viernes, 14 de febrero de 2025

Nosferatu y el monstruo de Frankenstein (tirando a peor)

Monstruos reales, mucho más dañinos que aquellos de ficción. A fin de cuentas, la pobre criatura del doctor Frankenstein era un personaje compasivo, lo que no son estos dos seres sin piedad.

A través de Carmen Sastre Zarza llego hasta una publicación de David Pablo Montesinos Martínez. No está de más que nos recuerde el que tu i jo sabem, i que sovint oblidem, en este caso la iniquidad de estos sujetos, porque a menudo olvidamos lo que sabemos para no hacer nuestro el sufrimiento ajeno. Pero la idea a mi juicio más importante es que estos monstruos no surgen de la nada, y son apoyados por gentes que con ellos tienen mucho que perder. Su mezquindad supera a su razón. Destaco algunos párrafos:

Trump es un efecto, no una causa. Las ideologías iliberales se reactivan si aparecen ciertos líderes, pero, no nos engañemos, si estos aparecen es porque hay un mercado ya configurado para que ellos ocupen ese vacío.

Existen triunfadores como Trump porque en el acto político más icónico de la democracia representativa –el voto– a muchos seres humanos les sale lo más mezquino que puede habitar entre las vísceras de un simio. No es que voten mal, como dice Vargas Llosa que hacen los peruanos cuando gana el candidato que a él le molesta. Al contrario, han votado a aquél con el que se identifican, aquel que más se parece a lo que son y a lo que quieren.

Trump lo vota mucha “basura blanca” para que no les adelante la basura negra o cobriza; a Trump lo votan muchos inmigrantes para que no entren otros nuevos que les birlen el puesto.

¿Cómo "hacer pedagogía" con esta gente? Anoto esta sugerencia:

Somos seres deseantes, y el deseo, si nadie nos propone otro más sexi, puede ser tan poco confesable, pero tan firme, como el de ese compañero de trabajo de un amigo de este columnista, que a la propuesta de Sumar de una reducción de la jornada laboral que le permitirá regalar menos tiempo a su jefe y más a sus hijos, responde que él prefiere currar a pasar tiempo con sus hijos. Hay gente así de poco edificante, pero no arreglaremos nada negando que existe, ni diciéndole la verdad, ni con educación, ni animándola a ser racional, justa o bella. Es el deseo lo que hay que movilizar, y si no en ellos, contra ellos.

Y como diría Fraga Iribarne, "no tengo nada más que añadir".

Nosferatu y el monstruo de Frankenstein









EL MAL EXISTE

Un viejo conocido que, ante la proximidad de la senectud, decidió hacerse ultrafacha, me soltó un día frase sobre la que he reflexionado: “El mal existe”. Este señor, que de joven era más bolchevique que nadie, ha terminado comprando el pack entero: blasón rojigualdo con el toro bravo, neoliberalismo impostado, vivas a la guardia civil y al ejército, y esa misteriosa tendencia, tan extendida, de echarle a Pedro Sánchez la culpa hasta de que las chatis no te hagan ni puto caso. El pack se completa con la panoplia aquella de que falta mano dura hacia los delincuentes. Yo no dije que no hayan de penalizarse los delitos –de hecho eso no lo dice nadie que yo conozca– sino que existen unas garantías democráticas, que la misión de la justicia penal no es la venganza… en fin esas obviedades por las que te llaman progre y que resulta que figuran en la Declaración de los Derechos Humanos. “El mal existe”, dijo, “ya lo sé, gaznápiro”, debí contestarle, “y puede que sean tipejos como tú los que lo respaldan.

El mal existe, desde luego que existe. Y tiene un nombre: Donald Trump. Yo no creo que Donald haya causado nuestras calamidades, es más bien una consecuencia de ellas. Existen triunfadores como Trump porque en el acto político más icónico de la democracia representativa –el voto– a muchos seres humanos les sale lo más mezquino que puede habitar entre las vísceras de un simio. No es que voten mal, como dice Vargas Llosa que hacen los peruanos cuando gana el candidato que a él le molesta. Al contrario, han votado a aquél con el que se identifican, aquel que más se parece a lo que son y a lo que quieren.

¿Hará grande a América de nuevo? En absoluto, pero no le votan para que lo logre, sino para que lo proclame. Y lo hará desde la promesa de que, aunque los ricos sean más ricos, los que quedan por detrás de ti, señor Juan Nadie, no van a adelantarte. Es a esos a los que Trump promete que va a joder a base de bien. A Trump le vota mucha “basura blanca” para que no le adelante la basura negra o cobriza; a Trump le votan muchos inmigrantes para que no entren otros nuevos que les birlen el puesto. Donald condujo al Capitolio a una turba de fanáticos, paranoicos, alcohólicos e indeseables para dar un golpe de estado… es el espíritu de esa turba de harapientos el que ha llegado a la Casa Blanca.

Me conmueve que Robert de Niro, en el crepúsculo de su vida, haya tenido el coraje de hacer uso de su fama para advertir a los norteamericanos que el tipo al que han votado es un monstruo. Su argumentación es brillante y acierta cuando afirma que hay que intentar hacer ver a los ciudadanos que se equivocan. Pero discrepo en algo esencial: Trump es un efecto, no una causa. Las ideologías iliberales se reactivan si aparecen ciertos líderes, pero, no nos engañemos, si estos aparecen es porque hay un mercado ya configurado para que ellos ocupen ese vacío. Bolsonaro es un mediocre, Berlusconi un putero, Milei un farsante. Y Trump… pues miren, Trump no es mucho más que un Jesús Gil a la americana, es decir, un ignorante, un psicópata sin escrúpulos ni valores, un mercachifle y un majadero. No hay ningún valor apreciable en todos estos caballeros, son la hez del mundo.

Pero no es el escrito de Robert de Niro lo único que me ha removido por dentro en estos días. 

Tengo la impresión de que Gaza está convirtiéndose en el desagüe por el que se precipita a chorros la credibilidad ética de la sociedad de naciones del Siglo XXI. Si en algo prefiero a Trump que al pobre diablo de Joe Biden –qué personaje más pequeño, Dios es en que al menos pone a las claras el plan del Estado de Israel y se dispone a apoyarlo. La idea es vaciar Gaza de gazatíes, así de sencillo. La convertiremos en un resort para turistas con dinero, solo será habitada por judíos, y los palestinos que no quieran morir bajo los bombardeos tendrán que buscar acogida en Siria o en Egipto.

Estamos cerca de ver cómo se perpetra uno de los más infames crímenes contra la humanidad de la historia contemporánea, lo cual supondrá consumar una sangrienta cacería que ya se ha cobrado cerca de cincuenta mil muertos. El Gobierno de Israel y el de EEUU al alimón, con la complacencia o la pasividad de otros muchos, se dispone a perpetrar ante nuestros ojos una monstruosidad que jamás imaginé que pudiera ocurrir. Siempre supe que Israel quería una nación sin palestinos, el objetivo del sionismo fue desde el principio robar un territorio a sus legítimos habitantes.

Yo les pediría que por un momento imagináramos cómo sería que, por ejemplo, la Comunitat Valenciana hubiese sido elegida como destino para los judíos y que, durante setenta años, se dedicaran estos a arrinconarnos, robarnos tierras, destruir nuestra forma de vida, bombardearnos, aprisionarnos entre muros… y todo el largo etcétera que ya hemos visto, hasta la Solución Final que ahora asoma.

Cada palestino es en estos momentos dramáticos el rebelde que lucha por las eternas causas de la humanidad: la libertad, la dignidad, la vida. Quizá les parezca palabrería grandilocuente y metafísica, les aseguro que en Gaza no lo es. Los palestinos son hoy los nuevos judíos, perseguidos por los mayores asesinos del planeta, cuyo plan guarda similitudes sorprendentes con lo que estos sufrieron hace setenta años en Europa.

Vuelve el horror. El mal existe, es cierto. El bien también.

jueves, 13 de febrero de 2025

Ponte en su lugar

Hallo en el último libro que sobre la conciencia han publicado Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás una interesante información sobre cuándo y cómo surge en el niño la concepción del YO. Según Jacques Lacan, entre los seis y los dieciocho meses el niño comienza a entender que la imagen que ve frente al espejo es la suya propia. Esta capacidad de autopercepción, de la que carecen casi todos los mamíferos, implica el reconocimiento de que soy uno más entre otros que también se reflejan allí. La identificación de mí mismo como "otro más" introduce la categoría de "mis semejantes" y entiendo que si pueden actuar como yo lo hago deben poseer motivaciones y sentimientos como los míos.

Así surge la chispa que enciende la posibilidad de comprender al otro y ponerse mentalmente "en su lugar": la empatía:

La empatía es la capacidad que tiene una persona de comprender las emociones y los sentimientos de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar, es decir, como un individuo similar con mente propia. Por eso es vital para la vida social. Además consiste en entender a una persona desde su punto de vista en vez del propio, o en experimentar indirectamente los sentimientos y percepciones del otro.

Salvo algún psicópata a tiempo completo, todos empatizamos en algún grado con los que consideramos nuestros semejantes. La identificación con otros, sin embargo, no se produce de forma automática, y depende de la proximidad, no únicamente física, que percibamos en ellos. El abstracto concepto de "prójimo" encubre el hecho concreto de que unos me son más "próximos" que otros.

Por eso no todo nos conmueve igualmente. La afinidades culturales e ideológicas facilitan la identificación con otros. Muchos se identifican con las figuras del famoseo y se apasionan, sufren y gozan con ellas. También podemos sufrir con las víctimas de una tragedia, pero en este caso el "principio del placer" funciona apartando pronto de nuestra mente esa identificación dolorosa que poco tiene que ver con el "sufrimiento" mucho menos real con que nos distraemos viendo los programas "del corazón".

La distancia física y la lejanía cultural hacen más soportable el sufrimiento de los gazatíes que el de las víctimas de la DANA o el producido por el último asesinato machista.

Para entender mejor por qué ocurre esto debemos volver al YO.

El YO no existe sin la percepción del conjunto de relaciones que el individuo establece consigo mismo y con el exterior. Los "cinco" sentidos que por tradición llamamos "corporales" nos informan del exterior. Los verdaderamente corporales, que nos informan de nuestro propio cuerpo, conforman la propiocepción.

Así percibimos la situación de las diferentes partes de nuestro cuerpo, incluso de aquellos órganos que no controlamos voluntariamente. También la posición en el espacio, tanto del cuerpo como conjunto, gracias al sistema vestibular, como de cada una de sus partes móviles. En cada momento puedo ser consciente de dónde está mi mano y lo que hace.

He aquí el punto de apoyo de cualquier interacción con el exterior. A partir de él nuestro YO se expande, abarcando con diferente intensidad diferentes entornos. Prolongo mi piel con mi vestido, mi mano con los utensilios que maneja, y en general todo lo que poseo empieza a formar parte de un "yo extendido". Mi espacio, mi familia, mis amigos y los grupos de afiliación con que me identifico.

También los objetos que necesito y aprecio, con los que establezco una relación importante, sea de utilidad o sentimental, se integran en este nuevo YO, y su pérdida puede constituir un desgarro importante de mi personalidad.

A través de una pesadilla imaginaria, este artículo de Monedero nos pone en el lugar de esos gazatíes a los que el inhumano proceder del ejército de Israel obliga a abandonarlo todo en un brevísimo tiempo, a mutilar su YO, sin ninguna esperanza de recomposición futura. Esta gente no forma parte de nuestro entorno habitual, de nuestra "mente extendida", Para comprender cabalmente su angustia hemos de entrar en su conciencia y hacerla nuestra. Como el niño que, ante el espejo, se ve a sí mismo como uno más entre los otros.


Una inmensa lluvia de tristeza y vergüenza

Imagina que te dicen que tienes treinta minutos para abandonar tu casa. Van a bombardear el edificio. Desde hace horas pasan rasantes los aviones. No lo puedes entender. Hace nada todo estaba tranquilo y tus preocupaciones eran tu trabajo, tu familia, tus afectos. Todo se ha desmoronado tan deprisa... Como si alguien con mucho poder moviera los hilos de tu vida.

Tu casa, todas sus habitaciones, toda la planta con los vecinos, todos los pisos de la vivienda van a ser convertidos en ruinas. Tienes treinta minutos para hacer una mudanza vertiginosa, para coger lo que quieres salvar. Nunca has hecho una lista tan importante. ¿Estás sola? ¿Tienes hijos? ¿Hay alguien enfermo en la casa? ¿Vives con más gente? Treinta minutos. Ya han pasado cinco. Piensas en cosas que tienes en otros lados, en casa de tus padres, en la casa de los abuelos. No hay tiempo. Está demasiado lejos. No te distraigas.

¡Ropa! No es lo más caro ni debes escoger la más cara. Pero la ropa es lo más importante. Afuera hace frío. Hay días que llueve. No es la ropa para el viaje de vacaciones. Es lo que vais a llevar las próximas semanas, quizá meses. No son importantes las marcas, lo más elegante, lo que conservas con cariño porque te trae recuerdos. No es momento de nostalgias. Coge lo más útil.

Necesitas el teléfono. Bueno, los teléfonos cuando sois varios. Y los cargadores. Y los ordenadores. Pero solo los que sean portátiles o las tabletas. Los ordenadores son demasiado grandes. ¿Por qué no hiciste nunca una copia en un disco duro? Un disco duro te lo podrías llevar. Ya no hay tiempo. Todas tus fotos. ¡Las escrituras, los papeles legales que tengas! Documentos de identidad, pasaporte si tienes, los registros de propiedad…Si pierdes esos documentos pierdes quién eres y nadie te va a hacer caso. Sin papeles no eres nadie. Van a pensar que mientes, que no eres quien dices ser, no puedes demostrar de dónde eres. Si tienes que cruzar fronteras, ya no eres nadie porque tu identidad no eres tú, sino ese documento que no encuentras. Y un sin papeles es uno o una más del pelotón de los últimos, de los abandonados, de los que se atiende cuando ya no se quiere atender a nadie.

Ni se te ocurra llevarte la guitarra ni el violín de los niños. Guardas corriendo una flauta, con su funda. Lo haces con cuidado. ¿Por qué se te ha ocurrido meter en esa maleta urgente una flauta? Ves algunas fotos en la pared que arrancas terminante doblándolas y también las guardas. Miras los libros. Se te pasa por la cabeza la estupidez del libro que te llevarías a una isla desierta. ¿Qué libro te llevarías cuando van a bombardear tu casa? No. Lorca decía “dadme medio pan y un libro”. Pero los libros que más te gustan son muy voluminosos. Le quita el espacio a una bufanda para la niña, para otro pañal, para un par de camisetas. Ves los libros que tienes empezados en la mesilla. Ahí se van a quedar para siempre. Cuando está muriendo tanta gente, la verdad es que da igual quién es el asesino en un pequeño pueblo en algún lugar del norte de Europa o los sueños de un loco que se creía un caballero andante.

¡Las medicinas! Coges todas las medicinas que tienes. Las que estáis usando y las que ya están caducadas. Atisbas a ver que en la calle, en el destierro de quienes han perdido su tierra, en un campo de refugiados, en una carretera camino de la nada, con gente herida, enferma, mal alimentadas, embarazadas, niños de meses, ancianos, tanta gente sin rumbo ni certidumbre, van a hacer falta muchas medicinas.

Guardas un cuchillo. No sabes para qué te va a hacer falta. Pero lo guardas. Uno ni tan grande que no sirva para cortar un trozo de pan ni tan pequeño que no sirva para defenderte. Y un par de cucharas. Y un par de tenedores. Cuántos cacharros ahora inservibles. Intentas guardar una olla. Es demasiado grande. ¿Pero dónde vamos a cocinar, a calentar agua? Los minutos derrapan. ¿Ya habrán pasado quince minutos? ¿Veinte? Los aviones dejan su estela sucia en el cielo todo el rato. ¿Cuál será el que suelte las bombas? Has sacado a todo el mundo de la casa. Te esperan fuera. Sigues pensando qué meter en esas dos maletas que puedes llevar, una en cada mano. Se han llenado demasiado pronto. Coges una más grande y vacías en ella la otra más pequeña. No sabes cómo vas a llevar una maleta tan grande. Pero más de dos es imposible. Los niños ya llevan su mochila. Piensa, piensa, piensa. ¡Hay que meter algo de comida! Y empiezas a mirar en la nevera, en el congelador, entre las latas… Sin agua y sin comida ¿a dónde vamos? Nunca imaginé cuando volvía de la compra con las bolsas llenas que tuviera que meter comida en una maleta. Piensa.

Quitas una lata y metes una radio y un paquete de pilas que por suerte tienes ahí. Recuerdas una película donde el protagonista se lleva siempre su maceta cuando cambia de casa. Tienes que dejar tus plantas. ¿Qué vas a hacer con tu perro, ya viejo y cansado? Ya verás más adelante. Pero no hay perros cuando te destierran. No hay comida para los seres humanos, ¿cómo va a haber comida para los perros? “Los perros vamos a ser nosotros”, pasa fugazmente por tu cabeza.

Te parece oír una explosión. Tienes que salir corriendo. Ves la aspiradora en el rincón. Haría falta una aspiradora gigante que nos aspirara a todos y nos sacara de ahí. Ni la escoba ni el recogedor ni la tabla de la plancha ni el tendedero de la ropa ni las pinzas hacen falta. ¡Una pinza para el pelo! Y unas tijeras. Y una pinza para depilar. ¿He cogido las medicinas? ¡Las gafas! Cómo se te podían haber olvidado las gafas… ¡Y el dinero suelto que tengas por la casa! ¡Y la tarjeta! ¿Servirán las tarjetas? Los anillos, una cadena que te regalaron de niña, broches, arras, colgantes, los relojes… Todo lo que se pueda cambiar por un plato de comida. 

Tomas un cuaderno y un par de bolígrafos y un lapicero. Igual hay que apuntar cosas. Metes también un viejo listín de teléfonos que hace años que no usas. Quién sabe si no habrá que regresar a antiguos nombres. Además, no conoces ya ningún teléfono. ¿Cuándo dejamos de aprendernos los teléfonos? Aspirinas, paracetamol, ibuprofeno, Enantyum… “Nos va a doler la cabeza”. Y yodo para las heridas. Tiritas. Y una crema para las rozaduras. Si nos faltan medicinas todo se va a complicar. La gente que necesite medicación diaria, insulina, fármacos para la hipertensión, antidepresivos… Qué harán… Todos vamos a estar depresivos. Nos curaremos entre nosotras y nosotros. ¿Y los niños? Metes en la maleta un peluche que no encontraba tu hijo. Ha salido a la calle llorando. Un solo peluche para los niños. Que lo compartan.

Se te acabó el tiempo. No has cerrado las ventanas. No has recogido la ropa tendida. Te pones otro abrigo encima del abrigo. ¿Coges las llaves de la casa? Es inútil, pero las coges. Ves de refilón una vieja foto de tu madre y tu abuela ya muertas. La metes también en la maleta y expulsas de tu cabeza la idea de que es una maleta de muerte. Qué inútil parece todo lo que abandonas. Un sacapuntas, un pequeño atril, un costurero, una pluma y sus cartuchos de tinta, la máquina de coser, los posavasos, las servilletas, los altavoces, esa televisión tan grande, el vino que estabas guardando para un día especial, la comida en el congelador, limas para las uñas, tazas de recuerdo, perfumes y cremas, una tostadora de pan, paraguas… Un paraguas en una marcha de refugiados sería como un payaso con la cara pintada de blanco y los ojos con brillos huyendo de las bombas.

Suena el despertador. Piensas si debes llevarte un despertador. Pero es la alarma del teléfono. Dudas unos instantes. Era una pesadilla. ¿Era una pesadilla? ¿Tan real? Vas reconociendo tu alcoba. Sabes que, al lado de tu habitación, en el baño, te espera una ducha caliente. Casi huele a café. El dormitorio está cálido y empieza a entrar tímidamente la luz por la ventana. Trump y Netanyahu han dicho que todos los palestinos tienen que salir de Palestina. Quieren hacer en la franja de Gaza un balneario de lujo para ricos. Mientras entras en la ducha te cae una inmensa lluvia de tristeza y vergüenza.

domingo, 9 de febrero de 2025

¿Qué piensan los magnates? ¿Qué se plantea en Davos?

A ciertos altos niveles se exige a la prostitución algo más que un mecanicismo sexual. Por algo las geishas, como las hetairas griegas, eran mujeres cultas y sensibles. Mucho podrían contar las modernas escorts sobre los magnates que contratan sus servicios, porque pocas personas están más cerca de sus confidencias, cuando la intimidad y la bebida sueltan las lenguas.

Claro que no todo pueden publicarlo. Algunas cosas pondrían en riesgo su vida; de ello tenemos cercana y cumplida evidencia.

Una de estas carísimas mujeres, asistente a la reunión de Davos, nos cuenta algo que no es tan secreto como para callarlo y que todos podemos imaginar a poco que lo pensemos. Sería ingenuo creer que esos dueños del mundo desconocen la realidad del peligroso cambio climático. El negacionismo lo propagan de puertas para afuera: narcótico para las masas.

Están bien informados, y solo los separa un relativo optimismo o un pesimismo sardanapalesco. Los optimistas piensan que un grupo reducido de privilegiados sobrevivirá en zonas habitables, rodeados de los servidores imprescindibles. Los pesimistas creen que no hay solución y quieren gozar todo lo posible en el tiempo que queda, confiando en que lo peor no los alcanzará en vida.

Impensable para ellos desguazar su orgía capitalista, no entra en sus planes propiciar cambios radicales. Los menos pesimistas son a su modo ecologistas e imaginan un nuevo "ecosistema" adaptado a sus necesidades.

Jorge Riechmann cita a Carlos Buj y su pagina ecotopías, donde se comenta la confidencia de una famosa escort.

La fiesta del fin del mundo













El cinismo de las elites que se reúnen en Davos

Reflexiona Carlos Buj:

“Davos, el refugio de los poderosos, vuelve a desplegar su alfombra para la gran élite global. Allí, entre cócteles y discursos, se habla de sostenibilidad con la misma convicción con la que un pirómano diserta sobre seguridad contra incendios. No se reconoce aún el innegable declive ecosocial en curso, sino que la atención va a estrategias para mantener el timón del desastre en manos de los mismos de siempre. La desigualdad creciente y la crisis ecológica sólo son un murmullo incómodo de fondo en una fiesta donde está cada vez más claro que el único tema relevante es cómo prolongar el privilegio mientras el mundo arde…” [1] Ha tomado pie para su entrada de blog en las revelaciones de una prostituta de lujo (y periodista, y escritora), Salomé Balthus, quien desde Berlín viajó a Davos para reunirse con clientes durante la reunión anual de la élite mundial. Crónica según el Daily Mail:

“El elefante en la habitación es el cambio climático. Todo el mundo sabe que ya no se puede evitar”, afirma esta mujer, y añade que según sus confidencias los “superricos” se dividen en dos grupos. Un grupo piensa que sólo afectará a los pobres, a la “raza no blanca”, mientras que “los otros temen que la cosa pueda empeorar, pero no tiene sentido intentar hacer nada al respecto, así que se limitan a disfrutar mientras aún puedan”. Una mitad está desesperada y la otra, menos espabilada, celebra las futuras muertes masivas.

Salomé (alias de Hanna Lakomy) explica que algunas de las personas más ricas del primer grupo dicen que los habitantes del Tercer Mundo “podrían morir, pero nosotros, los del Norte, estamos bien”. También, según ella: “Dicen que en una democracia hay que venderse bien, mentirle a la gente y decirles ‘no sabíamos nada y no pensábamos que la cosa iba a empeorar tanto’, sin admitir que sí lo saben”. Aún más: “Dicen que disfrutarán de unos cuantos años más de paz en la Tierra y saben que no hay futuro. Son muy cínicos y, de alguna manera, profundamente tristes”. La escort apuntó que temas como estos surgen en el bar, en una sauna o en el vestíbulo de un hotel, especialmente cuando la gente ya ha bebido bastante. [2]

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Notas

[1] https://ecotopias.net/2025/01/29/la-fiesta-del-fin-del-mundo/ 

[2] Miriam Kuepper, “What the global elite reveal to Davos sex workers: High-class escort spills the beans on what happens behind closed doors –and how wealthy know the world is doomed, so may as well go out with a bang”, Daily Mail, 23 de enero de 2025; https://www.dailymail.co.uk/news/article-14314191/global-elite-Davos-high-class-escort-spills-beans.html

Según el sitio web de Hetaera (https://hetaera.de/), la agencia de escorts “feministas” que fundó y dirige Salomé en Berlín (la prostitución es legal en Alemania), un fin de semana cuesta a los clientes 5.000 libras, mientras que un tête-à-tête de dos horas cuesta a partir de unas 850 libras. Aquí columnas periodísticas de Hanna Lakomy / Salomé Balthus en el Berliner Zeitung: https://www.berliner-zeitung.de/autoren/hanna-lakomy–li.125846. Y la entrada en Wikipedia: https://de.m.wikipedia.org/wiki/Hanna_Lakomy

viernes, 7 de febrero de 2025

Expolio y exterminio como solución final

La barbarie sigue aquí, viva en muchos lugares, más o menos latente en el nuestro, donde cierta estabilidad, por parcial e injusta que sea, nos mantiene sedados. De vez en cuando estalla con fuerza en alguna parte, pero la costumbre normaliza lo que no ocurra demasiado cerca de nosotros y lo apartamos pronto de la memoria.

Súbitamente, algo que parecía insólito en este tiempo pudibundo nos es lanzado  impúdicamente a la cara. Todavía nos cuesta aceptar la idea de expulsar a una población para establecer un espacio de placeres banales para unos pocos. No es todavía aceptable un exilio por la vía rápida, como sí parece serlo para muchos el exterminio a cámara lenta.

Todo se andará.

Dejo aquí completo un artículo de Rafael Poch al que ya me he referido en ecofascismo del fin del mundo a través de una cita breve de Jorge Riechmann. Nos recuerda que el genocidio, el exterminio que puede ir más allá de la exclusión, es una solución "ecológica" para los dueños de todo, en pleno desarrollo de dos crisis (¿terminales?), la del imperialismo y la climática, bajo las que subyace el agotamiento del planeta, del sistema y de su alimento energético.

La idea lanzada por este monstruo, físicamente semejante al mucho más humano creado por Mary Shelley, aupado a lomos de ignorantes, tiene precedentes históricos. Sobre uno de ellos estamos sentados los descendientes de quienes expulsaron sin piedad a judíos y moriscos. Seguro que también ese despojo enriqueció a muchos y supuso buenas oportunidades de negocio.

Que el Frankenstein malo y el Nosferatu peor se lleven bien no es cosa rara. Yanquis e israelitas coinciden en la fea costumbre de robar territorios a sus ocupantes:

Evolución de la desposesión de los pueblos nativos en Palestina y en el territorio de los Estados Unidos. / Jewish Voice for Peace



Lo malo malísimo es que a estas alturas normalicemos este proceder bárbaro. Desmitifiquemos glorias pasadas, llenas de comportamientos feísimos, y veámonos como el resultado de hechos execrables. No somos responsables de lo que hicieron otros antes, pero sí lo seremos de lo que soportemos impávidos ahora.


Consideraciones sobre el futuro y el pasado del actual mundo peligroso

20/12/2024

Destrucción causada por los bombardeos israelíes sobre Gaza a principios de 2023. / Mohammed Hajjar

















Cuando personajes prudentes como el secretario general de la ONU o el exdiplomático español Miguel Ángel Moratinos dicen que la humanidad ha abierto las puertas del infierno al ignorar el calentamiento global e incumplir los objetivos impuestos, y que nos encontramos “al borde de la Tercera Guerra Mundial”, expresan el mero sentido común de cualquier persona despierta.

Efectivamente, en comparación con situaciones del pasado, el mundo de hoy es peligroso por la combinación y correlación de dos crisis, la una dentro de la otra: la crisis del declive occidental y la crisis del Antropoceno, o mejor dicho del capitalismo antropocénico. Es decir, todo lo vinculado al cambio global y que científicos como Antonio Turiel han expuesto aquí con gran claridad.

¿Cómo se lee lo de Gaza a la luz de la combinación de estas dos crisis?

Espejo de futuro y retrovisor del pasado

¿Qué mensaje lanza la complicidad occidental con la evidente y criminal negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI que se observa allá? Sin duda un mensaje y un aviso sobre cómo la parte privilegiada de este mundo pretende “solucionar” el callejón sin salida al que nos ha conducido el sistema capitalista. Es decir: la “solución” de mantener islas de libertad y derecho estrictamente protegidas por ejércitos y armadas para, digamos, el 20% de la población mundial, y excluir, recluir, y si es necesario exterminar, al resto en zonas, humana y ambientalmente, desastradas. El sociólogo Immanuel Wallerstein decía que esto podía no ser muy diferente del orden pregonado por Hitler y los nazis.

En nuestro futuro inmediato, grandes cantidades de personas van a ser desplazadas por el cambio climático. Así que hay que preguntarse ¿qué pasará con el impulso, la complicidad y el consenso genocida de los gobiernos euroamericanos y sus medios de comunicación que se está viendo en el caso de Gaza, en la perspectiva de una crisis que destruye grandes zonas habitadas del planeta?

En la cumbre COP 28 de Dubai el presidente colombiano, Gustavo Petro, dijo: “El desencadenamiento del genocidio y la barbarie sobre el pueblo palestino es lo que le espera al éxodo de los pueblos del Sur desatado por la crisis (…) lo que el poder militar bárbaro del norte ha desencadenado sobre el pueblo palestino es la antesala de lo que desencadenará sobre todos los pueblos del sur cuando por la crisis climática quedemos sin agua; la antesala de lo que desencadenará sobre el éxodo de las gentes que por centenares de millones irán del sur al norte”.

"El racismo colonial es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel"

A juzgar por lo que estamos viendo en Gaza, es muy poco probable que la violencia, mucho más prolongada y lenta, que experimenta (y experimentará en una medida mucho mayor en el inmediato futuro) la mayoría mundial como consecuencia del colapso ecológico y el cambio climático suscite algún tipo de simpatía por parte del establishment occidental. Esto no es solo una predicción. Es también un ejercicio de memoria histórica.

Esta brutalidad tiene precedentes en las sociedades europeas más sofisticadas y cultas. Caracterizó la colonización euroamericana del “Nuevo Mundo” en la que los colonos europeos mataron a más de 55 millones de indígenas en América del Norte, Central y del Sur a lo largo de cien años, hasta el “periodo civilizador” de los siglos XIX y XX, durante el cual Occidente llevó a cabo las más brutales y salvajes campañas de violencia y exterminio en todo el mundo bajo la bandera de la modernidad y el desarrollo, particularmente en África y Asia, pero también incluso dentro de las propias fronteras europeas. Hacer en Europa algo que en los territorios coloniales no era nada excepcional fue lo que convirtió a los nazis en criminales, como observó el fundador de la India moderna Jawāharlāl Nehru en un libro escrito en 1942 en una prisión colonial británica.

El racismo colonial de Occidente es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel, el “valor europeo”, si se quiere, que explica la complicidad y la evidente negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI.

La comprensión ante el “derecho a defenderse” de Israel en países como Alemania, Francia o Inglaterra es resultado directo de la común historia colonial. Al fin y al cabo ¿qué está haciendo Israel en Palestina que no hiciera Francia en Argelia e Indochina cuando los de mi generación éramos niños? ¿O Inglaterra en la India de lo que Mike Davis llama el “holocausto tardovictoriano”? ¿O Alemania con el genocidio herero y namaqua en la actual Namibia a principios de siglo, cuando nuestros abuelos eran niños?

“Gaza”, dice Petro, “es el espejo de nuestro futuro inmediato”. Y me permito añadir: también el retrovisor de nuestro pasado.

El día 10 intervino en la Universidad de Girona Raji Sourani, fundador del Centro Palestino para los Derechos Humanos, y dijo que la lucha contra el genocidio de Gaza es la lucha por el futuro de la humanidad. No se si Sourani pensaba en el escenario de una Gaza planetaria, pero su afirmación es indiscutible.

Declive y solución militar

Entremos ahora en el segundo aspecto, la mencionada “crisis del declive occidental”. ¿Qué contiene ese concepto?

Esa crisis consiste en el intento del Norte Global (categoría que incluye a Rusia) de solventar su pérdida de peso en el mundo por medios militares. Todos sabemos, por ejemplo, que la economía de Estados Unidos, que en 1945 representaba casi la mitad de la economía mundial, hoy solo representa el 15% del PIB mundial. Y que toda una serie de países que entonces no contaban nada, hoy son potencias emergentes que van a más.

En ese contexto veamos la reacción de quienes van a menos.

–Rusia. Es obvio que pese a su recuperación de los últimos años, la tendencia le afecta de pleno, porque todo el mundo entiende que por muy bien que le vayan las cosas nunca volverá a tener la potencia que alcanzó con la URSS, cuando entre los ríos Elba y Mekong había regímenes inspirados en el soviético. En 1991, poco antes de morir, el extraordinario etnógrafo soviético Lev Gumiliov, hijo de dos de los mayores poetas rusos del siglo XX, Nikolái Gumiliov y Anna Ajmátova, expuso la cuestión con gran claridad al anunciar el inicio de “la gradual decadencia de la etnos rusa, y, transcurrido cierto tiempo, su salida de la escena de la historia, pero, afortunadamente, tenemos algunos siglos por delante para construir y moldear”. Gumiliov sugería con ello que, en cualquier caso, el futuro de Rusia sería la administración de su ocaso. En la Rusia de hoy creo que eso es algo comúnmente aceptado y precisamente por eso, se busca administrar el declive reformulando su posición en el mundo.

"La élite rusa ya no quiere integrarse en Europa, sino vincularse a la pujante China y al Sur Global emergente"

La élite rusa ya no quiere integrarse en Europa, donde solo le ofrecían un papel subalterno incompatible con su identidad de gran potencia, sino vincularse a la pujante China y al Sur Global emergente. Cree que mediante una alianza con Pekín y potenciando el movimiento de los Brics y las relaciones con el Sur global que estuvo en buena sintonía con la URSS, logrará mantener mucho mejor su soberanía a medio y largo plazo en un mundo multipolar con varios centros de poder.

La guerra de Ucrania rompe una tendencia de 300 años en la historia de Rusia, la del enfoque hacia Europa de Pedro el Grande, en el siglo XVIII, y al mismo tiempo otorga a la crisis de su régimen bonapartista una prórroga para transformarse, mediante un nuevo contrato social con su población que está siendo formulado bajo la certeza de un endurecimiento del autoritarismo y la promesa de una mayor nivelación social.

–La Unión Europea. Fue una fórmula en la misma lógica de preservación: una serie de antiguas potencias coloniales venidas a menos que se unen para poder seguir siendo dominantes. Pero, de momento, el experimento solo ha logrado situarlas en el papel de “ayudante del sheriff”.

La guerra de Ucrania fortalece su dependencia, política, militar y económica de Estados Unidos, pero las incertidumbres del segundo mandato de Trump siembran el desconcierto entre los vasallos. En el orden interno sus Estados miembros pierden igualdad social, soberanía y sustancia representativa por haber delegado competencias a instituciones oligárquicas no electas que gobiernan el conjunto: el Banco Central Europeo, en política económica y monetaria, la OTAN, en política exterior y de defensa, y la Comisión Europea en casi todo lo demás relativo a la gobernanza. Lo menciono para comprender de paso que la distancia de todo esto con los regímenes autoritarios, autocráticos, de partido único, o como se quiera definir, es mucho menor de lo que nos explican.

–Estados Unidos. Aunque algunos de sus mandatarios digan que quieren “hacer América grande de nuevo”, MAGA –lo que sugiere cierto reconocimiento de decadencia–, básicamente no aceptan el propio enunciado del problema –el declive– y quieren mantener mediante la guerra la ilusión de dominio unipolar en solitario soñada tras el fin de la Guerra Fría. Ven a China como el enemigo principal y el pulso con Rusia y la sumisión de la Unión Europea como parte de ese combate con China. En el orden interno hay división en el establishment de Washington sobre la táctica a seguir, pero no en el objetivo estratégico de preservarse como número uno, y continuar sirviendo a los intereses de los más ricos.

Como denominador común a los tres, diremos que el impulso guerrero une todos estos propósitos en los tres escenarios: Europa, Oriente Medio y Asia Oriental.

Si en el caso de Rusia y Estados Unidos, se entiende la lógica de sus respectivos objetivos y ambiciones, en el caso europeo todo parece mucho menos racional. Y eso pese a que es en Europa, de donde partieron dos guerras mundiales, donde el escenario bélico está ahora más candente.

En los tres escenarios están implicadas potencias nucleares. En Europa: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia. En Oriente Medio, Estados Unidos e Israel. En Asia Oriental, Estados Unidos, China, Corea del Norte y Rusia. Eso define un peligro aún mayor que el de aquella época en la que las superpotencias capaces de destruir el mundo solo eran dos.

Como recuerda el reloj del juicio final, del Bulletin de los físicos nucleares de la Universidad de Chicago, asistimos a las tensiones nucleares más peligrosas desde la crisis de los misiles de Cuba, en 1962. Después de aquella crisis se estableció un cuerpo de normas y acuerdos –firmados o implícitos– sobre conductas y zonas de influencia entre las dos superpotencias nucleares que contribuyeron a evitar el desastre de una guerra nuclear. Hoy todo ese entramado argumental y diplomático, tratados de control de armamentos y desarme, o se ha desmontado en las últimas décadas (siempre a iniciativa de Estados Unidos), o es ignorado con gran ligereza por responsables políticos que ya carecen de experiencia biográfica generacional de guerra. Estamos asistiendo a la ruptura del canon de la Guerra Fría en materia de relaciones entre superpotencias nucleares, sin que nada lo haya sustituido. 

"Estamos asistiendo a la ruptura del canon de la Guerra Fría en materia de relaciones entre superpotencias nucleares"

Principios importantes de aquel canon eran no colocar junto a las fronteras del adversario nuclear recursos militares capaces de anular su disuasión y no avanzar alianzas militares hostiles. Ambos se han violado en Europa.

A partir de 1992, los neocon estadounidenses proclamaron que habían ganado la Guerra Fría, pensaron que podían afirmar un poder hegemónico exclusivo y sin cortapisas en el mundo y se lanzaron a reordenarlo. Muchos estrategas de Estados Unidos dijeron que era un error y los hechos demostraron que tenían razón: el resultado fue un gran desorden en Oriente Medio que ahora se extiende como guerra en Europa y gran aumento de las tensiones con China en Asia Oriental. Hablo de “desorden” pero las cifras sugieren que se debe emplear un término más próximo a lo criminal: desde el 11 de septiembre de 2001 neoyorkino, la guerra continua desatada por Estados Unidos y sus aliados –en Afganistán, Irak, Libia Yemen, Siria, etc.– ha gastado 8 billones de dólares (dos veces el PIB de Alemania) para ocasionar entre 4,5 y 4,7 millones de muertes (directas e indirectas) y 38 millones de desplazados. En Ucrania tenemos centenares de miles de muertos, en su inmensa mayoría soldados, y en ambos bandos, dos ejércitos de mutilados, viudas y huérfanos. Obviamente en el caso de Ucrania, como en el de Siria, no toda, pero sí la principal responsabilidad es de Estados Unidos. Podemos escribir un libro sobre las responsabilidades rusas y ucranianas en el conflicto y discutir el reparto, pero lo que es indiscutible es que la iniciativa, el vector principal, es americano, euroamericano si se considera el seguidismo de la Unión Europea.

Ahora, entre el nerviosismo europeo por la victoria de Trump y ante la posible perspectiva del envío de tropas de la OTAN a Ucrania, asistimos a la reformulación de la política nuclear rusa. Se constata que la condición de Rusia como superpotencia nuclear ya no da miedo, ese miedo que evitó la guerra nuclear en el pasado, y que, por tanto, para Rusia es imperativo recuperarlo para evitar una catástrofe mayor. En ese contexto se sitúa el uso demostrativo de nuevas armas hipersónicas que no pueden ser interceptadas como el misil “Oreshnik”. Hay que tener en cuenta, además, que la historia del pulso nuclear entre las superpotencias de la Guerra Fría estuvo llena de situaciones que escapaban a la voluntad de sus líderes y que se resolvieron por el azar o el sentido común de personajes insignificantes. Por todo ello es imperativo preguntarse hoy por este tipo de peligros.

Guerra, tiempo y estupidez

Con todo este peligro nuclear, al igual que con muchos otros problemas globales, como la desigualdad social y regional, o la superpoblación, se puede convivir. Convivir peligrosamente, podríamos decir. Pero se puede. De hecho, medio siglo de Guerra Fría bajo la amenaza de la Destrucción Mutua Asegurada (Mad), así lo demuestra. Pero a diferencia de la amenaza que supone el arma nuclear, la crisis del calentamiento global es algo que conforme no haces nada para atajarla, aumenta. No se puede convivir con ella sin entrar en desastres como la hipótesis genocida del presidente Gustavo Petro.

Así que, ahora, cuando los tiempos exigen una estrecha y urgente concertación internacional, en primer lugar entre Estados Unidos y China para atajar la crisis climática, la guerra, el guion de los imperios combatientes, ya no es el desastre criminal que siempre fue, sino que además es una estupidez. Mientras se hace la guerra se pierde un tiempo del que no disponemos como especie. Por eso siempre digo que si un extraterrestre observara nuestra situación, concluiría que los dueños de este mundo peligroso han perdido la razón.

El texto sigue las notas de la charla impartida el 13 de diciembre en el Ateneo de Figueres.

miércoles, 5 de febrero de 2025

El gran poder de la mentira

A un conflictivo grupo de "corazón partío" pertenece Ángel Horacio Teper, y en su página de Facebook encuentro una interesante exposición de la teoría goebbelsiana sobre la eficacia de la mentira sistemática en la comunicación masiva.

Este decálogo de once mandamientos está hoy más vigente que nunca. Si el fascismo del siglo XX elaboró tan eficaz doctrina, ahora es la propia doctrina la que puede arrastrarnos al fascismo del siglo XXI.



Por afán simplista o pereza intelectual, suele citarse a Joseph Goebbels (1897-1945, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de Hitler desde 1933 hasta la hora final en el bunker de Berlin en 1945), solo para citar hasta el infinito su idea sobre el efecto de la mentira sistemática en la comunicación masiva. 

El concepto goebbelsiano fue repetido tantas veces que finalmente quedó reducido a una frase que parece salida de un papelito de caramelo: "Miente, miente, que algo quedará".

Es un poco más que eso.

Goebbels era un hombre bajo ‒medía 1,65‒, rengo, tenía mirada gélida, cabeza de escritor frustrado y hábitos de seductor con éxito con las mujeres.

Su decálogo básico de 11 puntos fue escrito durante el ascenso al poder del nazismo en Alemania hace casi un siglo y jamás dejó de aplicarse.

Vaya si lo sabemos.

(Cualquier asociación con los medios oficiales y privados que continúan comunicando la triste fábula del manicomio liderado por los hermanos Milei, no es casualidad).

Conviene repasarlos. Ahí van:

1) PRINCIPIO DE SIMPLIFICACIÓN Y DEL ENEMIGO ÚNICO. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2) PRINCIPIO DEL MÉTODO DE CONTAGIO. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3) PRINCIPIO DE TRANSPOSICIÓN. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras noticias que los distraigan”.

4) PRINCIPIO DE LA EXAGERACIÓN Y DESFIGURACIÓN. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5) PRINCIPIO DE LA VULGARIZACIÓN. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

6) PRINCIPIO DE LA ORQUESTACIÓN. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras, sin dudas” (de este principio deriva la famosa idea jibarizada: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”).

7) PRINCIPIO DE LA RENOVACIÓN. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de las acusaciones.

8) PRINCIPIO DE LA VEROSIMILITUD. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9) PRINCIPIO DE LA SILENCIACIÓN. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario con la ayuda de medios de comunicación afines.

10) PRINCIPIO DE LA TRANSFUSIÓN. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11) PRINCIPIO DE LA UNIDAD. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

………………………….........

¿No tienen la sensación de que cada principio nos es espantosamente familiar? ¿Podemos imaginar el efecto de esta idea multiplicada hasta el infinito en las redes sociales?

martes, 4 de febrero de 2025

El fascismo, fase suprema del capitalismo

Una canción de Luis Pastor explicita la fórmula que los dominadores han usado siempre para someter a la clase subalterna: servirse de una parte de ella para sojuzgar al resto. La inmensa mayoría de la fuerza armada es en todas partes pueblo llano, disponible para reprimir a su propia gente si los poderosos así lo deciden.

El imperialismo ha sido y sigue siendo la fase superior del capitalismo, y el fascismo es su última expresión, necesaria para disciplinar a la población y dirigirla contra sí misma. No aparece hasta la decadencia de esta forma social. Ahora que el capitalismo se está ahogando en su propia expansión y llega al límite emplea este recurso.

Decíamos ayer...

Hay que llevar a una parte de la población a ver el problema en los otros. Ocultar la lucha de clases tras otras luchas, raciales, nacionales, religiosas. La patria y la religión son viejos señuelos. Añadamos un sentimiento de superioridad racial, con falsos argumentos pseudocientíficos. Se mezcla todo bien y tenemos un cóctel apropiado.

El inmigrante que viene a quitarnos el pan (y comerse con él el perro, si hace falta) es en este momento el enemigo más visible. El fascista pobre se convierte así en aliado fiel del amo si se le inocula el odio al extraño.

Hay tres formas de asegurar la fidelidad del jenízaro, el cipayo, el esbirro. La primera y más simple es asegurar su manutención, pero como eso no es suficiente para estar seguro de su lealtad, hace falta además dotarlo de una ideología que le haga sentir que cumple con su deber, que su papel es la defensa gloriosa de la patria, la sociedad, la civilización, frente a unos peligrosos bárbaros que quieren acabar con todo ello.

Esta fórmula es de geometría variable. La religión funciona bien todavía en algunos lugares, la raza sirve con otros colectivos. En todas ellas, el miedo al otro se transmuta en odio, mucho más movilizador.

La tercera forma es la orgullosa identificación con el amo. Simbólicamente, el esbirro comparte la fortaleza, la riqueza y el poderío del que lo alimenta. El placer de dominar estimula a las fuerzas de choque de los grupos fascistas. Matones de gimnasio o discoteca, adoradores de su propia fuerza, mercenarios, todos ellos están orgullosos de su papel.

(A otro nivel, la identificación con las clases altas, los "famosos", es el alimento que nutre los programas y las revistas "del corazón"; mucho efecto debe tener la identificación simbólica, dado su éxito). 

Con la madera del pueblo se construye la jaula que lo mantiene encerrado.

Se llamaba Frank Stein

Se llamaba Frank Stein.
Nació pobre, como un árbol,
sembrado estuvo en la tierra…
después lo desarraigaron
para hacer de su madera
la jaula donde encerrarlo.

Vino el niño Frank al mundo
para ser precio barato
cuando pusiera a la venta
su fatiga en el mercado,
mas, como creció tan recio
y eran de acero sus brazos,
los que con él traficaban
pensaron utilizarlo
también como vigilante
del sudor de sus hermanos.

Por eso, cuando contemplan
desde arriba lo de abajo,
se hacen guiños los planetas
y bailan alborozados
al ver cómo en las ciudades,
junto a la mar y en los campos,
hay un orden inmutable
para siempre asegurado,
pues tiene Frank la herramienta
y Stein un rifle en la mano.

lunes, 3 de febrero de 2025

Ecofascismo del fin del mundo

La exaltación de la naturaleza fue un tema fuerte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Los nazis estaban en la vanguardia del conservacionismo y crearon algunas de las primeras reservas silvestres protegidas legalmente. Puede sorprendernos que su legislación fuese la primera en reconocer a la naturaleza y los animales como sujetos de derecho en vez de objetos.

En 1934, Ernst Lehmann, que un año más tarde sería nombrado por Hermann Göring   director de la Deutsche Zeppelin Reederei, dejaba estas hermosas palabras en la publicación Voluntad biológica. Caminos y objetivos del trabajo biológico en el nuevo Reich:

Reconocemos que separar la humanidad de la naturaleza, de la vida toda, conduce a la propia destrucción de la humanidad y la muerte de las naciones. Sólo a través de una nueva integración de la humanidad en toda la naturaleza puede nuestro pueblo hacerse más fuerte. Ese es el punto fundamental de las tareas biológicas de nuestra época. La humanidad sola ya no es el foco del pensamiento, sino más bien la vida como un todo... Este esfuerzo hacia la conexión con la totalidad de la vida, con la propia naturaleza, una naturaleza en la que hemos nacido, este es el significado más profundo y la verdadera esencia del pensamiento nacional-socialista.

Lo que no quedaba claro en esta propuesta es hasta dónde extendían los nazis el concepto de "humanidad". Y todas estas proclamas pasaron a un segundo plano puramente retórico cuando la Alemania de Hitler abandonó rápidamente su doctrina ecológica a fines de la década de 1930, para recurrir al productivismo y la industria pesada.

Lo que podía considerarse un precedente del moderno ecofascismo quedaba reducido a fascismo a secas.

La esencia del fascismo es la exclusión del "otro", de ahí que todas sus proclamas humanistas (que ni siquiera se dan en todas sus versiones) reducen la humanidad a un grupo excluyente de todo lo extraño a él. Una gran contradicción del fascismo internacional es precisamente esta. Acaba siendo siempre un fascismo "de clase" más que de "patria", porque dentro de ella no se incluye a toda la población. Solo los "buenos españoles" son españoles. Por algo aquel grupo de militares fascistas deseaba exterminar a más de la mitad de la población.

Esa es su visión ecológica: para mantener un cierto equilibrio planetario sin renunciar a nuestro nivel de bienestar, aquí sobra gente. Hay que excluir de nuestra sociedad a los sobrantes, y eliminarlos cuando sea necesario. El fascismo nunca se ha planteado que el problema es el capitalismo, inevitablemente crecentista. Acumulación creciente y menor capacidad de crecimiento llevan a esta conclusión.

Los grandes beneficiarios son muy pocos, y siempre necesitan productores, pero en la cantidad necesaria para su ecosistema. Hay que llevar a una parte de la población a ver el problema en los otros. Ocultar la lucha de clases tras otras luchas, raciales, nacionales, religiosas. La patria y la religión son viejos señuelos. Añadamos un sentimiento de superioridad racial, con falsos argumentos pseudocientíficos. Se mezcla todo bien y tenemos un cóctel apropiado.

El inmigrante que viene a quitarnos el pan (y comerse con él el perro, si hace falta) es en este momento el enemigo más visible. El fascista pobre se convierte así en aliado fiel del amo si se le inocula el odio al extraño.

Mientras se reduce el pastel, los más ricos, sabedores de la ruina a que conducen a este mundo, sueñan estúpidamente con escapar a otros. Con lo bien que echan las cuentas en sus inversiones, qué poco saben de auténtica ecología. Y al parecer, nada en absoluto de termodinámica.

Dejo aquí esta tierna imagen de un humanísimo führer, capaz de poner todo su cariño en los tiernos animalitos, sobre todo con una cámara delante. Y unas reflexiones de Jorge Riechmann sobre texto de Rafael Poch, que me llevan a la definición a mi entender más exacta: ecofascismo del fin de mundo. A fin de cuentas, hasta un cadáver es un ecosistema, en equilibrio altamente dinámico.

Adolf Hitler con dos cervatillos.











Fue un error optimista hablar de ecofascismo

Fue un error optimista hablar de ecofascismo, pensando que se asumiría de alguna forma la crisis ecosocial para darle una salida fascista. Lo que tenemos es fascismo a secas: negacionismo hasta el final, más la afirmación de que prevalecerá un sector de elegidos.

(Si se insiste en llamar ecofascismo a las corrientes actuales, entonces habrá que llamar a lo de Hitler y Mussolini también ecofascismo…)

(Y si se quiere puntualizar sobre lo de ahora: llamémoslo fascismo de fin de mundo, Ragnarok-fascismo o Armagedón-fascismo.)

***

“Cuando personajes prudentes como el secretario general de la ONU o el ex diplomático español Miguel Ángel Moratinos dicen que ‘la humanidad ha abierto las puertas del infierno’ al ignorar el calentamiento global e incumplir los objetivos impuestos, y que nos encontramos ‘al borde de la Tercera Guerra Mundial’, expresan el mero sentido común de cualquier persona despierta. Efectivamente, en comparación con situaciones del pasado el mundo de hoy es peligroso por la combinación y correlación de dos crisis, la una dentro de la otra: la crisis del declive occidental y la crisis del Antropoceno, o mejor dicho del capitalismo antropocénico. (…) ¿Cómo se lee lo de Gaza a la luz de la combinación de estas dos crisis? ¿Qué mensaje lanza la complicidad occidental con la evidente y criminal negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI que se observa allá? Sin duda un mensaje y un aviso sobre cómo la parte privilegiada de este mundo pretende ‘solucionar’ el callejón sin salida al que nos ha conducido el sistema capitalista. Es decir: la ‘solución’ de mantener islas de libertad y derecho estrictamente protegidas por ejércitos y armadas para, digamos, el 20% de la población mundial, y excluir, recluir y si es necesario exterminar al resto en zonas, humana y ambientalmente, desastradas. El sociólogo Immanuel Wallerstein decía que esto podía no ser muy diferente del orden pregonado por Hitler y los nazis…”

Esto escribía Rafael Poch de Feliu, en “Un genocidio entre dos crisis. Consideraciones sobre el futuro y el pasado del actual mundo peligroso”, en contexto, el 20 de diciembre de 2024.

Escribe también Poch de Feliu:

Esta brutalidad tiene precedentes en las sociedades europeas más sofisticadas y cultas. Caracterizó la colonización euroamericana del ‘Nuevo Mundo’ en la que los colonos europeos mataron a más de 55 millones de indígenas en América del Norte, Central y del Sur a lo largo de cien años, hasta el «periodo civilizador» de los siglos XIX y XX, durante el cual Occidente llevó a cabo las más brutales y salvajes campañas de violencia y exterminio en todo el mundo bajo la bandera de la modernidad y el desarrollo, particularmente en África y Asia, pero también incluso dentro de las propias fronteras europeas. Hacer en Europa algo que en los territorios coloniales no era nada excepcional, fue lo que convirtió a los nazis en criminales, como observó el fundador de la India moderna Jawāharlāl Nehru en un libro escrito en 1942 en una prisión colonial británica. El racismo colonial de Occidente es el nexo cultural e ideológico de las potencias occidentales con Israel, el ‘valor europeo’, si se quiere, que explica la complicidad y la evidente negación del principio de igualdad entre seres humanos en el siglo XXI. La comprensión ante el ‘derecho a defenderse’ de Israel en países como Alemania, Francia o Inglaterra es resultado directo de la común historia colonial. Al fin y al cabo ¿qué está haciendo Israel en Palestina que no hiciera Francia en Argelia e Indochina cuando los de mi generación éramos niños? ¿O Inglaterra en la India de lo que Mike Davis llama el ‘holocausto tardo-victoriano’? ¿O Alemania con el genocidio herero y namaqua en la actual Namibia a principios de siglo, cuando nuestros abuelos eran niños? ‘Gaza’, dice Gustavo Petro, ‘es el espejo de nuestro futuro inmediato’. Y me permito añadir: también el retrovisor de nuestro pasado.”