viernes, 10 de septiembre de 2021

"Aquellos de los brazos largos..."

"...que los suelen tener algunos de casi dos leguas..."

Pero ahora no son molinos de viento, sino poderosos gigantes.

Hoy mismo encuentro en el Diario de Sevilla un recordatorio de que este año se han cumplido cuarenta de aquel "síndrome tóxico" del que tanto se habló en su momento y que tantas sospechas levantó y levanta (cuando se alza el velo del olvido).

Leo en este periódico:

Aniversario: 40 años del síndrome tóxico del aceite de colza

Desde entonces han fallecido en España cerca de 5.000 personas afectadas por esta estafa e intoxicación masivas

Las 20.000 que sobreviven con el síndrome comparten un catálogo de secuelas que van de la sequedad de las mucosas a los calambres y dolores constantes, del agarrotamiento muscular a la afectación cutánea.

MARINA DE LA CRUZ (EFE)

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Este 1 de mayo se cumplen cuatro décadas del primer fallecimiento por síndrome del aceite tóxico: Jaime Vaquero, de solo 8 años, vecino de la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz.

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Aniversario: 40 años del síndrome tóxico del aceite de colza











No sabemos si alguna desclasificación de documentos, aquí o en otros pagos, aportará claves que diluciden qué pasó realmente. Por ahora solo quedan conjeturas y sospechas.

Lo cierto es que hubo versiones contradictorias, Teorías desechadas e investigadores apartados. Y unas sentencias condenatorias basadas en la versión oficial, pese a las muchas incógnitas aún sin despejar. Sin duda, brazos muy largos se extienden para tapar algunas cosas, aunque a veces no pueden esconderlo todo.

Brazos largos intervinieron cuando en 1998:

El Volumen 28 de “The Ecologist” fue destruido por temores a Monsanto

La revista inglesa, The Ecologist, dedicó su volumen 28, No. 5, septiembre/octubre 1998 íntegramente a Monsanto pero las dos principales cadenas de kioscos de inglaterra se negaron a venderla por temor a tener problemas legales con Monsanto y la imprenta Penwells destruyó la totalidad de la edición (14,000 ejemplares).  Al ver que no podían distribuir la revista en inglaterra, los editores la enviaron a España donde un conjunto de asociaciones se unieron y editaron e imprimieron la edición en español.

Volviendo al último tramo del siglo XX, este otro artículo publicado entonces, también publicado por la misma valiente revista, nos daba algunas claves de lo que pudo haber pasado. Tanto el complejo militar-industrial como el de las grandes farmacéuticas siguen bajo sospecha.

No olvidemos que en aquellos difíciles momentos se había producido el (multi)golpe de Tejero (& Co.), y que por entonces nos metieron en la OTAN.

 La industria química retira cada año cientos de productos del mercado





















La gran farsa de la colza

«The Ecologist» en castellano, octubre del 2000

La intoxicación del Síndrome Tóxico no fue causada por el aceite de colza. Esto es lo que sostienen desde hace años un grupo de médicos, periodistas y abogados, que han investigado este drama que, hace 19 años, afectó, según la Administración, alrededor de 30.000 personas, de las cuales murieron más de 1.000. De acuerdo con estos investigadores independientes, no hay ningún tipo de dato, ni epidemiológico ni toxicológico, que demuestre que fue el aceite. Por contra, este reducido grupo de disidentes apunta que la causa de la intoxicación fue debida a la mala utilización de productos organofosforados, que se utilizaron en una plantación de tomates en Almería. La mayoría de estos disidentes sospechan que no sólo habría habido una negligencia en el uso de pesticidas por parte de un agricultor, sino que la intoxicación podría haber sido el resultado de un experimento militar dirigido. Sea como sea, lo que sí acuerdan estos investigadores es que las Administraciones e instituciones nacionales e internacionales que han participado en los diferentes estudios que habían de aclarar la causa de la intoxicación han mostrado un gran interés en que no se sepa la verdad.

El Dr. Luís Frontela Carreras, forense, que es uno de los principales críticos de la hipótesis oficial, ha asegurado a The Ecologist que «la intoxicación no fue causada por el aceite de colza y esto lo sostengo ante quien haga falta», y añade que la causa tiene que ver con compuestos organofosforados. Otro de los discrepantes que ha investigado las causas de la intoxicación es la periodista de Reuters, Spiegel y Stern, Gudrun Greunke. Para esta periodista, que es coautora junto con Jörg Heimbrecht del libro «El montaje del Síndrome Tóxico», «no hay ningún grupo de investigación que administrando el aceite de colza a los animales de laboratorio haya reproducido la enfermedad. Es más», añade Greunke, «tampoco hay ningún grupo de investigación que haya encontrado en el aceite ningún tóxico que explique los síntomas que tenían y tienen los enfermos».

La investigación desarrollada por algunos médicos puso en evidencia que los síntomas que sufrían los afectados se podían atribuir a una intoxicación por organofosforados. Entre estos investigadores destaca el Dr. Muro, quien era director del Hospital del Rey de Madrid cuando empezó la epidemia, oficialmente el 1 de mayo de 1981. Muro fue el primero en señalar la pista de los organofosforados y el primero en atender casos atribuidos al aceite de colza. En esta primera quincena de mayo, Muro descartó que se tratase de una legionela o bien una neumonía causada por bacterias o algún virus, como en un primer momento defendió la Administración. El Dr. Muro llegó rápidamente a la conclusión que todos los afectados habían comprado, mayoritariamente, en mercados ambulantes. Es más, se dió cuenta que los afectados tenían preferencia por las ensaladas, y comenzó a buscar entre los ingredientes de este plato el agente causante de la epidemia. Los trabajos de su grupo de investigación le llevaron a descartar la hipótesis del aceite, antes de que fuera anunciada por la Administración, el 10 de junio, como causante de la intoxicación. Después vendría su denuncia que desde la Administración se dijera a los afectados que no cobrarían las indemnizaciones si no reconocían haber consumido el aceite.

En un informe realizado el mes de julio de 1981, el Dr. Muro expuso, entre otras, las siguientes contradicciones de la hipótesis del aceite de colza: ¿si es consumido por todos los miembros de una familia, por qué unos enferman y otros no?; ¿si las garrafas de aceite se han llenado el mismo día del mismo tanque, por qué unos se intoxican y otros no?; ¿cómo es posible que haya familias con afectados que no han consumido nunca estos aceites?; ¿cómo puede ser que se intoxiquen unos miembros de una familia, mientras que los demás miembros continúan tomando el aceite y no sufren ninguna intoxicación?...

Este médico hizo toda su investigación sin ningún tipo de ayuda por parte de la Administración, la cual le notificó su cese como director del Hospital del Rey el 15 de mayo de 1981. Hasta el momento de su muerte, en al primavera de 1985, Muro no dejó de repetir que el alimento que causó la intoxicación estaba contaminado por una mezcla de pesticidas, entre los cuales había muy probablemente el Nemacur y el Oftanol, productos de la casa Bayer. Esta idea fue apuntada en el reportaje de portada de la revista Cambio 16, que era dirigida por José Oneto, el 17 de diciembre de 1984. Para coordinar las investigaciones sobre la intoxicación, el Gobierno español creó el Plan Nacional del Síndrome Tóxico (PNST), que pasó a dirigir Carmen Salanueva. Una de las primeras funciones de este organismo fue reunir epidemiólogos para conseguir datos que diesen carta de presentación científica a la teoría del aceite. Entre estos había el matrimonio de médicos María Jesús Clavera y Javier Martínez, quienes lejos de encontrar argumentos a favor del aceite, descubrieron contradicciones en los datos que hasta ese momento utilizaba la Administración para argumentar que la causa de la intoxicación era el aceite.

La primera evidencia que mantenía la Administración para defender la hipótesis del aceite era que el número de intoxicados comenzó a disminuir después que se anunciase por televisión, el 10 de junio, que la causa podría ser un aceite de colza. «Lo primero que descubrimos era que la epidemia había comenzado a disminuir de forma espontánea unas dos semanas antes de este anuncio», asegura María Jesús Clavera. Si a esto se añade que la Administración sostenía que el periodo de latencia desde que se consumía el aceite hasta que se desarrollaba la enfermedad era de una semana, esto implicaba que el descenso habría de haber comenzado no el 10 de junio sino una semana después debido a que la gente habría estado consumiendo el aceite hasta el día del anuncio de que la causa podría ser esta. «Esto todavía hacía más contradictorio el argumento de que era el aceite», reconoce la Dra. Clavera, y recuerda que la exposición de los datos descubiertos a Carmen Salanueva la horrorizaron. «Nos dijo, 'qué me decís, esto es terrible..., pero ¿estáis seguros?'. Todo su parlamento nos parecía sincero, pero pocos días después Salanueva salió en rueda de prensa y volvió a repetir que había sido el aceite».

El segundo aspecto que el matrimonio Martínez-Clavera investigó fue el circuito de comercialización del aceite. «Si una epidemia es única, si hay un síndrome que aparece de golpe en el cual todos tienen más o menos los mismos síntomas, es que se habían de haber intoxicado con un producto común», explica Clavera. Estos epidemiólogos comenzaron su investigación buscando algún punto en común en los circuitos de comercialización del aceite. «Una vez completamos el plano, con los circuitos, la identificación de las empresas implicadas, vimos que no sólo no había ninguna procedencia en común sino que el origen era muy disperso», y añade que «no había ningún tipo de coherencia ni territorial ni espacial». El dato más flagrante que el matrimonio Martínez-Clavera puso sobre la mesa era que sólo un 3 por 1.000 de los consumidores del aceite sospechoso estaba afectado, y que había víctimas que no habían consumido el aceite sospechoso.

En junio de 1984 expusieron sus discrepancias respecto a la teoría del aceite de colza en una reunión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que Clavera recuerda muy tensa. «Después de la exposición, el presidente no sabía que decir y optó por interrumpir la reunión. Los jefes se retiraron a un despacho a deliberar, y cuando salieron informaron que la investigación no se podía rehacer si el Gobierno español no daba su visto bueno. Después de decirnos que presentásemos investigaciones más detalladas al cabo de seis meses, continuaron hablando del aceite como si nada hubiera pasado».

Después de este tenso encuentro, en septiembre de 1984, el PNST y el Center for Disease Control (CDC) de los Estados Unidos firmaron un contrato para prestar un epidemiólogo al Estado español. Fue seleccionado el Dr. Edwin M. Kilbourne, quien cuando se produjo la intoxicación estaba vinculado al Epidemic Intelligence Service (EIS) del CDC. Kilbourne ya había sido enviado por el CDC para integrarse a un equipo de investigadores que habían de elaborar seis estudios en la población Navas del Marqués para averiguar el origen de la intoxicación. La principal conclusión de los estudios era que los enfermos habían comido lo mismo que los sanos. Los científicos pretendían explicar este dato a partir de diferencias genéticas o del sistema inmunitario entre intoxicados y no intoxicados. Con este argumento se habría podido explicar, por ejemplo, por qué en Cataluña, en donde también se distribuía el aceite de colza, no hubo ningún afectado.

Según el documento firmado entre el PNST y el CDC, la actividad principal de Kilbourne era la de «colaborar en un estudio epidemiológico-toxicológico con el fin de encontrar en el aceite la sustancia química o las substancias más estrechamente asociadas con la enfermedad». Es decir: el Dr. Kilbourne no tenía que investigar ningún alimento que no fuera el aceite de colza. El mismo documento especifica más adelante que «todos los datos que serán transmitidos al CDC con base a este contrato pertenecen al gobierno español y tienen carácter confidencial», y añade que «no pueden ser usados para fines científicos u otros que no se mencionen en este contrato, si el PNST no da antes su consentimiento».

A nivel judicial, el caso del Síndrome Tóxico también generó acontecimientos más propios de una película de espionaje que de un estricto problema de salud pública. El letrado Juan Franciso Franco entró en este espinoso asunto como abogado de los importadores de aceite. «Poco después recibí una información que me decía que investigase el tema por qué el aceite no tenía nada que ver, que esta hipótesis no encajaba en absoluto, y al cabo de un tiempo conocí los trabajos del Dr. Muro». Su participación en el caso le llevó el 27 de octubre de 1986 a hacer una intervención ante el Parlamento Europeo. «En esta època yo estaba recibiendo llamadas amenazadoras contra mi familia a las tres de la mañana. Se lo comenté al entonces eurodiputado Juan María Bandrés y me dijo que había de hacer público lo que sabia y que habíamos de intentar que yo hablase en el Parlamento Europeo». En su intervención, Franco expuso las contradicciones existentes en la hipótesis del aceite: «Mi propósito es dejar constancia de unos hechos, que por sí mismos, pondrán en evidencia, las manipulaciones y falsedades de que fué objeto la investigación científica, esencialmente epidemiológica, para dar apoyo a la hipótesis oficial e impedir la apertura de líneas alternativas», y añadió que «pretendo por tanto, denunciar públicamente estos hechos que han permitido ocultar la verdadera causa de la intoxicación y perpetuar la caótica situación existente a España en relación con la prevención sanitaria y el medio ambiente». En su discurso ante el Parlamento Europeo este letrado también sostuvo que «la Administración impidió el desarrollo de hipótesis alternativas valiéndose de todo tipo de medios, incluidos la ocultación y la falsificación de todos aquellos datos que exigían la apertura de nuevas líneas de investigación».

¿Por qué toda esta confabulación para enterrar el caso del Síndrome Tóxico?. Greunke sospecha que detrás de la intoxicación alimentaria hay algo más que un fraude alimentario. «Se ha argumentado que se tapó porque en ese momento España negociaba la entrada en la Comunidad Económica Europea y estas informaciones podrían tener graves repercusiones sobre el sector hortofrutícola del país». Greunke añade que «hacer un montaje de este tipo, en el que se falsificaron datos, en el que se metieron diversos gobiernos para taparlo... Cuesta un poco de creer que fuera una simple intoxicación alimentaria. Allá detrás debía de haber intereses más poderosos que los estrictamente económicos». Inexplicablemente, su libro «El montaje del Síndrome Tóxico» fue retirado de las librerías una semana después de publicarse; los doctores María Jesús Clavera y Javier Martínez fueron despedidos de forma fulminante de la Comisión Epidemiológica del Síndrome Tóxico poco después de presentar sus datos a la reunión de la OMS y nunca más han podido trabajar como epidemiólogos; Juan Francisco Franco no dejó de recibir llamadas amenazadoras después de su discurso ante el Parlamento Europeo; el Dr. Muro murió en 1985 víctima de un cáncer que muchos sospechan que fue inducido; pocas semanas después de la publicación en Cambio 16 del reportaje «Un producto Bayer enveneno España», José Oneto hubo de dejar la dirección de la revista; por su lado, Carmen Salanueva, después de ser la directora del Plan Nacional del Síndrome Tóxico fue nombrada Directora del Boletín Oficial del Estado y fue acusada y condenada por haber comprado cuadros a una galería de arte en nombre de la Reina y Carmen Romero, esposa del entonces presidente del Gobierno. Además fue acusada de fraude que la Intervención General del Estado cifró en más de mil millones de pesetas. Murió el pasado mes de enero. El Dr. Edwin M. Kilbourne es quien ha salido mejor, hasta ahora de este asunto: hoy en dia es el director de la Oficina de Gestión de Datos del Center for Disease Control de los Estados Unidos.

Aceite sin aceitunas:
Los disparates para llegar a un cabeza de turco.

«Es un bichito tan pequeño que si se cae se mata». Esta frase del entonces ministro de Sanidad, Jesús Sancho Rof, atribuyendo en un primer momento la causa de la intoxicación a un microorganismo, es para algunos un pequeño botón de muestra de lo que ha sido, y es, la historia del Síndrome Tóxico. El inicio oficial de la intoxicación es el 1 de mayo de 1981, cuando falleció el niño Jaime Vaquero, de 8 años, en una ambulancia que tenia que llevarlo a un hospital.

A partir de este momento los ingresos se fueron multiplicando, así como también los disparates que se fueron divulgando desde el Gobierno. El mismo ministro Sancho Rof llegó a decir en rueda de prensa el 22 de mayo de 1981 que «en todas las autopsias realizadas se detecta el mycoplasma y ningún otro agente. En los cultivos, el germen crece como un mycoplasma. Se conoce su nombre y su primer apellido, pero falta su segundo apellido. Se extiende sin ningún agente físico particular que lo propague».

El 10 de junio, TVE difunde la noticia que podría ser un aceite adulterado vendido de forma ambulante, sin etiqueta y, por lo tanto, sin control sanitario. Una semana más tarde, Sancho Rof anuncia que es el aceite. De esta forma se ponía punto final a la teoría llamada hasta ese momento como «neumonía atípica».

Para los disidentes, la única cosa que se descubrió en el aceite era un fraude alimentario al que, en ningún caso, se le podía atribuir el origen de la intoxicación y que, de hecho, se estaba practicando desde hacia años.

El aceite de colza se importaba desde Francia, con licencia para su uso industrial, por lo que era mucho más barato que el aceite de oliva para el consumo humano. Este aceite de colza tenia que venir desnaturalizado, lo que implica que se debería de haber teñido con un 2% de anilinas para que su aspecto no invitase a su ingestión. En algunos casos, este proceso se llevaba a cabo y en otros no. A los industriales que se sentaban en el banquillo de los acusados de la Casa de Campo se los acusaba de estar involucrados en un negocio que se dedicaba a renaturalizar este aceite de colza: le sacaban el tinte -es decir, las anilinas-, para desviarlo hacia el consumo humano. En este proceso de renaturalización se generaban anilidas. Según el Gobierno, las anilinas y anilidas que contenía el aceite serian las substancias tóxicas a las que cabria atribuir el envenenamiento masivo. Esta definición volvió a cambiar más tarde, y se optó por la sibilina expresión «que el aceite de colza era el vehículo del agente tóxico desconocido».

El fraude del aceite tiene una larga tradición en España. En los años ochenta, la producción anual de aceite de oliva se situaba en aproximadamente 450.000 toneladas. De éstas, se exportaban 100.000. Si se tiene en cuenta que, según reconocía el Ministerio de Agricultura, en todo el estado se consumían unas 800.000 toneladas de aceite de oliva, se puede suponer que una gran cantidad de este aceite no provenía, precisamente, de aceitunas.

Ensayo militar:
Pesticidas: mismos productos, diferentes usos.

Los investigadores independientes sospechan que alrededor de la intoxicación podria haber un caso de ensayo con armas químicas. En el prólogo del libro «El montaje del Síndrome Tóxico», el periodista Rafael Cid reconoce que el mismo CESID investigó directamente el caso. El trabajo de dos oficiales de este centro concluía que la tesis del aceite no se sostenía. El informe, elevado al entonces director del CESID, Emilio Alonso Manglano, apuntaba hacia un ensayo de guerra química como detonante de la epidemia.

Los productos de la familia de los pesticidas tuvieron su origen en las armas químicas. En su uso militar, agrario o doméstico, pertenecen al grupo de los compuestos organofosforados, con una composición química muy similar. Son productos neurotóxicos porqué bloquean la acción de la colinesterasa, una enzima sin la que se forman cantidades tóxicas de acetilcolina, una substancia que destruye el funcionamiento del sistema nervioso. De ahí que estos productos, con unas pequeñas modificaciones, se puedan usar para finalidades civiles o militares. De hecho, los primeros compuestos organofosforados, como el Tabún, el Sarín y el Somán, fueron desarrollados por el Dr. Gerhard Schrader y su equipo, que trabajaban como químicos en la Compañía Bayer.

Este estrecho parentesco ha comportado que en algunos casos haya concordancias entre la fórmula de una patente para uso civil y para uso militar de un mismo producto. Es el caso de la arma binaria VX norteamericana. En un documento del gobierno de este país para la Conferencia Permanente de Desarme de Ginebra, se publicó en 1972 por primera vez la fórmula de la estructura de esta VX, que concuerda con la fórmula de la patente de Bayer número 3014943.

Guillermo Caba Serra

Gas VX, el que utilizan los villanos de la película La roca, protagonizada por Sean Connery y Nicolas Cage.

martes, 7 de septiembre de 2021

"No se puede modificar el criterio de una persona que no acepta la ciencia"

Elena Cabrera ha entrevistado para eldiario.es al presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amós García Rojas. El experto y miembro de la Ponencia de Vacunas echa la vista atrás después de año y medio de divulgación y trabajo contra la pandemia sin apenas descanso, y reflexiona sobre las agresiones que ha sufrido.

¿Qué es lo que hace posible que sufra agresiones y amenazas, incluso de muerte, una persona por tratar de instruir a la población ante una emergencia sanitaria gravísima?

Una de las razones primarias es la facilidad que ofrecen las redes sociales para dar respuestas rápidas e irreflexivas, además de irresponsables, dado el anonimato que brindan (y a menudo blindan).

Otra más de fondo sería la crispación social creciente y su aprovechamiento para toda clase de fines partidistas.

Lo explica meridianamente el entrevistado: "No se puede modificar el criterio de una persona que no acepta la ciencia":

Hay gente que digas lo que digas, dirán que lo has dicho mal, por cuestiones de rechazo personal o ideológicas. Lo que les molesta es la defensa de la racionalidad. La racionalidad frente a la irracionalidad es un debate imposible en el cual no hay que caer nunca porque no puedes modificar el criterio de una persona que no acepta la ciencia. Están en el marco de las opiniones y no van a entrar nunca en el de las razones.

Cuando para construir una identidad debes oponerla a otros, la racionalidad debería ser la única guía. pero son muchos los factores pasionales que nos alejan de ella. Madridistas y culés, vigueses y coruñeses, En otro tiempo y otro ámbito fueron Lagartijo y Frascuelo, Joselito y Belmonte, Manolete y Arruza...

Por lo general, esto no tiene mayor trascendencia, salvo la de alejarnos de las verdaderas oposiciones, Pero puede llegar a situaciones mucho más graves, como ocurrió en la Guerra del Fútbol entre El Salvador y Honduras, con miles de víctimas en solo una semana, si entran en juego conflictos de intereses. ¿Los hay también en los enfrentamientos deportivos?

Los irracionales negacionismos que a veces confluyen para "resolver" el malestar social solo se pueden combatir con la razón. ¡Pero los manipulables protagonistas son refractarios a ella!

¿Cómo podríamos educar, desde la infancia, a estos irreductibles para que sean capaces de discernir entre los sentimientos que forzosamente acompañan al conocimiento racional y los que se oponen a él?

Sigue el comienzo de la entrevista:





Ha comentado que ha pasado dos años prácticamente sin vacaciones. ¿Qué y cuánto ha dado de su vida a esta pandemia?

Solo me he cogido cinco días porque he estado derrotado. Fíjate si he dado mi vida, que yo tendría que estar jubilado en este momento. No lo hice porque la pandemia estaba en plena primera ola y me parecía una irresponsabilidad. Hasta que no esté superada no creo que sea bueno que se prescinda de gente.

¿Cómo es pasar de ser un científico anónimo a ser relevante en el espacio público?

No tengo ni idea de cómo ha podido pasar. Yo he seguido en el puesto de trabajo de toda mi vida pero quizá el salto fue cuando decidí meterme en Twitter, porque me pareció fundamental trasladar a una ciudadanía que veía desconcertada por lo que estaba pasando un mensaje lo más adecuado a la realidad.

El salto del anonimato a un espacio de exposición tan fuerte me ha sorprendido mucho porque yo soy un hombre tranquilo, que vive en un ámbito geográfico también tranquilo como es Canarias. En Twitter me he sentido querido por muchas personas, pero también he sufrido insultos y no estoy acostumbrado. Que esos insultos se acompañen de amenazas de muerte, como desgraciadamente he recibido por email, o que paseando por una céntrica calle de Las Palmas me llamen a grito pelado "asesino" e "hijo de puta", son cosas que me han dejado despavorido. Pero hay que seguir adelante.

Sus mensajes en Twitter comienzan siempre diciendo "calma, paciencia y prudencia".

Eso fue lo que me llevó a iniciar la vida en las redes. Veía situaciones que me producían pavor como los brotes racistas que surgieron al inicio de la pandemia en relación a los ciudadanos de origen chino. Empezaba con esas palabras porque quería transmitir que no estábamos ante el fin del mundo. Calma porque esto se soluciona. Paciencia porque no se soluciona en dos días. Prudencia porque es el elemento clave que nos va a permitir avanzar.

Este ha sido un verano doloroso para usted ante esos ataques verbales de los que me hablaba. ¿Cuál sería su consejo sobre cómo se debe reaccionar, cómo enfrentarse a ello, cómo contestar a esas personas?

A veces no tengo ni que responder porque lo hace toda la gente que me aprecia a través de las redes. Es como una barrera defensiva de ciudadanos anónimos que me emociona. Pero ante estas cosas lo que hay que hacer es no responder. Hay gente que digas lo que digas, dirán que lo has dicho mal, por cuestiones de rechazo personal o ideológicas. Lo que les molesta es la defensa de la racionalidad. La racionalidad frente a la irracionalidad es un debate imposible en el cual no hay que caer nunca porque no puedes modificar el criterio de una persona que no acepta la ciencia. Están en el marco de las opiniones y no van a entrar nunca en el de las razones. Una vez entré en esos debates y al día siguiente me di cuenta de que había sido un error. He conseguido que no me afecte. 

(...)

lunes, 6 de septiembre de 2021

¡No es la humanidad!

Este artículo rescatado en arrezafe me devuelve a mi replanteo de la apuesta de Pascal: Si no hacer nada lleva a una catástrofe segura, de proporciones apocalípticas, y existe una esperanza, por reducida que sea, de poder actuar para evitarla, actuemos. Claro que para actuar correctamente, el primer paso es conocer correctamente, identificando así las causas y reaccionando para eliminarlas.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC, acaba de publicar su Sexto Informe de Evaluación. Analiza la situación previsible para las próximas décadas, y la mucho peor al final de este siglo. Para situarse en ese tiempo futuro, nada mejor que pensar en la edad que tendremos en las fechas citadas.

El autor del artículo, por lo que cuenta, tiene unos veinticinco años. Yo, que tengo cincuenta más, no viviré en la mayor parte de esas fechas, pero sí lo harán ("si el tiempo lo permite") muchos de los que esto lean. Colocaré en las fechas del informe las edades que tendrá un pequeñín de mi propia familia que acaba de nacer.

Este niño, en una década, tendrá diez años. Para el 2040 cumplirá los diecinueve. En 2050 tendrá 29, en el 2060, 39, y en el 2070 todavía tendrá 49 años. Llegaría al siglo próximo antes de cumplir los 80 años. ¿Qué lugares serán habitables en esas fechas?

El problema no es ya para las generaciones futuras: afectará gravemente a la mayor parte de los habitantes actuales del planeta. Ya no vale decir aquello de "el que venga detrás, que arree".

El informe culpa de esta situación a las «actividades humanas». Continuamente se refiere al «cambio climático de origen humano». Sería deseable un poco más de rigor, porque no es la humanidad en su conjunto igualmente responsable. Son muchos los que no tienen culpa alguna, más allá de la necesidad de sobrevivir en esta sociedad capitalista.

Con tal imprecisión, se puede culpar a los mamíferos, o a los vertebrados, del cambio climático, puesto que los mayores responsables son mamíferos y vertebrados.

Aunque se pueda argumentar que cualquier sociedad habría aprovechado las ventajas de la energía fósil, no todos los modos de producción impiden de igual forma echar el freno y dar marcha atrás. Porque lo que caracteriza a este sistema económico capitalista es su modo de "autorregularse". La incesante búsqueda del máximo beneficio impide cualquier iniciativa que lo frene. Quien se aparte de esta ley queda rápidamente fuera de juego, y en las situaciones difíciles esa pugna se acentúa.

Sea o no posible reducir, a tiempo de evitar lo peor, las emisiones responsables del cambio climático, para este futuro cercano habrá que organizar la sociedad sobre unas bases de solidaridad y justicia. O esperar resignados a que un número cada vez más rico (y cada vez más reducido) de potentados acabe con todo.

"Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide" se anunciaban las corridas de toros. La autoridad capitalista no quiere ni puede dar permiso para los cambios necesarios y urgentes. Si permanecemos bajo su dominio será el tiempo quien eche el freno.


No es “la humanidad” la que está destruyendo el planeta

Chris Saltmarsh
REVISTA JACOBIN


Cada siete u ocho años, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publica un informe en el que repasa el conocimiento científico disponible acerca del cambio climático. Esta semana, en medio de un verano boreal extremadamente caliente y de una serie de inundaciones devastadoras, la institución publicó el Sexto Informe de Evaluación.

El texto indica que estamos en un punto de inflexión en la historia del cambio climático. Mientras políticos, empresas y activistas no logran dar pie con bola y se enredan en discusiones interminables, los científicos cortan en seco toda esa mierda con un cuadro objetivo de la situación que nos muestra dónde estamos y qué podemos hacer.

¿Qué hay de nuevo, viejo?

Entonces, ¿qué información nueva y útil para la lucha contra el cambio climático nos brinda el último informe del IPCC? En términos generales, hay que confesar que no mucha. Las emisiones siguen aumentando y el planeta sigue calentándose. Descarbonizar la economía sigue siendo una tarea urgente.

Los títulos del Sexto Informe de Evaluación tienden a centrarse en el tan mentado objetivo de evitar que la temperatura mundial promedio aumente más de 1,5°C. Este objetivo fue la piedra de toque del Acuerdo de París y todos los expertos en clima sostienen que es el límite a partir del cual el calentamiento puede volverse peligroso. Pero en realidad, se trata de un juicio aproximado: recién alcanzamos niveles de calentamiento de 1,1°C o 1,2°C y difícilmente pueda decirse que las actuales condiciones climáticas son seguras.

En cualquier caso, la comunidad internacional organizó sus pretensiones colectivas en torno a la meta de 1,5°C. Uno de los titulares más impactantes surgidos del informe del IPCC es el que afirma que, todos los escenarios contemplados indican que alcanzaremos ese límite en 2040. Sin embargo, si no comenzamos a disminuir las emisiones, ese punto llegará mucho antes (probablemente en una década).

Cuando alcancemos el límite de 1,5°C, el nivel de los mares crecerá entre dos y tres metros. Los episodios de calor extremo se volverán mucho más frecuentes. La humedad asociada a las grandes precipitaciones aumentará un 10% y las probabilidades de lluvia se multiplicarán por 1,5. ¿Cuándo sucederá todo esto?

Si se busca una porción de optimismo en el informe del IPCC, la encontramos en la afirmación de que, si logramos reducir las emisiones de carbono a cero en 2050, es muy probable que estabilicemos las temperaturas globales en el límite de 1,5°C. Dejando de lado la certeza de que un escenario optimista no es el más probable, la mala noticia es que, aun en ese caso, las condiciones climáticas se habrán vuelto mucho más peligrosas. La probabilidad de un escenario en el que las emisiones aumenten sugiere que la temperatura subirá 1,9°C en 2040 (es decir, a mis 46 años), 3°C en 2060 (probablemente todavía no me haya jubilado) y 5,7°C en 2100 (momento en que, si sobrevivo al calor extremo, tendré 104 años).

Aunque no sea nada nuevo, estas cifras indican la situación que afrontará mi generación en caso de que no logre cambiar el curso de la situación. António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, respondió al informe y apuntó contra la industria de los combustibles fósiles: «Este informe debería ser leído como un imperativo de poner fin al carbón y a los combustibles fósiles antes de que destruyan nuestro planeta».

De repente, la idea se convirtió en una verdad evidente para cuantos se preocupan por el cambio climático. Pero su enunciación no es suficiente. A menos de tres meses de la retrasada conferencia COP26, que las Naciones Unidas celebrarán en Glasgow, ¿cabe esperar algo mejor? Las últimas dos grandes conferencias no tuvieron ningún resultado y el Acuerdo de París sólo sirvió para comprometer formalmente a algunos países a reducir las emisiones a un ritmo que, en caso de respetarse, llevaría el promedio del calentamiento a los 2,9°C. Glasgow nos conduce directo al fracaso.




El último informe es tan tajante y alarmante como los otros, pero no nos brinda ningún motivo para creer que los procedimientos internacionales vigentes y los gobiernos de turno estén preparados para coordinar la transformación económica que necesitamos urgentemente. John Kerry, enviado especial de Estados Unidos a cargo de la cuestión climática, manifiesta que Glasgow debe ser un “punto de inflexión en esta crisis”. No es la primera vez que escuchamos esa frase. El único punto de inflexión en el que podemos creer hoy está lejos de la economía política capitalista que generó y profundizó esta crisis. Necesitamos una nueva economía basada en la igualdad, la justicia y la prosperidad.

Lo serio es culpar al capitalismo, no a la «humanidad»

El conocimiento científico detrás del Sexto Informe de Evaluación es indiscutible, y sus consecuencias lógicas nos fuerzan a cuestionar la pertinencia de nuestro sistema económico y político actual. Sin embargo, el informe no plantea esos problemas. De hecho, está escrito en un lenguaje que funciona como sostén de la clase dominante.

La primera tesis del Resumen para Legisladores afirma que no cabe duda de que el cambio climático es causado por «actividades humanas». La frase «cambio climático de origen humano» se repite a lo largo de todo el informe. La certeza de que los seres humanos son responsables del cambio climático se propagó en todos los medios, incluyendo los artículos de la BBC y de The Guardian.

A diferencia de otras tesis contenidas en el informe del IPCC, como las que remiten a la progresión del calentamiento, las anticipaciones del calor extremo y la predicción del aumento del nivel de los mares, la insinuación de que la responsabilidad de la situación recae sobre la humanidad en general no es científica. Es ideológica. Desdibuja la responsabilidad de la clase dominante.

Es bastante improbable que esta sea una intención explícita de los científicos del IPCC. Y, evidentemente, la tendencia popular a hablar del cambio climático de origen humano es una buena respuesta frente a los think-tanks que promueven el negacionismo. Sin embargo, los negacionistas no son hoy el obstáculo principal: el retraso y la inacción de la clase capitalista tomaron su lugar.

Son los capitalistas los que sacan provecho de la crisis climática mientras los más pobres sufren. Es el sistema capitalista el que bloquea la descarbonización mientras el mundo arde. Por supuesto, desde un punto de vista técnico, es correcto decir que el cambio climático es de origen humano. Hasta donde sé, la clase capitalista está compuesta de humanos (a menos que David Icke sepa algo que todo el mundo ignora). Pero esto no significa que todos los humanos hayan desempeñado el mismo rol en la generación de la crisis.

Es verdad, algunos nos beneficiamos de los frutos del capitalismo fósil. Es innegable que la extracción de combustibles fósiles es la base sobre la que se alzaron la civilización moderna y los avances que mejoraron la vida de muchas personas. Pero en este sistema la mayoría de la gente vive en condiciones de explotación, alienación y marginación. Consumimos los productos del capitalismo fósil, pero no elegimos las condiciones básicas de producción que conducen a la crisis climática.

El trabajador de una refinería no comparte la responsabilidad con el capitalista que lo explota para extraer una ganancia de la producción de petróleo. Las comunidades indígenas, violentamente desplazadas de sus territorios con el fin de abrir minas de carbón, no comparten la responsabilidad con los gobiernos que fuerzan la implementación de estos proyectos. Podríamos hablar del cambio climático «de origen terrícola» o «de origen mamífero». La tesis llevaría la abstracción a un nivel ligeramente más distante de aquel en que se sitúan los verdaderos culpables, pero no dejaría de ser verdadera.

Por supuesto, también sería verdad decir que el cambio climático no es propiedad exclusiva del modo de producción capitalista. Embarcándonos en el relato contrafáctico, podríamos decir que cualquier civilización humana que hubiera descubierto los combustibles fósiles los habría aprovechado, poniendo en movimiento la insospechada rueda del cambio climático. Sin embargo, el fallo del capitalismo parece estar en su incapacidad de revertir la situación. Conocemos las causas y los efectos del cambio climático desde hace décadas, y, aún así, la prioridad de maximizar las ganancias a corto plazo siempre logró desplazar la necesidad de transformar nuestro sistema energético.

No somos todos igualmente responsables por la catástrofe climática. Sin una transformación planificada de la economía, nuestros comportamientos individuales, aun tomados en conjunto, son impotentes frente al objetivo de la descarbonización. Entonces, tenemos dos opciones: o bien nos embarcarnos en una política climática misántropa, que condena a la humanidad en general y oculta las verdaderas causas de la crisis, o bien adoptamos una perspectiva de justicia climática humanista y socialista, que cuenta con el potencial humano y las posibilidades de construir un mundo mejor.

El mundo a 1,5°C

El calentamiento de 1,5°C es lo mejor a lo que podemos apuntar. Pero entonces, si muchos de los cambios son a esta altura inevitables e irreversibles —como muestra el informe del IPCC—, los incendios en Grecia, Turquía y Argelia señalan el comienzo de una nueva normalidad. En este contexto, estamos obligados a liberar las mejores cualidades de la humanidad en vez de enfatizar las peores. Además de luchar contra cada mínima fracción del promedio del calentamiento, debemos aceptar que habitamos condiciones climáticas mucho más peligrosas que las del pasado. En este punto se vuelven fundamentales la solidaridad y la justicia.

Nuestra misión principal es limitar el calentamiento mediante la descarbonización, de la manera más rápida y justa posible. Pero también tenemos que considerar cómo nos adaptaremos al nuevo clima. La izquierda y el movimiento contra el calentamiento global deberían exigir e integrar en su plataforma política un programa de adaptación equitativa al cambio climático.

Tenemos que contar con infraestructuras y edificios resistentes, barreras contra las inundaciones, planes de evacuación, servicios de emergencia bien financiados, seguros estatales contra pérdidas y daños, políticas de acogida y apoyo para los refugiados. Si bien estos elementos no deberían representar el límite de nuestras ambiciones políticas ni funcionar como una excusa para abandonar la lucha contra la descarbonización, debemos integrarlos a la concepción de la justicia en el nuevo mundo de 1,5°C.

Como deja en claro el informe del IPCC, las próximas décadas nos plantean distintos escenarios posibles. En uno de ellos, los gobiernos y los movimientos contra el cambio climático fracasan rotundamente y no logran disminuir las emisiones en el tiempo requerido. Por supuesto, nuestra ambición debería ser tomar el poder del Estado y utilizarlo para transformar la economía e impartir justicia. Pero también deberíamos estar preparados para operar en escenarios donde los políticos logran sostener el statu quo sin descarbonizar, o donde la descarbonización se desarrolla en beneficio de los ricos y a costa de los pobres y marginados. En estos escenarios de relativa derrota, debemos estar preparados para defendernos mediante el fortalecimiento del poder popular y el desarrollo de la solidaridad. Frente al fracaso del Estado, deberíamos ser capaces de resistir colectivamente organizando sistemas de distribución de alimentos, refugios de emergencia y operativos de rescate.

Es comprensible que, en momentos como este, con la publicación del contundente informe del IPCC, en medio de condiciones climáticas implacables y devastadoras, se generalice un sentimiento colectivo de desesperación, impotencia y ansiedad. Por ejemplo, en la mayoría de los escenarios contemplados por el IPCC, toda mi vida adulta transcurrirá en el contexto de un planeta cada vez más caliente. Deberíamos tratar de evitar que dichos sentimientos conduzcan a la desesperanza o a la misantropía.

Sin importar lo que digan los medios, la clase dominante o los científicos, «nosotros» no somos responsables por la crisis climática. En cualquier caso, como los verdaderos responsables no piensan hacer nada al respecto, el asunto está en nuestras manos. Sobre esa certeza podemos construir un movimiento de masas militante y radical, dispuesto a construir una economía basada en la igualdad, la justicia y la prosperidad. Sabemos que nuestra generación tendrá que cargar con el legado del capitalismo, pero tal vez seamos también nosotros quienes logremos arrojarlo al basurero de la historia.

jueves, 2 de septiembre de 2021

¡Es tan sencillo!

«Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible», dijo en una ocasión el torero Rafael Guerra, y esta misma frase puede servir para definir al «capitalismo eterno».

Porque el mercado que se autorregula (siempre para el lucro) tiene los días contados. Puede ocurrir, esperemos que no, que con él se acabe también la civilización humana (y algunas cosas más), pero en todo caso no puede seguir funcionando indefinidamente un sistema económico orientado al lucro, y por eso mismo al crecimiento infinito.

En una reunión sobre la deuda celebrada en La Habana en 1985, Fidel Castro movilizó todas las herramientas de su enorme gama retórica para señalar un punto clave: la deuda no puede ser atendida, y no puede ser pagada:

"Me culpan por decir que la deuda no se puede pagar. Deberían culpar a Pitágoras, Euclides, Arquímedes, Pascal (o Lobachevski), o cualquier matemático antiguo, actual o moderno que prefieran. Las matemáticas y las teorías de los matemáticos son las que demuestran que la deuda no se puede pagar". 

Sigue siendo impagada e impagable. Durante la actual pandemia, 64 países gastaron más en el servicio de la deuda que en el pago de la sanidad. 

Y el mismo Fidel, en una reunión internacional en 2001, durante el Congreso Mundial contra el Racismo en Durban (Sudáfrica): 

"Están las enormes e impagables deudas, los dispares términos de intercambio, los ruinosos precios de los productos básicos, la explosión demográfica, la globalización neoliberal y los cambios climáticos que producen largas sequías alternadas con lluvias e inundaciones cada vez más intensas. Se puede demostrar matemáticamente que esta situación es insostenible".

La razón matemática a que se refería la expuse al comienzo de este blog, en sus dos primeras entradas, el dinero es deuda y aritmética, población y energía. Y nuevamente me he referido a ella en otras ocasiones, como en varias entradas publicadas en marzo de 2020: se trata del crecimiento exponencial. ¡Pero todo crecimiento es exponencial, y siempre es acelerado si se mantiene en el tiempo!. Para que encuentre un límite, la tasa de crecimiento  debe descender contínuamente, tendiendo a cero. Problema adicional es que cuando se han sobrepasado los límites, si se pretende un decrecimiento ordenado, el descenso es cada vez más lento. O brusco y desordenado.

Este descenso brusco y desordenado se produce en las crisis, sean generales o sectoriales.

Para explicar este mecanismo, al principio de El Capital, Marx utiliza dos simples esquemas que resumen el papel del dinero en la circulación de mercancías:

M-D-M'             D-M-D'

En el primer caso, aparece el dinero como un intermediario útil entre dos mercancías diferentes. El esquema significa que yo cambio una mercancía que no necesito por un dinero que me permitirá adquirir la mercancía que necesito. El dinero es así la mercancía universal, aceptada por todos porque facilita el intercambio, sustituyendo al impreciso trueque, al hacer patente la equivalencia (para quien vende y compra) de ambas mercancías. Por eso se aceptará como tal algo valioso y fácil de transportar, como los metales preciosos.

Tan exitoso es este avance económico que esta valiosa mercancía acaba siendo buscada por sí misma, porque su poseedor puede comprarlo todo. Entonces surge un nuevo mercado, en el que la mercancía aparece como intermediario entre dos cantidades diferentes de dinero. Naturalmente, ese intercambio solamente funcionará si el dinero obtenido supera al invertido.

Uno de los primeros modos de que así sea es transportar la mercancía desde el lugar en que se produce en exceso al que carece de ella. Los mercaderes, desde las culturas más primitivas, se han enriquecido cumpliendo esta función, asumiendo desde luego los riesgos durante el viaje.

La artesanía, y luego la manufactura, incorporan varias mercancías, incluyendo materiales diversos y trabajo animal o humano, para obtener un producto, vendible a un precio superior al invertido. Aquí, el dinero lo compra todo y lo transforma, finalmente, en una cantidad creciente de dinero.

En este proceso surge el capitalismo, mercantil primero, luego industrial, y por último el capitalismo financiero.

Este último no incorpora al producto distancia ni elaboración, sino solamente dinero. El que en un momento dado necesitan los agentes económicos y del que no disponen, con la esperanza de que se devolverá acrecentado. Por lo tanto, solo un crecimiento futuro permitirá completar este ciclo mágico D-D'. El crédito pone así en marcha toda la maquinaria.

Los capitales llegan a ser los auténticos protagonistas de todo el proceso, y se crea un mercado de capitales, que no otra cosa es la bolsa de valores. En ella ya no importa la viabilidad a largo plazo de las inversiones, sino únicamente la oportunidad de comprar barato y vender caro. La astucia, la información privilegiada y la posibilidad de engañar al comprador pasan a ser lo único que importa, y el día a día es un continuo trasiego de capitales ficticios, aunque apoyados en la base real del ciclo producción-consumo. Siempre que la capacidad de producir sea viable y el consumo realizable. Si falla alguna de estas patas, se produce una alteración profunda. La oferta y la demanda se desequilibran y el proceso se rompe.

Los mercados están siempre atentos a estos fenómenos, y el capital fluye siempre a la búsqueda del mayor beneficio, y no puede ser de otra manera.

La crisis de una empresa o de un sector producen, con la bancarrota, una fuga de los inversores a otros pagos. Pero si la crisis es total se produce una desvalorización total del mercado de valores.

La proximidad de una crisis la señala el descenso del beneficio que produce la inversión en el mercado de valores. Cuando la ganancia disminuye todos quieren vender, nadie quiere comprar... La caída de las acciones es brutal. Otros pueden comprar baratos los restos del banquete, y tal vez, con ellos, obtener pingües beneficios. Las empresas menores y sectores enteros se concentran en pocas manos. Y generalmente se acaban creando oligopolios muy poderosos.

Los dueños de esas organizaciones, llegado un momento, no tienen que hacer prácticamente nada: un ejército de expertos economistas, abogados y lobbistas trabajan para ellos, y no pueden hacer otra cosa que servir fielmente a los dueños del capital.

Este "no pueden hacer otra cosa" lo deja muy claro este post de The Oil Crash, hablando de algo tan actual como los comportamientos del oligopolio eléctrico.

¿Qué ocurriría si una empresa se descolgase del contubernio correspondiente? ¡Ay! Pues que inmediatamente los inversores huirían de ella y se desplomaría en la bolsa. ¿Y si uno de los técnicos, abogados, economistas y demás asesores deja de cumplir con la parte de la optimización de beneficios que se le exige? Pues que... (¡ay!) inmediatamente recibirá una patada en semejante parte y se irá derechito a la puñetera calle.



Relatos de un ingeniero en transición

Calbuco

Resulta muy interesante analizar el giro y cambio de discurso que han tenido las grandes empresas eléctricas de este país en los últimos tres años a tenor del cambio climático y las energías renovables. El mismo día que se aprobó el RD 244/2019, que impulsaba el autoconsumo eléctrico y derogaba el impuesto al sol, una de estas empresas anunciaba por televisión la posibilidad de instalarse placas solares junto con un eslogan muy pegadizo. Es natural, aunque paradójico, que estas grandes corporaciones busquen aumentar beneficios a costa de mitigar emisiones que ellas mismas generaron en un pasado no muy lejano. Verde que te quiero verde, titulaba Eduardo Galeano a un cuento corto, haciendo homenaje a García Lorca, sobre lo que luego se denominaría greenwashing. Y esto no había hecho más que empezar.

Tras el verano de 2019, una de estas grandes y verdes utilities (le llamaremos X) nos contactó para estudiar varios proyectos de autoconsumo en gran parte de sus centrales de generación fósil repartidas a lo largo del territorio español. La primera reunión con X estuve con un compañero frente a seis empleados de la central. Nos explicaron el alcance del proyecto, plazos de ejecución y el modo de presentar la propuesta técnica-económica para que en unos meses se lanzara una licitación privada. Es decir, antes de nada, contactan con empresas especialistas para que diseñen las diferentes opciones y luego se plasman en unas bases técnicas y económicas. Hasta aquí, todo normal, si no fuera porque todo el trabajo que implica preparar una propuesta de este tipo no está remunerado de ninguna de las maneras.

Pero claro, como le vas a decir que no a X. Tras visitar las centrales (tres ciclos combinados y una nuclear) tuvimos que participar en cuatro licitaciones diferentes que, además, se publicaron prácticamente en el mismo espacio de tiempo. Para más inri, coincidió con el confinamiento más duro que sufrimos el pasado 2020. Las fases de licitación para cualquier actividad con X son muy claras. Un primer corte técnico donde los “especialistas” evalúan si la propuesta enviada cumple con los aspectos principales de producción, tecnología, implantación, etc. Pongo las comillas en especialistas porque en este caso, los que supervisaban las propuestas, eran los responsables de las diferentes plantas de generación fósil. Unas cuantas videollamadas fueron necesarias para explicar a técnicos nucleares como funcionaba una planta de autoconsumo fotovoltaico y por qué los módulos bifaciales no eran rentables para determinadas potencias. La actividad en X se divide en generación fósil y renovable. Posiblemente, la división de renovables, con su actividad frenética en batir récords de potencia instalada en la península, no tenia tiempo para gestionar migajas de megavatios y cedió toda la responsabilidad a los técnicos de las plantas de generación contaminantes. Eso sí, la poca información que manejaban estos técnicos se basaba en grandes plantas fotovoltaicas y nada tenían que ver con proyectos de autoconsumo. Tal era su desconocimiento de las posibilidades del autoconsumo, que lo que en un principio iba a ser un proyecto de autoconsumo sin excedentes, con el fin de cubrir los consumos auxiliares de la central, se convirtió (burocrática y técnicamente) en un proyecto de conexión a red. Toda la energía generada se vertería en las barras de transporte con el resto de MWh de origen fósil para recorrer cientos de kilómetros. Pero el slogan de X remarca la importancia del autoconsumo en sus plantas fósiles. La revolución ha llegado.

Una vez recibimos las bases técnicas y demás documentos corporativos de X, comenzaba la cuenta atrás para presentar nuestra mejor propuesta. El documento “Criterios de diseño” reflejaba el trabajo de varias videollamadas y las recomendaciones técnicas que habíamos sugerido en las últimas semanas. Imagino que otros contratistas aportaron su granito de arena, pero la gran mayoría de aspectos técnicos era cosecha propia. Ahora nos tocaba ofertar ciñéndonos a todos los documentos que X obligaba seguir al pie de la letra. De hecho, en caso de sugerir alguna modificación, existe una tabla de desviaciones donde hay que incluir el documento, página y párrafo que cumple con tu oferta y firmarlo para que quede registrado. Todo muy formal y riguroso, aparentemente. Pero lo divertido llegó en la segunda fase, la sección económica. Desde la sección de compras en Madrid convocan una reunión para revisar los precios estimados y te dicen qué porcentaje estas por encima del contratista más barato. En nuestro caso era un 25 % por encima. Revisando partida por partida, la encargada del “regateo” por parte de X nos indicó que en la parte de estructuras y obra civil estábamos por encima de la media. Pregunté sin tapujos si el resto de contratistas estaban ofertando estructura metálica, tal y como indicaban las bases técnicas, con su correspondiente hincado directo y/o pre-taladrado en caso de ser necesario. Mi sorpresa fue cuando, por parte de Compras, me invitaron a contactar de nuevo con los responsables técnicos para verificar esa información. Al cabo de 20 minutos tenia un correo solicitando una revisión de mi oferta con estructura no metálica. Obviamente esto suponía que alguien había hecho trampas, no cumpliendo con los requisitos técnicos y que X lo había consentido sin avisar a otros contratistas, como era nuestro caso. La noticia en nuestra dirección sobre estos trapicheos no sentó nada bien. Aun así, seguimos en el proceso. Conseguimos mejorar hasta un 18 % con respecto a la anterior oferta. Pero no fue suficiente. Al contrario de lo que defendían algunos expertos en contratos con X, se acabó adjudicando a la empresa más barata. Y todo el trabajo previo, de nuevo, no sirvió para nada. Sólo para hacerle el trabajo sucio a los técnicos de X, responsables de la licitación. A día de hoy, me consta que la ejecución del proyecto está parada por permisos relativos a la excavación de tierras. Desde mi equipo avisamos ese posible problema, pero claro, eso suponía más euros en el contrato.

Cambiando a otra super compañía generadora, distribuidora y comercializadora de electricidad, nos encontramos con Y. Mis primeras relaciones con Y fueron bastante agresivas. Me contactaron directamente para firmar un NDA (Contrato de confidencialidad) sujeto al estudio de varios proyectos estratégicos. Inicialmente nos reunimos en Madrid, pero tuvimos otras reuniones en Barcelona y Sevilla. Llegué a conocer a más de diez responsables/directores/heads/managers del área de negocio (así lo llaman en Y) relativo al autoconsumo y generación distribuida. Era curioso ver el cambio de Y a los nuevos tiempos, pero también era sospechoso observar que ninguno con los que trataba tenía las ideas claras sobre la energía solar fotovoltaica. En los primeros estudios nos solicitaron presentar oferta para realizar un EPC, pero en el último momento cambiaron el alcance a BOP. Para los que desconocen la jerga, EPC comprende el alcance completo de un contrato de construcción (Ingeniería, adquisición de equipos y construcción), mientras que el BOP se limita a la instalación. Esta es una practica habitual de X e Y en los grandes proyectos. Exprimen desde el minuto uno justificando que es EPC y cuando no puedes ajustar más margen y has puesto las cartas sobre la mesa, te cambian a BOP. ¡Abran juego, señores!

Tras varias propuestas y muchas reuniones, nos plantearon ofertar instalaciones de autoconsumo en base a un preciario cerrado. El desconocimiento de la casuística en instalaciones de autoconsumo era tal que, por mucho que insistíamos en que era inviable ceñirse a un preciario sin tener en cuenta las particularidades de cada emplazamiento, seguían erre que erre. Al igual que con X, las bases y especificaciones técnicas eran heredadas de grandes plantas y la normativa, poco o nada tenía que ver con proyectos de autoconsumo. La estrategia de Y consiste, hasta el momento, en lanzar preciarios a todos los comerciales que conservan en activo y bombardear a clientes de suministro eléctrico existente. Poco importa que oferten al mismo cliente que, por tu cuenta, como contratista “independiente”, has encontrado, y obviamente existe un NDA que les sirve para hacer aviones de papel. En caso de que piquen el anzuelo, contactan al contratista más barato que haya rellenado el preciario, a ver si hay suerte y no se desvía mucho del precio inicial. ¿Para qué formar equipos especialistas en diferentes áreas de negocios? ¿Para qué aportar un valor añadido a la sociedad aprovechando los ingentes recursos económicos y humanos? ¿Para qué cambiar de modelo si este funciona de maravilla? Pues estas y muchas otras preguntas me hacía en las videollamadas eternas con Y que nunca acababan de concretar nada. Como anécdota personal, hace unas semanas me contactaron unos agentes comerciales que trabajan indirectamente para Y. Querían saber la disponibilidad de unas pequeñas tierras, heredadas de mis padres, para la implantación de un gran proyecto de Hidrógeno. Estuve más de media hora al teléfono para sacar la máxima información posible. En resumen, pretenden hacer una instalación de “autoconsumo” de más de 1GW de potencia fotovoltaica conectada a una planta que produzca cantidades enormes del gas de moda. Que el lugar sea posiblemente de los más remotos y poco comunicados de España da igual. Que las necesidades energéticas locales sean ridículas en comparación a la producción de hidrógeno también importa poco. Por suerte, a día de hoy, unas cuantas plataformas están en pie de guerra contra este tipo de proyectos tan alejados de la realidad y tan innecesarios en ese contexto y a esa escala. El debate generado ante esta tendencia de reventar territorio a costa de todo, está surtiendo efecto y algunos fondos de inversión parece que empiezan a dudar. Las energías renovables deben seguir desplegándose por el territorio, en eso no hay debate, pero debemos reflexionar y revisar el cómo y el para quién.

(...)

domingo, 29 de agosto de 2021

Afganistán como nunca te lo han contado (y III)

Tercera y ultima parte del artículo El Afganistan Socialista (1978-1992). Afganistan como nunca te lo han contado, que continúa lo que he publicado y comentado en la primera y la segunda.

Después de conocer la triste historia de este desgraciado país, tan difícil de ocultar si no es con una llamada a la ignorancia, sobra cualquier hipócrita rasgado de vestiduras por parte de los gobiernos y los medios occidentales.

Porque además, ¿de dónde salieron las armas utilizadas por los talibanes en esta guerra? ¿quiénes han hecho suculentos negocios facilitándoselas? ¿estaban ciegos o al margen los gobiernos de los países en que se fabricaron, y a cuya prosperidad económica contribuyeron?

El negocio de las armas crea y alimenta los conflictos de forma inseparable de los intereses estratégicos de los gobiernos. Los nuestros no han sido precisamente modélicos en este sentido. 


El Afganistán Socialista (1978-1992). Afganistán como nunca te lo han contado

Baradar Akhund, en el centro de la imagen, durante el vídeo en el que declara el triunfo talibán. | Reuters













¿Qué pasó después?

La oposición, llamada en Occidente, incluso por la izquierda "de salón" RESISTENCIA, REBELDES, LUCHADORES POR LA LIBERTAD, que no es mas que un amasijo de 300 comandantes enfrentados entre sí y acostumbrados a llenarse los bolsillos con los dólares de la CIA, termina en 1992 por derribar al gobierno comunista. Las conquistas sociales son liquidadas y el país pasa a un nuevo tipo de guerra civil entre los diferentes jefes tribales.

La CIA, el régimen saudí y el general pakistaní Nasrullah Babar forman un grupo integrista aún más fanático y brutal que toma el poder en Kabul en 1996, los talibanes. Los USA pretenden que este régimen no dificulte la instalación de oleoductos que transporten el petróleo centro-asiático a manos de las petroleras yanquis. Otras vías alternativas por Irán y China no son posibles. Los talibanes hacen saber mediante dos gestos lo que va a ser su política: arrastran por las calles de Kabul y cuelgan al último presidente comunista, Najibullah, y ordenan a las mujeres a esconderse debajo de de una espantosa pieza de tela. El asesinato de Najibullah podía haberlo evitado él mismo: le ofrecieron salvarse si firmaba un documento favorable a Pakistán. Al no hacerlo, los lacayos de EEUU no tardaron tiempo en darle una muerte horrenda y terrible.

Los antiguos amos de la CIA pensaron seguramente que su operación había tenido éxito y que Kabul "ya era libre". Pocos imaginaban, y tampoco sus aliados de la OTAN, que los fanáticos integristas se iban a volver contra ellos colaborando, supuestamente, en los devastadoras atentados de EEUU y otros lugares.

El pueblo afgano tuvo una oportunidad de obtener un desarrollo pacífico y construir una sociedad más justa. La única ayuda que recibieron de Occidente fue las armas de los bandidos integristas, después las lágrimas de cocodrilo de algunas feministas pequeñoburguesas, los misiles de Clinton y un país sumido en la miseria en todas sus categorías clasificables.

Todavía, quienes tenemos memoria tenemos que aguantar noticias como «Una mujer conduce por primera vez en Afganistan» (Europapress, 2014), como si fuésemos IMBÉCILES y desconociésemos la historia. La Historia de un Afganistán libre, socialista, donde las mujeres podían ser y desarrollarse, donde los pobres y los humildes por fin tocasen con la punta de los dedos el poder y autogestionar sus destinos.

Por desgracia, execrables y repugnantes intereses sembraron de muerte y pobreza Afganistan en nombre de la libertad: Como en Irak, como en Libia y como hoy en Siria. Debemos recordarlo, debemos tener memoria, pues si no lo hacemos, conseguiremos que vuelvan a matar, de nuevo, a todos y todas las valientes que en 1978 lucharon por un Afganistán mejor que da mil patadas a la cloaca creada por EEUU en 2001.

Los afganos, a pesar de todo, no lo han olvidado. Cabe señalar que una encuesta de Radio Kabul en 2008 preguntaba qué gobierno preferían los afganos: Un 93% dijeron que la República Socialista, recordando el periodo de prosperidad vivido en aquellos años que, de momento, parece que no volverán.


BIBLIOGRAFÍA:

http://www.marxist.com/destino-afganistan-socialismo-o-barbarie-es.htm

http://arqueohistoriacritica.blogspot.com.es/2013/10/afganistan-gloria-y-tragedia.html

http://www.theatlantic.com/photo/2014/08/the-soviet-war-in-afghanistan-1979-1989/100786/

Si el artículo te ha parecido interesante, compártelo, es importante que estos datos sean conocidos. La mayoría los desconoce, cuando son claves para entender el surgimiento del yihadismo.

¡Salud y comunismo!