jueves, 25 de mayo de 2017

Un caballero que oculta su nombre

El capitalismo raramente se deja nombrar, si puede evitarlo. Con ello consigue que su sola mención evoque el lenguaje de su antónimo "comunismo", poniendo en guardia al portador de anticuerpos sabiamente inoculados para rechazar la palabra, que al oírla cierra los oídos y el entendimiento.

Son muchos los casos en que llamar a las cosas por su nombre es una especie de tabú. Es el caso del comunismo, cuya sola mención, por un reflejo pavloviano cuidadosamente entrenado, evoca opresión y tinieblas. Por eso, los mismos comunistan dudan muchas veces antes de declararse tales (bueno, por eso y por la experiencia histórica de los fascismos).

Sin embargo, en un momento de pánico, fueron los mismos capitalistas los que le quitaron el taparrabos, con la idea de ponerle uno nuevo. Nicolás Sarkozy lo hizo, literalmente, cuando habló de la necesidad de "refundar el capitalismo". Vaya, como quien le cambia los pañales. 

Las causas de la ocultación las expresa muy claramente Atilio Borón:
Para la burguesía y sus aliados, para el imperialismo en su conjunto, es imprescindible potenciar el carácter fetichista de la sociedad capitalista y ocultar lo más que se pueda su naturaleza explotadora, injusta e inhumana. Parafraseando a Bertolt Brecht podemos decir que el capitalismo es un caballero que no desea que se lo llame por su nombre. La mistificación que produce una sociedad productora de mercancías y que todo lo mercantiliza requiere, de todos modos, un reforzamiento generado desde el ámbito de aquello que Gramsci denominara “las superestructuras complejas” del capitalismo, y fundamentalmente de la esfera ideológica. Así, no basta con que la sociedad capitalista sea “opaca” y la esclavitud del trabajo asalariado aparezca en realidad como un universo de trabajadores “libres” que concurren a vender su fuerza de trabajo en el mercado. Es preciso además silenciar el tratamiento de ciertos temas, deformar la visión de otros, impedir que se visualicen unos terceros y que alguno de ellos se instale en la agenda del debate público. De ahí la importancia que asume para la derecha cualquier teorización (sobre todo si es producida por críticos del sistema) que empañe la visión sobre el imperialismo, el poder y el estado, o que desaliente o impida una discusión realista sobre estos temas. Esa es, precisamente, la misión ideológica del saber económico convencional, donde la politicidad y eticidad de toda la vida económica se diluyen en los meandros del formalismo, la modelística y la pseudo-rigurosidad de la matematización.
Claro que cuando el monstruo crece la careta ya no basta para ocultar su verdadero rostro.

Aquí queda un ejemplo concreto de lo mismo, de ese lenguaje melifluo que se utiliza con tanta naturalidad por todas partes, como ese "todos son iguales" del que algunos, que somos un poco menos iguales que otros, estamos tan hartos. De nuevo, el texto procede de Atilio Borón, y otra vez la misma cita:

¡ES EL CAPITALISMO, ESTÚPIDOS! Es lo único que se me ocurre decirle a los genios de la ONU que en un informe dado a conocer ayer estimaron "en un 95 % la posibilidad de que el hombre sea el culpable del cambio climático." No fueron los animales ni las plantas (¡enorme descubrimiento!) sino "los hombres". Pero los hombres se organizan según el MODO DE PRODUCCIÓN, y el modo dominante en nuestro tiempo y responsable no del 95 % sino del 100 % del cambio climático y el brutal ataque al medio ambiente es EL MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA, no "los hombres". 

Y esto es así porque para el capitalismo el medio ambiente es una mercancía más. Pero no serán los tecnócratas de la ONU o los "bienpensantes" de las universidades quienes se atrevan a llamar las cosas por su nombre. Como decía Bertolt Brecht "el capitalismo es un caballero que no desea se lo llame por su nombre" y el informe de la ONU obedece meticulosamente a ese mandato. Porque, ¿se imaginan el impacto que podría tener que un informe oficial de la ONU culpabilizara al capitalismo por la tragedia ecológica de nuestro tiempo, en lugar de "los hombres"?

Conferencia de Guillermo Rendueles y clausura de la XXXIV Semana Galega de Filosofía

Cuando hace muy pocos días comenté esta conferencia de Guillermo Rendueles aún no se habían publicado los vídeos de la Semana y recurrí a un antigio artículo en el que ya se expresaba en el mismo sentido. Al día siguiente, en una nota al mismo escrito, pude ya informar de que podían descargarse en esta dirección.

La conferencia fue la lección de clausura. La sesión comenzaba con el resumen de conclusiones de las jornadas. A partir del minuto nueve, la presentación del conferenciante, cuya intervención comienza en el minuto quince.



miércoles, 24 de mayo de 2017

Los ciclos del capital, las ondas largas y una crisis diferente

A finales del año pasado publicaba Antonio Olivé en Marx desde cero un artículo, largo, del que doy el enlace. De él reproduzco y subrayo las conclusiones finales.

Sabemos (y sufrimos) que el capitalismo late a través de fases expansivas y depresivas, que hay ciclos muy cortos, cortos, largos y muy largos. La teoría de los ciclos de Kondratieff considera estas fases como movimientos regulares y alternos de los precios y la producción. Ernest Mandel, que prefiere hablar de ondas en vez de ciclos, considera que la historia del capitalismo no obedece a esa simple mecánica, y que no basta con aguardar (y aguantar) 25 o 30 años hasta que se supere la fase depresiva y se inicie una nueva fase expansiva.

La teoría de las ondas largas rompe con la simetría de las inflexiones: Mientras el paso de la fase expansiva a la depresiva es endógeno, resultando de los mecanismos internos del sistema, el paso a la fase expansiva es exógeno, no automático, y supone una reconfiguración del entorno social e institucional.

La fase expansiva no está dada de antemano y requiere reconstituir un nuevo “orden productivo” que lleva su tiempo.

La duración de los ciclos coyunturales se asocia al tiempo de vida del capital fijo, pero en las ondas largas la definición del nuevo orden productivo no depende ya tanto de las innovaciones tecnológicas como de las transformaciones sociales (correlación de fuerzas capital-trabajo, grado de socialización, condiciones de trabajo, etc.).

Las ondas largas del desarrollo capitalista implican ondas largas de producción, empleo, ingresos, inversión, acumulación capitalista y de la tasa de beneficio. Pero en la fase neoliberal se produce una desconexión entre estas diferentes variables.

El desarrollo de las ondas largas tiene que ver con la tasa de beneficio pero la fase expansiva no se inicia automáticamente en cuanto la tasa de beneficio alcance un determinado umbral. Es una condición necesaria pero no suficiente. El restablecimiento de la tasa de beneficio depende de otras cuestiones, y la sucesión de las fases no está en absoluto dada de antemano. 

Periódicamente el capitalismo debe redefinir las modalidades de su funcionamiento y poner en marcha un “orden productivo“, que responda de manera coherente a cierto número de cuestiones sobre la acumulación y la reproducción. En particular, tiene que combinar cuatro elementos:
  • un modo de acumulación de capital que regule las modalidades de concurrencia entre capitales y de la relación capital-trabajo;
  • un tipo de fuerzas productivas materiales;
  • un modo de regulación social: derecho laboral, protección social, etc.;
  • el tipo de división internacional del trabajo.
Un punto clave del artículo resume algo que vemos todos los días: no se puede elevar la producción de mercancías pretendiendo aumentar los beneficios, y al mismo tiempo reducir la capacidad de sus productores para consumirlas: 
A corto plazo (la tasa de beneficio) fluctúa con el ciclo coyuntural, mientras que sus movimientos a largo plazo resumen las grandes fases del capitalismo. La puesta en pie de un orden productivo coherente se traduce en su mantenimiento a un nivel elevado y poco menos que “garantizado“. Al cabo de cierto tiempo, el juego de las contradicciones fundamentales del sistema degrada esta situación y la crisis, siempre y en todas partes, viene caracterizada por un descenso significativo de la tasa de beneficio. Esto refleja una doble incapacidad del capitalismo para reproducir el grado de explotación de los trabajadores y para asegurar la realización de las mercancías, más que una tendencia al alza de la composición orgánica del capital. 
Sobre la composición orgánica del capital, la ley de disminución tendencial de la tasa de ganancia y las contratendencias que pueden combatirla ya habló el propio Marx, y continua puntualizando el artículo. Para mi propósito, basta con lo recogido hasta aquí (y con la recomendación de analizar el artículo completo con más detenimiento). Paso a copiar las conclusiones finales.

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Michel Husson
 (...)

El enfoque marxista de la dinámica larga del capital podría a fin de cuentas ser resumida de la siguiente manera: la crisis es cierta, pero la catástrofe no lo es. La crisis es cierta, en el sentido de que todos los arreglos que se inventa el capitalismo, o que se le impone, no pueden suprimir de forma duradera el carácter desequilibrado y contradictorio de su funcionamiento. Sólo el paso a otra lógica podría desembocar en una regulación estable. Pero los periódicos cuestionamientos que jalonan su historia no implican en absoluto que el capitalismo se dirija inexorablemente hacia el hundimiento final. En cada una de estas “grandes crisis” está abierta la opción: o el capitalismo es derrocado, o se recupera bajo formas que pueden ser más o menos violentas (guerra, fascismo), y más o menos regresivas (giro neoliberal).

A modo de conclusión, nos arriesgamos a enunciar algunas tesis sobre el período abierto por la crisis:
1. La vuelta a un capitalismo regulado (“fordista” o “keynesiano“) es imposible, porque la base material, esto es, aumentos de productividad superiores a su media histórica, está fuera de alcance. El capitalismo neoliberal ha fracasado a la hora de realizar una nueva adecuación entre sus propias exigencias y la estructura de la demanda social. Además, la mundialización es un obstáculo a cualquier coordinación entre las burguesías basado en una forma de compromiso hostil con las finanzas.

2. Este agotamiento de la dinámica propia del capitalismo en los países “avanzados” no encontrará relevo duradero en los países “emergentes“.

3. Las mismas formas adoptadas por el capitalismo en su fase neoliberal hacen también imposible tal inflexión. Ellas corresponden a la puesta en pie de una “coherencia inestable“: descenso de la parte de los salarios, desigualdades sociales, financiarización y sobreendeudamiento, que forman un todo que no se puede modificar por los márgenes.

4. La única salida para el capitalismo es una huida hacia adelante intentando reproducir el modelo neoliberal, aprovechándose de la crisis para poner en marcha una terapia de choque que conduzca a una regresión sin fin.

5. El capitalismo ha perdido sus elementos de legitimidad: sus éxitos son inversamente proporcionales a la satisfacción de las necesidades sociales, y es incapaz por esencia de hacer frente al desafío climático. Sólo apuesta por la emergencia de una “clase media mundial” que le proporcionaría una base social menos estrecha que los “1%” y mercados ampliados y estabilizados.

6. La cuestión clave es por tanto la “aceptabilidad social” de esta degradación de las condiciones de existencia para la mayoría de la humanidad.
Partiendo de estas tesis, que más bien son hipótesis de trabajo, hay que pensar en una nueva coyuntura en la que las condiciones de aparición de una nueva fase expansiva no están reunidas en un horizonte previsible. Esto no es contradictorio con la teoría de las ondas largas, que no postula una alternancia mecánica de fases históricas expansivas y depresivas. Así lo subrayaba Mandel: “La aparición de una nueva onda larga expansiva no puede considerarse como un resultado endógeno (más o menos espontáneo, mecánico, autónomo) de la precedente onda larga depresiva, cualquiera que sea la duración y la gravedad de ésta. Lo que determina este punto de inflexión no son las leyes de movimiento del capitalismo, sino los resultados de la lucha de clases de todo un período histórico. Por tanto, lo que estamos planteando aquí es una dialéctica de los factores objetivos y subjetivos del desarrollo histórico, en la cual los factores subjetivos se caracterizan por su relativa autonomía: es decir, no están directa e indefectiblemente determinados por lo ocurrido previamente a las tendencias básicas de la acumulación del capital, a las tendencias de la transformación tecnológica o al impacto de estas tendencia en el propio proceso de organización del trabajo”. (Mandel E. (1986) [1980], Las ondas largas del desarrollo capitalista: la interpretación marxista, Madrid, Siglo XXI).

martes, 23 de mayo de 2017

La expresión gráfica en la ingeniería (3-a)

Iniciado aquí el libro, y habiendo llegado por ahora hasta aquí, me ocuparé a continuación de los objetos elementales, punto, línea, superficie y cuerpo, con vistas a su representación. En principio, las líneas serán rectas, las superficies planas y los cuerpos poliédricos.

Este es el enlace para descargar el capítulo.

El grabado de Durero explica muy bien el método para realizar la proyección plana de un objeto tridimensional. Un punto fijo en la pared representa el punto de vista, centro de la proyección. La cuerda tensa hace el papel de rayo visual. El ayudante coloca su extremo en un punto del laúd, Un peso la mantiene tirante, y el artista mueve dos guías, horizontal y vertical, hasta que toquen la cuerda tensa. Luego hay que retirar la cuerda, cerrar la ventana que hará de cuadro sobre su bastidor y marcar en ella el punto hallado. Y vuelta a empezar...

Un método laborioso y tedioso. El dibujante avezado copiará directamente del natural, midiendo en todo caso con el propio lápiz las medidas aparentes con el brazo estirado. Pero pienso que Durero, con esta imagen, solo pretendía hacer comprensible con un ejemplo el procedimiento de la proyección.

Algo parecido, para fijar la idea, haré yo un poco más adelante.


Establecida ya la relación entre los contenidos de un plano objeto y su proyección en un plano imagen, haciendo lo mismo con múltiples planos del espacio tridimensional sobre un único plano imagen se puede obtener la imagen de un cuerpo poliédrico, y esta es la base para hacerlo luego con toda clase de cuerpos.

Sigue el contenido del capítulo.


Dos puntos no coincidentes definen una recta, tres no coincidentes ni colineales, un plano (y tres rectas situadas en él); cuatro puntos no coincidentes, ni colineales más de dos, ni coplanarios todos, crean ya un cuerpo en el espacio (y cuatro planos, cada uno definido por tres puntos y tres rectas; y seis rectas en total, cada una perteneciente a dos planos distintos). Este cuerpo, el más simple, es un tetraedro.


Dos rectas distintas pueden pertenecer a un mismo plano o cruzarse en el espacio. Y dos planos se cortan siempre en una recta o son paralelos, en cuyo caso diremos que se cortan en la recta del infinito.


Dos rectas que tienen un punto (propio) común definen un plano. Dos paralelas cualesquiera del espacio también definen siempre un plano, y tienen un punto (impropio) común, en el infinito. Tres rectas por un punto que no son del mismo plano definen tres planos, o un ángulo triedro. Tres paralelas no pertenecientes a un mismo plano definen tres planos, y también tienen un punto impropio común.


Vayamos complicando la cosa. Ahora son cuatro planos sin un punto común a todos ellos. Y veamos también el caso en que sí tienen un punto común, en el que forman un ángulo tetraedro.


También pueden concurrir en un punto más de cuatro rectas, formando un ángulo poliedro. Varios planos que encierren un espacio definen un poliedro convexo, siempre que ninguno de ellos lo atraviese.


En un poliedro convexo, el número de caras, sumado al de vértices, es siempre igual al de aristas más dos: C+V=A+2 (fórmula de Euler). Esto se cumple en el tetredro: 4+4=6+2.

Cualquier otro de estos poliedros puede obtenerse amputando vértices o aristas a un tetraedro, como quien hace cortes en una patata. Si el corte suprime un vértice, añade tres más, además de tres aristas y una cara, añadiendo al poliedro 1+(3-1)=3. La suma de ambas igualdades es otra igualdad, luego el nuevo poliedro sigue cumpliendo la fórmula.

Si el corte elimina una arista, crea otras cuatro y una cara, elimina dos vértices pero crea cuatro. Se añaden al poliedro 1+(4-2)=(4-1). Otra igualdad que, sumada a la anterior, la mantiene. La reiteración del proceso demuestra que todos los poliedros convexos realizan la fórmula.


Este proceso se puede realizar al revés, eliminando sucesivamente caras, aristas y vértices hasta llegar al tetredro. Puede comprobarse que dos caras no contiguas se cortan siempre fuera del espacio del poliedro, y tres caras cualesquiera concurren siempre en un punto, que puede ser exterior al poliedro.

Todas estas correspondencias de puntos y rectas de un poliedro se cumplen necesariamente en cualquier proyección plana del mismo.


Como tres puntos determinan siempre un plano, tres sobre tres aristas distintas definen un corte en el poliedro, y ese nuevo plano de corte y el de cualquier cara se cortan siempre en una recta, que puede pertenecer o no al sólido. También las intersecciones de tres caras cualesquiera concurren necesariamente en un punto, aunque no pertenezca al poliedro convexo.


Establecidas estas leyes, pasamos a efectuar las proyecciones de un sólido. Elegimos un ortoedro, paralelepípedo ortogonal, y lo situamos con dos caras paralelas al plano de proyección. Tomemos como punto de vista uno impropio, equivalente a una radiación de rectas paralelas (proyección paralela), y consideremos sucesivamente los casos de proyección ortogonal al plano y proyección oblicua.

En ambos casos hacemos pasar por cada punto A una recta OA y marcamos en el plano la intersección A0, que es la proyecciuón buscada. En el segundo, considerando además la proyección oblicua, trazamos por A la recta 1A para obtener A1.

Intentad seguir el rastro de estas líneas, prácticamente borradas en la imagen por problemas de reproducción (porque los originales los doy por perdidos junto a un ordenador que dio mucho juego, pero al que acabó por llegarle la obsolescencia programada). Es importante observar, en la proyección oblicua, los triángulos AA0A1 y BB0B1. El teorema de Tales aplicado a ellos nos dice que AA0 y BB0 son proporcionales a A0A1 y B0B1, lo que podemos traducir como que "la proyección oblicua desplaza todos los puntos obtenidos con la ortogonal en una misma dirección, y a una distancia proporcional a su distancia al plano de proyección". Los puntos más lejanos se desplazan de la vertical más que los cercanos. Los puntos del plano no se desplazan. Al sol, la sombra de dos personas es paralela, y la del más alto es más larga.


Consideremos ahora la proyección desde un punto propio V1 (proyección central). En primer lugar realizamos las proyecciones ortogonales, (en la dirección del vector O) OV1 y OA, obteniendores pectivamente V10 = P (punto principal) y A0. Por cada A se trazará también V1A. Se tiene así el punto A1, y quedan marcados en el plano  A0 y A1. Los puntos P, A0 y A1 están alineados, como lo están V1, A y A1. Ahora compararemos los triángulos, rectángulos y semejantes, V1V10A1 y AA0A1 Nuevamente el teorema establece la iguadad de estas proporciones: V1V10 / AA0 = V1A1 / AA1 = V10A1 / A0A1. Para cada punto se procederá igualmente,.

Ahora cada proyección es única, alimeando el punto principal P con ambas proyecciones de cada punto, la central y la oblicua. La altura del punto no es proporcional al alejamiento de su proyección, que se dispara al infinito cuando esta altura iguala a la del punto de vista. La vista se distorsiona mucho si salimos de un entorno de P.


Ahora estamos en condiciones de abordar el problema práctico de realizar la proyección directamente sobre una lámina de dibujo.



sábado, 20 de mayo de 2017

¿Miserias sociales o malestares íntimos?

Entre los días 17 y 21 de abril se celebró en Pontevedra la XXXIV Semana de Filosofía que cada año organiza el Aula Castelao. En esta ocasión el tema elegido fue "Filosofía e saúde". Seguimos esperando la publicación en vídeo de las ponencias. Puede influir en el retraso la escasez de medios de que dispone el Aula, especialmente después de la privatización de las cajas de ahorros, porque NovaCaixaGalicia facilitaba fondos de su obra cultural y el uso de su auditorio. La nueva institución, Abanca, no parece tan generosa.

Según la OMS una persona tiene salud cuando disfruta de bienestar en el más amplio sentido, incluyendo tanto el bienestar físico y mental como el bienestar social. No es poco decir. Atendienfo a este triángulo se abordaron en la semana tres problemas que amenazan en las tres vertientes la salud de las poblaciones: la progresiva privatización de la sanidad pública, el enorme negocio farmacéutico y la salud mental en la sociedad actual.

Los tres aspectos se relacionan íntimamente. El negocio de la salud es muy atractivo, porque la clientela está asegurada. Si la atención médica es un campo productor de beneficios, en íntima relación está el medicamento, con tratamientos en los que la relación entre el precio de venta y el coste de producción puede llegar a ser, por increíble que parezca, ¡una cifra de tres o cuatro ceros!

En el tema del trastorno mental, que no siempre es enfermedad, la tendencia a la psiquiatrización trata con fecuencia de ocultar causas sociales, reconvirtiendolas en fallos del individuo, a la vez que procura soluciones farmacológicas que acaban atenuando pero cronificando el mal. Y así se cierra el círculo que engloba los tres aspectos citados.

De este tema trató el psiquiatra Guillermo Rendueles en la conferencia que clausuró la Semana. No disponiendo del texto de la misma, la búsqueda me condujo a este artículo, ya antiguo, en que en el mismo sentido el conferenciante abordaba la relación de los trastornos psíquicos con las realidades sociales en que se presentan.



Conversación con el psiquiatra y escritor Guillermo Rendueles

Archipiélago nº 76, 2007
 (...)

La psiquiatrización del 30% de la población, y el deseo de mejorar las edades del hombre con psicofármacos, constituyen un mercado ideal para la industria que ve en cada niño hiperquinético, o en cada viejo amnésico, a un cliente potencial de unas medicinas como las neoanfetaminas o los antialzheimerianos que cuestan precios astronómicos y tienen dudosos efectos. Por otro lado la ansiedad generalizada hace que los ansiolíticos sean las píldoras mas vendidas en cualquier farmacia urbana española.

El manejo de estas necesidades reales y artificiales por el lobby farmacéutico ha cambiado drásticamente. Antes los laboratorios subvencionaban investigaciones y publicaciones en las revistas psiquiátricas, o privilegiaban líneas teóricas en las cátedras. Ahora pagan la edición y regalan todas las revistas psiquiátricas, y recurren a premios Nóbel de farmacología para redactar su propaganda. No hay ningún psiquiatra cuyo sueldo le permita acudir a un congreso importante sin la invitación de un laboratorio. En España la industria farmacéutica va a encargarse de financiar la formación de los médicos residentes, tras lograr un acuerdo con la Administración en virtud del cual ésta no baja el precio de los medicamentos. Aceptar esa contrapartida supone algo así como poner a la zorra a vigilar el gallinero.

Para hacerse una idea del tipo de negocio que está detrás de los psicofármacos, basta saber que el tratamiento con haloperidol cuesta menos de mil pesetas al mes, mientras que el tratamiento con risperdal, que ha barrido del mercado al haloperidol sin que existan pruebas científicas de que presenta una actividad antipsicótica mayor, cuesta veintiocho mil pesetas al mes y no es el tratamiento más caro. Si se multiplica esa cantidad por el número de “esquizofrénicos” que siguen ese tratamiento de forma continuada, a veces desde los 18 años hasta que se mueren, estamos ante una de las primeras fuentes de negocios a escala mundial.

Los laboratorios manejan además las falsas necesidades de los consumidores, como sucede en el resto del mercado, y sacan fármacos con indicaciones orientadas a esas pseudoenfermedades. Por ejemplo, el prozac va a ser substituido por un psicofármaco indicado para la depresión con dolores físicos, debido a la epidemia de fibromialgia. El nuevo fármaco, dos veces más caro que el prozac, está recomendando por los laboratorios con esas indicaciones, pese a que su perfil farmacológico lo acerca a un antidepresivo clásico. De hecho son los gerentes económicos de los grandes grupos farmacológicos quienes diseñan esas indicaciones, y la bioquímica maquilla los usos clínicos de un fármaco polivalente del que la propaganda privilegia la indicación que puede ser más vendida. Al risperdal, si la enfermedad en alza fuese el spleen, seguro que le encontrarían pronto un efecto antispleen.

La realidad en psiquiatría es que no hay ningún descubrimiento farmacológico importante en los últimos 20 años. Los nuevos fármacos, si los comparamos con los antiguos, no producen una mejora de la depresión o la esquizofrenia. No son comparables, por ejemplo, con cualquier antivirásico que permite a un enfermo llevar una buena vida padeciendo SIDA. Los psicofármacos postmodernos –tanto los antidepresivos como los antipsicóticos se limitan a mejorar un poco los efectos secundarios, y a fomentar esa mejora como un valor de cambio propagandístico que va dirigido a veces directamente a los usuarios. En ese sentido el psicofármaco es una mercancía ideal: mientras un antidiabético debe demostrar que mejora, lo que se traduce en un dato objetivo cuantificable en el análisis de sangre del paciente, los neurolépticos solo muestran su eficacia porque los médicos rellenan unos cuestionarios en los que el paciente dice algo tan subjetivo como que se encuentra algo mejor. La lógica de la industria de los psicofármacos no se contenta con manipular estas falsas necesidades, sino que progresa hacia una hybris tan extrema que habla ya del “país prozac” para designar a aquel grupo de personas que quieren vivir sus vidas mejoradas por tomar prozac como si se tratase de una prótesis o de un cosmético. Esas pretensiones constituyen un nuevo apartado de pseudoética similar al dopaje en las pruebas deportivas. ¿Es licito para un opositor a cátedras tomar un fármaco que, diseñado contra el alzheimer, mejora la memoria de los sanos? ¿Cuándo se debe cancelar un duelo tomando prozac?

Frente a esta mercantilización, el precio de las materias primas del psicofármaco es ínfimo y su tecnología sencilla como demuestran claramente los genéricos. Y si no fuese por los chantajes de desabastecer el mercado si se violan los derechos de patentes los gastos sanitarios disminuirían en progresión geométrica. De hecho, cuando yo estaba en la mili, la armada fabricaba antibióticos y antiinflamatorios. Una monja y un farmacéutico en un hospital gaditano, hacían aspirinas, y les imprimían un ancla para que se viese que eran de fabricación propia. De hecho mejoraban a la Bayer pues las aspirinas estaban hechas a mano. 

(...) 

En la genealogía del nosotros el trayecto clásico que combinaba el ethos entendido como el conjunto de tradiciones que se integraban en una filiación con la autorreflexión que construía el proyecto biográfico, ha explotado, y ese vacío ha dejado paso a la necesidad de orientar en solitario las identidades sucesivas a partir del deseo y de la búsqueda de la autenticidad. Sé fiel a tu deseo, defiéndelo de lo inauténtico (en este caso los inauténtico son las convenciones sociales) es un discurso que condena a mis prójimos a ser simples constructos de mis sentimientos: el otro se convierte en un fantasma actualizado únicamente por mi amor proyectivo hacía él. El nosotros postmoderno es solo la suma de mis objetos de deseo: un mundo que cancelo cuando les retiro mi afecto.

(...)

La búsqueda del amo y el miedo a la libertad son temas clásicos del análisis de la familia autoritaria, como pusieron de relieve los frankfurtianos. A mi juicio estos temas se actualizan en las asociaciones de enfermos mentales que empiezan a tener influencia y a ser tentadas por el dinero de la industria farmacéutica. Algunas asociaciones de familiares de enfermos exigen cada vez más una función de tutela autoritaria de los enfermos psicóticos. Exigen unidades de psiquiatría cerradas, tratamientos neurolépticos obligatorios por ley, y aspiran a transformarse en una especie de cuidadores delegados. Consideran al psiquiatra como una especie de director de conducta que tiene la obligación de proporcionarles las recetas para tratar a su hijo o a su marido en la vida cotidiana. Esta petición de control privilegia un neoconductismo interpersonal, y convierte la casa en una especie de institución total presidida por la disciplina y la tutela familiar respaldada por el psiquiatra. ¡Si no obedeces llamo al psiquiatra y te aumenta la medicación o te ingresa! Así se podría formular una amenaza corriente en nuestros días contra los enfermos mentales. Yo a veces tengo problemas cuando me piden esa guía conductista que transforma la vida familiar en un espacio técnico dirigido por estrategias aprendidas. Se ha pasado de la familia esquizofrenógena, de la que hablaba la antipsiquiatría, a calificar de patológica a la familia sobreimplicada en los cuidados del paciente.
(...)

Antes el trabajo daba significado a la vida de varias formas. Articulaba las edades del hombre en el transcurrir del tiempo: aprendiz, trabajador, jubilado. Era un medio de ganar dinero, pero también había la perspectiva de llegar a algún tipo de maestría que era respetada en el barrio, al tiempo que el imaginario de clase creaba utopías lejanas (cuando llegue nuestro día) y resistencias cotidianas o espacios de poder obrero invisibles al patrón. Además existía una continuidad entre vida y trabajo. Los obreros vivían en los mismos barrios, las familias se conocían, y las redes solidarias protegían a los compañeros y excluían a los esquiroles y trepas que a veces no podían ni acudir al lavadero o a la taberna. De ahí que el taller y el comedor fabril fuesen una continuación de la casa, y un verdadero consultorio sentimental (bastante machista por cierto). Ahora el trabajo teóricamente es un espacio higienizado donde toda esa cultura de resistencia ha desaparecido. No hay categorías colectivas desde las que contarse el trabajo, y cuando surge sufrimiento por las relaciones de explotación, ese dolor se personaliza, y eso es muy destructivo porque en lugar de buscar al grupo o las tradiciones para soportarlo –tradiciones que en el antiguo sistema incluían la automutilación para dejar el trabajo una temporada– se interpreta la situación en clave de autorreferencias persecutorias. Se substituye la figura del explotador por la del perseguidor y la lógica de la paranoia substituye al análisis del conflicto de clases. Se está produciendo así una patologización masiva de la condición de trabajador y las bajas médicas por acoso son un reducto de tolerancias a la baja laboral contra la persecución del absentismo laboral que preside los nuevos convenios colectivos… 

(...)

La mayoría de los chavales creo que perdieron a la vez las nociones que articulaban el trabajo como vocación, como aporte de afectos solidarios, y como resistencia a la explotación. Han pasado a aceptar el empleo como puro ganapán, y entonces les da un poco lo mismo aceptar cualquier condición laboral porque ya van al tajo derrotados y dispuestos a recibir los azotes. Ninguna sevicia les indigna, y responden ante todo autocompadeciéndose como ocurre en la zarzuela en la que se canta Pobres chicas las que tienen que servir. Y cuando ya no aguantan más van al psiquiatra. Pero la novedad en la vivencia del sufrimiento laboral es la personalización de la explotación, porque la queja no es ya que el horario o el ritmo de trabajo sean infernales, y que tienen que asociarse con los otros para limitar la explotación, sino más bien que el jefe tiene un carácter insoportable y que lo trata a él peor que a los demás. La individuación resulta aquí de una miopía aterradora, y la definición del moobing reafirma ese proceso. El dolor del explotado pasa así a metamorfosearse en algo íntimo, y, por tanto, a convertirse en un sufrimiento no colectivizable. La necesidad real de crear un comité de defensa de la dignidad en el trabajo se sustituye por la farsa de un psiquiatra.

Desconsuelo, escultura de Josep Llimona

















Lo que sigue es una descripción de tres de los efectos que en las personas vulnerables pueden ocasionar los males sociales descritos: El narcisismo como respuesta reactiva, la fobia social como huída de los problemas y la depresión, que puede llegar hasta el suicidio, cuando la huída desmboca en la ruptura total del sujeto. La descripción extensa de cada uno puede encontrarse en el enlace.


Ana Isabel Zuazu
Psicóloga de la Clínica de Rehabilitación de
Salud Mental del Servicio Navarro de Salud

Fabricio de Potestad
Jefe de Servicio de Psiquiatría y director del Sector

 I-A de Salud Mental del Servicio Navarro de Salud
 

El narcisismo, la fobia social, la depresión y su consecuencia más grave, el suicidio, constituyen una variedad de problemas psicopatológicos muy comunes, que parecen estrechamente ligados, por lo menos en parte, al devenir socioeconómic de la civilización occidental. Sin pretender huir de los posibles factores neurobiológicos o genéticos involucrados en su génesis, nos hemos centrado especialmente en las formas de reacción clínico-adaptativas, derivadas de acontecimientos vitales desfavorables, no tanto en cuanto a su incidencia puntual, sino a su influencia socio-estructural. Esto es, describimos los tres trastornos adaptativos mencionados como formas existenciales del ser vinculadas a los problemas y características específicas del nuevo siglo.

(...)

Formas de derrumbe existencial

Tres formas de desmoronamiento existencial parecen haber cobrado una relevancia especial en este siglo que nos ha tocado vivir: la necesidad de ser más, el temor de ser y la renuncia a ser.
  • La necesidad de ser más, pretender incrementar a toda consta la identidad personal, ese núcleo diferenciado y original del que nadie participa, sabiendo que el Yo no es más que una leyenda épica, una lucha por hacerlo realidad, o al menos creíble, es una pasión inútil y peligrosa. (...)
  • El temor de ser. No cabe duda de que la vida es difícil y cada vez más exigente. Está, sin duda, llena de injusticias y sinsabores. Ante unas y otras, el ánimo, frecuentemente, se encanija y vacila. (...)
  • La renuncia a ser. El opulento mundo desarrollado vestido de volantes de billetes y adornado con abalorios de monedas, vive inmerso en una danza de flujos financieros y de capitales, en un baile de oro y piedras preciosas, en un frívolo ritual de dinero. Por mor de la riqueza se vive en un permanente conflicto, enfrentados unos contra otros. Todos contra todos. De esta forma, el estrés producido por la feroz competencia ha alcanzado una magnitud de tales proporciones que no es extraño que haga estallar a un número cada vez mayor de personas. Son los mártires del andamiaje capitalista, los que ignoran dónde está Wall Street.(...)

Conclusiones

Se pueden extraer tres conclusiones de lo expuesto anteriormente:
  • El mundo actual es cada vez más intrincado, competitivo y exigente. 
  • A esta dificultad creciente, sólo podrán adaptarse los mejor dotados y más preparados. 
  • Los más vulnerables sucumben víctimas de importantes desajustes adaptativos.
En efecto, la vorágine de cambios tan profundos y sobre todo vertiginosos, han determinado la conformación de un mundo cada vez más complejo, desafiante, competitivo e inflexible.

El mundo en que nos encontramos hoy en vez de estar cada vez más bajo nuestro control, parece fuera de él. El progreso de la ciencia y la tecnología parecían augurar una vida más segura y predecible para la humanidad, sin embargo, hemos podido constatar que tienen a menudo el efecto contrario. La inseguridad y la incertidumbre impregnan el futuro de la condición humana. El ser humano parece un pigmeo zarandeado por las fluctuaciones de la economía mundial, los riesgos ecológicos, los incesantes cambios tecnológicos, el exceso de información que debe procesar y por la pérdida de valores: lo que ayer parecía venerable y digno, de la noche a la mañana, parece pintoresco o incluso ridículo. La humanidad no ha tenido tiempo para adaptarse a las bruscas y potentes trasformaciones que se han producido a su alrededor. Este desajuste exige un titánico esfuerzo adaptativo, que sólo los mejor dotados van a poder realizar. Quizá estemos asistiendo al nacimiento del superhombre de Nietzsche. Mientras, los más desafortunados sucumben en la profundidad de su desgracia y avanzan por el nuevo milenio con la incertidumbre de quien avizora un abismo.
 
Independientemente de la vulnerabilidad individual derivada de anomalías genéticas, de experiencias traumáticas precoces o de daños neurobioquímicos, la explosión de contradicciones lentamente acumuladas y durante demasiado tiempo irresueltas, determinan un viaje al sufrimiento, que termina por desencadenar una situación de crisis existencial de mayor o menor envergadura y duración, en muchos casos tan persistente, que adopta la forma de reacciones del ser frente a un mundo hostil. No se trata pues de excrecencias casuales del psiquismo, y tampoco de fortuitos giros viciosos a lo largo de la línea de la propia biografía: son, por el contrario, parte integrante y significativa del acontecimiento humano en una vida concreta, de una época histórica determinada y de una estructura socioeconómica bien definida. El ser humano, esa cosa tan insignificante y transitoria, tan reiteradamente aplastada por catástrofes y guerras, tan cruelmente puesta a prueba por enfermedades y muertes de seres queridos, se enfrenta ahora a una sociedad virtual que le aleja del corazón de las cosas y le hunde en una indiferencia metafísica que le hace olvidar el latido de la vida. Es la crisis de una concepción del mundo y de la existencia. En nuestra experiencia, tres han sido las posiciones existenciales identificadas como respuesta a esta difícil encrucijada de la historia: la necesidad de ser más, el temor de ser y la renuncia a ser.
 
Únicamente los valores del espíritu nos pueden salvar de la catástrofe que amenaza la condición humana.