viernes, 18 de junio de 2021

El espíritu del tiempo

Este documental es el tercero de una serie de nombre ZEITGEIST. La traducción que mejor cuadra a la idea que quiere expresar el término alemán sería "el espíritu de la época", aunque en las coyunturas en que se realizaron podríamos decir que representaba "el fantasma del momento". Un fantasma que, salvada la distancia temporal y la evolución consiguiente, se parece mucho al que recorría Europa allá por 1848.

Cuando se estrenó la primera película de esta serie en 2007 ya había estallado la burbuja inmobiliaria y era inminente la crisis de las hipotecas subprime. La segunda, de 2008, coincide ya con la crisis financiera en pleno desarrollo.

Esta tercera se produjo en 2010. Los movimientos populares de protesta por las consecuencias del estallido financiero se extendían por todo el mundo. Cuatro meses después de su estreno se produciría en España el 15 M.

Desde entonces, el fantasma permanece agazapado, pero volverá a aparecer. La Historia tiene ciclos largos, y no puede reducirse a los momentos dionisíacos de explosión popular.

La película que dejo aquí tiene un enorme interés didáctico. Sus cuatro partes darían para cuatro asignaturas de obligado aprendizaje. ¡Ah, si pudiéramos dedicarle un curso escolar!

En la primera parte se aborda la dialéctica entre el desarrollo individual y el colectivo. La plasticidad cerebral hace del comportamiento un resultado interactivo entre el medio y la herencia recibida. La película destaca el enorme papel que la estructura social tiene en las conductas. Se opone, con sólidos argumentos científicos, al determinismo biológico, el racismo y la eugenesia.

La segunda parte analiza y desmonta la ciencia económica que sustenta al capitalismo. Una economía que se dice constructiva y es la quintaesencia de la destrucción, con falsos indicadores económicos que bareman el crecimiento solamente en términos monetarios.

La tercera intenta escudriñar un futuro no monetizado, aunque necesariamente problemático. El proyecto propuesto habrá de sortear la creciente penuria de recursos.

Finalmente, la cuarta refleja el momento de rebelión popular, por entonces muy viva. La edición actual de la crisis presenta dos diferencias significativas. Por una parte, la respuesta de los poderes financieros no es de neoliberalismo radical, sino un tanto keynesiana, aunque llega a contracorriente. Por otra, la libertad que se reivindica ahora es muy superficial. En esta ocasión se aúnan los intereses inmediatos del capital con la sensación de encierro producida por las restricciones en mucha gente. Los medios se encargan de que confluyan estos intereses.

Dejo el minutado del documental, para facilitar su visionado y digestión.

Como herramienta para el deseado curso de antropología social en las escuelas recomendaría ver tres fragmentos consecutivos. Cada día se eliminaría el primero y se añadiría uno nuevo, abriendo un debate par fijar ideas.

Aquí os dejo sin más. Que aproveche.

0:08:43 ZEITGEIST

0:09:11 Parte 1: La Naturaleza Humana
0:10:30 Es genético
0:11:22 Enfermedad
0:12:38 Comportamiento
0:18:00 Adicción
0:20:06 El Mito
0:21:04 El Entorno
0:21:42 Prenatal
0:24:30 La Infancia
0:26:07 La Memoria
0:28:32 El Tacto
0:29:36 La Infancia
0:34:52 Cultura
0:38:15 La Naturaleza Humana

0:42:12 Parte 2: Patología Social
0:42:29 El Mercado
0:49:40 Bienvenido a la Máquina
0:55:46 La Anti-Economía
1:01:46 Desorden del Sistema de Valores
1:05:06 Los "Economistas"
1:09:15 Sistema Monetario
1:20:44 Salud Pública

1:30:05 Parte 3: Proyecto Tierra
2:07:33 Víctimas de la Cultura

2:12:11 Parte 4: Levantamiento
2:13:06 Error del Sistema
2:13:10 Copia de Seguridad Iniciada-Restaurada
2:14:42 Inaceptable
2:23:43 Más allá del Cenit
2:31:08 El Comienzo
2:33:39 En vivo desde Nueva York
2:33:54 Protestas globales detienen la economía mundial
2:38:48 ESTE ES TU MUNDO
2:38:58 ESTE ES NUESTRO MUNDO
2:39:07 LA REVOLUCION ES AHORA

¿Quién nos educa?

Decir que la educación de los niños comienza en el seno familiar y continúa luego en la escuela, con la socialización establecida en ella y en la calle, es una banalidad, porque la familia, la escuela y la calle se han empapado antes de ese sentido común social, el caldo de cultivo en que nos desarrollamos.

En ausencia de grandes conmociones, las culturas transmiten sin grandes cambios su base ideológica, esa mezcla de ideas y sentimientos, interiorizados por sus miembros a lo largo de sucesivas generaciones, que condicionan las conductas. Todo ello admitido con una naturalidad de la que no somos muy conscientes. Pero en situaciones inestables, con grandes cambios en la vida que dificultan que siga inalterada la estructura social, también ese sentir y pensar compartido sufre sacudidas que obligan a replantearse muchas cuestiones individual y colectivamente.

El sentido común mayoritario es la argamasa que mantiene la coherencia de las sociedades. No afirmo que esa coherencia sea acatada de buenas a primeras, sino que su aceptación, libre o forzada, solidifica el orden establecido.

Preceden siempre a los cambios revolucionarios, cambios en el modo de pensar y sentir de las mayorías sociales que los protagonizan. El dominio de las mentes es condición necesaria para la conquista o el mantenimiento del poder político. Por eso insistía Gramsci en la importancia de lograr la hegemonía.

Si quienes buscan esos cambios deben emprender una lucha ideológica contra el pensamiento dominante, los que se oponen a ellos no dejan de reaccionar (tal dice el adjetivo "reaccionario"). Esa lucha ideológica entre lo viejo y lo nuevo se sostiene con las armas de que dispone cada una de las partes.

El medio más poderoso para disciplinar a las sociedades ha sido, y aún lo es en muchos lugares, la religión, atadura eficaz, como lo revela la palabra, con sus premios y castigos, imaginarios o muy reales. Cuando su influencia práctica declina, otros modos de ocupar la conciencia colectiva toman su lugar. Como todo lo que es compartido, su vehículo es la comunicación.

Las ideas religiosas se transmitieron desde el púlpito mientras la comunicación de masas fue predominantemente oral. La escritura había ampliado el radio de acción de la prédica, pero no fue hasta la invención de la imprenta que su efecto masivo se manifestó como la forma más amplia de transmisión de ideas. "Esto matará a aquello", reflexionaba Víctor Hugo en Nuestra Señora de París. Aunque explícitamente su espíritu romántico se refería a la catedral gótica, que, como antes la románica, era un libro de piedra, Historia Sagrada narrada en tímpanos y capiteles, la frase también señala de qué modo la difusión universal del libro iría minando el dominio absoluto del pensamiento religioso.

Del libro al periódico, de este a la radio, la propagación de las ideas, sobre todo las de la clase dominante, se volvió global. Un paso más dieron el cine y la televisión, pero el avance definitivo ha sido la reunión de todos estos medios en uno solo, a través de pantallas universal e instantáneamente conectadas. Es entonces cuando se hace real la aldea global de la que habla McLuhan. En esta aldea global los contenidos también son globales. Ya no están restringidos a la lectura o a la contemplación: son dinámicos, y en su fugacidad se contiene mucho más de lo que explicitan. A la percepción consciente se añade en enorme medida la subliminal.

Marshall McLuhan quiso expresar esto con su hipérbole "el medio es el mensaje", porque el medio modifica el mensaje, añade elementos que van más lejos que la escueta transmisión de palabras. ¿Cómo no iban a aprovechar esto los dueños de esos medios para sus mensajes explícitos e implícitos?

"Ganar los corazones y las mentes" fue el lema de la guerra fría cultural que emprendieron y han mantenido desde hace décadas los estrategas del Pentágono. No parece casual el orden de prioridades de la frase. Primero hay que ganar los sentimientos, y a través de la buena disposición anímica que proporciona la familiaridad se logra colonizar luego el pensamiento colectivo. Así es más fácil socavar las ideas del contrario.

Modas, gestos, expresiones, y también sentimientos, circulan por las redes y se instalan en los participantes. ¿Qué sentimientos transmite la música tecno de ahora mismo, sino una vitalidad mecánica, dura, desprovista de vibración sentimental? Con frecuencia, las canciones que más se difunden en internet valoran la violencia y el dominio sobre los débiles, cuando no incitan directamente al delito, como ha denunciado Jon E. Illescas en su libro La dictadura del videoclipEl videoclip es hoy el producto cultural más consumido por los jóvenes, por encima de libros, películas, videojuegos o programas de TV. ¿Qué valores está transmitiendo?

Y este es solamente uno de los medios de conformación del sentido común que se ha impuesto. ¿Por qué tantas gentes, de todas las edades, etnias y clases sociales, llevan prendas de vestir con frases en inglés, y no en otras lenguas, y muchas de ellas con la bandera de las barras y estrellas? La mayoría seguramente ni siquiera se lo plantea, pero quienes las portan "se sienten libres". ¿Cuál es su concepto de libertad? Esto me lleva a recordar la frase de Lenin, tergiversada desde el instante en que la pronunció: ¿Libertad para qué?

A la inmersión en esta cultura no escapa casi nadie. Illescas está  preocupado por el futuro de Cuba, penetrada por mensajes que difunden los medios y las redes, a cuya influencia es difícil sustraerse. Porque internet es un arma de doble filo. Las tecnologías no son en sí mismas buenas o malas. La mejora de las comunicaciones puede servir para educar o para confundir, para transmitir mensajes constructivos o destructivos. Sembrada una idea, las redes sociales la difunden de manera viral. Ya no importa de donde ha partido, los que la portan y transportan refuerzan su convicción de que es correcta, y el hecho de que muchos las compartan los reafirma, al sentirse abrigados dentro del grupo.

Las redes sociales están gobernadas por algoritmos, secuencias lógicas mecánicas e impersonales. Pero el algoritmo ha sido diseñado por personas, con estrategias que sirven a sus propósitos. Uno de ellos es crear adicción, con fines comerciales o políticos, y para lograrlo facilitan contenidos acordes con las aficiones de los partícipes, que quedan encerrados pavlovianamente en burbujas de confort, y a lo que gusta se vuelve.

Dentro de la burbuja se pueden inyectar contenidos acordes o discordantes, y si hay un interés en hacerlo, pueden incluso "industrializarse" los mensajes para dar la impresión de que un pensamiento o un comportamiento son mayoritarios. No hacen otra cosa la prensa, radio y televisión que conocemos, bastante controlada por contados grupos de intereses. Pero las redes son estructuras difuminadas, borrosas. Y de lo anónimo y difuso es más difícil defenderse.

Llegados a esta aldea global y chismosa, no vale aislarse. Porque además lo prohibido atrae. El afán de libertad hace contraproducente cualquier barrera represiva, sobre todo cuando la idea de libertad más popular se basa más en el lema "sé libre como yo: imítame". Las modas inducidas pasan por comportamientos que otorgan "personalidad".

La única defensa es el contraataque. La esboza el artículo cuyo final dejo aquí. Si a algunos les puede parecer exagerada la reescritura de esa Historia de Cuba que imagina, el éxito de la reescritura de la II Guerra Mundial que la precede debería convencernos de que se puede reescribir una NeoHistoria que sustituya la verdad por "posverdades". Muchísimos de nuestros compatriotas creen aún a pies juntillas la versión de la Guerra Civil que cuentan todavía los herederos del régimen fascista.

El artículo cuyo final copio, del que recomiendo la lectura completa, recomienda a su vez el documental cubano La dictadura del algoritmo, con el que cierro esta entrega.

Obra de Josep Renau: "El futuro trabajador en el comunismo" (Boceto, 1969)

































Por una industria cultural contrahegemónica y transnacional

Jon E. Illescas (Jon Juanma)

(...)

¿Sabía que tras acabar la II Guerra Mundial la mayoría de los franceses pensaba que la clave de la victoria contra el III Reich de Hitler había sido de la URSS y que ahora en el siglo XXI piensan, tras cientos de películas hollywoodienses que sobrescriben la historia mundial en las mentes de generaciones y generaciones, que el papel clave fue el de Estados Unidos? De hecho, una parte importante de la gente joven, más allá de sus miserias (que sin duda las tuvo y no en grado menor) piensan que la URSS, los soviéticos y los nazis eran aliados y que incluso su ideología no solo era muy parecida sino prácticamente calcada. Una alumna de preuniversitario (en España, bachillerato) me aseguró en una clase que los nazis eran de “izquierdas”. A esto hemos llegado. Y el camino hacia el infierno de la ignorancia supina es infinito.

Quizás dentro de unas décadas la mayoría de los cubanos piensen que Fidel, el Che y Raúl eran en realidad unos ambiciosos capitalistas que montaron una guerrilla para quedarse con todo el terreno cultivable de Cuba y venderle azúcar a los terratenientes colombianos, a cambio de cocaína con la que evitaban que la población se rebelase. Sumado a ello en realidad la invasión de Bahía Cochinos podría acabar siendo una iniciativa del bueno de Kennedy para restaurar la democracia de la que gozaban los cubanos con Batista, y su propio asesinato en Dallas, seguramente ordenado por Fidel a algún francotirador “castrista”. O quizás por Lenin, o Marx, ¿quién sabe? Puede que en la futura NeoHistoria, controlada por sus fuentes y sus algoritmos, en 1964 todavía siguieran vivos.

Todo es posible cuando la memoria se impone y la cultura se apaga, cuando las pantallas se encienden y los libros se cierran, cuando el algoritmo controla nuestras vidas y nuestra voluntad se entierra. De nosotros dependerá vencer al algoritmo del capital o hacernos sus súbditos. Industria cultural transnacional y contrahegemónica o barbarie. Palabra de profesor, palabra de youtuber, palabra de revolucionario.















Estas recomendaciones son una invitación para un pensamiento crítico que inyecte anticuerpos contra al virus social inoculado. No creo exagerar afirmando, visto el derrotero de esta sociedad hacia el abismo, que es una pandemia más peligrosa que otras, contra las que ya se ha demostrado que puede haber vacunas eficaces.

Para detener esta no hemos podido aún encontrar la que se le oponga con éxito. Una buena confirmación de lo dicho en el libro la dictadura del videoclip es este documental: la dictadura del algoritmo.

jueves, 10 de junio de 2021

¿Qué podemos esperar?

Hacía tiempo que que daba vueltas al tema, cuando en el cineclub de esta ciudad he dado con algunas claves interesantes para volver sobre él. La película Mi noche con Maud, dirigida por Éric Rohmer, es una de aquellas de la nouvelle vague que veíamos en otro tiempo en los cines "de arte y ensayo". Podrían llamarse "de introspección". Aunque algunos de mis acompañantes abandonaban la sala considerándola "un castañazo", me interesó desde el principio por dos razones.

Una de ellas es que presenta situaciones sorprendentemente parecidas a otras vividas por mí, pero eso ahora no hace al caso.

La razón que ha avivado mi interés por continuar un tema que tenía abandonado es la dinámica intelectual entre personajes, católicos unos, otros no creyentes, pero todos conscientes de sus propias contradicciones. En particular me atrajo la aparición en ella de un concepto, la esperanza matemática, que cierra (¿o tal vez lo abre?) el círculo de mis reflexiones.

Para aplicar este concepto a la pregunta que encabeza esta entrada, debo dar un rodeo que pasa por Parménides, Anselmo de Canterbury, Blas Pascal y... Yanis Varoufakis.

El presocrático fue, que sepamos, el gran introductor del "ser" en la filosofía, con una visión del concepto totalizante y absoluta que luego influyó tanto en la teología cristiana, en su intento de acomodar la tradición judaica al pensamiento griego, identificando con Dios ese Ser Total.

La línea divisoria entre las filosofías idealistas y materialistas parte de una afirmación contenida en el poema de Parménides: «es una misma cosa el Pensar con el Ser». Mucho antes del "pienso luego existo", ya estaba aquí planteada, que no resuelta, la relación entre la experiencia interna y el mundo exterior.

Anselmo de Canterbury resolvió alegremente la ecuación de la existencia o no de ese Dios con aquel razonamiento, «Dios es Aquél cuyo mayor no puede ser pensado, el Ser Perfecto e Inmutable al que no puede faltar la perfección de la existencia».

Pascal no estaba tan seguro. Por eso planteó el problema de otro modo, como una apuesta: «aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar que sí existe. La razón es que, aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna».



Aquí aparece la esperanza matemática, un cálculo que debe decidir nuestra apuesta, tanto en este caso como en cualquier otro en que no podamos tener certezas. En principio es una curiosidad teórica, la probabilidad como cociente entre el número de casos favorables y el de todos los posibles, pero cuando le superponemos la ganancia que se obtendrá si se acierta se convierte en un cómputo objetivo que debe condicionar la decisión.

Pondré un ejemplo sobre la esperanza matemática de las loterías:

Las probabilidades de las loterías por sí mismas son irrelevantes. Lo que realmente importa es si el premio multiplicado por la probabilidad (en escala de 0 a 1) es mayor o menor que el costo del billete. De hecho, ninguna loteria cumple esta logica (y es por eso que dicen que las loterias son un impuesto del gobierno al desconocimiento de las matematicas).

Una definición fácil de entender de lo que aquí llamaremos «Esperanza Matemática» es la relación entre el premio obtenido y probabilidad de acertar.

  • Si la esperanza matemática es 1, el juego es «justo». Por ejemplo, apostar 1 euro a que una moneda sale cara o cruz, si el premio por acertar son 2 euros, y si se pierde, 0 euros. La esperanza del juego es 2 · (1/2) = 1. Entonces, consecuentemente con la teoría de juegos, podría pagar el euro para jugar o rechazar jugar, porque de cualquier manera su expectativa total sería 0. 

  • Si la esperanza matemática es menor que 1, el juego es «desfavorable para el jugador». Un sorteo que pague 500 euros a 1 euro pero en el que la probabilidad de acertar sea de 1 entre 1.000, la esperanza matemática es 500 · (1/1.000) = 0,5. 

  • Si la esperanza matemática es mayor que 1, el juego es «favorable para el jugador», todo un «chollo» para el jugador. Un ejemplo sería un juego en el que se paga 10 euros por 1 euro invertido por acertar el número que va a salir en un dado, en donde hay una probabilidad de acertar es de 1 entre 6. En este ejemplo el valor de la esperanza matemática es 10 · (1/6) = 1,67 y por tanto en esas condiciones es juego «beneficioso» para el jugador.

Pascal especula con que por pequeña que sea la apuesta por la salvación eterna, no es nula, mientras que el premio es infinito. En cambio, la pérdida "por no jugar" será absoluta, aunque cuente con una "casi" certeza, porque el premio es nulo. La cuenta "que le sale" da cero en un caso, e infinito en el otro.

Cuando las alternativas son dos, como al lanzar la moneda, lo importante es calibrar bien la probabilidad y el beneficio para ambas posibilidades. Pero si Pascal no estaba muy seguro del argumento de San Anselmo, tampoco podemos estarlo del calibre de Pascal.

En el mundo metafísico, en el que ser es pensar, la apuesta no deja de ser imaginaria. Cada uno puede arbitrariamente asignar las cifras que quiera. Es lo que hacen habitualmente los creyentes de las religiones de salvación. Están convencidos de que les conviene creer. (Sí, pero, ¿en cuál?)

Continuamente hacemos apuestas semejantes en el mundo físico que habitamos. Calculamos, en la medida de lo posible, la probabilidad del acierto y la ganancia a obtener. Como el futuro no está escrito, la vida es una apuesta continua, y la racionalidad se centra en calcular con la máxima información disponible, lo más científicamente que podamos.

Yanis Varoufakis ha publicado recientemente la novela Otra realidad, en la que plantea la disyuntiva de la apuesta imaginando un universo paralelo y "dándonos a elegir". En ese universo, las empresas son completamente horizontales y propiedad de los empleados, no existen los bancos ni la bolsa y todas las personas tienen al nacer el mismo patrimonio. Los amigos contemplan ese otro mundo con incredulidad: ¿acaso algo así es posible? El autor defiende que el primer paso para que de verdad lo sea es imaginarlo. Aunque sobre el presente, particularmente sobre el papel de la Unión Europea o sobre las herramientas y la actitud de la izquierda, sea menos optimista. Un último apunte: la revolución ciudadana que hizo posible el cambio de esa Otra realidad no está en el futuro, sino que ya sucedió, en los años devastadores que siguieron a la crisis de 2008. En esta realidad, lo sabemos, no fue así. La cuestión es si podría suceder.

Me atrevo a hacer mi apuesta particular, parafraseando a Pascal: seguramente la probabilidad de superar positivamente el capitalismo es baja, pero la ganancia, por baja que fuere, sería la supervivencia, mientras que su altamente probable triunfo absoluto y definitivo sería la distopía y conduciría a la extinción. Un número pequeño multiplicado por algo siempre será mayor que uno grande multiplicado por cero.

La apuesta no es la decisión justa en un momento heroico: es una actitud continuada, porque la disyuntiva es permanente. Por eso, si queremos vivir en una sociedad más justa, o simplemente que nuestros descendientes sobrevivan, tenemos que ponernos manos a la obra para superar el capitalismo ecocida, y en definitiva suicida.

El imperativo categórico de Kant sentencia: «Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal». El desafío es lograr que la mayoría entienda que el principio de una legislación universal, si apostamos correctamente, no puede ser el dogma capitalista.

miércoles, 9 de junio de 2021

Que se mueran los feos






La chilaba coronada que rige los tristes destinos de Marruecos no tiene compasión con sus gentes. Queda muy atrás la manipulación patriótica que fue la Marcha Verde, pero la nueva Marcha sobre Ceuta de una mezcla de gentes desesperadas y chiquillos futboleros manipulados ha dejado patente el desprecio que siente por su pueblo.

Desprecio mostrado más recientemente aún al suprimir la operación Paso del Estrecho, decisión zafiamente disimulada con torpes pretextos sanitarios. Seguramente piensa hacer daño a las navieras españolas, pero a quien más perjudica es a los muchos miles de trabajadores explotados en los invernaderos del sur de España, que ahora deberán hacer más de mil kilómetros por tierra y otros tantos por mar si quieren ver a sus familias este verano.

Crucemos de nuevo el Estrecho para regresar mentalmente a nuestro país. También aquí importa poco la vida y la salud de nuestras gentes, como muestra el permanente chalaneo con las medidas sanitarias que han hecho y siguen haciendo los partidos para debilitar la dictadura socialcomunista. Parece que han aprendido la fórmula que contra otra dictadura lanzaba Lluis Llach:

Si estirem tots ella caurà
I molt de temps no pot durar,
Segur que tomba, tomba, tomba,
Ben corcada deu ser ja.

Si tu l'estires fort per aquí
I jo l'estiro fort per allà,
Segur que tomba, tomba, tomba
I ens podrem alliberar.

Ahora la falta de consenso dificulta las medidas de lucha contra la pandemia, como muestra, esta noticia y el escalofriante argumento:

Andalucía, por su parte, rechaza el documento publicado por el Gobierno con las medidas restrictivas, ya que en las zonas en nivel de alerta 3 o alto, por ejemplo, el ocio nocturno no podría estar abierto.

Viva el ocio nocturno, y que se mueran los feos.

martes, 8 de junio de 2021

Pon tu voto a trabajar

Este lema fue utilizado en la campaña de las elecciones generales de 1979, las primeras tras la aprobación de la Constitución. Se quería transmitir que los candidatos elegidos trabajarían en defensa de sus electores, como lo habían hecho en condiciones durísimas durante la dictadura.

El riesgo confirmado por la experiencia es que los electores, con frecuencia, consideran que su "trabajo" termina con la elección, se relajan y delegan el esfuerzo en los electos. Pero estos, si se afloja la presión "desde abajo", difícilmente podrán contrapesar la que los poderes fácticos ejercen siempre "desde arriba". Para poder poner a la democracia a "trabajar" hace falta algo más que depositar el voto en la urna.

Es importante entender esto. No basta el trabajo del votado si falta el del votante. Por eso hay que entender a Pablo Iglesias cuando desde su apenas estrenada vicepresidencia en el Gobierno de coalición, animaba la protesta de los agricultores, con estas palabras: "¡apretad, apretad!, porque vuestras reivindicaciones son justas y merecen ser atendidas". 

¿Cómo podía ser que desde el Gobierno se alentasen protestas contra el propio Gobierno? Pues porque para una persona de izquierdas no quedaba otra alternativa más que mostrar su apoyo.

La fuerza de un Gobierno que quiera hacer cambios políticos o económicos de calado tiene que apoyarse necesariamente en la presión popular.

Ayer mismo se publicaba en Pontevedra Viva un artículo que insistía en este punto, y en él se utilizaba un ejemplo tomado de la petición de apoyo que hacía en una ocasión histórica todo un Presidente de los Estados Unidos:

En los años treinta del siglo pasado, en plena aplicación de la segunda fase del New Deal para combatir la crisis económica de entonces, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt recibía a menudo demandas de sindicatos y organizaciones sociales que buscaban la aplicación de políticas más progresistas, con programas de ayuda y una nueva distribución de los recursos. Cuentan que Roosevelt mostraba su disposición y contestaba diciéndoles: "Ahora salid ahí fuera y obligadme a hacerlo". Y ellos se ponían manos a la obra. En 1937 se declararon en Estados Unidos 4.470 huelgas que duraron un promedio de 20 días. 

Pablo Iglesias, al igual que Roosevelt antes, había experimentado en sus propias carnes, aquella frase del jurista nazi Carl Schmitt: "el poder no lo detenta quien lo ejerce, sino quien puede cesar a quien lo ejerce". 

Y de la fuerza de esos poderes fácticos que pueden mellar las mejores intenciones de un gobierno electo, es buena prueba la limitada capacidad de los votantes para exigir el cumplimiento de reivindicaciones mediante (¡véase, véase!...) la iniciativa legislativa popular.









Res publica: ¡Apretad!

Valentín Tomé

(...)

...lo máximo que garantizan nuestras leyes son las celebraciones de referéndums consultivos, es decir no vinculantes, sobre decisiones políticas de especial trascendencia, convocados por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizado por el Congreso de los Diputados.

(...)

A pesar de las ya de por sí limitadas competencias sobre las que a la ciudadanía le está permitido hacer propuestas legislativas (así no pueden afectar a materias sujetas a ley orgánica o de carácter internacional, ni reformar ley tributaria alguna, lo que excluye la Ley General Tributaria, la Ley Reguladora de las Haciendas Locales, la Ley sobre el IRPF, la Ley del IVA), se han presentado en el Congreso de los Diputados 66 iniciativas legislativas populares desde 1977 hasta 2016.  De ellas, solo doce superaron la barrera de las 500.000 firmas, y todas fueron rechazadas salvo una que ha pasado a ser ley, con el atractivo título:

  • Proposición de Ley sobre reclamación de deudas comunitarias.

Entre las rechazadas, todas ellas pasando ampliamente del medio millón de firmas:

  • Proposición de Ley marco reguladora de la financiación del sistema educativo,
  • Proposición de Ley reguladora de la jornada laboral,
  • Proposición de Ley reguladora de la subcontratación en el sector de la construcción,
  • Proposición de Ley para la estabilidad y la seguridad en el empleo,
  • Proposición de Ley para el empleo estable y con derechos, o 
  • Proposición de Ley de regulación de la dación en pago, de paralización de los desahucios y de alquiler social.

Como se puede observar, todas las que han sido desestimadas, no hacían otra cosa más que cumplir con los mandatos constitucionales en temas de derechos sociales.

(...)

"Si votar sirviera para algo, estaría prohibido". Esa es una de las frases demoledoras que escuchamos decir a Carmen en el documental Carmen y Jimena: Futuro Imperfecto. La primera vive en Vallecas y está reconstruyendo un instituto abandonado para proporcionar un lugar de ocio a su barrio carente de recursos, y la segunda reside en Moncloa en el seno de una familia con comodidades económicas. A pesar de ser ciudadanas del mismo país, e incluso de la misma ciudad, ambas jóvenes viven en realidades radicalmente opuestas. Carmen siente que la democracia no tiene nada que ofrecerle pues piensa que es realmente impotente para cambiar la realidad de verdad, por ello invita a no votar.

A raíz de todo lo argumentado anteriormente, el lector puede pensar que mi postura es exactamente la misma. Pero no soy tan radical en ese sentido. Sigo pensando que el voto es un instrumento útil para intervenir políticamente en la realidad, pero, a raíz de toda la experiencia histórica y política, no podemos cometer el pecado de la ingenuidad; está claro que no puede ser el único, que además del voto es necesario que existan muchas Carmenes, que aprieten, que pongan a la democracia a trabajar, que construyan, en definitiva, soberanía popular. Y todo ello, esté quien esté en el Gobierno, pues como afirmaba Pablo Iglesias el verdadero poder está en otra parte, lejos de las urnas.

miércoles, 2 de junio de 2021

Homenaje a Julio Anguita en Córdoba

Al cumplirse medio año de su desaparición física, publiqué aquí mismo La última lección del maestro. Fue una entrevista en la cadena SER, pocos días antes de morir. 

Ahora, en el aniversario, se le ha rendido en Córdoba un homenaje, que podéis ver íntegro en este enlace, y una versión casi completa más abajo.

También es interesante volver a escuchar lo que avisó en esta antología de intervenciones televisivas, en las que puede seguirse su análisis certero que el tiempo ha ido confirmando. Aunque ahora muchos prefieran no acordarse.

Pero no pretendo unirme sin más a la ceremonia: prefiero ofrecerla como algo pedagógico. No pido verla de un tirón. Quizá se paladee mejor en pequeños sorbos. Así que recomiendo detener la audición tras cada una de las breves intervenciones y meditar sobre su contenido.

Y que cada uno saque sus propias conclusiones.


Compraventa de pueblos

Cuando escribía esas líneas, las bombas caían sobre Gaza y los niños llegaban agotados a Ceuta. Me movió a escribirlas la coincidencia temporal, pero desde luego no casual, de ambas tragedias. La "amistad" forzada entre países, a costa de los pueblos, pura mercancía en el tablero de apuestas, me recordó unos versos que la indignación dictó hace más de un siglo.

Hoy que la actualidad es puro humo fugaz, más de cien años de cambalache deberían fijarnos en la memoria lo que los telediarios, con su paso rápido de la guerra a los deportes, encienden y apagan con siniestra frivolidad. En pocos días Gaza y Ceuta parecen cosas del pasado, lejanos como aquella primera gran guerra. Pero los hechos son tozudos, persisten y vuelven una y otra vez, y nosotros debemos ser tan tozudos por lo menos como ellos.

(Ejercicio comparativo para el lector: semejanzas y diferencias entre el asalto a Ceuta y la Marcha Verde; monarca y nieto manipulando sin pudor a su pueblo).

Publicado el artículo en su versión gallega la semana pasada en de vella a bella, dejo aquí la traducción al castellano.


VERSOS DE ACERO

Este libro fue publicado en 1915. La primera guerra mundial comenzaba apenas con todo su espanto, sorprendiendo a quienes creían, como muchos ahora mismo, que el temor de todos a su propia destrucción la haría imposible. Como en la segunda, el cálculo insensato de los que esperaban una rápida victoria condujo al desastre. Se prolongó durante años, y aún faltaba lo peor.

El libro se lo regaló su autor a mi padre, durante otra guerra que se prolongaba, otra vez, más de lo que habían previsto quienes la iniciaran. Regalo de un marino viejo a otro más joven. Marinos de guerra que no amaban la guerra.

De este raro librito he publicado en esencial o menos tres poemas, LUZ EN TINIEBLASBENEDICTO XV y LAS ARENGAS. El actual mercadeo con vidas humanas que estamos presenciando ahora mismo me hace recordar este soneto de hace más de un siglo. La realpolitik no es nada nuevo:

LIQUIDACIÓN POR TRASPASO

«En Sofía no han satisfecho las ofertas de Bucarest; pero Bulgaria sigue negociando con ambos bandos beligerantes, para salvaguardar los intereses nacionales…»

«La opinión helena sigue siendo favorable al cuádruple acuerdo; mas en Atenas solo se permite hablar de una neutralidad benévola…»

«Rumanía está en espíritu con los aliados, mas no hay que olvidar que rige sus destinos un Hohenzollern…»

Una neutralidad en muy buen uso
se ofrece, a quien mejor quiera estimarla;
una prenda, que es… ¡sin alabarla!,
más confortable que un capote ruso.

Quien tal ganga no logra es un iluso,
porque ni en la mitad han de pagarla;
pasen pues, los señores a pujarla
sobre la tasa que un perito puso…

─¿Cuánto ha dicho el señor?... ¡Son pocas liras!
¿Usted, diez marcos?... Ya dan más dineros…
¿Trece francos no más?... ¡Qué disparate!;

¡No la pagan ustedes ni hecha tiras!
Pero, en fin: véanla los caballeros
y… después seguiremos el remate…

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Veamos estos casos de ahora mismo. Un Trump desahuciado, haciendo suya la frase «para lo que me queda en el convento…», quiso marcharse haciendo todo el daño que aún le era posible.

Su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel había envalentonado a Netanyahu, dándole barra libre para acentuar su eterna limpieza étnica. Este corrupto personaje, acosado por los tribunales de su país, quiere galvanizar a los “patriotas” a costa de los palestinos, y lanza un ataque genocida contra Gaza, tras insólitas provocaciones que no han merecido mucha atención de nuestros medios.

En la misma línea, una de las últimas decisiones del expresidente norteamericano reconoce, contra todo derecho, la soberanía marroquí sobre el Sahara. La que, en otro chalaneo mercantil y de oportunismo político, el último gobierno de Franco (o el primero del rey emérito, según se mire) regaló al abuelo del actual dictador de Rabat.

Al monarca alauí, como por otras razones a Netanyahu, lo presionan a la vez la desastrosa situación de su país, acentuada por la pandemia, y las nuevas tensiones en el Sahara, y desvía la atención con la criminal acción de Ceuta, a la vez que enardece a sus “patriotas” contra España y Europa.

En ambos casos, la infamia de las conductas no se corresponde con las tibias respuestas de los gobiernos, y el nuestro en particular, atado desde luego por la herencia recibida de los anteriores. Obedecen, más que a razones de ética política, a un mercadeo bochornoso.

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Mercadeo que se pierde en la noche de los tiempos, pero para analizar el caso que liga los sucesos de Ceuta con los simultáneos de Gaza, bastará remontarse al momento en que Franco condicionó la soberanía de nuestro país a cambio de su propio reconocimiento internacional. A partir de entonces hay en España, aunque se obvie el término, ocupación militar por parte de los Estados Unidos.

Lo que era un acuerdo bilateral lo remachó el efímero gobierno de Calvo Sotelo con la entrada en la OTAN, organización de la que, que yo sepa, nadie ha podido salir. Luego la consolidó el gobierno de Felipe González, con aquel giro copernicano y rapidísimo que logró dar la vuelta al famoso referéndum.

Atados y bien atados a los intereses de la gran potencia, nuestra política exterior tiene el vuelo corto.

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En los inciertos momentos que antecedieron y sucedieron a la muerte de Franco, la oscura maniobra que culminó con la Marcha Verde y regaló el Sahara a Marruecos selló una alianza de intereses comerciales, públicos y privados, entre nuestra renaciente monarquía y la de Marruecos.

Durante nuestra dictadura, la sola existencia de un movimiento independentista y una lucha armada en el Sahara era un secreto de Estado tan bien guardado que solo muerto el dictador supimos que había un Frente Polisario. Para los testamentarios, la venta de aquella “provincia”, con sus ciudadanos españoles, aunque quisieran entonces dejar de serlo, y con sus fosfatos de Bucraa, fue un buen negocio y una buena oportunidad para zafarse de una guerra colonial.

(Para que se entienda la enormidad del caso, pondré un ejemplo imaginario, con todas las diferencias que conlleva, y que es solo un símil absolutamente irreal. Supongamos que Cataluña y Euskadi, tras alcanzar una amplísima mayoría el independentismo, mantienen una guerra por su independencia. Francia codicia saltar los Pirineos, y ofrece quedarse con estos territorios, los más prósperos de la península. Entonces ambos gobiernos llegan a un acuerdo: tú te quedas con el territorio, la población y el problema y a cambio nuestros capitalistas harán buenos negocios…

¿Sería esto del todo imposible? No exactamente así, pero bastaría que, como en el caso yugoslavo, España fuera un “país díscolo” a destruir. Ejemplos secesionistas fomentados por las potencias no faltan en la Historia, antigua o reciente. Los independentistas de aquí deberían hacérselo mirar.)

Aquel asunto tan mal resuelto ha sido siempre un quebradero de cabeza para los sucesivos gobiernos, oscilantes entre un vergonzante acatamiento de la legalidad internacional, un cambalache comercial y una sumisión político-militar.

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Brahim Ghali nació en la “provincia” en 1949, cuando aún era colonia, y desde los siete años hasta los veintiséis fue ciudadano español de pleno derecho. Como tal, sirvió en nuestro ejército, y aprovechó su experiencia militar para iniciar, en 1973, la lucha armada por la independencia de su país.

De la bochornosa situación en que se encuentra atrapado este gobierno (una más, porque es literalmente una plaza sitiada) es muestra el vergonzante modo de atender al ahora presidente saharaui en un hospital español. Por una parte, negarle la asistencia sería, además de una canallada, un desprestigio absoluto para la potencia responsable, todavía, de la siempre irresuelta cuestión de la soberanía. Pero el miedo a la presión marroquí quiso resolver esta atención sanitaria de forma clandestina.

Claro que la mano del espionaje (¿norteamericano, marroquí, israelí…?) y su enorme poder corruptor destapó esta maniobra y no pudo evitar lo que torpemente se quiso evitar. En otro orden de cosas, actitudes tan vasallas me recuerdan el paso por Barajas de la vicepresidenta de Venezuela, o el reconocimiento de Guaidó.

También la judicialización de un caso de hace más de treinta años, de la mano de “disidentes saharauis” que no es fácil saber si fueron víctimas o agentes marroquíes, en una situación de guerra, complica la situación. Así, al anciano luchador lo cita ahora como imputado un tribunal español. Y está literalmente en sus manos.

¿Cómo se resolverá este caso tan enlodado? Los gobiernos, y son casi todos, que sustituyen la valentía por el cálculo político lo tienen difícil.

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El jugador de billar busca la carambola. La carambola política, buscada o no, reúne en un mismo punto piezas que, tras seguir trayectorias diferentes, coinciden en el tiempo. La oleada migratoria ceutí y el criminal ataque a Gaza son la carambola de una tacada lanzada por el anterior presidente norteamericano y que me temo que el actual no revierta. Antes al contrario, la mantendrá, aunque se sienta aliviado por no haberla propinado él.

La estrategia de los Estados Unidos tiene, en ambos extremos del Mediterráneo, dos aliados firmes. Ahora los quiere convertir en amigos, y a cambio regala a cada uno soberanías que maneja como si fueran suyas.

Poco importan las vidas. Las personas son mercancías, y como tales tienen un valor de uso y otro de cambio.