; de la minería hidro-química a gran escala; de las mega-plantaciones también químicas y carburíferas; la era de la transgénesis y de la intervención mercantilizadora sobre las estructuras microscópicas de la vida (nanotecnología) así como de las geo-ingenierías y los mercados de carbono, oxígeno, fósforo, nitrógeno, etc. Bajo esta dinámica, el capital avanza creando nuevos regímenes de naturaleza (capital natural) y nuevos regímenes de subjetividad (capital humano), cuyos procesos de (re)producción se hallan cada vez más subsumidos bajo la ley del valor. Ese avance del capital supone una fenomenal fuerza de expropiación/apropiación de las condiciones materiales y simbólicas de la soberanía de los pueblos; de las condiciones de autodeterminación de la propia vida. Y todo ello se realiza a costa de la intensificación exponencial de la violencia como medio de producción clave de la acumulación.

(...)

De la cuestión de fondo a lo fundamental. Pensar-nos Tierra como clave para re-orientar nuestras luchas emancipatorias.

La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; es decir, la naturaleza en cuanto no es el mismo cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantenerse en un proceso constante, para no morir. La afirmación de que la vida física y espiritual del hombre se halla entroncada con la naturaleza no tiene más sentido que el que la naturaleza se halla entroncada consigo misma, y que el hombre es parte de la naturaleza” (Karl Marx, Manuscritos Económicos Filosóficos de 1844).

Salvo notables excepciones, el pensamiento tradicional de izquierda y el marxismo ortodoxo en general ha tendido a priorizar la opresión de clase por sobre la explotación de la Naturaleza, como si fueran dos problemáticas distintas e inconexas. Sin embargo, este tipo de razonamiento está en abierta contradicción con la ontología materialista de Marx, que al pensar los fundamentos de la realidad, en lugar de la conciencia, del Sujeto o del Objeto, parte del cuerpo. En efecto, para Marx, “La primera premisa de toda la historia humana es la existencia de individuos humanos vivos. El primer hecho a constatar es, por tanto, la organización corpórea de esos individuos y la relación por eso existente con el resto de la naturaleza (Marx y Engels, 1974: 19).Se trata de una premisa fundamental sobre la que se edifica todo el pensamiento filosófico, antropológico y político de Marx.

Pues, en primer lugar, partir de los individuos humanos vivientes, implica, ante todo, negar radicalmente toda separación entre Naturaleza y Sociedad y rechazar todo antropocentrismo. O, si se prefiere, supone partir de la afirmación básica de que el ser humano es naturaleza. La materialidad del cuerpo remite indefectiblemente al enraizamiento histórico-material que lo humano tiene respecto de la Naturaleza en general. Una perspectiva histórico-materialista –como la que propone Marx- nos lleva a reconocer que, históricamente, venimos de la Naturaleza: somos parte del proceso natural de irrupción, despliegue y complejización de la materia en el transcurso geológico de la vida en el planeta. Y que fisiológicamente, dependemos de la Naturaleza: los cuerpos humanos vivientes (naturaleza interior) tienen una relación de dependencia existencial con el conjunto de seres vivos y de factores y condiciones biosféricas de la Tierra (naturaleza exterior). La Tierra -como sistema viviente- nos excede, nos precede y nos contiene absolutamente. Nuestra vida es estructural y funcionalmente dependiente de una sistemática e ininterrumpida vinculación material con el resto de la Naturaleza en general. Por tanto, lo humano no puede ser escindido de la naturaleza; no puede ser pensado o concebido como algo exterior, ajeno o contrapuesto a la naturaleza.

En segundo término, al partir de los cuerpos, Marx coloca la cuestión de la vida -la problemática de los individuos humanos vivientes- en la base de su construcción teórica y en el centro de sus preocupaciones políticas. A diferencia del idealismo, del empirismo naturalista y del materialismo mecanicista (cada uno, en sus diferentes variantes), Marx no concibe el mundo ni como “idea” ni como “cosa”, sino como vida-práctica. En Marx, lo real es lo vivo en cuanto tal: el conjunto de procesos práctico-materiales a través de los cuales acontece la vida en general; y también, en particular, la vida humana, como una expresión histórico-específica de aquella.

Así, la centralidad del cuerpo, en cuanto permite despejar la ficción idealista de todo antropocentrismo, es fundamental para una epistemología política que se piensa en clave de emancipación y realización plena de la Vida. Pues, cuando lo que ocupa el centro de nuestras preocupaciones epistémicas y políticas es la vida plena de los seres humanos vivientes, no hay lugar ahí para sustentar la falacia del antagonismo de “el hombre” vs. “la naturaleza”. Por el contrario, se hace evidente que, en realidad, la contradicción Capital vs. Trabajo, no es anterior ni exterior, a la contradicción Capital vs. Naturaleza-Vida; que no se trata de dos contradicciones (O´Connor, 2001), sino pues solo de una única gran contradicción fundamental, en la que la dinámica necro-económica del capital supone (y requiere) sacrificar la vida (en la radicalidad de sus fuentes y en la diversidad de sus formas y manifestaciones) en el altar del valor abstracto. Se hace, en definitiva, manifiesto que el encarcelamiento de la Tierra –a través de la propiedad- es el primer eslabón de los grilletes que encadenan al Trabajo.

Así, la crucial cuestión de la liberación humana (de las ataduras del capital) requiere hoy, más que nunca, en los umbrales del Siglo XXI, re-pensar la Tierra. Re-pensar la Tierra como cuestión vital-fundamental, es re-pensarla y re-descubrirla como Madre. Y es también re-pensar-nos a los seres humanos, como ontológicamente hijos de la Tierra; seres terrestres, en el sentido existencial de que no sólo vivimos apenas sobre la Tierra y de la Tierra, sino que literalmente somos Tierra. Precisamos, de modo urgente, volver a saber-nos y, sobre todo, sentir-nos Tierra.

Pues, si la (in)civilización del capital ha llegado tan lejos en la devastación y denigración de la Vida, es precisamente porque no sólo ha crecido y se ha mundializado declarándole la guerra la Madre-Tierra, sino porque además, decisivamente, ha sido muy eficaz en la creación de sujetos-individuos que no se conciben como hijos-de-la-Tierra, sino que la sienten y conciben desde la exterioridad, la superioridad y la instrumentalidad. Individuos que creen y que sienten que viven del dinero y no de la Madre-Tierra; que conciben el progreso y el desarrollo de lo humano, en términos de dominio y explotación presuntamente infinita de los “recursos” de la Tierra.

Frente al escenario de barbarie mundializada y diversificada que nos ofrece el siglo XXI, tras más de cinco siglos de “desarrollo capitalista”, necesitamos, de modo urgente, re-pensar la Tierra para re-orientar el horizonte y el sentido de nuestras luchas emancipatorias.

Re-pensar la Tierra como Madre no es romanticismo pachamamista ni oscurantismo anti-científico. Si bien sí es una afirmación efectivamente pre-científica (en el sentido de que se trata de un saber humano cuya articulación como tal antecede históricamente a la propia constitución de la ciencia, como régimen hegemónico de producción de conocimientos), se trata, sin embargo, de una verdad fundamental, no sólo en el más profundo sentido filosófico, sino también en el más riguroso sentido científico. Re-conocerla como tal y adecuar a ella nuestros modos de vida, nuestras instituciones, nuestras subjetividades, es decir, nuestros cuerpos y nuestros sueños, nuestras formas de concebir, percibir, pensar, sentir y vivir nuestro lugar en el mundo, es quizás, el mayor desafío pedagógico-político que afrontamos como especie, en un momento donde el camino de la emancipación se ha tornado, ni más ni menos, que el camino por la sobrevivencia; la sobrevivencia, al menos, de la humanidad de lo humano. Si las fuerzas de izquierda no asumen como propio este desafío, ¿entonces quiénes?

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Harvey, D. (2004) “El ‘nuevo’ Imperialismo: acumulación por desposesión”. En Socialist Register N° 40, “El Nuevo Desafío Imperial”. Clacso, Bs.As.

Foster, John Bellamy (2007) “A ecologia da destruição”. O Comoneiro N°4, Marzo de 2007. http://www.ocomuneiro.com/nr04_01_JOHN_BELLAMY.html

Marini, Ruy Mauro (2013) [1974] “Subdesenvolvimento e revolução”. Editora Insular, Florianópolis. 

Marx, K. y Engels, F. (1974) [1846] “La ideología alemana”. Ediciones Grijalbo, Barcelona.

O’Connor, James (2001) “Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico”. Siglo XXI, México.