viernes, 17 de marzo de 2023

Voladuras muy bien controladas

Dos momentos y un abanico de posibilidades que pretende abarcar en estos sintéticos vídeos Enric Juliana. Un primer momento próximo al hecho, un segundo cuando se sabe algo más y se enredan más aún las informaciones.

Sirvan para entender los juegos malabares que la propaganda de guerra puede hacer y hace, enmarañando los hechos hasta que llegues a ignorar quién mató a Manolete. El análisis cui prodest puede ayudar, pero siempre habrá dudas cuando se pormenoriza, porque las operaciones de falsa bandera son realidades históricamente comprobadas.

Valgan estas dos crónicas para adelantar informaciones recientes mucho más detalladas.

"Agua con gas", comenzaba anunciando con cierto humor el periodista ante este "misterio en el fondo del mar".


Después ha habido informaciones que avanzan algo más en los detalles, pero que dejan intactas las razones estratégicas de este hacho. Y ahora nuestro periodista ve en ello "algo más que un misterio".

martes, 14 de marzo de 2023

¿Por qué fracasó la Ciudad Radiante de Le Corbusier?

Me escribe Pedro Prieto comentando unas reflexiones acerca de por qué vivimos todos lejos. Con su permiso dejo aquí el mensaje, destacando los escandalosos datos sobre la huella ecológica en Japón y la negativa "patriótica" a publicarlos allí, aunque permitiendo que se hicieran públicos los referidos a otros países.

Para mover nuestro cuerpo serrano a una velocidad veinticinco veces mayor que la natural, movemos también un armatoste cuarenta veces más pesado que su carga humana. Mayor aún es la desproporción y el despropósito si comparamos el consumo energético de la marcha a pie con el del trayecto en automóvil. Y eso sin contar los otros gastos energéticos de la puesta a punto del trasto, "de la cuna a la tumba".  Los datos los puede comprobar cualquiera, Pedro solamente los refresca.

¿Por qué fracasó la Ciudad Radiante de Le Corbusier? ¡Menos mal! respondo parcialmente aliviado. Véase lo que pudo haber sido y afortunadamente no fue:

La Ville Radieuse















Muy bueno, Juanjo. Tu reflexión responde muy bien a la pregunta que me vengo haciendo desde hace años sobre lo insostenible de la gran urbe.

No importa cuándo exploten: explotarán. Un colega mío norteamericano, experto y pionero de la huella ecológica y de la capacidad de carga del planeta, nos decía al grupo en el que convivimos en virtualidad, que tuvo un alumno japonés de máster, que trabajaba en el Ministerio de Medio Ambiente japonés, al que dieron un año sabático para graduarse con él, que hizo un estudio muy completo sobre Japón y llegaron a la consecuencia de que aquello sería invivible, si no lo era ya. Su huella ecológica era de unas 5 veces la del planeta para su superficie. Solo el área de Tokio, con sus 38 millones de habitantes, ya sobrepasaba largamente la biocapacidad de todo su archipiélago. Llevó su estudio a Medio Ambiente japonés y recibieron el trabajo con entusiasmo, pero al llegar el borrador a las altas instancias, decidieron no publicarlo, porque podría resultar perjudicial para muchos japoneses. Sin embargo, les pidieron a ambos que por qué no hacían un estudio similar para otro país, de forma que pudieran presentar sus resultados, igualmente catastróficos, pero sin descubrir sus propias miserias, como primer paso para ir digiriendo el pastel.

Al hablar de crisis energética y últimamente del coche eléctrico, como el pasado sábado en Canal Sur Radio, se quedan muy descolocados cuando les hago una enmienda a la totalidad y les digo que el debate no es si coche de combustión interna o eléctrico, que es como todos plantean el dilema, sino si el coche es aceptable o no. Si mover 1.500-2.000 kilos de tara para llevar a un ser semoviente de unos 70 kilos cuando el INE dice que la ocupación promedio del coche es 1,9 pasajeros por coche (1,2 en EE.UU.) es o no una aberración. Esa relación carga/tara jamás había sido tan lamentable.

Todo para tener un monstruo parado el 97% del tiempo (unas  230 horas al año circulando) y para recorrer un promedio de 35 Km diarios, que sin esos engendros, las ciudades jamás hubiesen podido alcanzar las dimensiones actuales. EL desarrollo del vehículo privado condicionó el urbanismo y ahora no podemos volver atrás. Una trampa mortal. Para mi puede ser sencillo decir que a la mierda los coches privados y que vayamos al transporte público o que salgamos todos huyendo despavoridos de las grandes ciudades ya mismo, como familia de Lot en Sodoma y Gomorra, pero eso escandalizaría a muchos más que el estudio de aquel alumno a los japoneses.

¿Como volver atrás? Permíteme ser brutal. Quizá la respuesta esté en dejar las zonas urbanas como Bakhmut.

Sin embargo, el furor inmobiliario sigue impertérrito su camino hacia el crecimiento cancerígeno.

lunes, 13 de marzo de 2023

EEUU se beneficia de la guerra en Ucrania

Desde luego que otros Estados, coyunturalmente, pueden aprovechar la circunstancia del encarecimiento de la energía y de otras materias primas, así como de bienes de primera necesidad que el resto del mundo necesita. Hablo de Estados, porque a la mayoría de sus poblaciones no les llega esa lluvia de oportunidades de negocio.

Pero son los Estados Unidos, sus grandes corporaciones y su enorme aparato de guerra, los beneficiarios netos, mientras la Europa occidental queda supeditada a unos intereses que la dejan irremisiblemente a los pies de los caballos. Relanzar la industria bélica, aumentando el gasto militar, no salvará su economía, y se hará a costa de los servicios públicos que más necesita la población. Algo que también sufrirá la parte más indefensa del pueblo estadounidense, así como unas infraestructuras que se les caen a pedazos.

Nazanín Armanian enumera punto por punto las ventajas económicas y estratégicas que obtienen los Estados Unidos de una guerra que alimentan y en la que luchan otros.

Una duda me asalta cuando la mayoría de los analistas, y ella también, consideran que "Rusia ha cometido un gravísimo error" iniciando esta guerra. En primer lugar, ¿no estaba ya en guerra desde 2014 en el Dombás? (por cierto, la pudibunda expresión "operación militar especial" la utilizó ya el nuevo gobierno de Kiev cuando el 13 de abril de 2014 se lanzó a reconquistar el extremo oriental del país). En segundo lugar, analizado el panorama que se presentaba, ¿podía Rusia permitir que la OTAN rodeara completamente sus salidas al mar y además quedara expuesta a un ataque relámpago a sus cercanísimos centros vitales? Es obvio que los norteamericanos jamás consentirían algo parecido.

Sería interesante que quienes hablan de tal "error" propusieran alternativas a la comentada "operación militar especial".

Hay un libro interesante que plantea el eterno dilema que supone el choque (y el entrecruzamiento) de la ética con la geopolítica. Se titula Stalin el Grande, escrito por el militar español Anselmo Santos. Pese a su título, no es una hagiografía. Es muy recomendable su epílogo, un imaginario Dialogo sobre el poder entre Stalin y Gorbachov.

En esta fotografía aérea tomada el 7 de diciembre de 2022, un experto de la oficina del fiscal examina restos de proyectiles y misiles utilizados por el ejército ruso.

Aleksey FILIPPOV / AFP













Estados Unidos y sus aliados occidentales bloquearon los esfuerzos de mediación israelí para llegar a una paz entre Rusia y Ucrania en marzo el año pasado, según ha revelado el exprimer ministro israelí, Naftali Bennett. Israel había conseguido que Moscú renunciara al desarme de Ucrania y su «desnazificación» (o sea, la eliminación de Volodímir Zelenski), y Kiev, por su parte, aparcaría la idea de integrarse en la OTAN, la casus belli de la invasión rusa.

Joe Biden, que es uno de los líderes más belicistas del Partido Demócrata, y fue el favorito de los halcones de la OTAN para sustituir a Donald Trump, por negarse a lanzar guerras imperialistas, respaldó con entusiasmo, en 2004, la inclusión en la Alianza Atlántica de Bulgaria, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania. Y ahora promete "apoyar a Ucrania durante el tiempo que sea necesario": ¿De vuelta al chollo de las "guerras eternas"? En su nueva versión, el combate cósmico entre el Bien (EEUU) y el Mal (Rusia), tiene un nuevo Hombre del Saco, el villano Vladimir Putin, un nuevo héroe Volodímir Zelenski, y el anuncio del apocalipsis. ¿En serio que el destino de la humanidad depende de Dombás o Crimea? De los 830 millones de personas que sufren hambre en el mundo, 345 millones en 45 países (cifra duplicada desde 2019), viven en una situación crítica y 50 millones están al borde de la inanición: en Afganistán "liberado" por la OTAN, por ejemplo.

El segundo mantra, afirmando que la guerra la inició la persona de Vladimir Putin y terminará sólo cuando él decida retirar sus tropas de Ucrania, es contar la película a partir del minuto 45, censurando que iban a apuntar a esta nación con armas de destrucción masiva de todo tipo. La "guerra preventiva" de Rusia contra Ucrania ha sido un gravísimo error, pero ha sido EEUU quien ha ofrecido a Ucrania y Georgia, vecinos de Rusia y países que deberían permanecer como amortiguadores, unirse a la OTAN. ¿Se imaginan que México o Canadá fueran miembros de un Pacto de Varsovia? Incluso en la era soviética, y con el fin de desestabilizar la URSS, Washington patrocinó en 1978, a los yihadistas sunnitas en Afganistán, a un Jomeini de extrema derecha anticomunista chiita en Irán, y a su homólogo católico, Lech Walesa, en Polonia. ¿Fue una coincidencia, que el mismo año y por primera vez en la historia del Vaticano, un cardenal polaco profundamente antisoviético, y enemigo de la Teología Cristiana de Liberación, llamado Karol Wojtyla, se convirtiera en el Papa?

La verdad siempre es la primera víctima de la guerra, y también en Ucrania, y, al igual que el asunto de las "armas de destrucción masiva de Sadam Husein" fue solo una de las 7 mentiras de la guerra contra Irak para conseguir unos 10 objetivos, los bulos abundan. Entre los últimos bulos para atizar el fuego del conflicto:
  • "La voluntad de China para enviar armas chinas a Rusia". ¿Qué quiere decir la "Voluntad"? Hasta el ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, se ha reído: "Creo que si China le ayuda no será armamento. Será algo parecido a la ropa lo que le envíe".
  • "El ataque ruso con misiles a Polonia", el bulo del 16 de noviembre, que le sirvió a la OTAN para enseñar más dientes en la "defensa de su territorio". Luego resultó que el misil tierra-aire S300 había sido disparado por Ucrania que no por Rusia.
La estrategia de Prometeizm, de debilitar a Rusia en el tablero euroasiático, diseñada hace un siglo, se ha intensificado. Tras la destrucción de la URSS, Washington planeó desmantelar la Federación Rusa capitalista al ver que le era imposible domarla, dominarla. El león no deja de ser león aun muerto, reza un dicho persa.

En esta zona de guerra, devastada por la estupidez humana, hundida en un inmenso dolor de quienes desde, al menos 2014, pagan con su vida la nueva configuración del mapa del mundo, el conflicto armado, al igual que todos, se ha gestado durante años, y en unos contextos históricos, políticos, sociales, y económicos, que no por la decisión del mandatario de una de las partes. Estaría bien que se formase un tribunal internacional para juzgar los crímenes de guerra cometidos por Rusia y Ucrania, pero también por EEUU en Vietnam, Yugoslavia, Irak, Afganistán, Yemen, o Libia.

La guerra de Ucrania, que es la primera que sucede, tras la Segunda Guerra Mundial, entre los estados industrializados, es una guerra proxy (indirecta, delegada) de EEUU contra Rusia, gestada en 2014, y plasmada en la foto del criminal de guerra en serie estadounidense John McCain en la plaza Maidan ("Plaza", en árabe y en persa) de Kiev prestando apoyo a las fuerzas fascistas locales. Y eso sucedió cuando Kiev rechazó las demandas del Fondo Monetario Internacional de la venta de compañías públicas, desmantelar los programas de seguridad social, aumentar la edad de jubilación, eliminar el salario mínimo y los convenios colectivos, entre otras medidas de protección de la sociedad frente a un capitalismo buitre e insaciable.

Hoy, Ucrania, el país caído en desgracia, es el nuevo campo de pruebas para nuevas armas y nuevas operaciones psicológicas del control de las masas, donde los principales sectores de la economía estadounidenses -militar, energético, financiero y digital-, se han involucrado de lleno.

Los objetivos y la utilidad de esta guerra para EEUU
  • Conseguir el control sobre la Eurasia (Heartland, Corazón de la Tierra), y así mantener la supremacía global.  "Tenemos interés no solo en las tierras al oeste del río Oder, sino también en el destino de los 200 millones de personas que viven en las naciones entre los mares Báltico y Negro", reconoció la secretaria de Estado Madeleine Albright en 1997.  Desde 2017, la OTAN ha instalado grupos de batalla en Bulgaria, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania y Eslovaquia, y ha aumentado el número de tropas, barcos y aviones en el flanco oriental de la Alianza, desde el Mar Báltico en el norte hasta el Mar Negro en el sur, rodeando Rusia. ¿Se imaginan estas mismas operaciones, por parte de Rusia y China, alrededor de EEUU?
  • Frustrar cualquier iniciativa rusa en la región, para recuperar su poder antaño.
  • Incrementar la presencia de la OTAN en su flanco oriental, destruyendo el poderío militar ruso, -que ha sufrido masivas pérdidas en soldados y armas-, de cara a futuros conflictos (y ¡lo ha hecho sin sufrir una sola baja!). Los ucranianos son simples carne de cañón.
  • Correr una cortina de humo sobre el "abandono a los afganos". Ya nadie se acuerda de ellos y sobre todo de ellas.
  • Imponer un cambio de régimen en Moscú. ¿Es posible? Si consiguieron cambiar el sistema socialista para restaurar el capitalismo, no será difícil patrocinar el ascenso de otro Yeltsin al poder.
  • Romper la alianza entre China y Rusia, aunque ha sucedido lo contrario. Es más, gigantes como India o Brasil se han colocado del lado de Rusia y China con los que están unidos en el Tratado de cooperación BRIC. Justamente, una de las señales de la perdida de la hegemonía mundial por EEUU es que sus aliados más próximos, como Israel y Arabia Saudí, se han negado a participar en las sanciones contra Rusia.
  • Acabar con la asociación económica germano-rusa. A estas alturas, da igual quien haya volado el gaseoducto Nord Stream. El valor de las empresas estadounidenses de perforación en alta mar ha subido un espectacular 42% en el mercado.
  • Debilitar a los países "contestones" de Europa, Francia y Alemania. Una guerra en sus puertas ha sido la fórmula más eficaz para obligarles a gastar el 2% de su PIB en armas.
  • Aumentar aún más el presupuesto militar de EEUU. 1,7 billones de dólares es la partida asignada para la guerra por el gobierno de Biden, que ya ha enviado a Kiev un paquete de 40.000 millones de dólares, y otros miles de millones por sus socios para que Ucrania recupere sus territorios ocupados por Rusia. ¿Por qué no han tomado las mismas medidas (incluida el envío de armas) a los palestinos cuyas tierras también han sido ocupados por Israel desde hace siete décadas? Incluso, con parte de esta astronómica cantidad, podría paliar la pobreza de los 45 millones de estadounidenses y mejorar la infraestructura del país que cae a trozos.
  • Dar protagonismo al sector militar. Aunque las empresas militares occidentales necesitan unos años para ganar con la guerra de Ucrania, por el momento, la alemana Rheinmetall, que fabrica tanques Leopard, y el fabricante de municiones noruego-finlandés NAMMO, se han resucitado.
Animar el mercado de armas en lo siguiente:
  • Probar nuevas armas: el dron suicida Switchblade 300 o los  lanzacohetes múltiples M142 funcionan bien, concluyen, pero el misil diseñado para apuntar a los sistemas de radar enemigos no tanto.
  • Copiar las armas fabricadas por el enemigo. Los drones kamikazes usados por Rusia han llevado a EEUU a diseñar un nuevo vehículo blindado, y fabricar unos drones desechables y baratos.
  • Examinar nuevas tecnologías: el sistema Starlink de Elon Musk, uno de ellos.
  • Asignar nuevas tareas para las compañías militares privadas (PMC). Aunque, la prensa sólo habla de Wagner, mercenarios al servicio de Rusia, numerosas PMC, como el Grupo Mozart, operan en Ucrania como "asesores" "entrenadores" "guardaespaldas", incluso para evacuar a las familias pudientes de las zonas de guerra.
  • Acabar con el absurdo sueño de la élite rusa de restaurar una Rusia Grande: ¿para qué quiere más territorios, si tenía un suelo 23,8% veces más grande que el actual y lo perdió sin que nadie le disparase un solo misil?
  • Tener control sobre Ucrania, y por ende, sobre un punto de distribución energética y sobre la seguridad alimentaria mundial.
  • Aumentar los beneficios de las compañías energéticas estadounidenses, con las sanciones impuestas a Rusia. El presidente Emanuel Macron denuncia que EEUU vende su gas a los europeos a un precio cuatro veces superior al que ofrece a su mercado interno, aunque carece de valentía de oponerse a dichas sanciones. Los altos precios del petróleo no solo beneficiaron a Rusia, Noruega y Arabia saudí (que tuvo una ganancia de 42,4 mil millones de dólares sólo en el tercer trimestre de 2022),  sino también a las compañías estadounidenses ExxonMobil, que en 2022 ganó 56.000 millones de dólares, superando el récord del año anterior de 45,2 mil millones.
  • Consolidar su liderazgo sobre la OTAN, justo cuando la UE hablaba de "crear un ejército europeo". Europa coincide con la demanda de Rusia y China (y el Sur global) en oponerse a la imposición de la agenda mundial de EEUU.
  • Mostrar a sus socios los beneficios de aliarse con la superpotencia, y dando a la OTAN, que experimenta su mayor ampliación de la alianza militar, un propósito renovado. ¿Habrían solicitado Suecia y Finlandia ingresarse en la OTAN sin esta guerra?
  • Que países como Francia rechazaran abiertamente disminuir sus relaciones comerciales con China llevó a Washington a utilizar esta guerra para forzarlos a someterse a los mandatos de la Casa Blanca.
  • Militarizar aún más las relaciones internacionales, donde el poderío de EEUU sigue siendo superior a una China que es la principal potencia industrial y comercial del mundo con el idioma más hablado y el ejército más grande del planeta y una diáspora que pueden poner en jaque a los líderes de los países de acogida.
La guerra es inherente a la economía de mercado y al capitalismo. Uno de los motivos de que los movimientos antimilitaristas no avancen es justamente apuntar a este nexo.

sábado, 11 de marzo de 2023

¿Por qué vivimos todos lejos?

Hasta que empecé a estudiar arquitectura, el biscúter era lo único que podía relacionar con Gabriel Voisin. Entonces supe del literalmente demoledor Plan Voisin, que habría podido poner París patas arriba. Con más éxito lo había hecho ya el barón Haussmann, y Le Corbusier no quiso quedarse atrás. 

Nuestro primer profesor de proyectos fue Alejandro de la Sota. A una de sus mejores obras, la que frecuento cada semana para mantenerme en forma, he dedicado dos páginas de este blog (se pueden ver aquí y aquí). Don Alejandro atrajo al movimiento moderno a toda una promoción.

Entre los que consideraba "los cinco grandes" no podía faltar el arquitecto suizo. Los otros eran Gropius, Mies, Aalto y Wright. Aunque no estén todos los que son, lo son desde luego todos los que están en la lista. No sólo nos entusiasmamos con el gran arquitecto que fue Le Corbusier, sino con el urbanista visionario cuyas propuestas no dejarían pasar de largo los genios de la especulación.

Recuerdo haber hecho por entonces un trabajo sobre este plan para una ciudad de tres millones de habitantes. Algunos cursos más adelante su influencia sobre mí seguía intacta, y junto a otros dos colegas presenté un proyecto (recuerdo la maqueta, con rascacielos de tiza puestos de pie) a otro profesor, Julio Cano Lasso, que tímidamente nos dejó caer que este tipo de urbanismo empezaba a ser puesto en cuestión. Nos parecía a muchos un reaccionario porque había osado escribir El ladrillo, material moderno. 


Por entonces lo que se llevaba era la prefabricación, cuanto más pesada mejor, que tan eficazmente había permitido dotar de vivienda a tanta gente en los países socialistas, pero también en otros occidentales con políticas socialdemócratas, tras las destrucciones de la segunda guerra mundial.

Algún otro profesor de urbanismo nos hizo leer a Jane Jacobs y su gran obra Muerte y vida de las grandes ciudades. Por aquel entonces esto iba en contra de mis principios, y recuerdo haber criticado el libro con cierta acidez. Los planteamientos chocaban frontalmente con las ideas de planificación y zonificación. Aún éramos desarrollistas y crecentistas; la "otra visión" del marxismo ecologista chocaba de frente con la emulación en marcha entre la URSS y Occidente, antes de que primero una y luego el otro se fueran desinflando. Tiempos vendrían para otros análisis más acordes con la realidad.

Como suele ocurrir, cuando algo se hace evidente te das cuenta de que ya tenías los datos para descubrir ese punto ciego que no suele faltar en los análisis y que antes no podías ver. Había estudiado termodinámica, incluso en el bachillerato me deprimía pensar en la muerte térmica del universoTampoco podía ignorar los límites planetarios, y conocía cómo se dispara el crecimiento exponencial. Pero el "pensamiento práctico" aplicado a temas concretos e inmediatos impide con frecuencia situar correctamente los problemas.

Ya en estos otros tiempos que no queríamos ver venir colgué en el blog los artículos Por arriba y por abajo y Urbanismo ecosistémico. Revisionismo del bueno.

Ahora, el artículo de José María Ariza de la Cruz, doctorando en Sociología Urbana en la Universidad Complutense de Madrid, que copio y subrayo a continuación, relaciona también el urbanismo de la velocidad con el individualismo y la insolidaridad que nos atrapa.


Fotografía de Los Ángeles. Daniel Lee / Unsplash







“Una ciudad hecha para la velocidad es una ciudad hecha para el éxito”. Esta frase, atribuida a Le Corbusier, uno de los urbanistas más influyentes del siglo XX, condensa uno de los procesos sociales más importantes vividos en ese periodo.

La movilidad es un aspecto central en la configuración del tejido social. Para el catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla Eduardo Bericat, toda forma de sociedad lleva aparejada un sistema de movilidad. Por tanto, sus transformaciones suponen cambios antropológicos de enorme importancia.

El autor categorizó la época actual como el sedentarismo nómada. La mayoría de las personas vivimos en viviendas fijas, característica propia del sedentarismo. Pero nuestras vidas están en constante movimiento. No es una cuestión de cantidad exclusivamente, también de tiempo y distancia. Aquí es donde entran en juego los avances tecnológicos, y, concretamente, el coche.

Su generalización ha permitido algo anómalo en la historia de la humanidad: recorrer grandes distancias en un tiempo muy escaso. Esto ensancha notablemente nuestro espacio vital. Podemos estar en multitud de lugares en un solo día –lugares radicalmente diferentes entre sí–, lo que conlleva que se multiplique el número de interacciones sociales que tenemos a diario. Pero también, que, necesariamente, la mayoría de ellas sean efímeras. Precisamente para Bericat el sedentarismo nómada se basa en la sociabilidad efímera.

La velocidad y las distancias

Y eso es consecuencia de la velocidad, aquella que Le Corbusier asociaba al éxito. Este era el signo de su tiempo. Cada vez eran más las personas que vivían en ciudades y estas cada vez eran más grandes. Recorrer su creciente extensión requería determinadas infraestructuras, especialmente carreteras. La ciudad estaba obsoleta. Su trazado irregular y de calles estrechas no era funcional, debía adaptarse a la velocidad. En este marco cultural se encuadra el Plan Voisin de 1925.

Maqueta del Plan Voisin (1925) Siefkin DR / Wikimedia Commons, CC BY-SA







El objetivo de este proyecto urbanístico era destruir el centro de París para sustituirlo por los edificios que se ven en la imagen. El nombre viene de Gabriel Voisin, un fabricante de vehículos y aviones que patrocinó el proyecto. La trama urbana se componía de torres en forma de cruz, y, como se puede observar, era perfecta para la circulación del vehículo privado: rectilínea y con amplios espacios entre edificios para construir calles lo suficientemente anchas.

Barcelona también tuvo un proyecto parecido, Plan Macià, de 1934, en el que participó directamente Le Corbusier. Su nombre se debía a Francesc Macià, por entonces presidente de la Generalitat, lo que muestra la importancia que se le dio en la época.

Ninguno de los dos planes fue llevado a cabo finalmente. No obstante, las ideas que los configuraban han seguido teniendo éxito hasta nuestros días.

Las autopistas a las afueras en EE. UU.

La construcción de autopistas urbanas en Estados Unidos es un buen ejemplo de ello. Según el Departamento de Transporte estadounidense, de 1957 a 1977 fueron desplazadas más de un millón de personas de sus casas por este motivo. La mayoría de las autopistas atravesaron barrios de población negra, los dividieron en dos y acabaron con buena parte de su comercio, con profundas consecuencias negativas también en su tejido social.

El objetivo de estas carreteras era precisamente conectar los suburbios que estaban proliferando en aquella época en el país. En muchas ocasiones estos barrios excluían a la población negra, fomentado de facto la segregación racial. Es lo que ha sido categorizado como “la huida blanca”.

En realidad, se estaba poniendo en práctica la teoría del sedentarismo nómada. Se sacrificaban barrios con una intensa vida social y comunitaria en nombre de la velocidad, necesaria para desplazarse entre núcleos urbanos cada vez más dispersos con una vida cada vez más individualista. A esto último contribuía el tejido urbano propio del suburbio, de baja densidad y formado por largas hileras de chalés unifamiliares.

Las ideas de Jacobs frente a Moses

La famosa lucha entre Jane Jacobs y Robert Moses encarna a la perfección los conflictos generados por los cambios sociales derivados de este nuevo paradigma de movilidad.

Jacobs, activista y una de las urbanistas más influyentes del siglo pasado, se opuso junto a su vecindario a la construcción de una autopista que atravesaría su barrio en Manhattan: el Greenwich Village. Esta construcción había sido planificada por Moses, un alto funcionario del Estado de Nueva York con gran poder en la obra pública, en 1955. La autopista no fue levantada finalmente gracias a la lucha vecinal, aunque muchas otras sí lo fueron.

Autopista que cruzaría el bajo Manhattan. Library of Congress / Wikimedia Commons






Jacobs, como intelectual, defendía una ciudad compleja y diversa en la que los usos del suelo se mezclaran. Proponía que compartieran espacio en los barrios las viviendas, el comercio y el trabajo, que hubiera una densidad suficiente para que aflorara la vida social en el espacio público, imprescindible para el desarrollo de una sociabilidad comunitaria.

Este era el motor ideológico de su lucha contra Moses –por supuesto, también evitar la destrucción del Village–. Tenía la firme creencia de que la ciudad construida en torno al coche iba a acabar con todo ello.

El presente es distante, ¿y el futuro?

En cambio, las ideas que se impusieron mayoritariamente a lo largo del mundo –en retroalimentación con las transformaciones tecnológicas en el ámbito del transporte– fueron las de personas como Le Corbusier o Moses. Las ciudades que surgieron de ellas durante el siglo XX estaban diseñadas en torno a la velocidad del desplazamiento, y, por tanto, para el vehículo privado. Pero su propio diseño lo hacía cada vez más necesario en un ciclo sin fin de retroalimentación. Ciudades cada vez menos densas y más dispersas, divididas por zonas según su función, con las viviendas, el trabajo y el ocio cada vez más distanciados.

Fotografía de Dubái. David Rodrigo  / Unsplash











Ya adentrados en pleno siglo XXI, ¿es posible que esté regresando el péndulo de la movilidad? Cada vez hay más voces que reclaman orientar las ciudades a la movilidad de proximidad. Que podamos satisfacer nuestras necesidades vitales en nuestro entorno cercano. La urgencia del cambio climático lo requiere, dado que el vehículo privado es un gran emisor de gases de efecto invernadero.

Pero esta reclamación también surge de la pulsión social por recuperar los vínculos comunitarios, los cuidados, el apoyo mutuo. Aquello que el individualismo propio de sedentarismo nómada lleva décadas debilitando.

miércoles, 8 de marzo de 2023

La oligarquía occidental

La marcha de Ferrovial a los "más cálidos" Países Bajos prueba lo ingenuo que resulta pedirles "responsabilidad" a los gestores del capital, eso que a veces hace esa izquierda tenue, la que ahora mismo está rogando a las cadenas de distribución de alimentos que sean ellas las que "topen" los precios de los bienes de primera necesidad.

El carácter implacable de estos lobos, sean de Wall Street o de IBEX Rails, lo confirma el lema que resume la personalidad de Rafael del Pino: no hacer suyos los problemas de los demásAunque hagan de los demás los problemas suyos.

Siguiendo ese camino sin salida nos ponen en las manos, parcialmente invisibles, de personajes de este calibre; y de otros, todavía más grandes y discretos, de perfiles ocultos al público.

¿Recordáis el final de la novela Cinco semanas en globo? Para prolongar un poco más la agonía de un aerostato que perdía gas a todo gas los tripulantes se desembarazaban de todo lo que había en el globo, incluido el propio habitáculo; una metáfora que a Julio Verne no se le pudo alcanzar.

El economista soviético Liberman fue uno de los primeros que quisieron frenar el estancamiento y la ineficiencia que lastraban el crecimiento de su país mediante una muy controlada liberalización. A la ligera recuperación siguió un nuevo y más prolongado parón. Finalmente, Gorbachov, tal vez ignorando lo que luego vendría, destapó la caja de los truenos.

El último presidente de la URSS abrió de par en par la puerta por la que se coló el primer presidente de la nueva Rusia, y desde entonces todo ha venido rodado. El siniestro proceso que siguió lo resume un artículo de Simon Elmer que tomo prestado de Arrezafe.

El artículo, en inglés, aquí, acompañado de una nota:

Simon Elmer es autor de dos nuevos volúmenes de artículos sobre el estado de bioseguridad del Reino Unido, Virtue and Terror y The New Normal, disponibles en tapa dura, tapa blanda y libro electrónico. Este artículo es un extracto de la Introducción al Volumen 1. 

De este autor se ha publicado en España Camino hacia el fascismo. Recordemos que un fascista es un burgués asustado. No les faltan razones para estarlo, y a nosotros tampoco.

Simon Elmer

Uno de los obstáculos para comprender la destrucción, aparentemente deliberada, de las pequeñas y medianas empresas –que en Reino Unido ha supuesto la desaparición de medio millón desde 2020 y la eliminación de nuestra soberanía nacional con la justificación de salvarnos consecutivamente de: una crisis sanitaria, una crisis ambiental, una crisis energética o crisis del costo de vida–, es la cuestión de cómo alguien puede beneficiarse de ello. Si bien es difícil mirar hacia el futuro y predecir lo que sucederá, podemos intentar aprender del pasado reciente.

Si queremos saber a dónde conduce este empobrecimiento y privación de derechos de la población británica y quiénes se beneficiarán, podemos observar lo que le sucedió a Rusia en la década de 1990.

Cuando Mikhail Gorbachov se convirtió en Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética en marzo de 1985, puso inmediatamente en marcha su perestroika ('reestructuración') política y económica de la URSS. Cinco años después, en septiembre de 1990, bajo una reforma denominada glasnost ('apertura'), el parlamento soviético concedió a Gorbachov, recién elegido presidente de la URSS, poderes de emergencia para la privatización. Esto suponía autoridad para transformar empresas estatales en sociedades anónimas con acciones ofertadas en las bolsas de valores. Tras la renuncia de Gorbachov y la disolución formal de la URSS en diciembre de 1991, el primer presidente ruso, Boris Yeltsin, inició un programa de privatización que buscaba comprimir veinte años de neoliberalismo occidental en unos pocos años y en un país cuya población no tenía experiencia ni sabía cómo funciona el capitalismo financiero.

Dos años después, se habían privatizado más del
85 por ciento de las pequeñas empresas rusas y más de 82.000 empresas estatales rusas, alrededor de un tercio del total existente.

Una de las primeras iniciativas consistió en la Privatización de Bonos del Estado, que entre 1992 y 1994 distribuyó 144 millones de bonos –convertibles en acciones de más de 100.000 empresas estatales– entre el 98 por ciento de la población rusa, en teoría entregando a cada ciudadano una parte del capital social de la riqueza nacional. Sin embargo, el trabajador ruso se empobreció, padeciendo un creciente desempleo debido al veloz desmantelamiento de la economía soviética, y dada su escasa comprensión del capitalismo bursátil, estos vales fueron comprados, casi en su totalidad y por unos pocos rublos, por burócratas que tenían una idea más clara del estado de la economía rusa, por directores de empresas estatales, que comprendían mejor el valor de los recursos nacionales, y por la mafia,

A fines de junio de 1994, la propiedad del 70 por ciento de las grandes y medianas empresas de Rusia y alrededor del 90 por ciento de las pequeñas, habían pasado a manos privadas.

En 1995, con el Gobierno enfrentando un déficit fiscal y a cambio de financiar su campaña de reelección, Yeltsin inició el esquema de Préstamos por Acciones, a través del cual los activos industriales estatales en petróleo, gas, carbón, hierro y acero fueron subastados a cambio de préstamos dados por empresas comerciales y bancos. Dado que estos préstamos nunca se devolvieron, en gran parte porque se utilizaron para pagar los intereses de la deuda pública existente, y porque
las subastas fueron manipuladas por aventajados políticos, los activos estatales se vendieron, en efecto, por una fracción de su valor. Yukos Oil, por ejemplo, con un valor en torno a los 5 mil millones de dólares, se vendió por 310 millones; Sibneft, el tercer mayor productor de petróleo en Rusia y con un valor estimado en 3 mil millones de dólares, se vendió por 100 millones, y Norilsk Nickel, que producía una cuarta parte del níquel del mundo, se vendió por 170 millones de dólares, la mitad de una oferta de la competencia.

Este esquema propició una nueva clase de oligarcas (del antiguo griego oligarkhía, 'gobierno de unos pocos'), industriales y banqueros que ahora controlaban no sólo la economía rusa, sino también su gobierno. Conscientes, sin embargo, de que futuros gobiernos podrían revertir la venta masiva de la riqueza de la nación llevada a cabo por Yeltsin, los oligarcas, en lugar de invertir en estas industrias, inmediatamente se dedicaron a despojarlas de sus activos a fin de aumentar su capital. La enorme riqueza acumulada por estos oligarcas se trasladó e invirtió en el extranjero, principalmente en bancos suizos, pero también en el Reino Unido mediante el dispositivo de lavado de dinero más grande del mundo: la City of London, a través del cual, más de 100 mil millones de libras de 'dinero sucio' circula cada año, la mayor parte proveniente de Rusia y Ucrania.

Esta fuga de capitales al extranjero impidió al Gobierno recaudar impuestos, lo que provocó el incumplimiento de los pagos de la deuda y, en última instancia, la crisis financiera rusa de 1998. Cuando los inversionistas extranjeros comenzaron a retirarse del mercado, vendiendo moneda y activos rusos, el Banco Central de Rusia, recién fundado en julio de 1990, tuvo que disponer de sus reservas extranjeras para defender la moneda rusa, gastando aproximadamente 27 mil millones de dólares estadounidenses. Esto condujo al colapso económico más catastrófico de la historia que, en tiempos de paz, haya sufrido un país industrial. Para 1999, el producto interno bruto de Rusia se había reducido en más del 40 por ciento, y los precios minoristas, que aumentaron en un 2.520 por ciento en 1992, había acabado con los ahorros personales que el pueblo ruso había acumulado. La disminución del consumo de carne se reflejó en un enorme aumento en el crimen, la corrupción y una mortalidad que alcanzó el nivel más alto en la historia de un país industrial en tiempos de paz. El desempleo, desconocido hasta entonces, llegó al 13 por ciento. La inflación alcanzó un máximo del 85,7 por ciento. La deuda del gobierno alcanzó el 135 por ciento del PIB y, en consecuencia, Rusia se convirtió en el mayor deudor del Fondo Monetario Internacional, con préstamos por un total de 20 mil millones de dólares en la década de 1990. Sin embargo, la cuarta parte de dicha suma, unos 4.800 millones de dólares, no llegó a Rusia, fue robada en vísperas de la crisis financiera y desapareció en una cuenta anónima registrada en el
paraíso fiscal de Jersey (EEUU).

Si todo esto te suena familiar, es porque las reformas de Yeltsin se basaron en
el Consenso de Washington, diez principios de la neoliberalización económica implementados por primera vez en el Chile de Augusto Pinochet y por la Junta argentina en la década de 1970, e impuestos por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Tesoro de EEUU como condición para recibir préstamos. Dichos principios suponen, en definitiva, redirigir el gasto público hacia el sector privado, educación, sanidad, etc; eliminar las restricciones a la importación y la inversión extranjera; abolir las normas sobre seguridad, salud y contaminación del medio ambiente que obstaculicen el mercado; y, sobre todo, la privatización de las industrias estatales.

A raíz de estas reformas, en octubre de 1998, el Gobierno de Rusia –a pesar de ser esta el mayor exportador de gas natural y reservas de petróleo del mundo–, tuvo que solicitar ayuda humanitaria internacional. Para la URSS, fue largo el camino hasta llegar a ser una gran potencia, pero en apenas un instante, aprendió una lección sobre la rapidez con la que la riqueza y los activos de un país pueden ser despojados y su indefensa población expuesta a las
depredadoras finanzas capitalistas.

Aunque se ha 'recuperado' hasta el punto de que hoy –particularmente tras del aumento de los precios de la energía
como consecuencia de las sanciones Rusia se encuentra entre las diez economías más grandes del mundo por PIB nominal, per cápita cae al puesto 53. Hace una década, la brecha entre ricos y pobres en Rusia era la más grande de cualquier país del mundo, con el 35 por ciento de la riqueza de un país de 144 millones de personas, en manos de sólo 110 multimillonarios, con gran parte de dicha riqueza depositada en paraísos fiscales extranjeros. En 2021, los 500 rusos más ricos, cada uno con una fortuna neta de más de 100 millones de libras esterlinas y representando solo el 0,001 % de la población total, aún controlaban el 40 % de la riqueza doméstica total del país más que el 99,8 por ciento más pobre, 114,6 millones de personas. Esto es lo que le hace el capitalismo financiero a una nación y un pueblo sin los medios políticos e institucionales necesarios para protegerse.

Hoy, las democracias neoliberales de Occidente, los gobiernos nacionales sometidos a las nuevas formas de gobernanza global surgidas con la justificación de abordar las múltiples “crisis” fabricadas, están implementando programas administrativos de colapso económico equivalentes, ideados por las mismas instituciones internacionales que administran la macroeconomía global.

En lugar de Perestroika y Glasnost, Privatización de Bonos del Estado y Préstamos por Acciones, este programa de “reformas” económicas y políticas se denomina
Agenda 2030, Objetivos de Desarrollo Sostenible, Renta Básica Universal y Moneda Digital del Banco Central. Y aunque dichas “reformas” se están implementando, no a causa del colapso de una economía como la de la Unión Soviética, sino en economías neoliberales que enfrentan a la segunda Crisis Financiera Global en doce años, el objetivo de estos programas es el mismo: empobrecimiento de las poblaciones nacionales, quiebra de empresas independientes, expropiación de tierras y recursos nacionales, instauración de gobiernos títeres para dar una fachada “democrática” al gobierno tecnocrático, y toma del poder económico y político por una clase dirigente financiera.

La eliminación de nuestros derechos, la reducción de nuestro nivel de vida, la reducción de nuestro consumo de alimentos y energía, la inflación en espiral, las sanciones económicas y los programas que los imponen, están diseñados para transferir nuestros bienes nacionales y personales a las manos de esta élite mundial. Tal como sucedió en Rusia en la década de 1990, el Banco de Inglaterra ha aumentado su programa de flexibilización cuantitativa para rescatar a la economía del Reino Unido, gastando recientemente
19.300 millones de libras esterlinas en la compra de bonos del gobierno a fin de apuntalar la libra en quiebra, con el compromiso de gastar 65.000 millones de libras esterlinas si fuera necesario. Con el número más alto de empresas insolventes el 13 años, en 2022, con las pequeñas empresas llevadas a la bancarrota por dos años de cierre impuesto por el gobierno y los precios vertiginosos de la energía, han visto cómo su cuota de mercado ha sido comprada por los monopolios corporativos. El Banco de Inglaterra pronosticó que la inflación alcanzaría el 13 por ciento a principios de 2023, y algunas estimaciones predicen un máximo del 18 por ciento. Y los funcionarios y autoridades del Estado británico continúan siendo subcontratados por nuestro Gobierno a empresas internacionales que están siendo facultadas por la nueva legislación para establecer los límites de nuestros derechos y libertades anteriormente inalienables. Finalmente, nuestro nuevo Primer Ministro globalista no ha sido elegido, ni por los votantes del Reino Unido, ni por su propio partido parlamentario, sino por los financieros y tecnócratas internacionales que, tal como hicieron en Rusia y hacen en Ucrania, ahora dictan no sólo nuestras políticas económicas, sino también nuestra política estatal.

Permítanme aclarar lo que quiero decir y lo que no quiero decir con esta comparación, en un esfuerzo por evitar algunas de las refutaciones más tontas de los paladines de la OTAN que agitan la union-jack [bandera británica].

No estoy diciendo que la Rusia postsoviética sea un espejo del Reino Unido en 2023.

Las diferencias entre las circunstancias históricas y las economías de los dos países son demasiado grandes. Lo que estoy argumentando es que la destrucción controlada de la economía rusa tras la disolución de la Unión Soviética, ofrece una imagen de hacia dónde nos dirigimos y por qué estamos siendo conducidos hacia tal fin. Los oligarcas rusos y ucranianos no sólo estaban motivados por la riqueza que podían sacar de sus países y llevarla a jurisdicciones fiscales extraterritoriales administradas por asesores financieros en la City de Londres; estaban, y están, interesados en el poder político que les otorgaba la riqueza. Y así como eligieron a Vladimir Putin para ser el sucesor del tambaleante Boris Yeltsin, nuestros oligarcas han elegido a Rishi Sunak como el sucesor del tambaleante Boris Johnson.

Sin embargo, mientras Putin logró restar gran parte del poder que tanto oligarcas rusos como ucranianos ejercían sobre la economía y la política de su país,
aumentando el PIB, reduciendo la inflación y la deuda nacional, aumentando las reservas de divisas, los ingresos, las pensiones y el valor de el rublo, no podemos esperar tales milagros de Sunak, tan inmerso en los bolsillos de sus equivalentes occidentales que apenas se le ve la parte superior de la cabeza mientras brinca arriba y abajo dentro de su cajón enjabonado.

El Reino Unido no ha sido un estado democrático desde, al menos, marzo de 2020, cuando el país fue colocado en un estado de facto. El Estado de Emergencia y las miles de regulaciones que nos despojaron de nuestros derechos y libertades, fueron hechos y aplicados por decreto ministerial sin la supervisión o aprobación de nuestros representantes electos en el Parlamento. Esas restricciones se levantaron en gran medida en marzo de 2022, pero todavía son impuestas por empresas públicas y privadas, incluidas las aerolíneas y el Servicio Nacional de Salud, como condición de acceso, servicio o empleo. La decisión unilateral de Sunak de imponer los programas y tecnologías de bioseguridad nacional y la Agenda 2030 al margen de cualquier proceso democrático, es la descarada prueba de que estamos gobernados por tecnocracias internacionales de gobernanza global dirigidas por ejecutivos corporativos, banqueros internacionales y tecnócratas designados por el gobierno. Aunque hoy les llamemos “filántropos”, “emprendedores” e “inversores globales”,

Las sanciones económicas y culturales impuestas a Rusia y la inmensa inversión financiera y militar en Ucrania por parte de este gobierno global desde marzo de 2022, son fundamentales para la guerra financiera que estos globalistas occidentales están librando contra los oligarcas de Rusia; pero, contrariamente a la retórica de nuestros políticos y actores, no lo hacen para defender los derechos humanos de los ucranianos y del gobierno títere instalado por el golpe de estado de 2014 diseñado por los EEUU, sino para emular, reemplazar y superar a esa oligarquía en riqueza, influencia política y sobre todo control sobre los inmensos recursos naturales de Rusia y, en lo inmediato, los de Ucrania.

El reciente anuncio del presidente Volodymyr Zelensky de que –tras los
100 mil millones de euros en ayuda militar, financiera y humanitaria que Occidente entregó a su Gobierno en 2022– las gestoras de activos estadounidenses BlackRock, JP Morgan y Goldman Sachs “coordinarán” sus inversiones en Ucrania y en sus vastos recursos naturales, no solo en cereales, petróleo y gas, sino también en los minerales y en el litio, que es el componente principal de las baterías eléctricas, deberían demostrar a todos, a todos excepto a los más fervientes fanáticos que ondean la bandera azul y amarilla, cuál es el verdadero interés de Occidente en esta fabricada “crisis” geopolítica, militar y energética. Como anticipo para la neoliberalización de Ucrania, Zelensky ya ha prohibido los partidos políticos de la oposición, los sindicatos de trabajadores y las plataformas de medios independientes, ha aprobado leyes para privatizar empresas, bancos y activos estatales, ha prometido desregular y reducir los impuestos a corporaciones y empresas, ha elaborado listas negras de periodistas críticos a las políticas de su gobierno y ha pedido a la OTAN que lance ataques nucleares preventivos contra Rusia.

Si queremos una imagen orientativa de hacia dónde nos conduce este golpe globalista, impuesto con el falso pretexto de proteger nuestra salud de un nuevo virus mortal, defender a Europa de "Loco Vlad" Putin y salvar el planeta del calentamiento global propiciado por la humanidad: mirar más bien hacia la desigualdad económica, la corrupción financiera, el arbitrario acoso al pueblo ruso, fijaos en el gobierno títere de Ucrania y en su corrupto presidente, es el lugar donde hay que buscar la imagen de nuestro futuro.

Western Oligarchy – Simon Elmer

viernes, 3 de marzo de 2023

¡Mujeres afganas! ¿Por qué pedís a Occidente "hacer algo" si ya lo ha hecho?

Cuando el olvido y la ignorancia programada logran envolver la Historia en la niebla, habrá que recordar una y otra vez cosas que ni se mencionan, no sea nos pique la curiosidad, tratemos de averiguar por nuestra cuenta y encontremos en el pasado posibilidades de futuro más allá del habitual "esto es lo que hay".

Sobre este país que comenzaba a levantarse y fue hundido otra vez en la Edad Media podéis volver a ver Afganistan como nunca te lo han contado,  I II    y III .

Ahora un nuevo artículo desvela que la "vergonzosa retirada" de las tropas de la OTAN no ha sido tal, sino un nuevo pacto con los talibanes. Primero los promociono, luego los bombardeo y al final llegamos a un pacto de amiguetes, pues lo importante es otra cosa.

Me entero con cierta estupefacción de que los EEUU mantienen, al menos, cinco bases militares, y decenas de miles de mercenarios-contratistas, en Afganistán, porque es el único acceso terrestre de sus militares al territorio chino.

¿Cómo nos lo van a contar?

¡Mujeres afganas! ¿Por qué pedís a Occidente "hacer algo" si ya lo ha hecho?

Nazanín Armanian

Mujeres en Afganistán. Foto: ANTONIN BURAT / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO 

Las mujeres recién llegadas a Europa con los aviones fletados por la OTAN, sin aun encontrar respuestas a la pregunta que ronda sus cabezas --eso de "¿Por qué Occidente nos abandonó?"--, y mientras agitan las conciencias anestesiadas, demandan acciones contundentes de los gobiernos europeos para liberarse del grupo terrorista Talibán que ha convertido en un infierno la vida de la población afgana en general y la de las mujeres en particular.

¿Están pidiendo otra agresión militar al estilo del 2001? Pues, de los nueve objetivos de la ocupación de Afganistán ninguno era salvar a sus mujeres, a pesar de la propaganda. Es más, en el Acuerdo de Bonn, celebrado para "promocionar la democracia" en Afganistán, y "liberar a las mujeres del burka", no solo decidieron instalar una República Islámica en el país, sino que incluso en el propio encuentro, de entre 24 representantes de los grupos afganos solo había dos mujeres: una yihadista llamada Amina Afzali, representante de Jamiat-e-Islami (Sociedad islámica), y otra Sima Wali, una burguesa instalada en EEUU.

Es probable que las mujeres de Afganistán que no están en el exilio desconozcan que los grupos "yihadistas" sunnitas y chiitas, fueron creadas en los oscuros sótanos del Pentágono, de la CIA y del MI6, en el suelo pakistaní, y con el dinero saudí. O bien pocas sabrán que fue el propio EEUU quien en 2019 conversó con los talibanes en Qatar para comunicarles que les iba a devolver al poder, y lo publicamos. Por lo que no hubo ninguna sorpresa. Y, a pesar de que ahora, las pocas mujeres que -desconocen la historia del feminismo afgano- pintan de rosa los 20 años de cohabitación de la OTAN con el Talibán. Éstos fueron la época más oscura en la vida de toda la población (y sus mujeres) incluso aquellos que sobrevivieron a los intensos bombardeos de la Alianza durante meses sobre el país y las atrocidades cometidas durante la ocupación.

Golpearles con el látigo, la culata de sus rifles, decapitarles

Nan, Kar, Azadi (Pan, Trabajo, Libertad) es la demanda de las mujeres afganas, por encima del derecho a estudiar. 25 millones de afganos pasan hambre, la mayoría son mujeres y niñas, sentadas en las calles nevadas del país; miles de afganas y sus bebés se encuentran mendigando en las calles. Según Unicef, el número de niños que pierden la vida en el duro invierno del país, además sin alimentos ni ropa de calor, se ha disparado.

Mullah Hebatullah, el líder talibán, ha ordenado reanudar los castigos propuestos por la Sharia, que incluye flagelación, amputación, lapidación, decapitación y disparos en público.

Karima, de 35 años, fue apedreada en diciembre de 2021 en Badakhshan, acusada de adulterio. A otras 26 chicas les azotaron en un estadio deportivo, por tener contactos con chicos, y otras decenas en el resto del país. A Arezú y Mohammad Eisa, pareja que había ido de Kabul a Bamian para divertirse, les "pillaron", convirtiéndoles a ellos en el objeto de diversión de unos 1000 hombres, reunidos en el parque, para ver, oler y oír la tortura de dos seres humanos, mientras les asestaban a interminables latigazos.

Con su (no retirada) en agosto del 2020 (pues mantienen, al menos, cinco bases militares, y decenas de miles de mercenarios-contratistas): Afganistán es el único acceso terrestre de los militares de EEUU al territorio chino.

El valiente activismo de las mujeres afganas en la diáspora ha colocado a los estados europeos en una situación embarazosa en la que planteaban reconocer el régimen de los talibanes, para llevar, con tranquilidad, su agenda en la estratégica Asia Central: "Si nos has aislado entre los muros de nuestras casas, te aislaremos a nivel mundial", han pensado, sin conseguirlo. Además de China y Rusia (que ni de propaganda utilizan la bandera de los derechos humanos), Qatar, Irán, que mantienen buenas relaciones con el Emirato Islámico.

También hay mujeres talibanas, que cooperan con estos monstruos gozando de unos míseros privilegios, como participar en el tráfico de opio. Sin embargo, miles han huido de sus hogares ante la violencia talibán que secuestra a sus hijas, roba su ganado y sus bienes. Pero sobre todo, encontrar mecanismos para que los derechos conseguidos se vuelvan irreversibles.

La extrema derecha los prohíbe, consciente de que la conciencia de las masas a sus derechos sólo les puede llegar a través de partidos y organizaciones sociales.

Una memoria borrada

Las nuevas generaciones afganas desconocen su historia, silenciada, tergiversada y censurada por las fuerzas reaccionarias internas y también por los medios de comunicación europeos de derecha.

Los logros de la Organización Democrática de la Mujer de Afganistán (ODMA), fundada en 1965, que en 1982 llegó a tener 165.000 miembros, deben ser reconocidas y reivindicadas: cuando en 1968, un grupo de miembros de la Cámara Baja presentó un proyecto de ley para prohibir la educación de las niñas en el extranjero, la ODMA organizó una gran manifestación contra los islamistas, alegando que la Constitución afgana garantizaba la igualdad de los derechos entre los sexos.

O cuando en 1970, los miembros de la "Juventud Musulmana", que atacaba a las mujeres que llevaban faldas con ácido, la agrupación feminista reunió a miles de mujeres y niñas en Kabul, exigiendo castigar a los autores. Varios fueron encarcelados.

La República Democrática de Afganistán (1978-1992), entre las medidas que lanzó en favor de la igualdad entre hombre y mujer, incluyó:
  • La enseñanza obligatoria y gratuita, además de otorgar becas especiales para las mujeres, e imponer cuota del 50% para ellas en los centros académicos. 
  • Limitar el uso del velo, paralelo a proteger la indumentaria tradicional y colorida de diferentes grupos étnicos del país.
  • Abolió la poliginia, e impuso multas para los hombres que infringían la ley, como impedir su ingreso en puestos de la administración pública. 
  • El permiso de maternidad aumentó de 40 días a seis meses, y se establecieron jardines de infancia en los lugares de trabajo. 
  • Ingresó en el gabinete a cuatro mujeres. 
  • Entrenó a mujeres para defender, también con armas, sus derechos conquistados: la pilota de aviones militares Khatool Mohammadzai (1967) consiguió alcanzar el grado de general.
Tras 14 años del estado socialista, la mayoría de los maestros, la mitad de los funcionarios, y el 40% de los médicos del país fueron mujeres. Sin embargo, estos progresos eran saboteados en las aldeas, donde la dura estructura tribal y sus jefes de mente medieval, ya organizados con miles de "yihadistas made in USA" llegados de Pakistán, asesinaban a las profesoras destinadas a alfabetización de la población, envenenaban el agua de los colegios y secuestraban a las niñas.

Las mujeres yihadistas de la "Asociación Islámica de Mujeres de Afganistán" o la organización "Umm al-Muslimeh" (Madres musulmanas), los miércoles de cada semana pintaban con henna su dedo índice como ofrenda ante Alá para que sus hombres consiguieran derrocar a los "infieles".

Al final, el presidente Mohammad Nayibullah, para salvar el estado, al menos en las grandes ciudades, pensó que era buena idea invitar a los islamistas a participar en el poder. Y se equivocó. Aunque al final fue el imperialismo quien escuchó los ruegos de aquellas mujeres retrógradas, sepultando incluso a ellas mismas bajo sus toneladas de bombas.

Ahora, los talibanes han puesto en arresto domiciliario con trabajo forzado a 15 millones de personas ante la total indiferencia del mundo "civilizado".