domingo, 18 de enero de 2015

De la crisis al colapso

El Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la universidad de Valladolid está formado por profesores e investigadores con trayectoria previa en el estudio de los temas ambientales e implicación en ecología y cooperación al desarrollo. Pretenden acercar sus preocupaciones como ciudadanos del mundo a la investigación académica en la Universidad.

Sus líneas de investigación se centran en la energía, factor clave de la tecnología y la vida,  y en  la dinámica de sistemas, herramienta adecuada para analizar las complejas relaciones entre algunas variables que influyen en la sostenibilidad y el desarrollo, con una visión sistémica.

Su preocupaciòn, estrechar el vínculo entre la universidad y la sociedad, divulgando resultados, manteniendo contacto con organizaciones sociales y eligiendo temas de investigación de interés para la sociedad.

En su web mantienen un Blog y 2 secciones de publicaciones, una con publicaciones académicas  y otra más divulgativa con textos, pero también cuentos, vídeos y entrevistas. Desde el año 2011 el equipo organiza un Curso de Verano, tratando cada año una temática; puede accederse a presentaciones y vídeos en la página Cursos“.

En este artículo se insiste en lo que desde el primer día, como otra Casandra, vengo anunciando: se acaba el tiempo para las soluciones menos malas.


Algo más de medio año antes de que estallara la crisis en la que nos encontramos aún, recuerdo que estaba con mis modelos de energía, economía y cambio climático y leyendo sobre el pico del petróleo, conectando ideas, me asusté lo suficiente como para escribir un correo electrónico a un asesor del entonces gobierno de Zapatero diciéndole que se nos venía una fuerte crisis económica sin precedentes.

Para mí la causa principal era la escalada de los precios del petróleo una vez llegados a ese entorno cercano de su pico productivo en los que la demanda supera la oferta. En mi cabeza ya tenía claro que eso realimentaría la economía mundo.

No sabía por qué vía, no tenía idea entonces de la burbuja financiera (sí sabía de la burbuja de infraestructuras en España y que esta iba a explotar).

Cuando en Septiembre de 2008 Ban Ki Moon reconoció tres crisis: alimentaria, energética y financiera en medio de una permanente (ambiental-climática) me figuré que el Mundo por fin estaba reconociendo el problema de los Limites al Crecimiento.

Y es que la sociología es mucho más compleja que la física, así que fallé en esta previsión.

En mis modelos de entonces imaginé que nos daba por explotar el petróleo no convencional (el caro, el de baja TRE en su extracción) y el carbón a tope para evitar la caída energética inevitable, pero me parecieron locuras (los llame Madcoal) y los puse en un anexo de mi tesis. Volví a equicocarme porque ahora son los que mejor aguantaron los acontecimientos.

Así que las variables geopolíticas son tan importantes como las energéticas. La estupidez humana es infinita como dijo Einstein y con ello debemos trabajar.

Si el colapso económico mundial hubiera comenzado en el 2010-2015 como marcaban mis modelos no Madcoal, el futuro sería mejor (curvas de descenso casi simétricas al ascenso). Fui, como siempre, optimista.

No predijimos el fracking. Su crecimiento explosivo ha sido tal que no nos cabía en la imaginación. Hasta mis madcoal se quedaron cortos aquí. La razón es que fueron decisiones políticas y no lógicas (a escala global se entiende) las que llevaron a esa situación: Bush tuvo que cargarse tres leyes “ambientales” para permitir la salvajada que sobre el entorno están haciendo en los estados del fracking. De hecho esto lo hizo antes de la crisis del 2008, con lo que sí hay alguien al timón del Titanic (con ganas, se ve, de ir más deprisa hacia el iceberg).

Ahora quiero hacer otra predicción y aviso porque vuelvo a estar asustado como en 2007 (bueno en realidad hace casi un año ya que empecé a comentar entre familiares que en el 2015 venía una segunda ola de Tsunami, seguramente mayor).

Asesores del gobierno, de los gobiernos: aprovechen los bajos precios del petróleo no para amortizar deuda sino para comprar y almacenar petróleo, se nos viene una crisis (energética, financiera, alimentaria en medio de la ambiental permanente) posiblemente mayor que la anterior. Empiecen a adaptarse al colapso porque al evitar parcialmente el de 2008  éste será más profundo. Si no lo hacen y se inventan algo para mantener a flote el capitalismo liberal a costa de más desigualdad humana y embate contra Gaia, la próxima crisis tras la que viene ahora se aproximará a la imaginada tercera guerra mundial y su barbarie posterior.

Ya no estamos a tiempo de evitar el colapso de la civilización (disminución fuerte de su complejidad, de su consumo de energía y materiales) pero es la última oportunidad, la que viene en estos próximos 5 o 10 años, para evitar la barbarie.

¿Cómo viene ahora la crisis? por vía de la explosión de la burbuja del fracking (aunque ya se les ocurrirá algo a los economistas que dirigen el cotarro para olvidarse de la energía, el cambio climático, la biodiversidad y la equidad). ¿Cuando será? En cualquier momento dentro de los próximos 12 meses (mi intuición: probabilidades >60% antes de seis meses, más del 80% antes de 12 meses, más del 95% antes de 24 meses).

¿Qué pasará? Intuyo malas reacciones geopolíticas y económicas (ya las está habiendo), pero aquí siempre me quedo corto; no sé. Hasta ahora Estados Unidos ha pasado sus crisis económicas a Europa (desde hace ya casi un siglo), valiente amigo que nos hicimos. Por lo pronto parece que por ley la burbuja del fracking no les va a estallar en la cara a los principales inversores norteamericanos. Pero entre Isis, Rusia, Venezuela, Estados Unidos, Sur de Europa, Noruega, China -con su burbuja de infraestructuras también-… ¡hay tantos sitios por dónde pinchar esta vez!

Yo no manejo más variables y modelos que los asesores de la Casa Blanca, ¿qué se esperaban?

Sin embargo, esos asesores han caído en una trampa social: el corto plazo y la visión localista les va a llevar igualmente a la ruina. Quizás ya tengan planificado un mundo como en la película “In time”, o “Elysium”. Probablemente su tecno-optimismo les nuble la mente.

Todo se realimenta.

Carlos de Castro
____________
PD: ¿Alguien sabe cómo hacer llegar este “susto” a la televisión? El otro día vi a Marhuenda tocarlo de refilón  por primera vez en un programa de buen share (la sexta noche) y ya le está echando la culpa a la superpoblación. ¿Se nos vienen ya los ecofascismos-neoliberales? ¿La batalla ya hemos empezado de nuevo a perderla?

A mi me gustaría ver a Antonio Turiel o a Jorge Riechmann o a Marcellesi en Al rojo vivo, en el programa de Évole o en la Sexta Columna. Si fueran tan solo la mitad de las veces que los Inda… ¿Ideas?

Claro que eso sería solo en España…

Mientras tanto seguiré aumentando mi complejo de Casandra.

La crítica al islam no es intolerancia, ni debe ser islamofobia

Hace ya algunos siglos (pero no tantos) que se separaron en Europa el poder religioso y el político. Cuando el Imperio Romano adoptó el cristianismo como religión de estado, el emperador dejó de ser jefe religioso, Pontifex Maximus. El poder dual  de la Iglesia y el Estado fue desde entonces más o menos inestable, pero la hegemonía de la religión en la vida civil siguió siendo casi absoluta. Sólo en tiempos recientes la iglesia fue perdiendo fuerza (proceso ligado al auge del capitalismo, y en medio de crueles guerras de religión). Ahora, el poder eclesiástico no puede actuar como en otros siglos, pero no olvidemos que hace menos de dos la Inquisición española aún condenaba a muerte.

La dictadura de Franco era militar y teocrática. La Iglesia tuvo incluso, de modo indirecto (pero la Inquisición también se parapetaba tras el brazo secular), la reponsabilidad de muchas muertes, utilizando a nuevos brazos seculares, aunque también a veces a curas trabucaires.

Ilustrativamente, la dictadura incluyó en un mismo paquete de asignaturas Las Tres Marías (Religión, Política y Gimnasia). Mens infirma in corpore sano

Por razones históricas, en el islam no se produjo, ya desde el principio, ninguna separación entre religión, política y gimnasia colectiva. Lo de la gimnasia no es baladí, porque los ritos comunitarios, que gobiernan toda la vida del musulmán practicante, tejen fuertes lazos, especialmente cuando son señas de identidad frente a sociedades que perciben como hostiles.

El poder político siempre se ligó al califato, o como mínimo a un emirato. Hay que entender esto, y el Occidente colonizador tiene alguna responsabilidad en el mantenimiento de tal fusión, que a veces ha utilizado en su provecho, como ha fomentado a su conveniencia las tendencias más reaccionarias dentro del islam. Y de aquellos polvos, estos lodos.



Rebelión


Me desorientan algunos ideólogos de la izquierda radical. Pecan, en parte, de eclecticismo, y en parte, de intelectualismo. Después de lo sucedido quedé pendiente de la respuesta de Podemos: condenó los asesinatos y se solidarizó con las víctimas. Fue escueto. No ideologizó el problema. Tampoco lo relativizó. Ni cayó en el eclecticismo ni en el intelectualismo. Su futuro político, la posibilidad de convertirse en el partido gobernante de un Estado capitalista occidental, lo obliga a actuar así. No puede separar lo que piensa de lo que llegado el caso tendrá que hacer.

Lenin elaboró una magistral lección para diferenciar la dialéctica del eclecticismo. Si necesito un vaso para beber agua, lo fundamental es que no esté resquebrajado. Si lo necesito de pisapapeles, por el contrario, puede estar resquebrajado. Se trata de que cuando nos enfrentamos a un problema hay que señalar y atender lo pertinente. Y lo pertinente en el caso del ataque terrorista a la revista Charlie Hebdo es justamente eso: un ataque terrorista. La forma religiosa con la que se cubre esa acción hay que verla justamente como eso: como pura forma, como máscara. La inmensa mayoría de los islamistas no son terroristas. Las principales víctimas del terrorismo yihadista son islamistas. Y lo que no es pertinente en este caso es hablar de islamofobia.

Entiendo por intelectualista a aquel ideólogo que cuando reflexiona sobre los hechos lo hace como si no perteneciera a ninguna nación, clase y época histórica. Por eso hablé al principio de la posición de Podemos. Una de sus portavoces habló en el debate de la Sexta que el atentado contra Charlie Hebdo era un atentado contra la libertad de expresión. También precisó Pablo Iglesias que la lucha contra el terrorismo yihadista no debía implicar limitar las libertades y derechos de los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea. Sus afirmaciones no se diferencian esencialmente de las declaraciones del PP y del PSOE, o para ser más preciso, de las declaraciones dominantes. Los dirigentes de Podemos se sienten parte de un sistema, de una nación y de una época.

La crítica al islam no puede ser presentada como islamofobia ni tampoco como intolerancia. No podemos permitir que en suelo europeo crezcan de nuevo determinaciones históricas feudales. Los islamistas que viven en la Unión Europea o una buena parte de ellos hacen de su religión un aspecto fundamental de su identidad nacional. También lo hacen los judíos. Puede ser un aspecto de su identidad cultural. Pero haríamos mal en considerar que la religión pueda ser la base de la identidad cultural. La revolución burguesa en Europa logró que el Estado se liberara de la religión. Este logro todavía no se ha conquistado en buena parte de los países de religión musulmana. Y los inmigrantes que llegan a la Unión Europea provenientes de esos países están acostumbrados a que la religión sea fundamental en su vida como ciudadanos. Aquí hay que librar una dura batalla ideológica. La religión no puede ser un factor determinante en la vida de los ciudadanos europeos. Esa lucha ya se le ganó a la religión católica. Así que no podemos permitir que en el suelo de la Unión Europea la religión islámica se vuelva determinante en la vida ciudadana.

La otra conquista importante de la Unión Europea es el peso que tiene en la cultura el agnosticismo y el ateísmo. Al leer a tantos ideólogos de la izquierda radical que nos advierten de la islamofobia que se puede desarrollar en la Unión Europea, compruebo que no hacen lo que deben hacer los verdaderos radicales: criticar a la religión como un opio. No comparto el estilo satírico que practica Charlie Hebdo con la religión musulmana, o con cualquier otra religión. Yo creo más en una lucha ideológica basada en el respeto mutuo. También debo decir que todo en la religión no es malo ni nocivo para el ser humano. En toda religión hay cultura y hay valores. Hay también riqueza espiritual. Pero del mismo modo debe haberla en al agnóstico y en el ateo. Creo, para terminar, que los valores que deben primar en la convivencia entre los ciudadanos europeos son los valores del Estado de derecho y del Estado laico. Y la identidad nacional o local de los ciudadanos europeos no debe tener la marca de religión alguna.

sábado, 17 de enero de 2015

China se frena: ¡aceleren!

Una prueba más de agotamiento del sistema... y del planeta. 

China, con su economía todavía planificada, ha logrado, gracias a ella, crecimientos extraordinarios, basados en el control político de las empresas y de los trabajadores. Ahora el crecimiento se amortigua.

La "fábrica del mundo" creció con la venta de productos de bajo coste al exterior. Las empresas extranjeras se lanzaron allí a producir barato. Pero los países compradores entran en crisis, sus trabajadores pierden poder adquisitivo, mientras el de los trabajadores chinos sube. En consecuencia, la situación tiende a nivelarse.

China, con una tecnología más puntera que hace años, exporta productos de mayor calidad, pero eso no basta en medio de una recesión global, e intenta volcarse en el mercado interno. Cuando el mundo se frena, la exportación también se frena.

Todo esto en un contexto en el que China sigue pendiente de la recuperación de la economía mundial y es, a su vez, el gran motor de crecimiento global. Lo dice literalmente este editorial de El País. Y dale con el crecimiento...

El diario El País muestra a las claras su ideología liberal y sus deseos, los deseos de los capitalistas que son sus propietarios, de más libertad para los dueños del capital.

Para este medio, la solución es... más libre empresa y menos control estatal. Que sea "el ciudadano chino" y no el gobierno el que "tire de la economía".

Ese "ciudadano chino" es el capitalista privado, que debe competir con el Estado "de igual a igual". La experiencia demuestra que ese "de igual a igual" se convierte muy rápidamente en un control invertido. De múltiples formas, los estados se convierten en rehenes del gran capital transnacional.

El periódico pide, entre otras cosas, la liberalización de las tasas de los depósitos. Financiarización a toda costa. La que nos ha llevado a la situación actual. Si la medicina es tóxica, pues más medicina.

Tren Yixinou, línea Yiwu-Madrid



















 

El modelo que ha sacado a 400 millones de personas de la pobreza da síntomas de agotamiento


China está en una fase crucial de su desarrollo. Tras décadas de un crecimiento de dobles dígitos que ha aupado a la potencia asiática como la segunda economía mundial y que ha sacado a 400 millones de personas de la pobreza, el modelo da señales de agotamiento. Los salarios ya no son tan bajos como para ser competitivos, las desigualdades sociales son evidentes y el medio ambiente sufre el desgaste de unos años en los que lo único que ha importado ha sido el aumento del PIB.

Los nuevos líderes del país, el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang, llegaron al poder conscientes de ello y han puesto en marcha una serie de medidas llamadas a cambiar los cimientos del país en el terreno económico y que, a largo plazo —algunos dicen a medio— quieren encumbrar a China como primera potencia mundial, a la altura de las más desarrolladas de las economías.

‘El Sueño Chino’, el lema que consagra todo este proceso, pasa inexorablemente por un mayor protagonismo del mercado en la economía, cuyos sectores estratégicos siguen dependiendo de los tentáculos del Estado. Se huelen cambios en las todopoderosas empresas estatales, en el sistema financiero y hasta en la política demográfica, todo para que sea el ciudadano chino, no su Gobierno, el que tire de la economía del país.

Los cimientos de algunos de ellos ya se han puesto en marcha: se han dado pasos para fomentar la propiedad mixta en empresas estatales, o se ha puesto fin al control estatal sobre los tipos de interés de los préstamos.

Pero cambiar los pilares de este modelo no es tarea fácil en un país donde la elite política y la económica son difíciles de distinguir. Si la voluntad de reforma económica está clara, en el ámbito político se ha optado por el inmovilismo. Existen grupos de interés con mucha influencia que presionan por una transformación menos brusca, algo que retrasa el calendario de las reformas y choca frontalmente con el ímpetu del sector privado. Éste gana terreno en el ecosistema chino pero no puede desarrollarse por completo sin un marco que le asegure unas reglas del juego para competir de igual a igual. Algunas reformas han quedado aplazadas, como la liberalización de las tasas de los depósitos, lo que perpetúa la existencia de un sector bancario en la sombra.

Todo esto en un contexto en el que China sigue pendiente de la recuperación de la economía mundial y es, a su vez, el gran motor de crecimiento global. Obviamente esta metamorfosis contribuye a la desaceleración de la economía —aumentó un 7,4% en el primer semestre—, pero esta no es una razón para no continuar con las reformas. Abandonar ahora, dicen los expertos, llevaría al desastre. Hay que priorizar la calidad sobre la cantidad.

Es el momento de tomar la iniciativa. El Ejecutivo de Xi Jinping no ha dudado en ponerse al volante, pero hacia dónde llevará el coche, cuál será el trayecto preciso y a qué velocidad se desplazará es aún una incógnita. No es una incógnita baladí. Del éxito de sus reformas dependerá el futuro del país y muy probablemente el del propio Partido Comunista.

martes, 13 de enero de 2015

Si vis pacem...

Belicistas a tope. Llevan años pidiendo guerra. El avispero convenientemente agitado durante mucho tiempo produce monstruos, y los monstruos son la excusa perfecta para lo que quieren seguir haciendo. Sin guerras no pueden sobrevivir.

A diferencia de la prensa explícitamente de derechas, el periódico "global" es especialista en equilibrios entre el fondo de lo que dice y su supuesta ecuanimidad. Pocas veces dejara de gimotear blandamente ante las desgracias para luego mostrar la dureza pedernalina de sus propuestas.

Un enlace que explica esta estrategia, aquí. A estas políticas de "seguridad" se adhiere siempre El País.

Si vis pacem, Parabellum



El Gobierno debe explicar cuanto antes qué aporta al esfuerzo global contra el yihadismo


España ha asistido desde la banda a una cumbre decisiva de la OTAN; en Cardiff se han adoptado medidas que pueden marcar la política internacional de los próximos años sin que nuestro país haya participado activamente en la toma de decisiones ni se haya comprometido de forma concreta con estas. La ausencia en dos de las reuniones más importantes —una en la que se acordó formar una coalición multinacional que haga frente al Estado Islámico en Irak y otra en la que el presidente ucranio informó a sus interlocutores del verdadero alcance de la crisis con Rusia— no puede quedar compensada por la presencia protocolaria en una cena de los 29 países asistentes a la reunión, ni por entrevistas bilaterales, por importantes que estas sean.

Mariano Rajoy ha optado por quedarse “en la retaguardia” —la expresión es de los colaboradores del presidente— en un momento en que los principales países de la Alianza Atlántica han dado un paso al frente para asumir sus responsabilidades ante las mayores amenazas de seguridad que vive Europa desde hace décadas. Y conviene recordar que ante una de esas amenazas, la del yihadismo, España no se encuentra precisamente en la retaguardia, sino en primera línea de los objetivos del terrorismo islámico.

Declarar que este es un país con el se puede contar, y a la hora de la verdad seguir haciendo lo mismo, por importante que sea —servir de base logística a EE UU y vigilar de cerca la actividad yihadista en el Magreb—, no muestra una actitud comprometida. Puede que haya una razón para ello y el planteamiento de Rajoy responda a una estrategia, pero, al contrario de lo que ha hecho el Gobierno alemán, el español apenas ha dado explicaciones sobre esta cautela que puede ser fácilmente confundida con irrelevancia.

Es legítimo preguntarse, por tanto, si nuevamente han primado los intereses partidarios y de plazo corto. Una opinión pública escaldada por la aventura militar de Irak —y donde una porción muy activa confunde militarismo con política de Defensarequiere mucha pedagogía; y puede causar desgaste en las encuestas explicar si España debe formar parte, o no, del esfuerzo internacional para combatir una amenaza real. Pero el Gobierno debe tener claro que una cosa es militar en la retaguardia y otra quedar aislado, que es lo que parece estar sucediendo.

Leña al mono, que es de goma

Mientras aguante, hay que exprimir a la gente. Sólo si se vuelve demasiado peligrosa se negociarán alternativas. A ver si el mono se cansa y responde como corresponde. Mientras tanto, al tinterillo de servicio le toca defender los intereses del jefe (del jefe del jefe, naturalmente). 

Sostenella y no enmendalla.

Mono respondón


 

La OCDE alaba el esfuerzo de España, pero le pone deberes y pide que no baje la guardia


España se ha convertido en el ejemplo que los organismos internacionales ponen para mostrar que el camino de las reformas, aunque sea duro, acaba dando sus frutos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alabó ayer el esfuerzo reformista del Gobierno español en capítulos como el mercado laboral, el sector financiero o la reducción del déficit, que junto con la mejora de las condiciones financieras propiciada por la decisiva actuación del Banco Central Europeo (BCE) han permitido que la economía española haya regresado a una senda de moderado crecimiento. Sin embargo, el organismo advierte de que la situación económica sigue siendo frágil, de que la crisis ha dejado tras de sí un alto endeudamiento público y privado, así como un elevado nivel de paro y un aumento de la desigualdad y la pobreza. Y advierte contra la fatiga reformista y la tentación de no acometer medidas impopulares a medida que se acerca el final de la legislatura...

Azuzando

Va a hacer cuatro meses que El País publicó este editorial. Pensaba comentarlo entonces. La actualidad del atentado sangriento contra Charlie Hebdo no es el motivo de que lo haga ahora, porque no es un problema agudo, sino una enfermedad crónica.

Tampoco voy a hacer historia de odios y agravios, de racismo e islamofobia, de fanatismo religioso. Muchos lo están haciendo ahora mismo. Hay análisis ajustados y llamadas a las guerras santas. Se puede leer de todo sobre este tema, de soflamas a llamamientos a la cordura. De profundizaciones históricas a movilizaciones de urgencia.

Lo que me gustaría poner de manifiesto es la indisimulada apelación de algunos medios a participar en operaciones bélicas en otros países, cuya finalidad real es controlar el mundo para beneficio de los grandes poderes económicos que lo están llevando a la ruina.

Pero se entiende. ¿En qué manos está la gran prensa?

Es muy corto y bien alfombrado el trayecto que lleva de los perros guardianes a los perros de la guerra.







Gran coalición mundial contra el yihadismo
España opta equivocadamente por un perfil bajo

(...)

...De la capital francesa emergió un acuerdo de 30 países —10 de ellos, árabes— de adoptar las medidas necesarias —incluyendo la ayuda militar— para “luchar eficazmente” contra el EI...

(...)

España optó de nuevo por un perfil bajo a la hora del compromiso. “Estamos esperando que se nos diga qué se necesita”, dijo el ministro de Exteriores, García Margallo, sin concretar más. Es decir, se seguirá haciendo lo mismo que antes, no ya de la reunión de ayer, sino de la cumbre de la OTAN del 4 de septiembre en la que se gestó el embrión —sin la presencia española— de una coalición internacional para hacer frente a un peligro que se cierne sobre Europa: no solo por la importancia estratégica de Oriente Próximo, sino por las cifras de yihadistas occidentales —decenas de ellos, españoles— en las trincheras...

(...)

...Apoyar la lucha preventiva contra el terror, reduciendo en lo posible el peligro de sus zarpazos, es una estrategia que merece el apoyo de las fuerzas políticas y del conjunto de la sociedad. Lo mismo que asumir una posición activa en el compromiso global contra la amenaza.

domingo, 11 de enero de 2015

La promesa del crecimiento económico

Prácticamente todo lo que se explica más abajo ha sido ya expuesto en este blog. La única razón para repetirlo es que, parafraseando la conocida, malvada y no por ello menos practicada frase de Goebbels, tengo la esperanza de que también «Una verdad repetida mil veces se convierta en verdad de verdad».

Tengo la esperanza de que siquiera por egoísmo bien entendido esto vaya calando.

Una profunda revolución ética debe producirse, pero ineludiblemente ha de basarse en el conocimiento de la realidad. Ya no es posible para quien comprenda estos límites infranqueables sostener lo insostenible, ni seguir interpretando que "desarrollo sostenible" es lo mismo que "crecimiento sostenido".

Claro que (¡quién lo duda!) habrá personas y bienes que aún deben crecer, incluso en sentido material, pero ese crecimiento debe ser ampliamente compensado con el decrecimiento de lo que ya ha crecido demasiado.

¿Habrá que explicar por qué tantos somos anticapitalistas?

Y entonces, ¿qué somos?

Continuemos la batalla de las ideas.



Rebelión
Pareciera ser que agregar el adjetivo “sustentable” a las cosas las hace ver inofensivas, que cuidan el medio ambiente y que son positivas. Podríamos hablar de la “comida sustentable”, “agricultura sustentable” o del “desarrollo sustentable”. En todos los casos la connotación que le confiere esa adición es diferente. Para nuestro caso, podríamos también hacerlo con el concepto de crecimiento y entonces tendríamos el “crecimiento sustentable”. Vamos a detenernos aquí y a analizar en detalle qué connotación deriva de esta utilización, su eventual viabilidad y si es la receta que necesita el mundo para enfrentar las diversas dificultades que atraviesa.

Lo primero que voy a sostener, y es desde el punto de vista literario, es que la expresión “crecimiento sustentable” constituye un verdadero oxímoron, es decir, se manifiestan juntos dos conceptos de significado contradictorio: el crecimiento no puede ser sustentable. El punto de partida para entender esto va a ser la Economía Ecológica, que estudia el problema entre la interrelación del sistema económico con el sistema natural.

Hablar de “crecimiento sustentable” es utilizar un artificio para pretender solucionar nuevos problemas con viejas teorías. Éstas constituyen hoy el mainstream en teoría económica, y tienen su raíz conceptual en un mundo completamente diferente al nuestro. Pensar el nuevo mundo bajo una concepción que ya no tiene correspondencia, puede ser uno de los primeros cambios intelectuales que debamos realizar.

El mundo en el que se desarrollaron esas teorías era el “mundo vacio”, según Herman Daly o la “Economía del Cowboy” según Kenneth Boulding, y corresponde a toda la historia hasta unos cincuenta años después de la revolución industrial. Hasta este punto, los problemas medioambientales eran locales y de pequeña escala. Conforme los avances científicos permitieron un boom demográfico sin precedentes, el mundo se fue llenando y la “frontera” a la cual uno podía siempre escapar si las condiciones de vida eran inadecuadas dejó de existir porque ya se encontraba habitada por otras personas, y entonces había que empezar a convivir con los problemas consecuentes de la degradación ambiental.

En este contexto, es entendible que la ciencia económica se haya concebido sin pensar en el medio ambiente en absoluto, sin importar si el tinte ideológico era marxista, keynesiano o neoliberal. Hoy día, la escala de los problemas ocasionados por la contaminación no puede ser negada y son más que evidentes. El mainstream en economía no puede dar una solución de fondo a ello porque aún tienen en su concepción un modelo que no se corresponde con la realidad actual. El problema que de aquí se deriva es que realizar razonamientos bajo premisas erradas conducirá a alternativas que no solucionarán el problema, a menos que se piense en un nuevo modelo.

El modelo clásico al cual hago referencia es aquél que se encuentra en todos los textos y cursos de economía y es el del flujo circular de la actividad económica. El mismo, muestra de manera simplificada las distintas interrelaciones entre los agentes económicos: las familias, las empresas y el Estado. Cualquier cosa que ocurra fuera de este modelo es una externalidad, algo que descompensa el equilibro y produce ineficiencia económica. El ejemplo clásico de una externalidad negativa es la contaminación. El lenguaje mismo indica que una “externalidad” se encuentra fuera de las condiciones de borde del modelo y se lo debe entonces “corregir” . Los economistas Pigou y Coase se han esforzado por esbozar estrategias que internalicen los costos, sin embargo, aunque útiles si son bien aplicadas, no contribuyen a dar con el problema en su esencia.

Existen dos maneras de pensar al medio ambiente: como un obstáculo, tal como ocurre hasta el presente, o como una condición de borde. La economía ecológica adopta un modelo según el segundo enfoque, basándose en los principios de la Termodinámica, y explica que la economía es un subsistema abierto perteneciente al sistema cerrado Tierra. Un sistema cerrado es aquel que importa y exporta energía solamente, mientras que la materia circula dentro pero no fluye a través de él. Por lo tanto, se trata de un sistema finito, de crecimiento cero y materialmente cerrado, aunque abierto a la energía solar.

Puesto en estos términos, se concibe entonces que la economía neoclásica se ve a sí misma como un todo. El sistema se puede expandir en el vacío, sin ningún costo ni consecuencias por seguir creciendo. La economía ecológica define al crecimiento como el aumento cuantitativo de las dimensiones físicas del subsistema económico y/o de la corriente de residuos producida por éste. Si la economía es el todo, puede crecer infinitamente porque no tiene frontera. Pero el Primer Principio de la Termodinámica nos dice que no podemos crear algo de la nada, por lo que toda producción humana debe estar basada en recursos provistos por la naturaleza. Estos recursos son transformados en el proceso productivo en algo que los humanos puedan darle algún uso, y esa transformación requiere trabajo. También nos asegura que cada residuo que se produzca no podrá desaparecer y permanecerá en el sistema. El Segundo Principio, llamado también la “Ley de la Entropía”, nos dice que cualquier recurso que transformemos en algo útil va a desintegrarse, decaer, romperse o disiparse, en algo menos útil, volviendo en forma de residuo al sistema que generó dicho recurso.

Bajo estos dos principios, el economista Georgescu-Roegen, nos invita a pensar a la economía como un “sistema ordenado para transformar materias primas y energía de baja entropía en residuos y energía no disponible de alta entropía, proveyendo al hombre de un flujo psíquico de satisfacción en el proceso”. La entropía aquí debe ser entendida como la calidad del recurso y su disponibilidad para ser aprovechado por el hombre.

Se deduce a partir de esta interpretación, que pensar la economía como un flujo lineal es el modelo más abarcativo y representativo de la realidad que necesitábamos, ya que incluye en su génesis la explotación de los recursos naturales y la consecuente generación de residuos que se produce en todas las etapas del ciclo de vida de un producto. Enseñar a los futuros tomadores de decisiones que la economía se comporta según el flujo circular es un pecado intelectual y académico, ya que es lo mismo que profesar la existencia de una máquina de movimiento perpetuo e ignorar el agotamiento de los recursos y la contaminación.

Según lo expuesto, el crecimiento no puede ser sustentable si apelamos a la definición provista por la economía ecológica, ya que tiene un límite físico impuesto por el mismo sistema natural. Por eso es que el Informe Brundtland utiliza tan sabiamente el término “desarrollo sustentable”. Mientras que el crecimiento tiene un techo, el desarrollo no, y este sí puede ser infinito, ya que según H. Daly es una “mejora cualitativa en la capacidad de satisfacer necesidades y deseos sin un aumento cuantitativo de las entradas/salidas de materia/energía, a través de la economía, por encima de la capacidad de carga del sistema Tierra”.

El mismo autor ha propuesto realizar una transición de una economía basada en el crecimiento físico y en el estancamiento moral a una economía basada en el equilibrio físico y el perfeccionamiento moral, llamada "economía de estado estacionario". Expresó que este cambio debe ser realizado voluntariamente antes de que nos veamos obligados a hacerlo. Este planteo teórico no es inconcebible desde el punto de vista lógico, aunque sí pueda representar una imposibilidad política. No obstante, confía en que los políticos se den cuenta que deben empezar a regular el crecimiento mismo, en lugar de ocuparse sólo de los subproductos del crecimiento.

Se escucha hablar frecuentemente en los discursos de políticos y en las recetas de los economistas que el crecimiento económico es lo que necesita un país para mejorar la calidad de vida de las personas y reducir la brecha entre ricos y pobres. La promesa del crecimiento es la prosperidad para todos sin sacrificio para nadie. Es ineludible pensar que en un mundo donde persisten necesidades absolutas no satisfechas entre los pobres se requieren medidas basadas en la redistribución más que en el crecimiento. Pero en este caso sí debería haber sacrificio de algunos.

Es claro, entonces, que el salto esencial que hay que dar está en el plano de las ideas y los conceptos para poder pasar luego al de las acciones adecuadas. Pensar en una sociedad que transite la historia con respeto a todas las formas de vida es imposible si medimos la calidad de vida en base a artículos superfluos de todo tipo que la sociedad del consumismo nos hace creer que son indispensables, que tienen una vida útil planeada de pocos años, que dependen exclusivamente de combustibles fósiles y minerales agotables, y que nuestra felicidad depende no del valor de uso del bien sino de su valor de status, como lo señaló Thorstein Veblen en el siglo XIX. Los bienes que nos dan el status satisfacen necesidades llamadas relativas, o según Keynes: “aquellas que sólo experimentamos si su satisfacción nos eleva por encima de nuestro congéneres”. Éstas mismas son por su naturaleza insaciables.

Después de 41 años de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, las mejoras absolutas son escasas y la esperanza en que la tecnología vaya a resolver todos los problemas parece ser una posición extremista basada más en la fe que en perspectivas fundadas. Si la propuesta final es el “crecimiento sustentable”, lo mejor que nos puede pasar es que disminuya un poco el ritmo al cual nos vamos perjudicando, con un final conocido que sólo deja el interrogante al cuándo.

Llegados a esta instancia, y habiendo fundamentado la imposibilidad e inconveniencia de un “crecimiento sustentable” se concluye sobre la importancia de cambiar las reglas del juego. El ecologista Brasileño Leonardo Boff escribe: “La misma lógica que explota clases y somete naciones es la que depreda los ecosistemas y extenúa el planeta Tierra”. Las nuevas conductas que debemos incorporar en el plano político, jurídico y técnico, deben estar orientadas a cambiar esa lógica y pueden tomar como buen punto de partida las enseñanzas de la tradición ancestral de los pueblos originarios de los Andes, bajo la figura de la Pachamama, o bien lo presentado por James Lovelock desde la Teoría de Sistemas, bajo el nombre de Hipótesis Gaia. Como lo explica Raúl Zaffaroni: “se trata del encuentro entre una cultura científica que se alarma y otra tradicional que ya conocía el peligro que hoy vienen a anunciar y también su prevención e incluso su remedio”. Quizás la incorporación al derecho constitucional de las personería jurídica de la naturaleza (como lo han hecho Ecuador y Bolivia), la adopción de una ética de cooperación derivada de las dos concepciones mencionadas y una economía que tenga bien en claro nuestra interrelación con la Tierra, nos muestren mejor el camino para alcanzar el verdadero desarrollo sustentable.