sábado, 14 de agosto de 2021

Callejón sin salida: una metáfora

Leo esta noticia:

Un Ferrari Roma de 225.000 euros se queda atrapado en un estrecho callejón en Italia. El dueño del vehículo se quedó atrapado también en el interior del vehículo.

A continuación, en arrezafe, la traducción del artículo de Jorge Majfud consumismo, otra herencia del sistema esclavista, y en él este párrafo:

El consumismo es otra fragmentación y confinamiento del pensamiento, de las emociones y los deseos en un estrecho marco que, no sólo impide pensar en los otros pueblos que lo sufren, sino que imposibilita cualquier cambio individual en los pueblos que supuestamente se benefician de ese tóxico y adictivo anestésico.

Más abajo, este comentario del autor del blog:

El colapso está a la vuelta de la esquina de una calle cada vez más estrecha.






viernes, 13 de agosto de 2021

Un siglo de Historia: China (II)

Los revolucionarios de Octubre habían tenido la esperanza de extender la revolución de los obreros a los países industrializados, y el sueño fracasó. Décadas después, los chinos trataron sin éxito de extender a los países colonizados la suya de campesinos. La experiencia de ambos fracasos produjo efectos en las trayectorias de los partidos comunistas, no sólo en estos países, sino en el resto del mundo. Trotskistas y estalinistas, "revisionistas" (prorrusos) y "marxistaleninistas" (prochinos), fueron el resultado de los ensayos fallidos de revolución mundial. Nuevos intentos no han cesado, pocos con relativo éxito.

El agotamiento del modelo productivo desarrollista era público y notorio para quien quisiera verlo desde la publicación del informe al club de Roma. Pero una cosa es saber y otra cambiar el rumbo. La carrera con el capitalismo continuó y acabó con la derrota de la Unión Soviética, que a diferencia de los países capitalistas carecía de ricas colonias para seguir explotándolas.

Si en la URSS la consecuencia fue una vuelta al capitalismo de corte occidental (y su propia disgregación), el PCCh resistió el embate, adelantándose a los hechos mediante un profundo cambio de estrategia, pero manteniendo el control del país. Tras la desorganización causada por la Revolución Cultural, en 1978 China cambió la vía igualitaria por la desarrollista, con resultados espectaculares por el lado de la economía, erradicando la miseria que hasta entonces sufría el país.

La prosperidad, sin embargo, no alcanza a todos por igual, y la desigualdad se ceba en los inmigrantes que acuden a las ciudades y sufren discriminaciones, porque quienes salen de la pobreza no siempre son capaces de "mirar para abajo", empeñados en hacerlo "hacia arriba".

El éxito de esta política expansiva no está asegurado, teniendo en cuenta los nubarrones de tormenta que amenazan al planeta, pero debemos considerar que, por una parte, la carrera desarrollista no puede detenerse de golpe sin provocar graves conflictos. Occidente no lo va a hacer, porque el capitalismo es una maquinaria ciega que controla a los Estados. China es el único gran país en que el capitalismo parece ser (todavía) un "pájaro enjaulado". El pájaro (fuerzas del mercado) tiene cierta libertad para volar, pero no puede salir de la jaula (planificación central).

Las democracias occidentales difícilmente pueden planificar el futuro a largo plazo, sometidas a los vaivenes de la alternancia de los grandes partidos y a las presiones del capital, que se escapa a su control por permeables fronteras. En cambio, China puede hacerlo en condiciones mucho mejores. ¿Quién podrá realizar con mayor eficacia la necesaria transición ecológica, un partido que aspira a ser un "intelectual colectivo", o un mecanismo ciego que pretendidamente "se autorregula"? ¿O no será tan ciego, y sus algoritmos especulativos obedecerán las instrucciones de ese selecto club de locos financieros, adoradores del lucro incesante?

Sigue otra entrega de trece hombres determinaron la suerte del mundo, el artículo que empecé a comentar aquí



"Mantén en alto la bandera roja", un cartel típico de la Revolución Cultural













El fardo de la historia

Parafraseando a Marx: «Los partidos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos […]». Estas condiciones fueron particularmente difíciles para el PCCh. El país estaba subdesarrollado y su economía totalmente destruida. La Guerra Fría hacía estragos y el país estaba sometido a un embargo tecnológico por parte de Occidente. Esta situación duró hasta 1971, cuando mejoraron las relaciones con Estados Unidos.

La Unión Soviética prestó ayuda al principio de la revolución, pero en 1958 ambos países entraron en conflicto. Cesó toda la ayuda y se marcharon los técnicos soviéticos. Mao había contado con que estallaran revoluciones en varios países del tercer mundo y entonces estos países podrían formar un frente conjunto y reforzarse mutuamente. Sin embargo, estas revoluciones no se produjeron y China se encontró sola.

Durante los primeros años también había una verdadera amenaza militar por parte de Estados Unidos. En dos ocasiones, en 1954 y en 1958, el presidente estadounidense amenazó con utilizar armas atómicas contra China, que también fue testigo de cómo bajo la dirección de Nikita Serguéyevich Jrushchov la Unión Soviética empezaba a adoptar un rumbo cada vez más capitalista.

La huida hacia adelante

En estas circunstancias Mao cada vez veía más la necesidad de desarrollar el país de forma acelerada y superar el atraso en poco tiempo. En particular, propuso la consigna de alcanzar a Inglaterra en quince años. Creía poder compensar las condiciones desfavorables con una movilización masiva e incesante de la población.

El corto esprint hacia Utopía llevó a unas experiencias temerarias y locas. El Gran Salto Adelante (1958-1961) fue un intento voluntarista de industrialización acelerada del campo sin ningún estudio ni preparación seria. El partido era inexperto y carecía de conocimiento suficiente de las leyes económicas. Este intento excesivamente optimista fracasó completamente y provocó una hambruna que mató a millones de personas (7).

Mao temía que China siguiera el mismo camino que la URSS, por lo que quería hacer todo lo posible para erradicar las ideas procapitalistas dentro de su propio partido. En ese sentido lanzó la Revolución Cultural (1966-1976) (8). Esta movilización masiva se volvió totalmente incontrolable y acabó llevando a la anarquía, hasta el punto de que hubo incluso que desplegar al ejército. La Revolución Cultural fue un período trágico e hizo mucho daño al PCCh.

Con todo, la huida hacia adelante de Mao no fue un fracaso total. A pesar de los fracasos del Gran Salto Adelante y de la Revolución Cultural, China logró alimentar a su población con bastante rapidez, a diferencia de India, por ejemplo (9). Durante los primeros treinta años de la Revolución el país conoció un más que respetable crecimiento económico anual del 4,4 %. Se sentaron las bases para el rápido desarrollo industrial que comenzó en 1978. En este periodo se triplicó la renta y el Índice de Desarrollo Humano (10) se multiplicó por 4,5 (11).

Reformas económicas

Al final de este periodo, sin embargo, cada vez era más evidente que la política económica debía cambiar de rumbo. Occidente seguía disponiendo de un aplastante monopolio científico y tecnológico, lo que hacía a China particularmente vulnerable. Y económicamente el país perdía terreno frente a los cuatro tigres asiáticos: Singapur, Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong.

En el camino hacia el comunismo, el socialismo es una larga fase de transición en la que es preferible no saltar ninguna etapa. Es lo que demostraron las debacles de años anteriores. Marx hablaba en sus escritos de la «misión histórica del capitalismo» que consistía en desarrollar las fuerzas productivas (principalmente la tecnología) (12). Es precisamente lo que los chinos querían hacer en ese momento.

Durante los treinta primeros años el acento se puso sobre todo en las relaciones de producción (propiedad) y la lucha de clases. Todo se colectivizó al máximo para lograr la mayor igualdad posible. A partir de 1978 se puso el acento en el desarrollo de las fuerzas productivas (13). Para ello se siguieron dos vías. En primer lugar, integraron en el desarrollo económico del país los efectos dinamizadores de las fuerzas del mercado. Se autorizaron los capitales privados. Todavía existía una sólida planificación a nivel macroeconómico, elaborada bajo la dirección del gobierno central y centrada en los objetivos de desarrollo mundial. Pero la planificación rígida e hipercentralizada de la fase inicial se relajó y descentralizó. Para ello se utilizó la metáfora del «pájaro enjaulado»: el pájaro (fuerzas del mercado) tiene cierta libertad para volar, pero no puede salir de la jaula (planificación central). El futuro nos dirá si se puede dominar esta dinámica de mercado controlado.

La segunda vía consistió en atraer capitales extranjeros. Los inversores extranjeros eran bienvenidos a condición de que pusieran a disposición del país una parte de su tecnología y de su savoir-faire. En muchos países del tercer mundo la apertura de la economía al exterior (comercio, inversión y flujos de capitales financieros) ha tenido unas consecuencias desastrosas. En China, en cambio, esta apertura ha tenido éxito por estar determinada por las necesidades y objetivos nacionales y por estar plenamente integrada en una sólida estrategia de desarrollo (14).

La historia de un éxito

Esta doble estrategia ha dado sus frutos. De 1978 a 2020 la tasa media de crecimiento anual ha sido casi del 10 %. Se trata del crecimiento económico más rápido que ha registrado nunca un gran país. En 75 años China habrá pasado de ser casi el país más pobre del mundo a una economía de altos ingresos. El país también ha logrado mantener su economía a flote durante las tormentas de los últimos 25 años: la crisis financiera asiática de 1997, el crac de la burbuja de internet en 2001, la crisis del SARS, la gran crisis financiera de 2008 y, más recientemente, la crisis del COVID. En lo que concierne a la crisis de 2008, Richard McGregor, experiodista del Financial Times, escribió que «China estaba mejor equipada que cualquier otro lugar del mundo para hacer frente a la recesión repentina» (15).

La tecnología y la ciencia también han avanzado mucho. Hoy en día se reconoce a las empresas chinas como líderes o primeras figuras mundiales de equipamientos de telecomunicaciones 5G, trenes de alta velocidad, líneas de transmisión de alta tensión, fuentes de energía renovable, vehículos de nuevas energías, pagos digitales, inteligencia artificial y muchos otros dominios. En 2018 China superó a Estados Unidos en cantidad de publicaciones científicas y en 2019 ocurrirá lo mismo con la cantidad de patentes.

Sen lONU, desde 1981, 853 millones de personas han salido de la pobreza en China, lo que supone el 76 % de todas las personas que salieron de la precariedad en el mundo durante ese periodo. Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, lo considera «el logro más impresionante de la historia en materia de reducción de la pobreza». La mortalidad infantil es el principal indicador del desarrollo social de un país. En este sentido la puntuación de China, un 9 por mil, es notable. Por ejemplo, si India ofreciera a sus ciudadanos la misma atención médica y apoyo social que China, cada año morirían 680.000 niños y niñas indias menos (16).

Mientras que en muchos países los salarios están estancados o disminuyen, en China se han triplicado en la última década. Entre 1978 y 2015 los ingresos del 50 % de las personas chinas más pobres aumentaron un 400 %, mientras que en Estados Unidos disminuían un 1 % en el mismo periodo.

La resiliencia de la sociedad china ha sido evidente durante la crisis del COVID. La OMS describe la forma de afrontarla en China como «quizá la lucha contra la enfermedad más ambiciosa, más flexible y más agresiva de la historia». A The Economist no se le pasó por alto el importante papel que ha desempeñado el PCCh en este sentido: «Los esfuerzos de China no han consistido solo en movilizar los elementos evidentes, como el personal médico, los trabajadores sanitarios, los científicos y la policía. También ha hecho un amplio uso de la red de secciones del partido para proporcionar la mano de obra y la experiencia de gestión necesarias para una operación dirigida por el partido a una escala rara vez vista en la era post-Mao».

Las sombras de este panorama

Por otra parte, este éxito presenta importantes defectos. La introducción de elementos de mercado a partir de 1978 reintrodujo la explotación capitalista, aunque de manera controlada. Se abrió un enorme abismo entre la ciudad y el campo. Una masa de 230 millones de «migrantes internos» tiene menos derechos sociales y a menudo es víctima de la discriminación. A menudo los abuelos tienen que intervenir para criar a los hijos de quienes migran. La política del hijo único (desde 1979 hasta 2015) ha provocado muchos abortos selectivos y un excedente de hombres de más de 30 millones, con todas las consecuencias sociales que ello implica.

El rápido desarrollo económico ha provocado abusos de poder y una corrupción generalizada. La introducción del capital privado ha generado una clase superior de capitalistas. Ambos fenómenos encajan difícilmente con los ideales socialistas. El individualismo y el arribismo, el consumismo y el gusto por el lujo y la ostentación han socavado enormemente los valores del PCCh.

(concluye)

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Notas:

(7) Losurdo D., Fuir l’histoire? La révolution russe et la révolution chinoise aujourd’hui, Ed. Delga, París 2007, p. 69-72 y 175-6; Chuntao X. (ed.), op. cit., p. 29-30. El Gran Salto Adelante hizo que la mortalidad en China pasara de 12 por mil habitantes a 25,4 por mil en 1960, y después a 4 y 10 por mil en 1960 y 1962 respectivamente. Pero esa tasa de mortalidad del peor año, 1960, apenas difería de la de India, es decir, 24,8 por mil, que era una media «normal».

(8) La revolución cultural emprendida por Mao Zedong consistió en el levantamiento de estudiantes y trabajadores chinos para preservar los logros del socialismo. Su objetivo eran algunos jefes de partido y cuadros del aparato de Estado que se habían instalado en una cómoda posición de poder y a los que cada vez preocupaban menos los ideales comunistas de igualdad y de solidaridad. Todo ello se produjo en el contexto de un alejamiento (político e ideológico) cada vez mayor del Partido Comunista de la Unión Soviética, al que se acusaba de seguir una línea procapitalista («revisionista»). Por lo que se refiere a la llamada «reeducación social», muchos intelectuales, cuadros y jóvenes estudiantes eran enviados una temporada al campo para realizar trabajos físicos y practicar la solidaridad con los campesinos u obreros. Los primeros años de la revolución cultural fueron particularmente caóticos y en un momento dado incluso hubo que desplegar al ejército para restablecer el orden. La revolución cultural dejó unas cicatrices profundas en el pueblo chino.

(9) En 1976 la producción alimentaria había aumentado la mitad respecto a 1965. La producción petrolera se multiplicó por siete en ese periodo. Chuntao X. (ed.), op. cit. p. 34-5.

El Índice de Hambre en el mundo (GHI) se eleva en India a 27,5 por lo que pertenece al grupo de países que presentan un problema grave. Hay aproximadamente 200 millones de indios que padecen hambre. China pertenece a la categoría de «problema débil» (GHI < 5).

(10) El Índice de Desarrollo Humano o IDH es un índice estadístico compuesto para evaluar el índice de desarrollo humano de los países del mundo teniendo en cuenta el PNB per cápita, el nivel de vida, el nivel de educación y de salud. Es un índice que elabora el PNUD, el organismo de la ONU encargado del desarrollo y de la reducción de la pobreza en el mundo.

(11) Jacques M., op. cit., p. 99.

(12) «La misión histórica del sistema de producción capitalista es elevar estas bases materiales del nuevo modo de producción hasta cierto grado de perfección», Marx, K., Capital III, p. 306. Marx elaboró este tema en Grundrisse (Introducción general a la crítica de la economía política, 1857).

(13) Thompson I., “China and the ‘socialist market economy’’, en : China: Revolution and Counterrevolution, San Francisco 2008, 87-97.

(14) Herrera R. & Long Z., La Chine est-elle capitaliste ?, Éditions Critiques, París 2019, p. 29-30.

(15) McGregor R., op. cit., p. 28.

(16) Calculado sobre la base de Unicef.

jueves, 12 de agosto de 2021

Un siglo de Historia: China (I)

Así como el animal más grande nace de una minúscula célula, el gigantesco Partido Comunista Chino surgió hace cien años en una reunión de trece delegados, tan fecunda como la de los trece que, según cuenta el Evangelio, fueron llamados a otra fundación trascendental.

También nació hace cien años el Partido Comunista de España; y otros muchos, al calor de la Revolución de Octubre. Celebran ahora su centenario, aunque ninguno desde la posición dominante del PCCh. La Historia de la China moderna es inseparable de la de este partido.

El primer interrogante que se plantea, cuya respuesta exige un análisis cuidadoso más que una respuesta rápida, sería: ¿habría sido posible que este enorme y complejo país sobreviviera a conflictos de clase, luchas internas y tensiones centrífugas sin la organización del Estado alrededor de un gran partido único de corte socialista? ¿estamos seguros de que el pluripartidismo liberal es "el menos malo de los sistemas políticos", como dijo Winston Churchill?

Recordemos el caso de Yugoslavia: eran seis repúblicas, con cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones y dos alfabetos; todo ello lo vertebraba un único Partido Comunista. Cuando este se debilitó, el país se vino abajo. Y otro tanto ocurrió con la desmembrada Unión Soviética.

China también sufrió y sufre la presión del modelo occidental de desarrollo, y su estructura, por el momento, ha resistido los embates, aún dejando en el camino algunos logros sociales que pueden minarla. Nadie puede estar seguro del incierto porvenir. La duda que surge es: ¿se impondrá el Capital al Estado, como en Occidente, o podrá el Partido estar por encima de su ciega presión?

Trece hombres determinaron la suerte del mundo es un artículo traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


De Wereld Morgen. Conmemoraciones en Pekín del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino
(EFE/
XINHUA/CHEN YEHUA)]












Hace cien años trece hombres se reunían en secreto para crear el Partido Comunista Chino. Tras muchas errancias y múltiples aventuras el Partido se ha convertido en la mayor agrupación política del mundo. Sin lugar a dudas iba a determinar en gran medida el curso del siglo XXI. Texto y explicaciones de Marc Vandepitte, experto en China.

Contexto histórico

China fue durante siglos un imperio influyente y poderoso. Esta situación cambió radicalmente tras las guerras del opio a partir de 1840 (1). El país se convirtió en una semicolonia. Las potencias extranjeras ocuparon vastas regiones o pasaron a estar bajo su esfera de influencia. Los países imperialistas destruyeron la naciente industrialización. La población se empobreció totalmente y las hambrunas se hicieron frecuentes (2). En ese periodo murieron decenas de millones de personas en China víctimas de privaciones y de violencia política. También en esa época la trata de esclavos negros fue sustituida por la trata de obreros chinos.

La población china se rebeló en muchas ocasiones contra las malas condiciones vida y a favor de la independencia nacional. En 1911 hubo una revolución en la que fue derrocado el emperador. El nuevo presidente, Sun Yat-sen, fue el fundador de la República de China, aunque no logró acabar con la dominación extranjera ni con las estructuras feudales del país.

Este es el contexto en el que diez años después trece delegados se reunieron con el mayor de los secretos para crear un nuevo partido comunista, el Partido Comunista Chino, PCCh). Uno de ellos era Mao Zedong. Su gran modelo era la Revolución rusa de 1917. En aquel momento el partido no contaba más que con 53 miembros.

Un partido centrado en el desarrollo

Los partidos políticos desempeñan un papel importante en la vida política de las sociedades modernas. Históricamente aparecen de dos maneras: en el seno del capitalismo aparecieron partidos electorales o «electoralistas»Tras la desaparición de la posición monopolística de la nobleza, la burguesía ascendente y más tarde el movimiento obrero fundaron sus propios partidos para defender sus propios intereses y facilitar la participación en las elecciones y en la administración del Estado. En esos países ya se había establecido una estructura estatal moderna y fuerte.

El segundo tipo se podría describir como partidos «orientados al desarrollo». Nacieron en un contexto completamente diferente, concretamente en la periferia del capitalismo. Generalmente aparecieron tras la estela de los movimientos de liberación nacional posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Aspiraban a la independencia nacional y al desarrollo rápido de su país. Querían acabar con las condiciones de vida miserables y con la opresión imperialista.

En la mayoría de estos países todavía no existía una estructura estatal moderna. Precisamente lo que hacía falta para conseguir tenerla era la creación de un partido político fuerte y bien organizado (3). Este tipo de partido no se crea para cumplir los ideales políticos por medio de la competición parlamentaria, sino que, al contrario, aspira a un nuevo orden político y/o económico que a menudo se logra a través de una revolución. Los partidos centrados en el desarrollo consideraban que necesitaban una organización sólida y una disciplina estricta para derribar los sistemas antiguos y construir uno nuevo orden.

El sistema del partido único

Tras la revolución de 1911 Sun Yat-sen optó por un sistema multipartito basado en el modelo de Estados Unidos y Gran Bretaña, pero como en la mayoría de los países del tercer mundo fue un fracaso. Pronto se vio que el modelo de la Revolución rusa era más apropiado para hacer progresar China. Sun Yat-sen creó su partido revolucionario, el Kuomintang (KMT) sobre una base leninista (4).

En 1925 muere Sun Yat-sen y Chiang Kai-shek se convierte en el nuevo líder del KMT. Era mucho más conservador y desencadenó una verdadera caza de brujas contra las personas comunistas que provocó muchas muertes. Durante la segunda guerra chino-japonesa (1937-1945) el KMT formó una alianza con el Partido Comunista para luchar contra la ocupación japonesa. En aquel momento Japón era un imperio fascista y una de las potencias del Eje, aliadas de la Alemania hitleriana. Esta guerra se convirtió en un capítulo importante de la Segunda Guerra Mundial. Tras la victoria sobre Japón se reanudó la guerra civil entre el KMT y el PCCh.

El PCCh contaba con muchos menos hombres y recursos que el KMT, pero estaba mejor organizado y era más disciplinado. Los comunistas, además, estaban mucho más en contacto con el campesinado. El pueblo consideraba a los comunistas, y no al KMT, patriotas y abanderados de la lucha contra los japoneses y por la independencia de China (5). En 1949 el PPCh ganó finalmente esa guerra civil y Mao Zedong proclamó la República Popular de China. Los dirigentes del KMT y muchos de sus partidarios se refugiaron en la isla de Taiwan.

El PCCh tuvo que lidiar con un desafío enorme. Tuvo que hacer frente a un Estado roto, una economía destruida y una población totalmente empobrecida. En aquel momento China era uno de los países más pobres del mundo. Contaba con más de una quinta parte de la población mundial, pero su PIB apenas representaba el 4,5 % del total mundial. El nivel de vida, que se expresa como PIB per cápita, era la mitad del de África y una sexta parte del de América Latina. La esperanza de vida media era de 35 años (6).

Para afrontar estos retos se requería un partido fuerte, centralizado y disciplinado. Pero esta no es la única razón. Las proporciones del país son enormes. China tiene las dimensiones de un continente: es 17 veces mayor que Francia y tiene tantos habitantes como Europa Occidental, Europa Oriental, los países árabes, Rusia y Asia Central juntos. Si traspolamos esto a la situación europea, significaría que Egipto o Kirguistán tendrían que ser gobernados desde Bruselas. Teniendo en cuenta estas proporciones, las grandes diferencias entre las regiones y los gigantescos retos a los que se enfrenta el país, se requiere una poderosa fuerza de cohesión para mantener la gobernabilidad del país y dirigirlo con fuerza. Según The Economist, «los líderes chinos creen que el país no puede permanecer unido sin un sistema de partido único tan sólido como el de un emperador y puede que tengan razón».

En resumen, el sistema actual de China está adaptado a la escala del país y se arraiga en la lucha contra la ocupación japonesa del país, contra el reaccionario Kuomintang y contra la espantosa miseria y el atraso en los que entonces estaba sumido el país. De esta lucha surgió el PCCh como líder del país, un líder que se impuso la tarea de restablecer la dignidad, salvaguardar la soberanía de la nación china, sacar al país del subdesarrollo y luchar por una sociedad socialista humana.

(continúa)

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Notas:

(1) Entre 1839 y 1860 se libraron dos guerras del opio entre Reino Unido y China. Los británicos tenían el monopolio del tráfico de opio, que intoxicaba a millones de personas. Cuando China adoptó medidas, los británico emprendieron una guerra contra ella. De hecho, los conflictos servían para doblegar a China con el fin de imponerle unas condiciones comerciales desfavorables.

(2) Sesam Atlas bij de wereldgeschiedenis, Deel 2, Apeldoorn 1989, p. 91; Shouy B., An Outline History of China, Beijing 2002, p. 388 y ss.

(3) Yongnian Z., The Chinese Communist Party as Organizational Emperor, Londres 2010, p. 12-4.

(4) McGregor R., The Party. The Secret World of China’s Communist Rulers, New York 2010, p. 123; Yongnian Z., op. cit., p. 60; Chuntao X. (ed.), Why and How The CPC Works in China, Beijing 2011, p. 107

(5) Jacques M., When China Rules the World. The Rise of the Middle Kingdom and the End of the Western World, Londres, 2009, p. 92.

(6) Angus Maddison, L’économie chinoise. Une perspective historique. Segunda edición, revisada y actualizada: 960-2030, París, OCDE, 2007 ; Hobsbawm E., L’Âge des extrêmes, histoire du court XXe siècle, Ed. Complexe 1999,; Chuntao X. (ed.), op. cit., p. 72.

lunes, 9 de agosto de 2021

El difícil aprovechamiento de la energía

Sobre las dificultades que presenta una transición completa a las energías renovables, Antonio Turiel nos habla una y otra vez. Y una y otra vez reproduzco aquí las que me parecen más instructivas.

Porque también "una y otra vez" se propagan conceptos erróneos, y es preocupante que lo haga: 

«...gente que tiene una formación técnica adecuada como para no cometer esos errores. Pero no los propagan por malicia o de forma interesada, sino porque han oído tantas veces ciertas ideas-fuerza completamente desatinadas que ya las han aceptado de manera acrítica, sin revisarlas a la luz de su propio conocimiento.»
Y  es que, aunque el problema se conoce, las soluciones "no gustan" a quienes son dueños de los medios de comunicación, y, con ellos, "de los corazones y las mentes"

No les cuesta mucho ganarlos, porque chocan con las aspiraciones de la gente.

En resumen, una de las soluciones sería la de "recortar por arriba" la ambición de los que amasan las fortunas, y cuyo afán de lucro mueve esta financiarizada economía que gobierna todas las actividades humanas. Debería acompañarse con el "recorte por abajo" de las ilusiones de ascenso social y la aceptación de una "buena vida" más austera, así que coinciden mayoritariamente en el rechazo todas las clases sociales.

Porque la otra solución, sin duda la acariciada por las élites que la han practicado desde siempre, es la desaparición de todo el que consideren superfluo y contrario a sus intereses. En el fondo, el lastre "no explotable" de quienes consumen más de lo que (les) producen.

Contra las ideas-fuerza de que habla Turiel, lo único que queda es divulgar la verdad. Apoyándose en el conocimiento científico y empezando por las leyes mas elementales de la Física.

De una página de la Universidad de Sevilla recojo, obviando su aparato matemático, el concepto de exergía, antes de desmenuzar el post de Turiel.


Introducción  la exergía

La exergía es una medida de la disponibilidad de la energía. La idea es que parte de la energía de un sistema se puede aprovechar para realizar trabajo mecánico, eléctrico o de otro tipo. El segundo principio de la termodinámica nos establece limitaciones en cuanto a la cantidad de trabajo que podemos realizar. Pero existe además una limitación práctica en cuanto a que sólo se puede realizar trabajo si el sistema almacena una energía respecto al ambiente que le rodea.

Por ejemplo, consideremos el agua situada en un embalse a cierta altura. Este agua puede emplearse para mover turbinas y generar energía eléctrica, pero, una vez que todo el agua ha bajado al nivel del mar, ya no se puede seguir aprovechando. Hay un límite en la energía disponible asociado a la diferencia de altura entre el agua del embalse y el entorno. Cuando este desnivel desaparece, ya no hay más energía disponible.

Supongamos un recipiente que contiene un gas a alta presión y alta temperatura. Si hacemos un orificio en el recipiente y dejamos que salga el aire a la atmósfera, perdemos toda la energía disponible, ya que rápidamente su presión se iguala a la atmosférica y en poco tiempo su temperatura se iguala la del aire que lo rodea. Hemos desperdiciado toda la energía disponible o exergía.

En cambio, podíamos haber usado el que la presión era superior a la atmosférica para producir un trabajo mecánico, moviendo un pistón, y podíamos haber usado el que su temperatura era superior a la atmosférica para alimentar una máquina térmica, es decir, que tanto la diferencia de presiones como la diferencia de temperaturas eran aprovechables para realizar trabajo útil.

Se denomina “exergía” a la cantidad máxima de energía que puede transformarse en trabajo útil, entendiendo por útil el que no se emplea en actuar contra el ambiente.

La exergía se consume por completo cuando la presión y la temperatura (y el resto de variables de estado como la altura sobre el nivel del mar, el voltaje, etc. que lo diferencian de lo que le rodea) se igualan a la del entorno. Una vez que se iguala la temperatura del sistema con la del ambiente (alcanzándose el equilibrio térmico) y se iguala su presión con la exterior (llegándose al equilibrio mecánico), ya no se puede extraer energía adicional. Se dice que en ese caso el sistema ha alcanzado el “estado muerto”.

(...)

La exergia nos da el máximo de trabajo útil que podemos extraer de un sistema, apurando al límite las posibilidades que ofrece el segundo principio de la termodinámica. Para ello, hay que suponer procesos completamente reversibles y por tanto sin producción de entropía.

En un proceso real siempre se produce entropía. La producción de entropía implica una reducción del trabajo útil que podemos extraer del sistema, es decir, cuanto mayor en la producción de entropía, menor es el aprovechamiento de su exergía.























Energía, entropía y exergía

Queridos lectores:

Mientras esperamos que llegue el próximo otoño con no pocos nubarrones en su horizonte (la escasez de algunas materias primas podría desencadenar algunas interrupciones temporales de suministro), seguimos enfrascados en la discusión de la transición energética que, ahora sí, ya casi todo el mundo parece aceptar como inevitable; y más importante que la necesidad de transición, lo que resulta clave es discutir qué modelo de transición queremos llevar a cabo. Ya hemos comentado en estas mismas páginas y con cierto detalle por qué el modelo de transición que se está intentando imponer probablemente no es viable ni conveniente, y por qué es importante buscar modelos alternativos más locales y resilientes. En el transcurso de las discusiones que cada vez más menudean en las redes sociales (ya que la discusión energética está tomando una gran centralidad), me he encontrado con algunos temas que se repiten continuamente y que demuestran la gran confusión que hay sobre los términos reales de la discusión energética. Lo más curioso es que no pocas veces quienes propagan conceptos erróneos son gente que tiene una formación técnica adecuada como para no cometer esos errores. Pero no los propagan por malicia o de forma interesada, sino porque han oído tantas veces ciertas ideas-fuerza completamente desatinadas que ya las han aceptado de manera acrítica, sin revisarlas a la luz de su propio conocimiento. Por eso mismo, he creído oportuno escribir algunos posts que, a partir de ejemplos concretos, me permitan contextualizar correctamente esos conceptos y mostrar cómo se aplican a nuestra situación. 

En el post de hoy me voy a centrar en una afirmación repetida tantas veces que al final se ha convertido casi en una caricatura de sí misma:

"No hay un problema de crisis energética en absoluto. El Sol nos proporciona una cantidad de energía inmensamente mayor a la que consume la Humanidad."

Examinemos primeros los datos.

En lo alto de la atmósfera, el ángulo sólido que distiende la Tierra intercepta unos 1367 vatios por metro cuadrado (W/m²) del flujo solar: es decir, llegan 1367 julios de energía por segundo y por metro cuadrado. Sin embargo, dada la geometría esférica de la Tierra y que siempre la mitad de la misma está a oscuras, el flujo de energía solar que llega a la atmósfera alta es en promedio temporal y de toda la superficie del planeta 340 W/m². El 26% de eso es reflejado por la atmósfera y las nubes, así que a la superficie terrestre llegan en promedio unos 250 W/m². La superficie de la Tierra es de 510 millones de kilómetros cuadrados, es decir 5,1·10¹⁴ m², así que toda la potencia radiante del Sol que llega a la superficie de nuestro planeta es de unos 1,28·10¹⁷ W, es decir, unos 128 PW (petavatios), que multiplicado por las 8.760 horas de un año representa un influjo energético anual de alrededor de 1,12 millones de PW·h . En 2019 (actual máximo de consumo energético de la Humanidad) se consumieron unos 163 PW·h, contando todo tipo de fuente energética. Así pues, la energía del Sol que llega a la superficie terrestre representa unas 6.880 veces la energía que consume toda la Humanidad (9.050 veces si comparamos con la energía solar que llega a lo alto de la atmósfera). 

Por tanto, es cierto que el Sol nos envía una cantidad de energía mucho mayor que la que consumimos. No infinitamente mayor, pero ciertamente muchísimo mayor.

Y aquí es donde empiezan las pegas.

Las primeras son obvias: casi tres cuartas partes del planeta están cubiertas por mares, y allí obviamente no es fácil aprovechar la energía solar. Hay montañas altas y zonas umbrías donde tampoco resulta demasiado conveniente. No olvidemos también que el planeta ya usa la energía solar para procesos fundamentales, desde el ciclo del agua hasta los vientos, pasando por la fotosíntesis de plantas y algas. Seguramente la superficie razonablemente accesible para el aprovechamiento energético solar no sobrepasa el 10%. Daría igual: como dicen los proponentes solares, basta y sobra con un 1%. Un 1% de 6.880 es 68,8, es decir, que con aprovechar el 1% de todo el influjo solar a nivel de superficie cubriríamos casi 70 veces el consumo energético mundial.

Y es aquí que entra la exergía.

Se define exergía como la cantidad de trabajo útil que uno puede conseguir a partir de una cierta cantidad de energía (fuente de energía) dada. La exergía es un concepto recíproco al de la entropía: cuando usamos una fuente de energía para hacer un trabajo útil, la exergía es lo que nos queda después de las pérdidas causadas por el aumento de la entropía (el concepto de entropía ya fue discutido en este blog; si les interesa, pueden leer el post correspondiente).

En virtud del Principio de la Termodinámica, la energía siempre se conserva. Como se suele decir: la energía ni se crea ni se destruye, solamente se transforma. Por eso no hay energía gratis: la energía siempre tiene que salir de algún lado. Pero hay más: el Segundo Principio de la Termodinámica nos dice que cuando transformamos una forma de energía en otra siempre se produce disipación, es decir, una parte de la energía se transforma en calor. Es decir, va a incrementar la energía térmica de los cuerpos implicados. La energía térmica de los cuerpos no es más que una medida de la energía cinética de los movimientos aleatorios de las moléculas que los componen. En suma, al transformar la energía de una forma a otra, una parte de esa energía se va en mover aleatoriamente los átomos y moléculas de los cuerpos implicados (que decimos que se calientan), de forma inútil para nosotros. No podemos evitarlo. Es como si intentásemos echar agua potable de un bidón a otro bidón, y este segundo bidón estuviera sobre una plataforma que se mueve considerablemente rápido: por más que queramos evitarlo, una parte del agua caerá fuera. No desaparece (la energía se conserva) pero ya no la podremos aprovechar. Se convierte en energía dispersa, en movimientos desordenados, en energía térmica.

Déjenme que abra aquí un paréntesis. Por medio de una máquina térmica se puede aprovechar la energía térmica para hacer un trabajo útil, es decir, para producir exergía. Solo sabemos hacerlo, eso sí, si tenemos algún medio para aumentar enormemente la energía térmica del cuerpo en cuestión. Es lo que pasa, por ejemplo, cuando calentamos un depósito de agua con el calor desprendido de quemar un combustible. El agua se transforma en vapor que, a alta presión, sirve para mover un pistón: es la máquina de vapor. De ese modo, aprovechamos el movimiento desordenado de las moléculas de vapor de agua para generar un movimiento de gran escala, el del pistón, y así hacer un trabajo. Es una manera tremendamente ineficiente de aprovechar la energía: las máquinas de vapor clásicas tenían eficiencias en torno al 8%. Se puede mejorar mucho la eficiencia pasando de motores de combustión externa a motores de combustión interna, en los que el combustible se quema en pequeñas dosis dentro de la propia cámara donde se hace la expansión del fluido de trabajo, pero aún así la eficiencia se suele mover, en el caso de los coches de hoy en día, en torno al 15% para los motores de gasolina y al 20% en los de diésel (grandes máquinas diésel con regímenes bajos de revoluciones pueden alcanzar eficiencias de hasta el 50%, cercanas al límite de eficiencia máximo del ciclo de Otto, pero no son obviamente las que se usan en los coches). En todo caso, las máquinas térmicas no son muy eficientes, y mucho menos si se quiere conseguir altas potencias (por comparación, un motor eléctrico suele tener eficiencias del 80 o 85%).

En fin, volviendo a la cuestión de la exergía, cuando hablamos de fuentes de energía deberíamos más bien de hablar de fuentes de exergía. No importa cuánta energía contenga el combustible o se encuentre en el ambiente que nuestro sistema va a utilizar; lo que importa es cuánto trabajo útil se puede hacer con ella. Y ese es el problema de la energía solar: puede haber grandes cantidades de energía disponible, pero la cantidad de exergía que se puede producir es mucho más pequeña.

El argumento sobre la abundancia de energía en el ambiente no nos dice absolutamente nada sobre lo que podemos hacer realmente. De hecho, nos rodean cantidades simplemente alucinantes de energía que no podemos aprovechar. Tomando la relación de Einstein E=mc², sabemos que podríamos convertir 1 kg de masa de cualquier sustancia en aproximadamente 9·10^16 julios de energía, es decir, 25 TW·h. "Quemando" solamente 6.500 kg de materia podríamos producir los 163 PW·h que consumió la Humanidad en todo 2019. Dado que la masa de la Tierra es de casi 6·10²⁴ kg, tendríamos energía para más de 9·10²⁰ años, mucho más que los 5·10⁹ años que se espera que le quedan de vida a nuestro planeta: en el momento en el que el Sol se convierta en una gigante roja y acabe con la Tierra, por este procedimiento de desintegración sólo habríamos consumido 5 billonésimas partes de la masa de nuestro planeta. Así pues, no debería haber ninguna crisis energética, teniendo en cuenta cómo llegamos a nadar en océanos de energía.

Y en cierto modo así es: no tenemos una crisis energética, tenemos una crisis exergética. Lo que nos falta es tener energía fácilmente aprovechable para hacer trabajo útil. La energía que nos llega del Sol está ya muy entropizada, es ya muy similar a la energía térmica, y ponerla a trabajar para hacer trabajo útil es muy complicado y tiene intrínsecamente muy poco rendimiento.

Afortunadamente tenemos a nuestro alrededor máquinas que se han desarrollado durante centenares de millones de años para aprovechar esta fuente tan poco exergética: las plantas y las algas. Las plantas verdes tienen una eficiencia en la producción de biomasa a partir de la fotosíntesis de alrededor del 1%; las algas, que no necesitan tanto tejido conectivo, llegan al 8%. Pueden parecer rendimientos muy bajos comparados con los paneles fotovoltaicos más comúnmente instalados hoy en día (alrededor del 20%) o de los prototipos de laboratorio (alrededor del 50%), pero fíjense que comparamos la producción de biomasa con la de electricidad. Las plantas y las algas son sistemas autoreparantes, reproductivos y que reciclan sus materiales de una manera tremendamente eficiente, de manera que están ahí desde hace millones de años. Por su parte, no contabilizamos en la eficiencia los gastos energéticos y de materiales que se necesitan para producir, instalar, mantener y desmantelar al final de su vida útil los paneles fotovoltaicos. Nosotros solo somos capaces de conseguir altos rendimientos en la conversión de energía solar en electricidad usando materiales disponibles en cantidades limitadas (por ejemplo, la plata) y con procesos extractivos en minas (como el cuarzo que se usa para hacer las placas; ¿o es que Vd. se creía que se hacen con arena, como a veces se dice?) que requieren mucha energía, mientras que las plantas y algas usan los materiales comúnmente disponibles en el medio ambiente y que encima se encuentran fuertemente dispersos (entropizados). Esos materiales que extraemos y procesamos para producir las placas fotovoltaicos los hemos podido procesar y los estamos procesando usando combustibles fósiles: se utiliza masivamente combustibles derivados del petróleo para la extracción en minas remotas, en excavadoras y para el transporte en camiones y en barcos, y se usan gas y carbón para producir el calor y la electricidad que se utilizan para las diversas fases del procesado. Sin esos combustibles fósiles, que ahora empiezan a escasear, no podríamos producir ni instalar esas placas; nunca hemos cerrado el ciclo de producir con energía renovable los propios sistemas renovables, muchos autores dudan de que se pueda hacer. Por contraste, las plantas y las algas solo tienen una fuente de energía, el Sol, y la utilizan para todo: para transportar nutrientes a través de los tejidos conductivos usando la evapotranspiración, y para hacer la fotosíntesis; todo se construye con esa energía solar, y todo con ella se mantiene.

¿Creemos de verdad que el rendimiento exergético de la energía solar nos permitiría producir 70 veces nuestro consumo actual? Cuando se tiene en cuenta la densidad energética por superficie de instalación y el coste en materiales, el potencial exergético de la energía solar es mucho menor: de acuerdo con la estimación del artículo de Carlos de Castro et al, (2013), estaría limitado a un 20% del consumo global de energía actual. No es 70 veces, sino 1/5.

Pero el problema no es solo la exergía. Es la resiliencia.

¿Creemos de verdad que podremos mantener los complejos y fuertemente dependientes sistemas fotovoltaicos durante millones de años de la misma manera que se han mantenido (y se mantendrán) las plantas y las algas? Parece extremadamente poco probable, no que duren millones de generaciones, sino que duren más de una. Cuando estas instalaciones que masivamente desplegamos ahora acaben su vida útil, ¿cómo las sustituiremos? No podemos reciclar sus materiales sin consumir mucha energía (de nuevo, el rendimiento exergético es muy bajo) y no sabemos hacerlo, a día de hoy, sin combustibles fósiles.

Tenemos por delante decisiones críticas y muy difíciles de tomar. No podemos deslumbrarnos con números absurdos, como la cantidad total de energía en el ambiente, sin mirar cuál es el rendimiento real de los sistemas que se proponen. No tenemos mucho tiempo. No hay tiempo, sobre todo de tomar decisiones erróneas. Tenemos que invertir nuestros esfuerzos para la transición con precaución, ya que no podemos permitirnos el lujo de embarcarnos en iniciativas que a la larga se demostrarán como no sostenibles. No podemos cometer ese error una vez más.

Salu2.
AMT

domingo, 8 de agosto de 2021

«Movilidad ascendente»

Sin duda, uno de los mayores soportes de una sociedad es que los miembros de las clases dominadas conserven la ilusión del ascenso social. Muy pocos de los que lo intenten lograrán el paso a la clase dominante. Aunque la mayoría fracase en el empeño, el ejemplo de los triunfadores desviará las energías de muchos hacia un trabajo duro que mantendrá la producción y reproducción del sistema, sustituyendo además las luchas reivindicativas por las competitivas.

La ideología del "sueño americano" es una constante que repiten, una y otra vez, tanto los que realmente lo han logrado por sus propios méritos como aquellos, mucho más numerosos, a los que el éxito le ha llovido como del cielo, de su plutocrático linaje.

La ilusión meritocrática cumple esta función, aunque sea mayoritariamente falsa entre los que más elocuentemente la pregonan. Sirve además para estigmatizar el fracaso y hacer que sus víctimas lleguen a autoinculparse por el mismo. Derrotados y deprimidos, eluden la lucha contra el sistema que los explota.


La movilidad ascendente: la actualidad del pensamiento de Marx

(...)

Lo que sigue a continuación lo he extraído del libro de Sandel [Michael Sandel, La tiranía del mérito] y habla en lo fundamental de la movilidad ascendente, que es uno de los conceptos claves del concepto de meritocracia.

Ronald Reagan: “Todos los estadounidenses tienen el derecho a ser valorados exclusivamente por su mérito personal y a llegar adonde sus sueños y su esfuerzo lo lleven”.

Bill Clinton:El sueño americano en el que todos fuimos educados es sencillo pero cautivador: si trabajas duro y cumples con las normas, debes tener la oportunidad de llegar todo lo lejos que las capacidades que Dios te ha dado te lleven”.

Obama: “…lo que en verdad importa es procurar que los jóvenes brillantes y motivados […] tengan la oportunidad de llegar todo lo lejos que su talento, su ética de trabajo y sus sueños puedan llevarlos”.

Y el contenido ideológico burgués de esas ideas lo expresa el propio Obama en los siguientes términos:

“Lo que hace que Estados Unidos sea tan excepcional, lo que nos hace tan especiales, es este acuerdo básico, la idea fundamental  de que en este país, con independencia de qué aspecto tengas, de dónde vengas, de cuál sea tu apellido o de qué desventajas sufras, en este país, si trabajas duro, si estás dispuesto a responsabilizarte, puedes conseguirlo, puedes prosperar”.

¿Y por qué es burgués ese contenido ideológico? Primero, porque no quiere acabar con las abismales diferencias entre los pobres y los ricos, sino lo que promueve es que algunos miembros de los pobres lleguen a ser ricos. Y segundo, porque es apologético, es una defensa ciega de que el mundo será eternamente capitalista. Pero además de tener un contenido ideológico, tiene un contenido nacionalista: no presenta la posibilidad de que miembros de las clases trabajadores lleguen a ser grandes ricos como un rasgo general del capitalismo, sino como una peculiaridad de Estados Unidos y al que sus grandes mandatarios lo catalogan como el sueño americano. El extremo de la defensa del sueño americano vino de la mano de Conant, rector de Harvard, quien afirmaba:

“La educación superior es la puerta principal de acceso a las oportunidades, una fuente de movilidad ascendente que mantiene la fluidez de la sociedad al ofrecer a todos los estudiantes sea cual sea su origen social o económico, la opción de progresar hasta donde su talento los lleve”.

Y la idealización extrema de esta propuesta se produce cuando Conant la presenta como un medio para acabar con las diferencias de clase.

Ahora nos vamos con Marx y respiraremos un aire intelectual más profundo y más crítico. Nos vamos a los capítulos dedicados al capital productor de interés y en especial a la sección titulada Condiciones precapitalistas:

“Aun cuando un hombre desprovisto de medios obtiene crédito como industrial o comerciante, ello ocurre en la confianza que funcionará como capitalista, se apropiará de trabajo no retribuido con el capital prestado. Se le concede crédito en calidad de capitalista potencial. Y esta circunstancia, tan admirada por los economistas apologéticos, de que una persona sin fortuna, pero con energía, seriedad, capacidad y conocimiento de los negocios, pueda convertirse así en capitalista, […] amplía su base y le permite reclutar continuamente fuerzas nuevas de las entrañas de la sociedad. Exactamente lo mismo que el hecho de que la Iglesia católica de la Edad Media formase su jerarquía, sin fijarse en la posición social, el nacimiento o la fortuna, con las mejores cabezas del pueblo, constituía uno de los principales medios de consolidación del dominio del clero y de opresión de los laicos. Cuanto más capaz es una clase dominante de asimilarse a los hombres más significativos de las clases dominadas, tanto más sólido y peligroso será su dominio”.

(...)