sábado, 9 de octubre de 2021

Por qué la riqueza genera pobreza

Hay textos que no envejecen, sino que ganan cada vez más actualidad. Ocurre cuando avisan de situaciones que no pueden prolongarse indefinidamente sin chocar con la realidad. Mientras lo escrito se aleja en el tiempo, el final de trayecto se acerca.

Tal este artículo que Michael Parenti publicó en 2007 en COUNTERCURRENTS.ORG y que ahora traduce Arrezafe.




















 

Por qué la riqueza genera pobreza

Escrito hace 14 años, este artículo de Michael Parenti sigue estando plenamente vigente, habiendo incluso empeorado muchas de las cuestiones que en él se exponen.

Hay un "misterio" que debemos explicar: ¿Cómo es posible que si las corporaciones han realizado inversiones, y la ayuda extranjera y los préstamos internacionales a los países pobres se han incrementado de manera extraordinaria por todo el mundo en la última mitad del siglo, también lo haya hecho la pobreza? El número de personas que viven en la pobreza crece, proporcionalmente, más rápidamente que la población mundial. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

En la última mitad del siglo, las industrias y los bancos de Estados Unidos (y otras corporaciones occidentales) han invertido grandes cantidades en las regiones pobres de Asia, África y América Latina, conocidas como "el tercer mundo". Las transnacionales están implicadas en los ricos recursos naturales, las altas ganancias propiciadas por salarios bajos y la casi total ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales y gastos en seguridad laboral.

El gobierno de Estados Unidos ha subvencionado la fuga de capitales, otorgando a las corporaciones exenciones de impuestos a sus inversiones en el extranjero e incluso pagando algunos de sus gastos de reubicación, para indignación de los sindicatos que, aquí en casa, ven como se evaporan sus puestos trabajos.

Las transnacionales han arruinado los negocios locales del tercer mundo y controlan sus mercados. El cartel estadounidense del comercio agrario, subsidiado de manera extraordinaria por los contribuyentes, envía sus productos excedentes a otros países a bajo precio y hunde a los agricultores locales. Como Christopher Cook describe en su Dieta para un planeta muerto, expropian las mejores tierras en esos países para su cultivo comercial (cash-crop) y para la exportación, normalmente de monocultivos que requieren gran cantidad de pesticidas, dejando cada vez menos terreno para el cultivo de los centenares de variedades de producción orgánica que alimenta a la población local.

Desplazando a la población local de sus tierras y robándoles su autosuficiencia, las corporaciones crean unos mercados laborales de multitudes desesperadas forzadas a vivir en barrios de chabolas y a trabajar por un salario miserable (cuando pueden conseguir trabajo), a menudo violando el salario mínimo establecido por las propias leyes del país.

En Haití, por ejemplo, corporaciones gigantes como Disney, Wal-Mart y J.C. Penny pagan a sus trabajadores 11 centavos por hora. Estados Unidos es uno de los pocos países que se ha negado a firmar una convención internacional para la abolición del trabajo infantil forzado, actitud que se deriva de las prácticas de las grandes corporaciones estadounidenses respecto del trabajo infantil a lo largo y ancho del Tercer Mundo e incluso en Estados Unidos.

El ahorro que las grandes corporaciones obtienen de una mano de obra barata en el extranjero no se traduce en precios más bajos para los consumidores de otros lugares. Las corporaciones no contratan mano de obra en regiones lejanas para que los consumidores en Estados Unidos puedan obtener un producto más barato, los contratan para incrementar su margen de beneficios. En 1990, los zapatos fabricados en Indonesia por niños que trabajaban doce horas al día por 13 centavos a la hora, costaban dos dólares sesenta centavos pero se vendían en Estados Unidos por cien dólares o más.

La "ayuda" exterior de Estados Unidos va unida a la inversión transnacional. Subvenciona la construcción de las infraestructuras que necesitan las corporaciones en el Tercer Mundo: puertos, autopistas y refinerías.

La ayuda que se entrega a los gobiernos del Tercer Mundo va acompañada de múltiples y condicionantes ataduras. A menudo, esa "ayuda" se debe destinar a la adquisición de productos estadounidenses y al país que la recibe se le exige dar preferencia a las inversiones de compañías estadounidenses, substituyendo el consumo de mercancías y alimentos locales en favor de los importados, creando más dependencia, paro, hambruna y deuda.

Una buena porción de la ayuda monetaria nunca ve la luz pública, yendo directamente a las arcas personales de los funcionarios corruptos de los países que la reciben.

La ayuda (o algo parecido) llega también de otras fuentes. En 1944, las Naciones Unidad crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En ambas organizaciones el poder de voto está determinado por las contribuciones financieras de cada país. Estados Unidos, en tanto que mayor "donante", tiene la voz cantante, seguido de Alemania, Japón, Francia y Gran Bretaña. El FMI opera en secreto con un selecto grupo de banqueros y funcionarios de los ministerios de economía seleccionados, en su mayoría, por las naciones más ricas.

Supuestamente, el Banco Mundial y el FMI ayudan al desarrollo de las naciones. Pero lo que realmente ocurre es muy distinto. Un país pobre que solicite un préstamo al Banco Mundial con el fin de mejorar algunos aspectos de su economía, si no fuera capaz de pagar los grandes intereses, debido a un descenso de las ventas de exportación o por cualquier otro motivo, se verá obligado a pedir un nuevo préstamo, pero esta vez del Fondo Monetario Internacional.

Pero el FMI impone un "Programa de ajuste estructural" (SAP, por sus siglas en inglés) que requiere que los países deudores otorguen beneficios fiscales a las corporaciones transnacionales, reduzcan salarios y no establezcan medidas para proteger a las compañías locales de los importaciones y adquisiciones extranjeras. Presiona a las naciones deudoras para que privaticen sus economías, vendiendo a compañías privadas y a precios escandalosamente bajos sus minas, ferrocarriles y servicios públicos pertenecientes al estado.

Estos países se ven así forzados a abrir sus bosques a la tala y sus tierras a las minas a cielo abierto, sin consideración alguna por el daño ecológico causado. También deben recortar sus presupuestos destinados a la salud, la educación, el transporte y los alimentos básicos, gastando menos en su propia población para disponer de dinero y poder hacer frente a los pagos de la deuda. Como se les exige desarrollar una agricultura orientada a la exportación, se ven cada vez menos capacitados para alimentar a su propia población.

Ésta es la razón por la que en los países más pobres los salarios reales hayan disminuido y la deuda nacional haya crecido hasta un punto en que los pagos de la deuda absorben casi todas las ganancias de las exportaciones, lo que origina un mayor empobrecimiento, incapacitando al país deudor para proveer a la población de sus necesidades.

Así hemos explicado el "misterio" de por qué la riqueza genera pobreza. Por supuesto, ese misterio no existe a no ser que te adhieras a la mistificadora teoría del "goteo", teoría liberal en función de la cual la acumulación de riqueza en las capas altas de la pirámide social acaba provocando el "goteo" de riqueza hacia las capas inferiores. La imagen típica de la pirámide de copas en la que, tras llenarse la superior, rebosa y va llenando las inferiores. ¿Por qué ha aumentado la pobreza mientras que las ayudas extranjeras, prestamos e inversiones han crecido? Respuesta: los préstamos, inversiones y la mayoría de las ayudas están diseñadas no para luchar contra la pobreza, sino para aumentar la riqueza de los inversores transnacionales a expensas de la población local.

No existe tal goteo, sino un sifón que asciende desde la mayoría de la clase trabajadora hacia la rica minoría.

En su perpetua confusión, algunos críticos liberales concluyen que la ayuda exterior y los ajustes estructurales del FMI y del Banco Mundial "no funcionan", señalando que el resultado final es menos autosuficiencia y más pobreza para las naciones que las reciben. ¿Por qué entonces los estados miembros ricos siguen financiando al FMI y al Banco Mundial? ¿Son sus líderes menos inteligentes que los críticos que continúan señalando que su política está produciendo el efecto contrario?

No, los estúpidos son los críticos, no los líderes e inversores occidentales, los cuales poseen y disfrutan de tan inmensa riqueza global porque sus programas de préstamos y ayudas funcionan. La pregunta es ¿funcionan para quién? ¿Cui bono? [¿A quién benefician?]

La intención detrás de sus programas de inversiones, préstamos y "ayudas" no es la de mejorar la vida de las poblaciones de otros países, este no es su verdadero negocio. El propósito es servir los intereses de la acumulación global de capital, apropiarse de las tierras y las economías locales de las gentes del Tercer Mundo, monopolizar sus mercados, reducir sus salarios, esclavizar su trabajo mediante deudas enormes, privatizar su sector público e impedir que estas naciones emerjan como competidores comerciales impidiendo que se desarrollen con normalidad. En este sentido, las inversiones, la ayuda externa y los ajustes estructurales funcionan realmente bien.

El verdadero misterio es: ¿Por qué algunas personas aún consideran que este análisis es producto de una conspiración imaginaria? ¿Por qué son tan reacias a admitir que los gobernantes de Estados Unidos, consciente y deliberadamente, ejercen esta política despiadada (suprimir salarios, derogar la protección medioambiental, eliminar el sector público, recortar la ayuda humanitaria) en el Tercer Mundo, cuando estos mismos gobernantes ¡están haciendo exactamente lo mismo aquí, en nuestro propio país!?

¿No creen que ha llegado la hora de que estos críticos liberales dejen de pensar que quienes poseen gran parte del mundo (y querrían poseerlo todo) son "incompetentes" o "desacertados" o que "no ven las consecuencias "involuntarias" de su política"? No estaremos siendo muy inteligentes si pensamos que nuestros enemigos no son tan listos como nosotros. Ellos saben muy bien cuales son y dónde están sus intereses y nosotros también deberíamos saberlo.

viernes, 8 de octubre de 2021

Atrapados en la particularidad inmediata

Una moza muy guasona, cuando los dos éramos adolescentes y un tanto 'mentalotes', me lanzaba un desafío intelectual, y con una desfachatez que no superaría el obispo Berkeley decía tajantemente: "¡tú no existes, solo existo yo: yo y la farsa!". Podía haberle devuelto la pelota y decirle que la inexistente era ella, pero entonces ¿para qué discutir con quien no existía?

Tampoco existía la sociedad para Margaret Thatcher ("¡no hay tal cosa: sólo individuos!"), tal decía, pese a estar al frente, con gran pericia práctica, de una de las mayores sociedades del planeta. Y el obispo de marras desayunaba cada día viandas que solo existían en su mente, además de asumir la contradicción de propagar sus ideas entre sus fantasmas interiores.

El criterio de la práctica es el mejor argumento contra el idealismo filosófico. La realidad exterior existe con independencia de quien la conoce. Sin necesidad de fundamentar su existencia en aquel argumento teológico que más o menos venía a decir: "aunque tú dejes de ver algo, sigue existiendo, porque lo contempla la vista omnipresente de Dios".

Pero si hay algo fuera de mí, ¿cómo conocerlo a través de unos sentidos que me engañan tantas veces, para los que es evidente que el Sol gira alrededor de la Tierra? ¿O por los testimonios, tantas veces falsos o simplemente errados, de esos otros humanos "supuestamente existentes", más hipotéticos que mi seguro Yo, el que "piensa, luego existe"? Dudas razonables, porque mi experiencia sensorial directa, la indirecta a través de imágenes y la información que me llega a través de otros pueden engañarme, y lo hacen frecuentemente.

Con esas pistas, a veces inseguras, y la convicción de que existe el mundo exterior, el conocimiento refleja siempre lo que viene de fuera. Utilizando informaciones contrastadas desde diferentes fuentes, la investigación construye la ciencia mediante la triangulación, que como la visión binocular, utiliza más de un punto de vista para situar los objetos.

Cualquier saber, aun el más vulgar, se levanta de la misma manera. En el lenguaje cristalizan los conceptos universales aplicables a objetos distintos. Los universales existen únicamente encarnados en lo particular, que en su infinita complejidad es inabarcable. Por eso mismo no hay más remedio que utilizarlos, porque sin ellos el concepto aplicable en cada caso concreto estará vacío.

Francisco Umpiérrez ha tratado en otras ocasiones de esta relación entre lo particular y lo universal. Ahora avisa del peligro de encerrarse en la experiencia inmediata de casos particulares experimentados por uno mismo, sin aprovechar lo que pueda llegarnos por otras vías.

El punto de vista de la vida, de la práctica, debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento.” 




















Atrapados en la particularidad inmediata

Francisco Umpiérrez Sánchez

El ochenta por ciento del conocimiento que tenemos del mundo es mediato. A su vez este conocimiento mediato tiene dos dimensiones: conocimiento sensible y conocimiento teórico. Por medio de la televisión y de internet conocemos muchos acontecimientos particulares que ocurren en todo el mundo. Hablaremos aquí de conocimiento sensible mediato. Y por medio de libros teóricos tenemos conocimientos de hechos esenciales que también ocurren en el mundo. Aunque en la teoría nos topamos con los conceptos, estos deben ser considerados como la transformación de los hechos particulares en universales. No debemos considerar el concepto como la negación de lo sensible en el sentido de que lo dejamos atrás; en este caso tendríamos universales vacíos. Debemos considerar los conceptos como una fase evolutiva de las experiencias particulares y que encierran potencialmente toda su riqueza. Marx define los conceptos como elaboraciones de percepciones y representaciones, esto es, en lo universal en tanto concepto está contenido lo particular. Pero la dialéctica de lo particular y lo universal no queda ahí: con los conceptos organizamos y mejoramos la calidad y los rendimientos de las percepciones y de las representaciones. Recordemos que sin percepciones y representaciones el pensamiento carece de blanco al que apuntar, pero sin conceptos nuestro pensamiento es ciego o su luz alcanza a pocos objetos y con bajo nivel de certeza.

En muchos textos teóricos, valga como ejemplo La tiranía del mérito de Michael Sandel, tenemos conocimientos de muchos hechos particulares. Pero lo mismo nos sucede con los textos de Lenin y de Mao Zedong. Aunque sea cierto que el lenguaje solo expresa lo universal, por medio de lo universal puedo darle expresión a un hecho particular. Así por medio de los libros de teorías, sobre todo en el ámbito de la sociología, de la política y de la historia, tenemos muchos conocimientos de muchos hechos particulares. Por lo tanto, cuando en la teoría marxista hablamos de que en el conocimiento hay que partir de los hechos particulares, esto no debe entenderse en el sentido de hechos particulares personales.

Les pongo dos ejemplos más de conocimientos mediatos de hechos particulares. Primer ejemplo: Por medio de Pueblo en Línea he tenido conocimiento de la fabricación por parte de SeaCleaners de un velero híbrido gigante para reforzar la batalla contra la contaminación plástica en los océanos. Preparado para su lanzamiento en 2024 se prevé que podrá extraer entre 5.000 y 10.000 toneladas de plástico flotantes cada año. Segundo ejemplo: Por medio de El País he tenido conocimiento de que Twitter ha comprado Nuzzel, un agregador de noticias, y que Microsoft, Apple, Google, Facebook y Amazon realizaron 616 adquisiciones de pequeñas empresas en el periodo 2010 – 2019, hecho que demuestra la tendencia hacia al monopolio de los gigantes tecnológicos y pone de manifiesto la fantasía de que vivimos en un mercado libre.

A mis colaboradores les insisto una y otra vez que rehúyan de sus experiencias particulares, que no basen sus generalizaciones a partir de sus experiencias prácticas personales, puesto que eso los lleva al empobrecimiento espiritual. Sin duda que una experiencia particular muy bien organizada y en la que ponemos todas nuestras fuerzas y empeños es la condición primera para obtener conceptos, pero no es suficiente. Cuando Marx criticaba a Feuerbach por haberse aislado en la vida en el campo; por muchas personas que conociera y estableciera múltiples relaciones sociales, lo criticaba porque su vida espiritual se empobrecía debido a que vivía ajeno a los grandes cambios económicos, sociales y tecnológicos que se estaban produciendo en el mundo. De ahí que su concepción del ser humano fuera tan pobre y abstracta. Insisto: cuando hablamos de riquezas en las relaciones sociales, mucho más en un mundo globalizado, no podemos entender por ello las relaciones personales que mantenemos con nuestros círculos estrechos de amigos y conocidos, hablamos de las relaciones sociales en su sentido global, donde lo particular se debe entender en su sentido universal.

Hay más: el conocimiento que tengo de mis experiencias particulares personales ha sido mejorado en su rendimiento por los conceptos que he aprehendido de grandes y medianos pensadores. De manera que hasta mi conocimiento sensible inmediato está mediado por el conocimiento universal. Si no entendemos que el conocimiento de lo particular incluye el conocimiento particular de los muchos y en muchos lugares, permaneceremos atrapados en la particularidad inmediata, nuestro discurso se empobrecerá, y seremos muy propensos a los comportamientos sectarios.

martes, 5 de octubre de 2021

El chuletón de Pedro

Que nadie se alborote, de ningún modo quiero insinuar que el chuletón sea nuestro presidente. Comprendo muy bien sus difíciles equilibrios, aunque mi estrategia discursiva, desde luego, sería otra.

El caso es que cuando el ministro Alberto Garzón alertó del excesivo consumo de carne, se le echaron encima los ganaderos y, desde luego, la derecha carnívora. Y entonces el presidente escurrió el bulto hablando de aquel "imbatible chuletón al punto". Forma un tanto petenera de salirse por la tangente.

A los perjuicios para la salud del exceso de proteína animal (porque el ministro solamente hablaba de reducir el consumo excesivo) se unen otras razones tan poderosas o más. 

Una es el efecto del sobreconsumo para la salud del planeta. Otra, la necesidad de alimentar a más personas con menos recursos, y eso requiere que los que comen demasiado (o tiran la comida), coman un poco menos para que los que no comen puedan alimentarse.

Sabemos que cada escalón que se sube en la cadena alimentaria es un despilfarro en términos energéticos. Alimentar al ganado requiere una superficie agrícola mucho mayor que la que se necesitaría para producir alimentos vegetales. Las enormes superficies dedicadas a producir soja para el ganado, aparte de causar grandes deforestaciones, alimentarían a muchas más personas si produjeran directamente alimentos vegetales. 

Aunque con una alimentación estrictamente vegetariana sea más difícil lograr dietas equilibradas, es respetable defenderla. Pero no es necesario que todo el mundo se pase al veganismo. Bastaría con reducir el consumo de carne a lo estrictamente necesario, tanto en beneficio de la salud como para poder alimentar a todos los seres humanos.

Para eso bastaría con evitar tanto el exceso como el desperdicio. Porque todos vemos la muchísima comida que se tira en todo el proceso que va del campo a la mesa.

La producción de comida para tirarla o enfermar se parece a la producción de armas para matar o tirar (sea al enemigo o directamente a la basura). Claro que en ambos casos queda por el camino un beneficio que es directamente proporcional, no a un consumo útil, sino a la producción bruta.

Otra vez recurro a LOAM para tomar de su blog un artículo revelador sobre el tema.


El virus del hambre. Marca y sello capitalista
Pascualina Curcio

El problema del hambre en el mundo no es por la falta de alimentos, es por la desigual distribución que se origina en el propio proceso social de la producción

Durante los 10 minutos que aproximadamente le tomará leer este artículo, habrán muerto de hambre 110 personas en el mundo, lo que equivale a 15.840 seres humanos diariamente, o casi 6 millones al año según estimaciones de Oxfam. Imagine ir a la cama en las noches sin tener nada qué comer. Imagine la angustia de una madre o un padre al no poder alimentar a sus hijos. Piense en el dolor, y más aún, en la impotencia que causa saber que un niño murió de hambre.

Según el reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) titulado El estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2021, en 2020, 30% de la población mundial, alrededor de 2.300 millones de personas, no tuvo acceso a una alimentación adecuada. Se lee también en el informe que 12% de la población mundial, 928 millones de personas, padeció inseguridad alimentaria grave durante el año de pandemia, 148 millones más que en 2019.

La situación del hambre en el mundo es aún más indignante por el hecho de que, mientras 2.300 millones de personas no tuvieron acceso a una alimentación adecuada y 6 millones murieron por no tener qué comer durante 2020, se desperdiciaron 2.500 millones de toneladas de alimentos que fueron a parar al basurero, nada más y nada menos que 40% de la producción mundial de alimentos (informe del Fondo Mundial para la Naturaleza). De estos 2.500 millones de toneladas, 1.200 millones, equivalentes a US$ 370 mil millones, se desperdiciaron en la fase de producción agrícola. El resto de la comida, es decir, 1.300 millones de toneladas, se botó en los hogares (61%), en los servicios de alimentos o restaurantes (26%) y en los comercios (13%).

Según el mismo informe, 58% del desperdicio de alimentos en la fase agrícola de producción ocurre en los países de ingresos altos y medios de Europa, en América del Norte y países industrializados, a pesar de que éstos cuentan con 37% de la población mundial. En otras palabras, el desperdicio de alimentos en estos países y en términos per cápita, es mucho mayor.

Celsa Peiteado, responsable del programa de Alimentación Sostenible del Fondo Mundial para la Naturaleza dijo en julio 2021: "los datos son alarmantes: se desperdicia suficiente comida como para alimentar a todo el mundo hasta el 2050. Podríamos alimentar a todas las personas que pasan hambre en el planeta más de siete veces".

En 2016, la ONU dijo que se necesitarían US$ 267.000 millones cada año para acabar con el hambre en 2030. Paradójicamente, cada año se botan, solo en la fase agrícola, US$ 370 mil millones en comida. Por otra parte, también paradójicamente, en 2020, las 10 personas más ricas del mundo incrementaron su riqueza en US$ 413.000 millones (Forbes), o sea, tan solo 10 personas aumentaron su fortuna en casi el doble de lo que necesitan más de 2 mil millones de personas para no tener que ir a la cama sin comer o, pero aun morir de hambre.

De acuerdo con el reciente informe de Oxfam de julio de 2021, se estima que 11 personas mueren cada minuto a causa del hambre, lo que supera la actual tasa de mortalidad por covid-19, que es de 7 personas por minuto. Afirman los de Oxfam: "Lo que parecía una crisis global de salud pública ha derivado rápidamente en una grave crisis de hambre que ha puesto al descubierto la enorme desigualdad del mundo en que vivimos". Desigualdad que es consecuencia, o mejor dicho, que es específica y característica del sistema económico, social y político que predomina. Insistimos en recordar, sobre todo a aquellos que repiten el discurso del supuesto éxito del capitalismo versus el supuesto fracaso del socialismo que 98% de los 195 países reconocidos por la ONU son capitalistas, así que, el hambre en el mundo tiene sello y marca capitalista.

El problema del hambre en el mundo no es por la falta de alimentos, es por la desigual en la distribución que se origina en el propio proceso social de la producción basado en la explotación del trabajador, proceso que genera pobreza y grandes limitaciones para el acceso a alimentos por parte de las grandes mayorías.

Junto a las grandes desigualdades mundiales que derivan en pobreza y miseria, los conflictos y las guerras también son una causa importante del hambre. Según el informe mundial sobre la crisis alimentaria 2021, alrededor de 100 millones de personas cayeron en una situación de crisis alimentaria como consecuencia de las guerras en 2020. En este mundo predominantemente capitalista en el que vivimos, el gasto militar aumentó 2,7% con respecto a 2019, equivalentes a US$ 51.000 millones, alcanzando los US$ 2 billones de gasto anual, esto a pesar de que en 2020 la producción mundial cayó 3,5% (son datos publicados en el reciente informe del Instituto para la Paz de Estocolmo de abril de 2021).

Los cinco países que más gastaron y que juntos representaron 62% del gasto militar mundial, fueron EEUU, China, India, Rusia y el Reino Unido. En promedio, el gasto militar a nivel mundial con respecto al PIB pasó de 2,2% en 2019 a 2,4% en 2020. En EEUU alcanzó un estimado de US$ 778 mil millones en 2020, aumentó 4,4% con respecto al 2019 a pesar de que su economía cayó 3,4% durante el mismo período. Casi todos los países que conforman la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) aumentaron su carga militar durante la pandemia.

Acabar con el hambre en el mundo no pasa por dar comida a los pobres tal como, de manera focalizada receta el neoliberalismo cuando recomienda identificar a los que se encuentran en pobreza extrema para llevarles algo de comer. Tampoco es un asunto de la famosa frase, muy capitalista por cierto, que dice: "no le des el pescado, enséñales a pescar" porque en realidad el problema no es que no sepan pescar, el pescador/trabajador sabe pescar/trabajar y lo hace bien, el problema es que, lo que pesca/el producto de su trabajo, se lo apropia el burgués en el momento en que no le retribuye completamente el valor de su fuerza de trabajo, y solo le entrega, en el mejor de los casos, lo mínimamente necesario para que pueda sobrevivir y reproducirse como clase trabajadora.

Acabar, de verdad, con el hambre pasa por erradicar la pobreza, lo cual requiere acabar con las grandes desigualdades que se originan en un modo de producción basado en la explotación. Para acabar con las desigualdades hay que cambiar el sistema capitalista, ese mismo que predomina en el mundo desde hace siglos y que algunos insisten en calificar de exitoso a pesar de los 2.300 millones de personas que no tienen suficiente comida y los 6 millones que mueren de hambre todos los años mientras la casi mitad de los alimentos que se producen en todo el mundo son echados al basurero.

domingo, 3 de octubre de 2021

Efecto llamada y pirámide social

El "efecto llamada" que se produce al acoger inmigrantes es el mantra con que nos zapatean continuamente las derechas fascista y parafascista, haciéndonos ver que somos unos privilegiados. En realidad no se oponen a la inmigración, sino a regularizarla, porque inmigrantes sin derechos abaratan el coste de la fuerza de trabajo y compiten con los trabajadores locales. Al tiempo que rebajan los salarios, las leyes de extranjería dividen a la clase obrera.

Tener a alguien por debajo produce la sensación gratificante de estar arriba. Tan es así, que, según algunos estudios, casi la mitad de la población cree pertenecer al decil más rico. Percepción que los privilegiados se esfuerzan por mantener.

No hay mayor "efecto llamada" que la existencia de una abrupta pirámide social. Nos llama a todos a concentrar los esfuerzos en trepar por esa bien aceitada cucaña, en lugar de luchar por cambiar las situaciones injustas, sin considerar lo ilusorio de ese ascenso para la inmensa mayoría.

Este breve texto de Antonio Orihuela de 2013 aparece en el blog arrezafe, que lo toma de El lenguaje secuestrado.

GETTY

Por desconcertante que parezca, un estudio de J. S. Hacker y P. Pierson que lleva por nombre Winner Take all Politics: Public Policy, Political Organization, and the Precipitous Rise of Top Incomes in the Unites States, ha demostrado que el aumento de la desigualdad social y la concentración cada vez más abusiva de la riqueza en pocas manos en las democracias capitalistas, lejos de concentrar al electorado sobre las opciones de voto que defienden la redistribución de la renta y una mayor justicia social lo hace justamente sobre los partidos que están llevando a cabo este programa político antisocial que reclama del ciudadano medio grandes sacrificios personales, altas cotas de sufrimiento social y la desviación de fondos públicos hacia el sector privado. Una de las patas de este misterio hay que buscarla, sin duda, en el sentido que adquiere la propiedad individual pues, en tanto es enemiga de la igualdad y la justicia, hace que los que tengan algo, por poco sea, se sientan inmediatamente solidarios con los que tienen mucho o casi todo, en vez de con los que no tienen nada.

sábado, 2 de octubre de 2021

Luz de gas

Las eléctricas son muy poderosas porque de los suministros energéticos depende prácticamente todo. Es público y notorio que el sistema de puertas giratorias funciona en España a las mil maravillas, y ha colocado en puestos sobresalientes de estas empresas a sobresalientes políticos salientes, que antes y después han mimado a las compañías privadas de un sector que ha dejado por completo de ser público.

Mucho nos ha escandalizado conocer el sistema marginalista que fija el precio de la electricidad en el mercado mayorista. Con él, el precio de toda la electricidad de un tramo horario se paga al precio del kilovatio-hora más caro que se pone en juego. Sin embargo, este sistema no es exclusivo de nuestro país y se utiliza en toda Europa. También en el resto del continente las empresas de la energía tienen un gran poder, aunque no se manifieste de un modo tan escandaloso como en el nuestro.

Pero aunque el mecanismo cause un encarecimiento que perjudica a todos menos a los accionistas de estas compañías, lo que hace que sea precisamente ahora cuando alcanza estos altísimos valores tiene que ver con que ese elemento más caro es el gas natural, que está alcanzando precios altísimos, porque su escasez, que no es coyuntural, no puede satisfacer una demanda siempre creciente.

El artículo de Antonio Turiel explica lo que está ocurriendo ahora, que era previsible y había sido previsto, aunque desde luego sin informar al público de lo que se venía encima.

Simplificando lo que él expone con más detalle, diré que el gas es el elemento estabilizador del complejo sistema eléctrico a escala continental, porque es el que utilizan las centrales de ciclo combinado, únicas que a voluntad pueden entrar o salir del sistema para compensar lo que no pueden hacer otras. Las centrales nucleares no se encienden o apagan así como así, Las hidráulicas dependen de la disponibilidad cambiante de agua, y la energía solar y la eólica de un tiempo atmosférico imprevisible.

Dos son las formas de transportar el gas. La más económica (y ecológica, por lo mismo) es a través de gaseoductos. Mucho más caro es el sistema de transporte en buques gaseros, que requiere licuar el gas en el origen, mantenerlo a bajísima temperatura durante el trayecto y regasificarlo en el destino.

Por tanto, dos factores limitan la capacidad gasística. Por un lado, el declive de la producción, unido al consumo creciente para uso propio en los países de origen, lo que frena la exportación. Por otro, las dos formas de transporte. Faltan barcos gaseros, instalaciones portuarias adecuadas y nuevos gaseoductos. Nada de esto se improvisa, y en todo caso, cuando estén disponibles, seguramente la falta de gas los dejará subutilizados...

Naturalmente, estos problemas tensan a las sociedades y es muy conveniente explicarlo bien, para que las soluciones sean aceptables y aceptadas por las poblaciones.

La Europa del norte depende sobre todo de los suministros de gas ruso; la del sur, del gas argelino. Ambos países tiene cada vez menor capacidad exportadora.

A esto se unen cuestiones geopolíticas. Los Estados Unidos trataron de impedir la construcción del gaseoducto báltico, con el que se limita la dependencia europea de los países, como Ucrania y otros, alineados con ellos contra Rusia. Antes ya dificultaron otros accesos continentales al gas. Ahora esta vía ya está en marcha. Esto, a la fuerza, ata más a Europa con el resto de Eurasia, como ocurre por otro lado con la puesta en marcha de la nueva Ruta de la Seda.

En el sur de Europa, y más concretamente en nuestra península, la fuente de suministro principal es Argelia. También aquí hay dos vías una marítima y otra terrestre, que solamente debe atravesar el estrecho, pero pasando antes a través del territorio marroquí. Esto cambia, y no solo para España, la correlación de fuerzas entre los dos países, enfrentados por el tema del Sahara, y reaviva el tema de la ocupación ilegal de Marruecos.

Un Sahara independiente de Marruecos facilitaría a Argelia una salida atlántica y aislaría más al reino alauita del resto de África.

¿Tiene esto algo que ver con la sentencia de un tribunal europeo que rechaza acuerdos con Marruecos en temas como la pesca y la agricultura en los territorios ocupados, o el permanente chantaje marroquí, manifestado recientemente durante la presencia del presidente saharaui en España?

El artículo que sigue explica también cómo los Estados Unidos han sorteado los altos precios del gas. Sencillamente, el gas de esquistos les sobra, y no tienen capacidad exportadora para darle salida. Lo que por otra parte lo abarata y hace menos rentable este desastroso procedimiento.

Geopolítica en marcha en tiempos desgraciadamente interesantes.

¡El globo (terráqueo) se está quedando sin gas!


Queridos lectores:

Hace ahora 11 años, en este mismo blog escribí un post que se llamaba "El pico del gas". En aquel artículo, analizaba la situación con respecto a la producción de gas natural en el mundo, y cuándo se estimaba, con los datos de aquel entonces, que se llegaría al pico de producción de gas. De acuerdo con los datos de los que disponíamos, esperábamos que la producción mundial de gas natural llegara a su máximo hacia 2020. También se destacaba en aquel post que, de acuerdo con un informe del Energy Watch Group, Europa empezaría a tener problemas graves de suministro de gas hacia 2015, debido a que el gas se transporta más fácilmente por gasoducto y los principales suministradores de Europa entraban en su declive productivo, y el transporte por buque metanero tiene muchas limitaciones. En aquel post, enseñaba una gráfica (sacada del mismo informe) en la que se mostraba la previsión para el balance entre la demanda prevista en Europa y su suministro:



Es obvio que en 2015 no se produjeron los graves problemas de suministro que se preveían, aunque también es cierto que ha habido en los últimos años una cierta tirantez entra la oferta y la demanda de este hidrocarburo (sobre todo patente en los problemas del Reino Unido durante los pasados inviernos). Lo interesante de la gráfica que muestro arriba es que contemplaba cómo la situación se podría aplazar hasta más o menos 2020 si se conseguía aumentar el máximo hipotético de importación de Gas Natural Licuado (LGN), que es el que se transporta en barco.

De hecho, esto es lo que ha sucedido. Europa ha incrementado de una manera brutal su capacidad de importar gas por vía marítima. En particular España es el país que más ha incrementado su estructura de regasificación, contando con 6 grandes plantas construidas o ampliadas en los últimos años, y que están perfectamente integradas con la red gasística nacional.



Tal despliegue de capacidad de importación de gas vía barco ha supuesto una inversión enorme, que con buena visión estratégica se ha acometido de manera poco conocida por la opinión pública durante estos años. Al fin y al cabo, esta inversión tenía un gran riesgo: solo se podría rentabilizar si la demanda de gas era lo suficientemente importante como para justificar el mayor coste del gas de importación marítima. Y es que los costes operativos son muy elevados, ya que se tiene que licuar el gas en origen, mantener la temperatura de los depósitos del buque metanero en -160ºC durante toda la travesía y volver a regasificar la mercancía en destino.

El hecho ha sido, empero, que la inversión estaba justificada. Se necesitaba esa capacidad extra de gas natural licuado si se quería poder cubrir la demanda europea. Pero con eso solo no bastaba para cubrir una demanda creciente para siempre. Solo permitía ganar 5 años más de ilusión de crecimiento permanente.

La razón por la cual Europa ha llegado a su máxima capacidad de aprovisionamiento de gas, unos años antes de que el mundo llegue a su peak natural gas, es porque los dos países que son sus principales suministradores (por capacidad de producción y proximidad geográfica) están ya en sus respectivos peak natural gas locales. Hablamos de Rusia y de Argelia.

La producción de gas de Rusia ha seguido aproximadamente una suave pendiente creciente (solo rota por la crisis de 2008-2009) durante los últimos 20 años, rematada con un fuerte ascenso en 2017 y 2018, relativo estancamiento en 2019 y descenso en 2020.



Los sucesivos ministros de energía de Rusia vienen avisando desde hace años que la producción de petróleo y de gas de Rusia está tocando techo y que en los próximos años comenzará a declinar. Además, ya se ha dejado claro que Rusia va a priorizar el consumo doméstico a las exportaciones; de hecho, cuando se mira el consumo de gas natural de Rusia se ve que el significativo remonte de 2017 y 2018 básicamente sirvió para cubrir necesidades de autoconsumo.


En Europa, y sobre todo en Alemania, se espera que la reciente puesta en funcionamiento del gasoducto NordStream 2 (que circula por el lecho del Mar Báltico y comunica a Rusia directamente con Alemania) servirá para paliar los problemas de suministro del país teutón y del sistema gasístico europeo. Esto es en parte cierto, ya que Rusia podrá enviar directamente una mayor cantidad de gas para su consumo en Alemania y así evitar tener que pagar por pasar por otros países como Ucrania, que se quedan con una parte del gas en concepto de peaje. Dejando al margen las funestas consecuencias que tendrá para esos países "intermedios" el hecho de que su influjo de gas se reduzca, lo cierto es que Rusia ya está en su máxima capacidad productiva y a partir de ahora cada año nos va a enviar menos gas. Tal y como se anticipaba en el artículo de 2010. Y si el invierno viene frío, Rusia ya ha dejado claro que va a priorizar las necesidades de su propia población. Lo cual anticipa problemas de suministro este mismo invierno porque este año los inventarios rusos de gas están casi vacíos.

Veamos ahora la situación de Argelia.


Como se observa en el gráfico de arriba, desde el año 2000 Argelia se encuentra en una situación de relativo estancamiento jalonado con algunas subidas y bajadas significativas. De manera similar a lo que sucede en el caso de Rusia, aunque más acusado en el caso argelino, el repunte que se observa de 2016 a 2018 obedece más a necesidades de consumo interno que a un incremento de las exportaciones.



En el caso de Argelia se observa, además, un fuerte incremento del consumo desde 2010, lo que va en detrimento de las exportaciones. Esto en particular ha tenido un gran impacto en el caso de España: si en 2018 el 60% del gas natural consumido en España era de origen argelino, en 2020 y principios de 2021 representaba aproximadamente el 27%, aunque ahora roza el 50% (y esto por no hablar de los problemas en la calidad del gas suministrado). Como en el caso de Rusia, también Argelia tiene un incentivo para no hacer pasar su gas por Marruecos para no pagar el peaje y venderlo, más caro, a Europa; y aunque los gasoductos directos a España e Italia tengan sus limitaciones, si las exportaciones disminuyen Argelia va a dar preferencia a esos gasoductos que al que atraviesa territorio marroquí en dirección a España y Portugal. Esto también añade contexto a las actuales hostilidades entre Marruecos y Argelia.

Argelia, por supuesto, no es Rusia, y eso hace que Europa - y particularmente su antigua metrópoli, Francia - se ingieran de manera más directa en los asuntos internos argelinos. Por ese motivo se hablaba hace casi una década de intentar explotar el gas de shale en la zona sur de Argelia, aunque esos proyectos nunca han llegado a cuajar (seguramente por el escaso rendimiento y las grandes necesidades de agua que requiere ese tipo de explotación). Todo indica que Argelia también ha pasado su peak gas, pero no es solo eso. Su peak oil particular sucedió hacia 2005, y los dos picos combinados han hecho decrecer rápidamente los ingresos de las exportaciones argelinas de hidrocarburos. La inestabilidad social es creciente y recurrente en el país norteafricano, y la sustitución del octogenario Abdelaziz Buteflika en 2019 no ha conseguido apaciguar los ánimos, porque una gran parte del problema es la escasez de recursos. El riesgo de que esa inestabilidad sea aprovechada por las potencias europeas, en una eventual guerra civil argelina, para asegurarse militarmente el acceso a los yacimientos de gas natural (seguramente aliándose con el bando que consideren más fuerte), sigue siendo elevado.

El repaso que acabo de hacer viene a colación porque la realidad es que hace 11 años los problemas que actualmente estamos viviendo en Europa no solo eran previsibles, sino que fueron previstos. Se sabía que iba a pasar, y ahora está pasando. Basta ya, por tanto, de decir que los problemas son coyunturales. No, no lo son en absoluto: son estructurales. No hemos querido tomar medidas más drásticas para evitar lo peor, tan solo incrementamos nuestra capacidad de importación vía marítima y estiramos la situación lo que se podía, cinco años escasos. Y obviamente esto no se ha acabado: ahora viene lo que viene.

¿Y qué viene? Viene una situación de debilidad extrema y estructural, con el riesgo de hacer colapsar las economías e inclusive las sociedades europeas.

En el momento actual, los inventarios de gas natural en Europa (justo antes del invierno, la estación de mayor demanda) están en mínimos de 10 años (y eso que en 2020 se marcaron máximos por el confinamiento durante las primeras etapas de la CoVid-19).



Europa ha tenido que recurrir a la importación masiva de gas por vía marítima, a pesar de que sea muy caro. Eso ha sido muy beneficioso para los EE.UU., que ha conseguido una manera de rentabilizar los de otras forma ruinosos yacimientos de shale gas. Pero por los grandes costos de operación, como comentamos más arriba, ese gas es mucho más caro y ha disparado los precios. Y no solo en Europa: también en Asia. Solo se mantienen bastante baratos en los propios y sobreabastecidos EE.UU. Esto les puede parecer paradójico a los adalides del libre mercado, pero el problema del gas natural, repitámoslo, es que es de transporte difícil. EE.UU. tiene una capacidad limitada de enviar gas por barco, y Europa tiene una capacidad limitada de recibirlo. Por eso en EE.UU. sigue sobrando gas y en el resto del mundo no se puede aprovechar ese exceso.



Si uno mira la evolución del precio del gas en los diversos países de Europa, se ve que en cuestión de un año se ha multiplicado por 5 o más (en el caso de España, hace un año valía 11€/MW·h; actualmente casi 7 veces más, 71,5 €/MW·h). Incluso comparado con los precios de antes de la pandemia, típicamente se ha multiplicado por 3.



Estos altos precios del gas tienen un impacto directo el precio de la electricidad. En toda Europa se utiliza el sistema marginalista para fijar el precio de la electricidad en el mercado mayorista (es el mercado donde las compañías productoras le venden la electricidad a las compañías distribuidoras). Con este sistema, pensado para una época de más estabilidad que la actual, el precio de toda la electricidad de un tramo horario se paga al precio del kilovatio·hora más caro que se pone en juego. El problema viene cuando las centrales de ciclo combinado (las que funcionan con gas natural) entran en funcionamiento continuamente. Dentro de la ceremonia de la confusión que impera en la discusión energética hoy en día, a veces se hace creer al público que si hubiera más potencia renovable el precio de la luz bajaría. Esto es falso por diversos motivos. Por un lado, la escasez de materiales que ya ha comenzado (que empezó con chips y plásticos y ahora se ha extendido a prácticamente todo) hace que los futuros parques eólicos y fotovoltaicos serán cada vez más caros (como comentamos con más detalle en su momento), con lo que sus costes de construcción pero también operativos serán cada vez mayores y la electricidad que se genere con ellos también será más cara. Por otro lado, incluso incrementando enormemente la actual capacidad de generación de electricidad renovable, se seguirá necesitando una apreciable capacidad de respaldo. Y ya no solo para cubrir la intermitencia de las renovables (el hecho de que no siempre producen energía), sino otro problema tan o más grave: el de la estabilidad de la red eléctrica. Como comentaba el maestro Beamspot cuando hablaba de efectos relativistas, es muy difícil de mantener la perfecta sincronía de la corriente alterna transmitida por una red de tamaño continental cuando tienes muchas fuentes entrando y saliendo con muchos transitorios y retardos, y al final se necesita contar con centrales que se puedan encender o apagar a voluntad y que puedan entrar con potencia suficiente en cada momento (so pena de causar una catástrofe en la red, peligro que ya se ha bordeado en algunos momentos a nivel de Europa, sin ir más lejos el pasado 8 de enero). Por ese motivo, vamos a seguir teniendo una fracción de la electricidad, que puede llegar a ser pequeña pero que siempre va  a estar ahí, generada con ciclos combinados, y eso, con nuestro sistema de fijación de precios mayoristas, quiere decir que la electricidad se va a mantener cara mientra el gas sea caro. Es decir, prácticamente siempre a partir de ahora.

No solo la carestía y eventual escasez de gas impacta e impactará en la generación de electricidad y en los usos domésticos: impacta también, y fuertemente, sobre la industria. Una gran cantidad de industrias que utilizan calor industrial consumen muchísimo gas natural, como por ejemplo la industria del cemento o la de la cerámica, por no hablar de otras de escala más modesta como las panaderías (saludos al maestro Félix Moreno por la indicación). En el momento actual, la empresa Fertiberia (dedicada a la fabricación de fertilizantes, que precisan de gas natural para su síntesis) ha parado su planta de Palos de la Frontera, en principio por un mes; la razón, los elevados precios del gas natural. Dos plantas de fertilizantes británicas también han parado, mientras China detuvo sus exportaciones de fertilizantes ya en julio. El parón de este tipo de plantas es generalizado en todo el mundo, y ya se anticipan nuevos problemas, carestía y escasez en la producción mundial de alimentos. Se acerca el invierno, y tenemos la despensa medio vacía.

Pero esto no se queda aquí. El problema del peak oil sigue estando presente. Es una de las causas detrás del encarecimiento del transporte tanto marítimo como por carretera, y eso indirectamente causa la escasez de conductores de camiones, que es especialmente aguda en el Reino Unido (el Brexit amplifica todos estos problemas en las islas) pero que se va extendiendo al resto de Europa y a los EE.UU. ¿Por qué? Porque al incrementarse los costes de todo, la manera que tienen los transportistas de reducir gastos es reducir el sueldo de los chóferes, hasta que éstos, hartos de las malas condiciones laborales y con sueldos a la baja, deciden dedicarse a otra cosa. De manera insensible el precio del petróleo sigue subiendo y ya se va acercando a los 80$ por barril, una primera barrera más física que psicológica, porque a partir de 80$ las partes menos competitivas de la economía empiezan a sufrir. Teóricamente, a partir del cálculo del profesor James Hamilton, el máximo precio que la economía puede tolerar antes de entrar en recesión es alrededor de 120-130$ por barril, pero por desgracia la maltrecha economía mundial probablemente no podrá soportar ya tanto y entrará en recesión en algún punto no demasiado lejano de los 100$.

La combinación entre el pico del petróleo/pico del gas (particularmente en Europa, el pico del suministro de gas) garantiza que el proceso de desestabilización económica se acelerará. La falta de una materia agrava la escasez de suministros esenciales para la otra, y la de ésta genera una nueva cascada que repercute en la primera y así sucesivamente. La falta de resiliencia de nuestro sistema económico y productivo, con su absoluta y ciega dependencia en los combustibles fósiles, nos aboca a un proceso de decadencia acelerada. Podemos estar en los primeros compases de un proceso muy rápido que sacudirá a Europa primero y luego al resto del mundo. De momento, en el Reino Unido se está racionando el combustible y ya se ven las primeras colas en las gasolineras (de nuevo, el Brexit ha acelerado su caída). Se anticipa que podría haber interrupciones momentáneas del suministro de gas en Europa durante este invierno, particularmente si es frío. Y pase lo que pase se anticipa una intensa crisis económica con graves consecuencias para el Viejo Continente, como alerta Nafeez Ahmed.

No queda tiempo para dudar. No hemos hecho caso a las advertencias y ahora vienen ya, atropelladamente, las consecuencias. No hay tiempo, sobre todo para más errores. Es hora de abandonar grandilocuentes y megalomaníacos planes de transición que están abocados al fracaso y a causar más destrucción y penalidades. Llegó el otoño y se acerca el invierno. Construyamos ya el refugio, si queremos sobrevivir.

Salu2.
AMT

viernes, 1 de octubre de 2021

Autodisolución (y V)

En el artículo La disolución de la URSS analizaba Rafael Poch, a cien años de la revolución que le dio origen, el desastroso final de la Unión Soviética. Un acontecimiento previsible para algunos, y a posteriori, como siempre, realidad obvia para todos.

Exponía en su primera parte los motivos que condujeron a su destrucción, fundamentando la fulminante disolución técnica en una paulatina disolución degenerativa que condujo a su vez a la que denominaba disolución espiritual.

La parte final del artículo despacha sucintamente ("en dos brochazos") las previsibles consecuencias, claramente negativas y no siempre previstas, que este hundimiento ha ocasionado tanto en el equilibrio mundial como en las relaciones sociales y de producción.

¿Cuántos muros materiales y barreras de todo tipo se han levantado desde aquella demolición simbólica del Muro de Berlín?



Consecuencias en el equilibrio mundial

El primer brochazo tiene que ver con el hecho de que la situación general en el mundo se ha hecho mucho más peligrosa que durante la guerra fría. La disolución de la URSS potenció la agresiva doctrina neocón de la hegemonía mundial sin obstáculos de Estados Unidos. El catastrófico intento de dirigir el mundo en solitario y por la fuerza.

Durante más de una década, Rusia dejó de existir como factor de contrapeso, mientras su clase dirigente se dedicaba a llenarse los bolsillos. La ocasión fue inmediatamente aprovechada.

La intervención en zonas antes prohibidas de Oriente Medio fue inmediata: la primera guerra de Irak de enero 1991 tuvo lugar antes incluso de la disolución técnica de la URSS, coincidiendo con las críticas tensiones de aquel invierno en las repúblicas bálticas. Desde entonces hemos asistido a la destrucción de toda una serie de países, estados y sociedades en toda la región, desde Afganistán a Libia, propiciando la matanza de más de un millón de seres humanos solo en Irak y de centenares de miles en Afganistán, Siria, Pakistán, Libia y Yemen. Lo que llamo el Imperio del caos.

Esa doctrina hegemónica de los neoconservadores americanos tuvo por efecto las violaciones y abandonos de acuerdos fundamentales establecidos con Moscú durante la guerra fría:

  • La administración Clinton violó el acuerdo de que la OTAN no se movería “ni un milímetro” hacia el Este a cambio de la aceptación de la reunificación alemana y estableció bases militares de la OTAN junto a las fronteras rusas con gran responsabilidad del establishment alemán y de la Unión Europea.
  • La administración de Bush hijo abandonó el acuerdo ABM, piedra angular contra la proliferación de misiles, y creó bases antimisiles en la frontera rusa, alegando que eran para proteger Europa de los inexistentes misiles intercontinentales de Irán.
  • La administración Obama emprendió un ataque directo contra Rusia con el objetivo de echarla de sus bases en el Mar Negro, derrocando al corrupto gobierno legítimo de Ucrania e instalando su propio gobierno corrupto prooccidental.
  • Cuando todo esto culminó con una reacción militar rusa, primero en Georgia y luego en Ucrania, después de treinta años de retrocesos, abusos y avasallamientos de los intereses rusos,  Washington se lanzó a una demonización sin precedentes del régimen ruso y de su presidente para castigar su osadía. La muestra de todo eso la pueden encontrar en los diarios, las televisiones y en los análisis de disciplinados think tanks en absoluto independientes.
  • Y mientras tanto fue madurando la emergencia de nuevas potencias que configuran el actual mundo multipolar (con varios centros de poder), cuya pregunta existencial es si decantará en acuerdos y equilibrios, o, como parece, en la lógica de los imperios combatientes.

Para acabar, vamos al segundo paquete de consecuencias.

Consecuencias en las relaciones sociales y de producción

La disolución de la URSS y del bloque del Este, unida a la integración de sus países, de China y de India en el sistema económico mundial, ha hecho al mundo más capitalista.

Esa integración aportó, a partir de 1989, 1470 millones de nuevos obreros al capitalismo. En muy pocos años se dobló el número de obreros (que en el año 2000, excluyendo a todos esos nuevos llegados era de 1460 millones). El resultado ha sido un cambio fundamental en la correlación de fuerzas global entre capital y trabajo. Un mundo con más explotación, más precariedad, deslocalización y globalización crematístico-industrial.

Eso es lo que tenemos hoy, cien años después de la Revolución Rusa y cuando se cumplen 26 años de la disolución de la URSS. La historia continúa y habrá que ver a qué tipo de nuevas convulsiones, colapsos y disoluciones nos lleva, y nos está llevando.



jueves, 30 de septiembre de 2021

Autodisolución (IV)

Hace ya muchos años, un veterano y curtido comunista me reconocía que había un elemento compartido entre la religión y el ideario comunista: la fe. En cierto sentido puede interpretarse el comunismo soviético como una religión laica.

Sin tener fe en algo no se lucha por ello. El descreído no batalla si no es a la fuerza, y deserta en cuanto tiene la oportunidad de escapar. 

Esa fe, inseparable de la esperanza, se fue perdiendo por el camino en la URSS, porque a diferencia de la fe religiosa, cuyas promesas son vagas e indeterminadas, imposibles de contrastar con la realidad, el comunismo soviético concretaba sus profecías a fecha fija. No prometía, como las religiones al uso, cuyas creencias están al margen de la razón, un paraíso poco definido, sin fecha ni comprobación posible. Al contrario, los planes quinquenales definían objetivos a alcanzar y establecían comparaciones con los logros de otros países. Incluso algún dirigente se atrevió a poner fecha fija a la llegada de una sociedad comunista. Cualquier fracaso, cualquier alteración no prevista, quedaba a la vista de todos.

Como estaba a la vista el escaparate capitalista, mostrando lo más brillante de sí mismo, mientras sus miserias e inseguridades no se percibían de la misma forma.

Muchas veces los logros económicos se conseguían a costa de desastres ecológicos, y ese desprecio por la naturaleza se pagó muy caro. Lo que ahora es un azote generalizado les llegó bien pronto. En realidad, fue la continua y difícil emulación con el capitalismo depredador la que forzó la máquina hasta agotarla. Pero lo que vemos agotarse en nuestros días es lo mismo que mató la religión soviética y matará la fe capitalista: un productivismo insostenible.

Otra razón del descreimiento vino de los propios logros del sistema. Cuando se alcanza un cierto nivel de prosperidad es fácil considerar lo que ya se tiene (alimento, cobijo, sanidad, educación...) como inamovible, y aspirar a otras cosas que se echan de menos. Los éxitos prácticos del desarrollo social y material soviético trabajaron contra la dimensión de creencia (religiosa) de su doctrina.

Sin olvidar cuántas veces es el comportamiento del clero el que seca la fe.

"Con armas derrotaremos al enemigo, con duro trabajo tendremos pan. ¡A trabajar, camaradas!". Años '20.

He aquí otro apartado del artículo La disolución de la URSS que Rafael Poch escribió en 2017, al cumplirse cien años de la Revolución de Octubre. Esta era la presentación de la serie, que ahora enlazo con lo último que he (re)publicado, analizando la lenta degeneración moral del sistema soviético y sus causas.

Ahora el autor se ocupa, como ya he comentado, de la pérdida de la fe en el sistema por una población pasiva. La que por eso mismo hizo bien poco para defender sus mejores logros.

Un épico cartel de 1941 llamando a la defensa de Moscú ante la invasión nazi

La disolución “espiritual”

Un sistema como el soviético se basaba en creencias. Eso tiene que ver con muchas cosas, pero también con el hecho de la fuerte impronta religiosa y mesiánica que el llamado “comunismo” ruso adquirió desde sus inicios. Un aspecto fundamental de la disolución de la URSS, fue, precisamente, el proceso histórico de evaporación de esa creencia.

¿Cómo se secó aquella fuente de pasiones y creencias que invocaba a la “unión de los proletarios del mundo entero”, que había vencido una guerra civil con 8 millones de muertos y otra mundial con más de 25 millones de muertos, pagando precios espantosos, que reconstruyó el país mayor del mundo, y que había colocado su símbolo, la hoz y el martillo, sobre el mismo globo terráqueo en su escudo estatal evidenciando extraordinarias pretensiones de fraternidad e internacionalismo?

En el invierno de 1989 visité Karakalpakia, una región autónoma de Uzbekistán, a orillas del Mar Aral. Era una zona prohibida y creo haber sido el primer periodista europeo en visitarla (no la república, sino la orilla).

En veinte años el mar había desaparecido como consecuencia de los excesos de la irrigación. En el antiguo puerto de Muinak, el agua quedaba a 50 kilómetros de distancia y los barcos de la flota pesquera, sólidos barcos de hierro de hasta 60 metros de eslora, estaban varados en la arena. La población sufría patologías relacionadas con los pesticidas y la sal del agua que bebía. Visité una fábrica de conservas que para no cerrar se nutría de pescado que tenían que traer desde el Báltico, a casi 4000 kilómetros de distancia… En la salida de la destartalada y apestosa fábrica había un cartel, oxidado como todo, en el que bajo la imagen de Marx se leía una cita que decía,El socialismo superará al capitalismo”. El funcionario del KGB local que me acompañaba, vio que miraba el cartel y me dijo en un susurro pillo: “…sí, jé, jé, lo superará dentro de 2000 años...”

Si hasta un guardia civil de Karakalpakia, penúltimo rincón de la URSS, bromeaba sobre todo aquello, quería decir que, verdaderamente, estábamos ante un agotamiento general.

¿Por qué se agotó aquella fe?

Hay que comprender algo esencial. La promesa religiosa es vaga e indeterminada. La reencarnación, el reino de los justos y el paraíso son promesas sin fecha, sin comprobaciones, ni resultados prácticos. Se cree en ello y ya está. Así van pasando los siglos. Las religiones funcionan así. La doctrina soviética era una religión. Pero era una religión laica y concreta.

Sus promesas no solo llevaban fecha (los planes quinquenales, con sus metas cifradas, incluso el “comunismo” al que Jrushov puso fecha: 1980), sino que además debían ser comparadas en sus resultados prácticos con los resultados de otras naciones competidoras.

Esa es la contradicción esencial entre la doctrina soviética y su creencia, y una religión normal que no precisa ni demostración ni verificación. Solo fe.

Además, esa religión laica devaluaba y erosionaba su sacralización conforme se desarrollaban sus resultados prácticos. Cuando Rusia y su espacio euroasíatico la abrazaron en 1917, aquello era una sociedad campesina en un 80%. Con el tiempo cada vez había mayor nivel educativo, mayor normalización de la vida (menos movilizaciones y sacrificios, mayor consumo y reflejos familiares e individuales de tipo clase media, podríamos decir), una mayoría urbanizada ya desde los años 60, más información sobre lo que ocurría fuera del país, y por tanto mayor capacidad de comparación entre sistemas.

Cualquier producto de importación, desde una película de Louis de Funes en la que el gendarme representante de la autoridad era un tipo grotesco, pelota y mezquino, hasta unos pantalones tejanos o la música de moda, o un radiocasete, actuaba como agujero en el muro del templo a través del cual cualquiera podía asomarse, mirar y extraer sus propias conclusiones.

Y lo que se veía por esos agujeros no era el trabajo infantil en India o Brasil, sino las luces de occidente; Nueva York, París, Londres…

De alguna forma, los propios éxitos prácticos del desarrollo social y material soviético trabajaron contra la dimensión de creencia (religiosa) de su doctrina.

En los años setenta, la afirmación central de la doctrina oficial de que la URSS representaba un estado de cosas al que toda la humanidad debía aspirar y acceder algún día (“El comunismo radiante porvenir de la humanidad”, la hoz y el martillo sobre el globo terrestre) ya había perdido toda fuerza religiosa. Contaban aspectos más banales y menos heroicos en las mentalidades: ¿Hay salchichón? ¿hay huevos y papel higiénico en las tiendas?

Fue así como el comunismo ruso-soviético perdió su alma. Una cuenta atrás que comenzó en el mismo momento de su sacralización.

Llegados aquí, dejemos clara una cosa: Todo esto no tiene nada que ver ni con la vigencia de la aspiración humana a una vida y un mundo menos injusto, ni con la actualidad del comunismo en general. Con lo que tiene que ver es con la historia ruso-soviética.

Sin atender a esto, al largo y larvado proceso histórico de muerte espiritual del comunismo como doctrina y creencia, sin esta disolución espiritual, no se entienden las otras dos disoluciones, la técnica y la degenerativa, de nuestro esquema. No se entiende la facilidad con la que todo ocurrió, sin que nada ni nadie lo impidiera u objetase.

Pasemos ahora a las consecuencias de la disolución de la URSS, último punto de mi exposición, que será mucho más breve y podemos liquidar en dos brochazos, porque todos ustedes las perciben de una u otra forma.

(concluye)

"...el conocimiento romperá las cadenas..."