domingo, 20 de mayo de 2018

El timo de la deuda y el capital ficticio

Bajo el título común "El timo de la deuda soberana", hace ya un tiempo que recogió el portal Rebelión dos artículos consecutivos. El primero denunciaba el papel de los bancos centrales y su papel como representantes, no de los Estados, sino de los intereses de los bancos privados. El segundo explicaba la creación "de la nada" que hace la banca de dinero fiduciario cada vez que concede un préstamo. Basta un apunte contable para que el peticionario "tenga allí" un dinero que va desapareciendo de nuevo conforme lo va amortizando, pero con un pago de intereses que sí es real, puesto que procede necesariamente de su actividad.

De hecho, el dinero físico en circulación supone una cantidad ínfima del movimiento que se realiza a través de los bancos. Es el que cada mañana retira el cliente para gastarlo enseguida, y que retorna inmediatamente, ingresado por el comerciante, para ser extraído otra vez del cajero. De hecho, para retirar una cantidad relativamente importante en billetes hay que esperar, porque no está disponible.

El coeficiente de caja y otros mecanismos de redistribución de un escasísimo dinero físico son una demostración de lo ficticio de la mayoría se los movimientos bancarios.

El mecanismo especulativo no crea riqueza, pero extrae toda la que puede de la economía real, y la emplea en un consumo rentista que de todos modos no puede suplir el menguante consumo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo humano.

Con cierta melancolía hemos de contemplar este mecanismo de defensa desesperada de un capitalismo que se agota; que fue visto, y sobre todo se vio a sí mismo, como motor inagotable de la economía, creador de una riqueza que se desbordaría por toda la sociedad, y que choca con los límites del crecimiento, que lo hacen "crecientemente" (¡paradojas del concepto!) insostenible.


Neoliberalismo y bancos centrales
El salmón contracorriente

"El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas" (Alejandro Nadal)

Deudocracia

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Todo el armazón superestructural del capitalismo contemporáneo –el FMI, el BIP y la furibunda embestida de las huestes neoliberales surgida del inveterado Consenso de Washington y esparcida a los cuatro vientos por la miríada de cabilderos y think tanks que difunden profusamente el evangelio- se fundamenta, cual dogma de fe de la ortodoxia y máxima primordial de la gestión responsable, en el principio de independencia de la banca central.

Costas Lapavitsas resume, muy didácticamente, el fondo del asunto: “Los bancos centrales han cobrado más prominencia, reforzados por una independencia tanto legal como práctica. Miran con benevolencia el exceso especulativo financiero, mientras movilizan recursos sociales para rescatar a los financistas de la crisis”.

En una iluminadora entrevista, con la suficiencia y el cuajo del que no rinde cuentas ante nadie, Alan Greenspan, gobernador de la Reserva Federal de Estados Unidos hasta poco antes del crack de 2007 –el mismo que, cumpliendo su papel de fiel escudero de Wall Street, alimentó la megaburbuja inmobiliaria estimulando el festín de ‘derivados’ y la desregulación financiera de los días de vino y rosasexplica, en román paladino, el orden de prioridades: "¿Cuál es la relación adecuada lo que debería ser la relación adecuada entre el gobernador de la Fed y el presidente de los Estados Unidos?"

Respuesta: "En primer lugar, la Reserva Federal es una agencia independiente. Y eso significa, básicamente, que no hay ninguna otra agencia del Gobierno que pueda anular las acciones o decisiones que tomamos. Mientras que cada uno esté en su lugar –y no hay evidencia de que la administración o el Congreso o cualquier otra persona esté solicitando que hagamos las cosas de manera distinta a lo que nosotros creemos que es lo más apropiado–, entonces, el tipo de relación que haya, francamente, no importa en absoluto”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

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El otro lado del Atlántico 

Mientras tanto, en las ruinas de la vieja Europa, el “guardián del euro”, surgido del conciliábulo neoliberal del Tratado de Maastrich como copia depurada de su “padrino” estadounidense, es el ejemplo más aquilatado de este distópico paradigma. En aras del sagrado principio de “independencia” y de la preservación de su autonomía de cualquier instancia de control democrático, tiene taxativamente prohibido financiar directamente a los gobiernos de la zona euro –el sacrílego papel de prestamista de último recurso. Son los bancos y las instituciones financieras privadas –¿les suena? las que gozan del “escandaloso privilegio” –Eric Toussaint dixit del monopolio del crédito al sector público. Así resume Toussaint el recurrente cambalache: “Desde 2010, el BCE compra títulos de la deuda pública en el mercado secundario: no los compra directamente a los Estados sino a los bancos que, a su vez, los compraron en el mercado primario a los Estados, y que no saben cómo desembarazarse de ellos. (…) Si el BCE comprase títulos públicos en el mercado primario, se aportaría una financiación directa a los Estados”. Carlo Vercellone explica el punto clave: “El resultado es que en la eurozona los Estados se encuentran privados de la existencia de un prestatario de última instancia y dependen de los mercados para su financiación. De este modo ha podido instalarse el gobierno de la renta a través de la deuda soberana, un gobierno ya explícito que dicta las políticas económicas de austeridad y de expropiación de las instituciones del bienestar social”.
(…) 


Los manuales de economía ni siquiera mencionan estos hechos. La función del banco central es envuelta en una “música celestial” –búsqueda de la estabilidad de precios, pleno empleo (excepto en el caso del ultraliberal BCE, que ni siquiera incluye este objetivo “social” en su mandato), operaciones de mercado abierto, emisión de moneda de curso legal, fijación del tipo de interés, ajuste de los coeficientes de caja y reservas de la banca privada y suministro de liquidez para el “normal” funcionamiento del mecanismo de pagos que disuade al lego con su jerga pseudocientífica y encubre eficazmente de aséptica neutralidad su función real.

Nada más lejos de la realidad. Como explica Michael Hudson,La FED, otras agencias gubernamentales, Wall Street y el resto de la banca central post-telón de acero forman parte de un sistema de conjunto. Ha de verse cada agencia en el contexto de ese sistema y de sus dinámicas. Y esas dinámicas son dinámicas de polarización social que echan su raíz, sobre todo, en mecanismos financieros”.

Murray Rothbard, autor de una famosa filípica contra la FED, resume, en fin, el núcleo del asunto: “De hecho, este es el papel que justifica su existencia: apoyar a la banca comercial privada, ayudándoles a inflar dinero y créditos, aportando reservas a los bancos, y sacándolos de apuros cuando se encuentran con problemas”.

La función esencial de la banca central moderna –“al fin y al cabo, consorcios de bancos privados con la bendición del Estado” es pues potenciar la expropiación financiera característica de la matriz de la acumulación de la fase neoliberal a través del “imperio de la renta” que sustenta la condición de las finanzas privadas como máquina de captura predatoria de la riqueza social. Pero son sólo los mamporreros de la gran “manguera de succión” financiera: su vórtice real reside en otro lugar.


Desmontando mitos neoliberales



“El proceso de creación de dinero por los bancos es tan simple que repugna a la mente. Tratándose de algo tan importante parece que un mayor misterio sería lo adecuado” (John Kenneth Galbraith).

“El problema es que nada de eso está incluido en el currículum académico. Y el silencio de los principales medios de comunicación, la incapacidad de los mismos para informar de esos asuntos, o aun para reconocerlos, hace que resulten invisibles, salvo para sus beneficiarios, que son quienes manejan el sistema”. (Michael Hudson).

Out of thin air

El mecanismo de generación masiva de deuda pública a mayor gloria de las cuentas de resultados de los mastodontes de las finanzas palidece ante la función neurálgica que cumple en el sostenimiento de la rentabilidad del sistema de la mercancía la creación de dinero-deuda (“es tan colosal el expolio y está tan bien escondido que casi resulta hermoso”) por parte del sistema bancario.

En un entorno de dinero-papel fiduciario (sin respaldo metálico) “el abandono de la convertibilidad del dólar en oro –el Nixon Shock en 1971 eliminó la última válvula de seguridad, el último anclaje en la acumulación real” y ante la declinante  tasa de ganancia del capitalismo en la fase neoliberal, la creación de dinero-deuda es el fulcro neurálgico del entramado que permite el sostenimiento del "encarnizamiento terapéutico" que –en la feliz metáfora de Anselm Jappe el actual estado de la acumulación de capital provoca en el cuerpo social.

La matriz económica actual deviene pues una distopía cuyo núcleo reside en el “crédito a muerte” del que habla Jappe para extraer crecientes réditos de los ingresos reales de la ignara masa laborante a través del flujo continuo de intereses, comisiones y demás exacciones financieras. Michael Hudson describe la esencia del proceso: “Fundar la política nacional en el sueño ilusorio de servir intereses por la vía de tomar prestado dinero a cuenta de unos precios de activos más y más hinchados”.

Obviamente, el huero discurso de los sacristanes que propagan el credo neoliberal soslaya convenientemente tales extremos.

La "música celestial" de la teoría económica convencional sostiene que los bancos desempeñan una simple función de “intermediación de fondos prestables” –la sempiterna teoría de la banca de reserva fraccionaria y el multiplicador de los depósitos, dogma de fe en los cenáculos de la academia y en los palafreneros de la prensa especializada. Reciben depósitos de los ahorradores y les pagan una tasa de interés. A continuación, prestan esos mismos recursos a los agentes que quieren invertir en una empresa productiva o adelantar una decisión de consumo. Del diferencial de tasas de interés provienen sus beneficios.

Hasta aquí la cantinela con la que son torturados los estudiantes de economía mientras sufren la lobotomía intelectual con la que se les “obsequia” en las facultades y escuelas de negocios del mundo entero. Como precisa rotundamente Nadal: “Todo lo anterior es un cuento de hadas que poco tiene que ver con la realidad. Primero, en el mundo real los bancos proveen financiamiento mediante la creación de dinero. Los bancos ofrecen préstamos, pero no necesitan tener en sus bóvedas los fondos necesarios para otorgar crédito. Ni la disponibilidad de ahorros de recursos reales ni la disponibilidad de reservas del banco central limitan la concesión de préstamos y creación de depósitos. La causalidad se invierte: los préstamos hacen a los depósitos, no a la inversa. Se estima que el 95% del dinero circulante es creado por la banca privada a través de la generación de préstamos”.

Incluso la palabra préstamo es engañosa en este contexto: se presta lo que se tiene y el banco no tiene lo que dice prestar. La promesa de pago es suficiente para poner en circulación nuevos billetes que antes no existían. Aunque a mucha gente le parezca increíble, el banco no tiene el dinero que “presta”, lo que sí tiene es el poder legal para crearlo”.

“El engaño consiste en que prácticamente no hay dinero real en el sistema financiero, sólo deudas”. La moneda tangible (billetes y monedas del banco central, que no representan deuda) supone únicamente un 3% del dinero circulante. El resto sólo existe como entradas de datos en pantallas de ordenador y fue creado por los bancos en forma de préstamos que reportan jugosos intereses.

Martin Wolf, en un artículo en el tótem de la ortodoxia financiera –el tabloide británico Financial Times– lo expresó meridianamente: “la esencia del sistema monetario contemporáneo es la creación de dinero, de la nada (“out of thin air”), por los préstamos a menudo insensatos de la banca privada”. ¿Por qué no crece el dinero así creado hasta el infinito? Porque el dinero creado por un banco al otorgar un crédito se extingue cuando el crédito es pagado.

La inferencia lógica es de una relevancia abrumadora: los bancos crean dinero para el crédito pero no para los intereses. Éstos se tienen que pagar con más créditos y más extracción de riqueza real, lo que convierte la espiral de la deuda y la sobreexplotación laboral en las conditio sine qua non de la actual fase parasitaria de la acumulación de capital no hay crecimiento sin deuda creciente y, a la vez, en su límite principal.

La pasmosa (ahora se entiende mejor la frase inicial de Galbraith) conclusión es que un banco no quiebra por falta de devolución de préstamos (el banco que pierde un crédito no pierde nada –sólo deja de ganar los intereses ya que el crédito no es dinero de los ahorradores sino creado como apunte contable) sino por el efecto combinado del cese de la demanda solvente de crédito, la fallida de titulizaciones –activación de “eventos de crédito”, que obligan a indemnizar a los inversores en cédulas hipotecarias y demás derivados financieros y la insolvencia y descapitalización derivadas de la depreciación de los activos colaterales –toneladas de ladrillo y suelo desvalorizados provocada por un shock de demanda y la consiguientemente abrupta caída de los precios inmobiliarios.

Algunos curiosos y aparentemente marginales acontecimientos vienen a refrendar, muy didácticamente, el fantástico mecanismo de la alquimia financiera.

En 1969, según relata Nadal, una insólita sentencia judicial en el Estado de Minnesota emitió potentes ondas sísmicas contra los cimientos del negocio bancario basado en la creación de dinero ex nihilo. El señor Daly –tras retrasarse en las cuotas y recibir la subsiguiente demanda de la entidad bancaria acreedora reclamó paralizar la ejecución de su hipoteca y el consiguiente “lanzamiento” de su vivienda –en España, sin dación en pago, se habría quedado además con la deuda restante de por vida con el inverosímil argumento de que el banco “no había usado dinero real, sino virtual, para efectuar el préstamo”. Sin amilanarse por la indiferencia  displicente del tribunal y los miembros del jurado ante su peregrina demanda, el abogado Daly contó con un apoyo inesperado: “en el proceso fue llamado a declarar el señor Lawrence Morgan, presidente del First National Bank of Montgomery. En su testimonio declaró que, en efecto, su banco había creado íntegramente los 14 mil dólares al inscribir una entrada en su contabilidad acreditando dicha suma al señor Daly, tal como si éste hubiera realizado un depósito por esa cantidad. En las curiosas palabras del funcionario del banco, ‘tanto el dinero como el crédito comenzaron su existencia cuando fueron creados de esta forma’”. "Me suena muy fraudulento," expresó, según relata Ellen Brown, con pasmada incredulidad, el juez Martin Mahoney, entre asentimientos de varios miembros del jurado. La sentencia fue favorable al demandante al quedar acreditado que el contrato era nulo “al carecer de una contraprestación legítima por parte del banco” y el señor Daly conservó su casa.

El justiciero Mahoney, que llegó a amenazar con procesar y exponer al veleidoso banco ante la opinión pública, murió menos de seis meses después del juicio, en un misterioso (sic) accidente que al parecer involucraría envenenamiento. La reflexión final –extraoficial del malogrado administrador de justicia puso el dedo en la llaga de las colosales implicaciones ético-económicas de la extravagante sentencia: “Si yo permitiera que usted y los demás hicieran eso, todo el sistema bancario se desplomaría. No puedo permitir que se sitúe tras el mostrador del banco. ¡Nosotros no vemos tras esa cortina!”


Descorriendo la cortina 

"La crisis de la deuda no es una locura de la especulación desaforada, sino el intento de mantener con vida un capitalismo agonizante”. Maurizio Lazzarato 

El afortunado señor Daly logró quedarse con su casa pero la praxis bancaria de “no poner nada al otro lado del contrato de crédito” se exacerbó bajo la égida del capitalismo financiarizado de la época neoliberal. Al crear dinero con este acto de prestidigitación, los bancos han hecho crecer la cantidad de dinero-deuda en la economía un 11.5% anual en los últimos 40 años. ¿Cuál es pues la estrecha imbricación entre la generación masiva de deuda privada y la planificación económica encaminada a pugnar por sostener la premiosa marcha de la tasa de ganancia en la fase neoliberal? Como explica Lapavitsas: mientras que la acumulación real no ha mostrado variantes interesantes, la clase capitalista ha encontrado nuevas fuentes de ganancia a través de la aparente puesta al día de los mecanismos de financiamiento".

Quizás el desarrollo más significativo en este sentido haya sido el avance de la "expropiación financiera de los trabajadores”. La provisión de recursos financieros a la "empufada" ciudadanía para sostener la demanda agregada y la financiación de la languideciente inversión productiva se satisfacen pues con el crédito que inyectan los bancos en la economía. Los economistas ortodoxos asesores del sorprendentemente transparenteBanco de Inglaterra Kumhof y Jakab nos iluminan al respecto: “Si bien los bancos no tienen límites técnicos para un aumento veloz de la cantidad de sus préstamos, enfrentan otras restricciones. Pero el límite más importante, sobre todo durante los períodos de auge de ciclos financieros (cuando todos los bancos deciden prestar más al mismo tiempo), es su propia evaluación de su rentabilidad y solvencia futuras”. Así pues, la banca moderna actúa en las épocas de auge como un pirómano ante un bosque frondoso. En palabras de Nadal: “La actividad de creación monetaria de los bancos se incrementa cuando la economía está en la fase ascendente de un ciclo: las expectativas sobre el crecimiento y las oportunidades de negocios son buenas y el banco participa gustoso del entusiasmo, porque cada nuevo deudor aumenta su rentabilidad (…) así pues, la actividad bancaria es intensamente procíclica”. Las necesidades de recursos para la reproducción del sistema se satisfacen con el crédito que inyectan los bancos al circuito económico.

Al ser máquinas generadoras de burbujas, los bancos privados originan enormes cantidades de deuda –ya que su rentabilidad depende de la cantidad de crédito que puedan generar en la fase álgida del ciclo y, sin solución de continuidad, cierran bruscamente el grifo en la fase descendente ante la contracción de la actividad y la implosión de las burbujas directamente provocadas por su voracidad prestamista. Ello extrema la hipertrofia de los mercados financieros y el neurálgico mecanismo de la titulización. Lapavitsas de nuevo: “Para los bancos comerciales, involucrarse en expropiación financiera se traduce primariamente en créditos hipotecarios y de consumo. Pero dado que las hipotecas típicamente tienen larga duración, una fuerte preponderancia de las mismas habría vuelto las hojas de balance bancario insoportablemente ilíquidas. La respuesta fue la titulización, es decir, la adopción de técnicas de banca de inversión. Las hipotecas se originaban pero no se mantenían en la hoja de balance”. Este maravilloso descubrimiento (empaquetar los créditos y esparcirlos por la nebulosa de los mercados para poder seguir endilgando otros nuevos) fue llamado el modelo bancario de “originar y distribuir” que caracterizó la plétora de productos financieros “creativos” basados en préstamos hipotecarios de baja calidad (subprime) en el inflado de la colosal burbuja de 2007.

Lo anterior refleja asimismo que los bancos fungen como planificadores económicos dirigiendo la financiación masivamente hacia el mercado hipotecario y la creación de burbujas en los mercados de activos y no hacia la financiación de la inversión empresarial.

Con el agravante de que, como explica Lapavitsas, “las finanzas dirigidas a los ingresos personales apuntan a satisfacer necesidades básicas de los trabajadores vivienda, pensiones, consumo, seguros, entre otras. Difieren cualitativamente de las finanzas dirigidas a la producción capitalista o la circulación. Los individuos se concentran en obtener valor de uso, mientras que las empresas apuntan a la expansión del valor”. Ello incide de lleno –dicho sea de paso en el enorme potencial deshumanizador y creador de angustia que el dogal de la deuda produce en el desvalido individuo endeudado y, para más inri, enfrentado a los hiperbólicos recursos predatorios de las entidades financieras.

Difícil mejorar el impecable relato de Esteban Mercatante sobre los heraldos que anunciaron el inevitable afloramiento de las contradicciones del sistema: "¿Por qué todo esto debía terminar en crisis? En última instancia, el proceso de aumento de la explotación, aumento de la inversión financiera y generación de burbujas, ha sido una larga fuga hacia adelante, donde el capitalismo logró recuperarse de la crisis pero las contradicciones que le empujaron a ella sólo fueron resueltas de manera parcial (…) La rentabilidad se recuperó gracias a la mayor explotación del trabajo, pero en un proceso que involucró también la creación masiva de deudas impagables, y el recurso creciente a mecanismos de valorización financiera en una magnitud que no guarda relación con la generación de plusvalor”.

El ex presidente del Financial Services Authority –responsable nada menos que de la regulación del sistema financiero británicoLord Turner, declaró en febrero de 2013: “La crisis financiera de 2007-2008 se produjo porque no fuimos capaces de limitar la creación de dinero, crédito privado y titulizaciones hipotecarias por parte del sistema financiero”.

Así pues, el sustrato del que se nutre la médula espinal del sistema de la mercancía no es otro que la agudización de la expropiación financiera como fuente adicional de obtención de beneficios en la esfera de la circulación, distribuyendo la plusvalía no acumulada en el desarrollo de nuevas inversiones productivas hacia las capas sociales rentistas que tienen por función consumirla: al suplir el menguante consumo salarial, el consumo rentista –la renta como expresión del derecho de propiedad sobre activos revalorizados por la financiarización es uno de los pilares del mecanismo de reproducción del capitalismo actual.

Como describe Jorge Beinstein: ”El aparente “circulo virtuoso” había mostrado su verdadero rostro: en realidad se trataba de un círculo vicioso donde el parasitismo financiero se había expandido gracias a las dificultades de la economía real a la que drogaba mientras la cargaba de deudas cuya acumulación terminó por enfriar su dinamismo lo que a su vez bloqueó el crecimiento del globo financiero”.

Toda la maquinaria de la deudocracia moderna, sostenida al alimón por la banca central y el sector financiero privado, encaja, como anillo al dedo, con la mencionada arquitectura de parasitismo rentista característica de la demediada realidad presente del sistema de la mercancía.

El creciente refinamiento de los mecanismos de la expropiación financiera, que arrambla con fracciones crecientes de la riqueza social, no refleja más que la creciente necesidad predatoria del capitalismo neoliberal ante, como señala la cita inicial de Nadal, el fracaso de “dimensiones históricas” del entramado clásico de la acumulación de capital de la fase fordista de los "treinta gloriosos". Lo que no debemos olvidar es que, como señalan amargamente las lúcidas palabras de Nakatani: “Lo importante es que estos procesos afectan diariamente a la gente; aumenta la tasa de explotación laboral, las jornadas de trabajo, los recortes en la seguridad social, la asistencia médica y la educación; una parte importante de la remuneración de los capitales, en el casino global, es fruto del trabajo humano".

viernes, 18 de mayo de 2018

Prospectiva aplicada al sistema: largo plazo

Tras la segunda entrega de las tres que dedico al artículo perspectivas de la economía capitalista a futuro, publico ahora la tercera. Pocas cosas añadiría a los escenarios que considera posibles. La gran contradicción del capitalismo es una ecuación imposible de casar: el aumento de beneficios se obtiene incrementando la producción, pero eso requiere aumentar el consumo, lo que es contradictorio con la tendencia a disminuir los salarios. Solo en momentos de crecimiento y empleo (casi) pleno se puede trampear con la ecuación. Y el crecimiento indefinido es imposible.

Cierto es que tras las crisis que destruyen capital, como también ocurre tras las guerras, hay nuevas oportunidades de negocio para reconstruir lo destrozado. Fuerte actividad económica, empleo abundante, salarios altos... pero ojo: con ellos disminuyen los beneficios. Para compensar, se aumenta la producción y se saturan los mercados. Para bajar los precios se mejora la productividad: sobra personal. Aumenta el desempleo, vuelven a bajar los salarios. Merma el consumo, nueva crisis... y vuelta a empezar.

Es un poco bizantina la discusión sobre si las crisis son de sobreproducción o de subconsumo, porque ambos son aspectos parciales de lo mismo. Los oscilantes precios del petróleo son un buen ejemplo. Si está caro baja el consumo y luego los precios. Con precios bajos, sube el consumo y los precios lo siguen. El equilibrio nunca se alcanza.

Todos los recursos que emplea el capital para sostener los beneficios desembocan en alguna contradicción insuperable.

Ocurre que estos ciclos se producen en condiciones cada vez peores, por dos razones. Una de ellas la analiza el artículo. Es la mundialización como salida, que se alimenta de las situaciones diferentes del centro y la periferia. Halla su límite cuando alcanza al mundo entero y se acaban cristalizando, y a la postre neutralizando, las diferencias de nivel entre ambos. La desigualdad crece, entre países y en cada país, rebrota con fuerza la lucha de clases, crecen las resistencias y se prevén las salidas alternativas que se detallan, algunas muy poco atractivas.

Pero hay otro límite, no ya geográfico sino termodinámico, en la inexorable degradación del medio ambiente y el inevitable agotamiento de los recursos no renovables. Si hasta ahora cada crisis se superaba con un crecimiento mayor que el anterior, es de esperar que en las futuras no se alcance el nivel previo y que la contracción económica sea la constante.

Como todas ellas se producen bruscamente ("inesperadamente", dicen, y lo único inesperado es el momento exacto en que se desencadenan), es posible que de alguna sea ya muy difícil recuperarse.

Cuando la proyección futura que comento pone estos plazos, creo que peca de optimismo. Apetece decirle "largo me lo fiais". Teniendo en cuenta que tenemos una perspectiva vital corta, plazos de varias generaciones nos tranquilizan. Demasiada tranquilidad, a mi modo de ver. Para Julio César la muerte más deseable era la repentina e inesperada. Esperarla a fecha fija es lo más terrible de la pena capital. En el cuento de Pedro Antonio de Alarcón La buenaventura, el bandolero Parrón espera morir en la horca, pero se estremece cuando el gitano se la vaticina para el mes entrante.

Estremezcámonos pues, no para considerar que el final es inevitable, sino para trabajar cuanto antes en la solución. Conviene ver los toros de cerca (pero no desde una inexistente barrera) para poner tierra por medio.



















LA ECONOMÍA CAPITALISTA: PERSPECTIVAS A LARGO PLAZO (2016 – 2150)
 

Finalmente nos quedamos con las perspectivas a largo plazo. Para comenzar me centro en lo que he señalado anteriormente, en un período de entre 50 y 150 años, el sistema actual capitalista dejará de existir y dará paso a uno o varios sistemas diferentes. Vayamos esbozando mi planteamiento hipotético, desde ya informo que como estamos operando en un plano netamente teórico e hipotético, mis planteamientos serán fuertemente generales.

Antes de comenzar, vale la pena aclarar mi posición científica, ideológica y cultural.
  1. Mi perspectiva científica está enfocada en la multidisciplina, en las lecturas holísticas de la realidad y en el método científico en el análisis de la realidad.
  2. Desde una perspectiva científica creo en el materialismo histórico, por ende, considero que el motor de la historia es la lucha de clases, esto es, lo medular, profundo y estructural detrás de las grandes estructuras históricas es el conflicto de intereses entre clases contrapuestas que pugnan entre sí ya sea directa e indirectamente. Esto a la vez implica que en cualquier momento histórico que yo lea –desde el momento que existen las clases sociales-, encontraremos diferentes clases sociales contrapuestas y divididas en diferentes órdenes jerárquicos posicionados en un escalafón de la economía. Por esto mismo, cada cambio importante dentro de la historia de la humanidad también opera en directa relación con esta pugna, las clases sociales tienen frente a cada coyuntura, una posición determinada ya sea a favor o en contra de lo que realmente requieren o necesitan.
  3. Al son de lo anterior, soy de izquierda, creo que el futuro de todo lo humano debe tener un trabajo lo más progresista posible. Creo por ende que el desenvolvimiento de la humanidad dependerá si escogemos la vía más humana, democrática y justa.
  4. Personalmente soy optimista, y creo que la humanidad puede escoger y trabajar para construir un mejor futuro, pero a la vez soy realista y puedo concebir que, así como en ocasiones anteriores la humanidad entró en impactantes crisis militares que acabaron con más de 70 millones de vidas, esto bien podría repetirse.
Aclarado lo anterior, comienzo esbozando mi hipótesis en el largo plazo sin evitar aclarar que la perspectiva que entrego soslaya otras dos alternativas también probables. La primera es que la tendencia del calentamiento global termine haciendo inviable la vida como hoy se la conoce y, eventualmente, el ser humano no pueda mantener su desarrollo viéndose destinado a vivir bajo mecánicas básicas y atrasadas si es que no exterminado como una lamentable consecuencia. La segunda es que, motivados por diferentes sucesos, se desate una guerra (o varias) con consecuencias nucleares, impactando directamente en la existencia de gran parte de la humanidad, llevando al retroceso absoluto del ser humano entre 50 y 150 años, o peor aún, creando amplias zonas inhabitables por efectos de la radiación.

Supongamos que hacia el año 2070 la economía capitalista se encuentra sumamente desarrollada. Los países más avanzados como Estados Unidos, Japón o Alemania posean un PIB per cápita de 100 – 150 mil dólares. La población urbana represente entre un 85 y 95% del total. En tales países las respectivas tasas de ganancia se encuentren debajo del 5%, y la tecnologización sea cada vez mayor.

En tales condiciones los capitalistas comenzarían a invertir rápidamente en capital altamente tecnologizado: robótica y medios de producción automatizados; con esto los rubros pioneros reemplazarán mano de obra y podrán momentáneamente elevar las tasas de ganancia mediante la reducción de costes salariales.

Sin embargo, el incremento derivado del desempleo por sobre –en un inicio- el 10% incidirá negativamente en la demanda agregada, y, por ende, en la tasa de ganancia de otras empresas que operan en otros rubros. Efecto directo será la inversión de un gran nivel de capitales en tecnología automatizada, y por supuesto esto conduciría a un efecto agregado sobre la tasa del desempleo. En estos países se incrementaría por sobre el 40 o 50%.


Los capitalistas reubicarán –en un intento desesperado y recordando a sus antepasados- sus empresas en zonas de la semiperiferia y periferia, pero a causas del enorme desarrollo ya no quedan zonas donde la clase trabajadora pueda ser explotada con tal dinámica como antes, donde sea que inviertan existirá una tendencia fuerte para presionar hacia abajo las ganancias capitalistas.

En unas cuantas décadas, digamos, de 2070 a 2100 tendremos un mundo capitalista inmerso en una serie de crisis. Parecerá que no tienen mucho en común, pero en realidad todas forman parte de la misma depresión, y es que conforme el capitalista aplique más tecnología para superar su reducida tasa de ganancia, termina provocando un alza del desempleo en las zonas más desarrolladas y una desvalorización de su mercancía vendida en las zonas periféricas.

En este tercio de siglo se podrán especular una serie de salidas, entre las cuales las más generales que se me vienen a la mente podrían ser:
  • Un incremento de los salarios reales de la población que conserve su empleo, a esas alturas una minoría. De este modo se buscará generar una demanda de la producción.
  • Una redistribución de la plusvalía mediante la acción de los diferentes Estados, el Estado tendría un papel de demandante de productos o de fiscalizador de recurso.
  • La exportación del enorme excedente de productos a los países menos desarrollados y más dinámicos donde aún el capitalismo se mantenga relativamente sano.
  • Si estas crisis causan graves conflictos sociales, revueltas o tumultos, posiblemente algún Estado se encaminará a prácticas neofascistas haciendo uso de una gran cantidad de presos políticos para trabajos forzados para autosustentarse.
Sin embargo, conforme la tendencia se agudice ya no solo en los países más avanzados, sino que también en los otrora menos desarrollados, y el desempleo ascienda igualmente en estos últimos, las salidas anteriormente descritas no podrían dar una solución perpetua en tanto los capitalistas se vean imposibilitados de vender su producción. Hacia el año 2100 la necesidad sería diferente y la solución no podría venir de atajos reformistas.

¿Qué soluciones se podrían esbozar?

Principalmente tres son los escenarios que se podrían consolidar hacia 2015, pero ninguno en el marco del sistema mundo capitalista.
  1. La primera es que conforme los Estados entran en crisis fiscales, descomposición interna o cuestionamiento de parte de las clases medias y bajas, los capitalistas actuarán como se actuó tras la caída de la URSS, entrando en diferentes pugnas y sumándose a redes de carteles y mafias para ganar terreno político y militar dentro de los cadáveres institucionales que alguna vez representó a los Estados. Estos sucesos llevarían a que el mundo se configure en una serie de neofeudos cuasi capitalistas manejados por jefes capitalistas–mafiosos que mantendrían soberanía sobre un territorio pequeño y determinado. ¿Cuál sería la explotación aplicada a la clase trabajadora bajo su soberanía? Una suerte de trabajo obligado y remunerado para que, con el mismo, puedan mantener en parte vigentes las relaciones económicas. El comercio probablemente exista, pero no tendrá el volumen para permitir una incesante acumulación del capital, como sucede actualmente.
  2. La segunda opción se daría si, al igual que se ejemplificó en el caso anterior, si los Estados entran en descomposición, los capitalistas se aúnan en una posición común, reprimiendo a las voces disidentes dentro de su clase, y crean un único Estado con vocación mundial y mesiánica. Dentro de este Estado mantendrán a cerca de 1/5 de la población, la necesaria para el trabajo, mantención y perfección del capital automatizado, al restante 4/5 se la excluirá de este sistema. Como ya no hay posibilidad de motivaciones económicas, ni incesante acumulación de capital, lo que queda como motivación para los sucesores de la clase capitalista sería la conformación de un imperio–mundo ideológicamente racista, con una visión etnocentrista y dominado por una élite con una mentalidad sumamente perturbada. Sería la victoria definitiva de los intentos de Carlos V, Napoleón y Hitler por establecer un imperio–mundo sobre la economía mundo, intento que se consumaría con las estructuras ideológicas antiuniversales como el racismo y la xenofobia. De otra forma no podría manifestarse un sistema de tales características.
  3. La tercera opción, y es la que más me atrae, se daría si el 90% de la población explotada se organiza en lucha contra las clases dominantes. Al ver que el nivel de desarrollo es capaz de crear una cantidad de bienes y servicios superiores a los que la humanidad en sí requiere, determina que los medios de producción deben ser socializados para que la producción y ganancia termine en mano de los trabajadores. El modo de organización podría ser de diferentes formas: desde comunas autogobernadas, hasta un Estado con planificación centralizada. Pero como hablamos de un sistema donde la producción y ganancia económica cae en mano de sus trabajadores, el sistema de gobierno político debe ser íntegramente democrático, el liberalismo como ideología del sistema igualmente sería superado.
Como es lógico, hacia 2150, también podrían generarse una mezcla de estos tres escenarios al mismo tiempo en diferentes lugares del planeta: Europa podría estar organizando el escenario B de un imperio–mundo neofascista, Estados Unidos podría estar desintegrándose en feudos cuasi capitalistas y Japón iría avanzando hacia un Estado socialista. Lógicamente esto podría acarrear más guerras ya que mientras el sistema C es altamente desarrollado y conlleva la mundialización de la producción, el sistema A no, y por ende eventualmente sería absorbido. Sin embargo, el sistema B representaría la cara hostil del ser humano por mantener su riqueza, bienestar y comodidad egoístamente en su casa sin compartirla con nadie, y no permitiría que el sistema C siquiera se les acerque, un enfrentamiento militar en tal contexto sería inevitable. Y en virtud del desarrollo de la tecnología militar a esas alturas de la humanidad el resultado podría ser sumamente desastroso para todos los habitantes. Volveríamos al punto inicial, una guerra mundial con carácter nuclear pondría fin a este avance positivista que he esbozado.

Cualquiera que sea el resultado, la transición será tumultuosa, dolorosa, caótica
y se verá representada por varias crisis sociales, económicas, políticas y militares. En este proceso la lucha de clases será clave para determinar el futuro de la humanidad y, a mi juicio, la posibilidad para sobrevivir durante el milenio.

Si la humanidad todavía vive hacia el año 3000 -repito, si todavía vive- podrá ver el pasado y reconocer en el capitalismo un paso previo al salto cualitativo que los potenció a ser una civilización avanzada, o, ver al capitalismo como el último momento de desarrollo humano, punto desde el cual -como indica la teoría de Olduvai- retrocedería inexorablemente hasta su mínimo desarrollo.

martes, 15 de mayo de 2018

Prospectiva aplicada al sistema: medio plazo

Después de haber presentado la primera parte (a corto plazo), continúo el desglose del artículo perspectivas de la economía capitalista a futuro

Ahora la prospectiva se vuelve todavía más especulativa e incierta. Aunque se puedan estirar o acortar los plazos, parece que el camino que llevamos sigue esos derroteros, salvo una catástrofe repentina que siempre es posible.

Lo seguro es que el capitalismo es incapaz de renunciar a explotar a los productores de sus riquezas. Por eso, ante las dificultades crecientes para aumentarlas, el sistema se parece cada vez más a la esclavitud.

En el feudalismo el desamparo hacía voluntaria la servidumbre. La moderna servidumbre es la protección, por pequeña que sea, que ofrece un trabajo en las condiciones dictadas, aceptado también voluntariamente por malas que sean esas condiciones.

Y por el momento, hasta la total descomposición, los flujos de capital y mano de obra esclava se producen a escala global.



















LA ECONOMÍA CAPITALISTA: PERSPECTIVAS A MEDIANO PLAZO (2016 – 2050/2070)


El comportamiento de la economía capitalista durante el próximo medio siglo se dará, como pienso, en virtud de una serie de vectores.

El primer vector será el comportamiento de la economía capitalista a partir del año 2026. En este sentido tenemos que considerar que partimos desde un punto en el que la economía, entre 2016 y 2026, vivió una crisis económica cuyo impacto se fijará entre la crisis de 2008 en su punto bajo, y la de 1929 en su punto más alto. Luego de que esta crisis se desate, vendrán los ajustes internos de la economía para que los capitalistas retomen la dinámica de acumulación de capital. Probablemente en un lugar antes de 2035 (todo dependerá de cuándo se desate la próxima crisis y cuánto tome su recuperación, si en el más tardío de los casos dentro de mi hipótesis esta se desata hacia mediados de la próxima década, entonces esta se superaría en un plazo de 5 a 10 años) la economía recuperará su dinámica y, es posible que esta tendencia se dé a nivel global sin mayores desviaciones regionales o locales.

Hacia 2035 la situación económica mundial tendrá tres elementos claves que potenciarán el crecimiento económico:
  1. La situación de la clase trabajadora será, en ese entonces, peor que antes de la crisis mencionada. Quizás los trabajadores de los países con economías avanzadas todavía vivan con un nivel de salarios inferior que el de sus abuelos o bisabuelos durante los años de la década de 1970 y 1980. Este punto es central, pues los capitalistas van a apostar sus esfuerzos por reducir los salarios de la clase trabajadora y así lograr un incremento en la tasa de plusvalía y ganancia.
  2. Los países del centro económico habrán acabado lo medular de la desinversión industrial en las áreas menos pioneras de la economía. Esto quiere decir que las áreas otrora más rentables, paulatinamente irán siendo absorbidas por las zonas de la semiperiferia y periferia capitalista. Los sectores de la siderurgia, automovilística, química, electrónica, terminarán de ser relocalizados (el proceso ya se inició, no es nuevo) en Estados con una fuerza económica intermedia, con una mano de obra medianamente cualificada, abundante y sobre todo barata: Brasil, Rusia, Turquía, India e Irán podrían representar los candidatos ideales para este objetivo, emulando el “milagro chino” de inicios de siglo, y de los “dragones asiáticos” de fines del siglo XX. Este proceso a su vez potenciará la proletarización de las clases trabajadoras conforme la inversión gire hacia las regiones de América Latina, África y el Centro y Sudeste asiático.
  3. Hacia mediados de la década de los años de 2030, la economía mundial habrá encontrado nuevos productos pioneros que ofertar. Esto formaría parte del comportamiento cíclico y general del capitalismo durante los últimos 5 siglos, cada vez que los otrora productos pioneros van perdiendo preeminencia, se terminan desarrollando nuevos productos que monopolizar, estos productos no solo deben estar ideados, sino que además su costo de producción debe llegar a ser lo suficientemente elevado para que reporte beneficios a los empresarios, y lo suficientemente bajo para que exista una demanda suficiente a su producción. En 2035 los sectores de los microprocesadores, ingeniería genética, informática, tecnología en energía alternativa no convencional, la robótica, pueden ya haber acabado esta transición y formar parte de las exportaciones de punta de las economías más avanzadas.
Supongamos que la delantera tecnológica se centra en el este asiático, hoy Japón es el país con más patentes otorgadas y solicitadas por año en el mundo, a la vez es el tercer país de la OCDE con mayor gasto en I&D en relación al PIB con un 3.5%, por sobre Estados Unidos que registra poco más del 2.5%. China por su parte ha registrado un crecimiento acelerado durante el último tercio de siglo, proceso igualmente acelerado en relación a su industrialización, tecnologización y desarrollo en aspectos tan importantes como la investigación y la ciencia. De aquí a 2035 China habrá superado a Estados Unidos como la primera potencia económica, de hecho, ya es superior (datos del FMI) en lo que respecta a PIB PPP desde el año 2014. El PIB PPP es otra forma para calcular el PIB de una economía, la diferencia es que, en lugar de usar el tipo de cambio nominal para estandarizar el cálculo, se usa la capacidad adquisitiva en relación a una canasta de productos estandarizada, por lo que este último obvia problemas como la volatilidad de los tipos de cambio, siendo además mucho más certero en el mediano plazo. Es por eso que el PIB PPP es, en plazos de 15 – 20 años, más representativo que el PIB nominal, y es por eso que ciertamente China ya es la primera potencia económica, de hecho, lo que sostiene a Estados Unidos como primera potencia económica en términos nominales es el dólar como reserva internacional más que su delantera tecnológica.

Con respecto a esto último, de aquí al 2035 Estados Unidos habrá dejado su puesto como primera potencia hegemónica. El papel del dólar como reserva internacional solo se mantiene porque no existe una divisa que sea segura y que tenga un poder adquisitivo considerable –tanto el euro como el yen o el yuan tienen sus propios problemas-, pero eventualmente eso sería superado ya que el gran problema de la economía norteamericana es su endémica balanza de pagos deficitaria, lo que la ha hecho dependiente del crédito internacional. Endeudarse hasta el infinito no es posible, pero Estados Unidos lo hace pues mientras paguen sus deudas en dólar, y sean ellos quienes emiten dólares, pueden tener el lujo de pagar sus deudas en la misma moneda que emiten. Por supuesto los principales afectados son todos los actores económicos que ahorran en dólares, y en directa relación a su deseo por atesorar en otra cartera de divisas (algo que ya está sucediendo), erigirán un sucesor a la moneda norteamericana.

Si el dólar pierde su posición, inevitablemente la economía estadounidense se devaluará, en pocos años la devaluación del dólar se reflejará en la contabilidad internacional. El PIB nominal estadounidense pasará a ocupar el segundo lugar y el chino el primero (si es que ya no lo ocupaba, en tal caso el distanciamiento sería todavía mayor).

Entonces, con China y Japón en la primacía económica, Estados Unidos decayendo a un segundo puesto, ¿qué pasará con la Unión Europea?
La posición de la Unión Europea dependerá de su capacidad interna de aquí a 20 años en el futuro para corregir cada uno de los problemas internos vinculados a su propia constitución. El principal problema de la UE es que homologó a unos países a un mismo tipo de cambio (el euro) sin un gobierno fiscal que diera el balance. Así, con países como Grecia o Portugal con niveles de productividad muy reducidos en comparación a Alemania, acumularon décadas de déficit por cuenta corriente compensados con inversión y deuda por parte de los capitales alemanes, franceses e ingleses. Esta relación económica terminó mostrándose sumamente crítica desde 2010. Si la unión desea mantenerse, con euro incluido, entonces lo que se debe implementar es un gobierno único (cuya elección no defino) con fiscalidad y gasto público para toda la unión, tal y como sucede hoy con Estados Unidos donde los Estados con problemas de fiscalidad son financiados por el Estado federal. La otra opción es que los partidarios de soluciones como el Brexit se fortalezcan y terminen provocando una regresión del proceso y eventualmente, la UE termine desapareciendo o viendo disminuida su tamaño.

Puede que dentro de 20 años haya algunos países que se resten al proyecto comunitario europeo. Quizás Gran Bretaña o Grecia dejen el proyecto. Yo lo veo poco probable, y es más factible que durante los próximos 20 años muchos europeos dejen de ver con tanto interés dicha posibilidad una vez que se percaten que los primeros países en dejar el proyecto, no superan los problemas de raíz capitalista y que para ello deben de seguir intensificando la pauperización de las clases trabajadoras. Estimo por su parte, que una Unión Europea con Alemania, Francia y Rusia fuertemente aunadas, más Italia y España representarían una importante potencia económica. A lo que se podría agregar Bélgica, Holanda, Dinamarca y otros países que hoy forman parte. Sin embargo, más allá del número de candidatos, lo fundamental es el grado de unión. Un gobierno único sería un gran paso, gobierno que entre en funciones con un gasto fiscal propio a los de un Estado supranacional. Pero a la vez, y de cara a las necesidades geopolíticas, la creación de unas FFAA netamente europeas serían el otro gran paso.

De lograrse ambos, tanto el gobierno común y las FFAA europeas, la UE se convertirá en una potencia no solo económica, sino que también política y militar con un peso tan relevante como Estados Unidos y capaz de sopesar el actuar chino. Si no es así, y la tendencia de los partidarios a las salidas tipo Brexit se hace mayoritaria, Europa solo será un continente con una serie de países cada vez menos relevantes en la arena internacional opacados por la dinámica china, japonesa y estadounidense.

La situación de los países del sur también dependerá de una serie de factores. Probablemente como ya mencioné, India, Turquía, Brasil, Irán y México formen parte de las nuevas potencias industrializadas. Su economía basará su crecimiento posterior a 2035 en base la atracción de inversiones internacionales desde los Estados centrales (Estados Unidos, China, Japón y la Unión Europea). Económicamente no serán los países más avanzados, pero estarán en una posición intermedia entre lo que es el centro y la periferia, tal y como lo era Corea del Sur durante los 80.  También potenciarán la demanda mundial por materias primas y productos altamente elaborados, por lo que buena parte del crecimiento mundial se deberá al vaivén de esos países.

Estos países para avanzar hacia una industrialización exitosa deben de garantizar una amplia población relativamente barata, manteniendo salarios bastante más reducidos que los salarios de los países económicamente avanzados. Dentro de este ejército de trabajadores deberán tener una minoría importante de trabajadores cualificados para poder operar la tecnología proveniente desde los países desarrollados. Y por supuesto, deberán tener estructuras de seguridad estatal firmemente consolidadas para así evitar el desorden interno y la confusión social. En definitiva, deberán apostar por ser Estados corporativistas o cercanos a ello, con sistemas educativos públicos con la suficiente cobertura para no tener que depender del conocimiento ajeno de mandos medios en empresas internacionales, y con una fuerza laboral obediente que no genere problemas en las cadenas productivas y comercializadoras. Tales condiciones, más la conexión a mercados potencialmente importantes, sobre todo si se trata de mercados internos (una gran población), les aseguraría a esos candidatos una industrialización exitosa.

Por su parte, la industrialización de esta nueva región semiperiférica entre 2035 y 2050/70, provocará una mayor expansión de la demanda por materia prima, en este aspecto América Latina podrá ver crecer su economía en relación al incremento del consumo por metales, crudo y productos agrícolas. Mismo efecto se podría apreciar de países del oriente medio. Pero más relevante sería el cambio que deberían vivir los países de África, tal nivel de demanda por materia prima, llevaría a la inversión extractiva en tales países lo que, por una parte, provocaría niveles extraordinarios de crecimiento económico, y por otra una nueva configuración social y una emergencia de la clase media africana. Durante los próximos 50 – 55 años podríamos ser testigos de un fenómeno interesante, el turismo de africanos en Estados Unidos, Sudamérica, Europa y Asia.

Tanto en África como en América Latina, oriente medio y el centro de Asia se verán beneficiados por este proceso. De seguro el promedio de esta región fortalecerá su abocada dirección hacia las economías extractivas. También es muy seguro que en esta región los gobiernos populistas lleguen al poder y encaminen gobiernos con amplio gasto público social determinados a fortalecer (en caso de América Latina y Oriente medio) o crear (en caso de África) una sostenida clase media. Es posible que también los intereses por intensificar el desarrollo capitalista sean tan fuertes, que, en caso de requerirlo, las clases dominante potenciarán un gobierno militar–dictadura para que ordene internamente la situación nacional impidiendo la proliferación de cualquier obstáculo para la acumulación del capital.

La situación social de todo este hipotético desarrollo económico daría a mi modo de ver, diferentes resultados en su orden político interno. Cada población tendrá a su elección diferentes alternativas de gobierno, y, por ende, diferentes caras ante el mundo. Las sociedades del centro más desarrollado, como Europa, Estados Unidos y Japón, al tener una mano de obra altamente cualificada, tenderán a dar cabida a gobiernos de corte liberal–socialdemocráta o socioliberal que retomen la idea que 100 años antes habían iniciado sus antecesores políticos de la mano del Welfare State. Esto será posible pues al tener una mano de obra más calificada, los capitalistas tienen poca opción frente a obreros movilizados. Los países que forman parte de las regiones periféricas como ya se mencionó, tenderán a opciones diferentes, probablemente gobiernos populistas de izquierda llegarán de la mano de más exigencia ciudadana, la recuperación de la figura de Chávez en América Latina y de Nasser en oriente medio podrá ser común, golpes de Estado y dictaduras militares de corte tecnocrático igualmente podrían gestarse, esto combinado con gobiernos liberales representaría el panorama en la periferia. ¿Y en la semiperiferia? La semiperiferia generalmente ha divagado entre gobiernos de la periferia y del centro. Brasil, Turquía, Irán, México, India deberán tener gobiernos centralizados y autoritarios para poder no solo garantizar seguridad de inversión, sino que poder gestionar las reformas estructurales necesarias de cara a una potencial industrialización. México y Brasil deberán buscar todos los medios, una fuerza en conjunto entre gobiernos, policías y ejército para ordenar el caos civil y acabar con los carteles de droga y la delincuencia. Turquía e Irán deberán ser capaces de erigir autoridades que canalicen la popularidad en la región de oriente medio, funcionando como centros de atracción a la inversión capitalista, garantizando seguridad a los inversionistas y excluyendo a todas las fuerzas conservadoras, reaccionarias y antisistemas que puedan poner en riesgo la acumulación capitalista. La India igualmente deberá tener un gobierno capaz de unificar las fuerzas políticas y sociales en contra de cualquier fuerza centrífuga tanto interna como externa, los faccionalismos étnicos y políticos deben quedar excluidos.

Todos estos cambios implicarán cambios en el 50% más pobre de la sociedad mundial, esta población concluirá su proceso de proletarización y prácticamente todos los trabajadores en el mundo estarán totalmente inmersos en la mecánica del trabajo asalariado.
En este proceso la migración sur–norte será tónica común, y en buena medida potenciará el crecimiento económico de los países más avanzados. Aquí dependerá de la capacidad de cada país para asumir y acoger a los millones de inmigrantes que busquen vivir en cada uno de sus países, Japón y la UE necesitarán durante el próximo medio siglo una gran afluencia de trabajadores jóvenes para potenciar sus respectivas economías, será labor de sus respectivas sociedades poder aceptar la realidad de la inmigración, especialmente en Japón donde a día de hoy su sociedad es una de las más reacias a la inmigración dentro de los países de la OCDE.

En resumen, dentro de los próximos 50 años el panorama mundial económico y político se modificará. Estados Unidos dará paso a China y Japón como ejes centrales en la acumulación capitalista, por una parte, y por otra el papel de la Unión Europea será determinado en relación a su capacidad para mantenerse unida, como una entidad federal, y con Rusia de su parte. Países como India, Turquía, Irán y Brasil serán parte de la semiperiferia y su industrialización podrá darse en virtud a su capacidad de tener una gran población trabajadora, obediente y barata, por una parte, y por otra una minoría de trabajadores cualificados que ocupen los mandos medios y superiores de las empresas. La periferia verá incrementado el precio de sus materias primas y en la medida que se integra a la dinámica, el restante de la población subproletarizada terminará la transición hacia la proletarización, muy probablemente las zonas donde aún es mayoritaria la población agraria se reducirán a niveles mínimos y conforme esto se consolide, hacia 2050-70, las demandas sociales de esta población completamente proletaria vaya incrementándose.